Buscador Google

Centro de formación de ética y ciudadanía > Extensión > Actividades de formación éticas y ciudadanas dirigidas a los ciudadanos en general, con especia
Actividades de formación éticas y ciudadanas dirigidas a los ciudadanos en general, con especia

Se busca en principio una formación integral sobre los acuerdos suscritos entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, los mecanismos de participación habilitados para su implementación, y las habilidades y herramientas de comunicación para fomentar liderazgos ciudadanos en el marco de la implementación.

Teniendo en cuenta que el espíritu de estos acuerdos ha sido el reconocimiento de las víctimas y el fortalecimiento de la democracia en Colombia, el propósito último de las actividades de extensión es contribuir a la construcción de una paz duradera y para la cual es fundamental formar una ciudadanía activa, propositiva e informada. Bajo este horizonte, las actividades se configuran en torno a los siguientes principios.
 

Como lo señala Xabier Etxeberria, las víctimas del conflicto son aquellos que han sufrido un daño en su dignidad, bien sea porque “han sido tratadas como puro medio, o porque han sido ignoradas, marginadas o excluidas” . Un proceso de paz es justo en la medida en que se logra reivindicar la dignidad de las víctimas, pero tal reivindicación consiste no sólo en la reparación y la restauración de los derechos de las víctimas, sino también en darles a ellas las capacidades y oportunidades para que se transformen en ciudadanos activos y participen en la construcción de una sociedad democrática e incluyente.

Es inherente a la violencia, ya sea esta política o no, la falta de reconocimiento de quien la sufre. Esto no quiere decir que la falta de reconocimiento se dé de manera uniforme, por ello cada persona y cada comunidad que es víctima padece un daño de una manera concreta y singular. Esto exige reconocer el contexto social, histórico y cultural de las víctimas. Como lo han mostrado diferentes estudios, cuando se atienden los daños de las víctimas sin entender sus particularidades se corre el riesgo de no responder de manera apropiada a sus necesidades e intereses. Precisamente, para evitar este tipo de peligros, en nuestro país se ha vuelto un imperativo aplicar el llamado enfoque diferencial, que como su nombre lo indica parte del reconocimiento de las diferencias sociales, culturales, y espaciales en las que viven las víctimas para formular alternativas que atiendan a dichas diferencias.

Se ha vuelto un lugar común afirmar que una condición necesaria para una paz duradera es la formación de ciudadanos que sean críticos, solidarios, y respetuosos de la diferencia. De acuerdo con Etxeberria, para no producir un daño adicional, la formación ciudadana debe tener como uno de sus fines fundamentales el reconocimiento de la dignidad de las víctimas; reconocimiento que está ligado a la construcción de una memoria colectiva en el que las experiencias de los grupos más vulnerables y quienes han sufrido más del conflicto tengan un lugar privilegiado.

Para cumplir con este fin, el papel que las víctimas cumplen es fundamental, pues a través de sus testimonios y narraciones no sólo se hacen visibles en la sociedad las terribles implicaciones de la injusticia y la violencia, sino que además se ofrece un argumento contundente de porqué debemos salir de los ciclos de odio y violencia. Para cumplir con esta tarea, es necesario preparar a la víctima para que ella se asuma como educadora que a través de su testimonio interpela y cuestiona a los ciudadanos y, al mismo tiempo, logra contraponerse a cualquier justificación de la violencia. A este respecto, para que la víctima como educadora pueda contribuir a la formación de una ciudadanía solidaria y respetuosa de la alteridad, ella tiene que adquirir la capacidad de narrar su propia experiencia de una manera que esta no invite a la venganza y la victimización.

En un contexto como el colombiano, hay una obligación moral y política de la sociedad como un todo de generar las competencias y proveer los recursos necesarios para que los ciudadanos y comunidades, quienes han sufrido daños por el conflicto, puedan reconstruir sus vidas. En proceso de paz que pretende ser duradero, el énfasis en las víctimas significa que el fin a que apunta es a que ellas, ya sea de manera individual o colectiva, puedan llevar a cabo sus proyectos de vida.

En este sentido, entendemos que un proyecto de construcción de paz es aquel que tiene como fin contribuir al reconocimiento de la dignidad de las víctimas. Para no caer en el paternalismo, es fundamental que las víctimas se constituyan como sujetos activos en la formulación y aplicación de un proyecto de construcción de paz. En este sentido, se busca desarrollar en las víctimas las habilidades y herramientas para que ellas sean capaces de formular y gestionar proyectos en construcción de paz que les permita verse y ser reconocidas como ciudadanos activos, capaces de contribuir a la convivencia democrática y a la inclusión de los diversos grupos sociales que constituyen nuestra sociedad.