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Adriana María
Serrano López
Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales 
Mi paso por el Rosario ha sido una experiencia muy valiosa. De hecho me he formado y crecido como persona, como mujer, como madre, como educadora e investigadora en este claustro y con esta comunidad".

Filósofa de la Pontificia Universidad Javeriana, magister en Estudios del Desarrollo del IUED, adscrito a la Universidad de Ginebra en Suiza, y actualmente, candidata a doctor en Ciencias Sociales y Humanas de su alma máter.  
 

Es profesora en el Rosario desde 1999, inicialmente como docente de cátedra; a partir de 2001 ingresó a la universidad como profesora de planta, y más adelante (2004) de carrera en la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones internacionales.

"Yo encontré en el Rosario un proyecto que le da prioridad a la formación de las personas".

"Me considero una formadora de personas, por ello hacer parte de un proyecto como el de la universidad, en el que darle prioridad al estudiante sea lo que la institución espera de mí, es estar en el lugar correcto".


Adriana Serrano

¿Qué significa para usted ser docente en la Universidad del Rosario?
 

Las universidades tienen diferente espíritu y establecen diversas prioridades a nivel educativo. Yo encontré en el Rosario un proyecto que le da prioridad a la formación de las personas, al proceso educativo en cuanto tal; y esta es una orientación con la cual me siento plenamente identificada. Más allá de la importancia que se le da a la investigación, tanto para el Rosario como para mí, la base de nuestra vocación es, en propiedad, la formación de profesionales y de seres humanos íntegros.
 

¿Cómo ha sido su experiencia como profesora en la Universidad del Rosario?
 

Mi paso por el Rosario ha sido una experiencia muy valiosa. De hecho me he formado y crecido como persona, como mujer, como madre, como educadora e investigadora en este claustro y con esta comunidad. Cuando llegué las facultades estaban recién fundadas, eran pequeñas. En ese entonces uno conocía a todos los integrantes de cada una de ellas porque éramos un grupo muy pequeño. En esa época la facultad estaba en el Palacio de San Francisco, un sitio acogedor, que permitió que la relación con los estudiantes fuera muy cercana.
 

Sumado a eso, cuando llegué los programas académicos de la facultad estaban naciendo y en ese momento el sistema educativo era distinto, no existía el modelo de los créditos.
 
Fue un tiempo muy agradable y de mucho aprendizaje, luego la transformación de los programas al sistema de créditos fue un ejercicio con muchos retos, tanto como el posterior ingreso en los procesos de acreditación de los programas.
 
Todo ha ido mutando, incluso mi perfil como docente. A presente comparto mi trabajo con colegas que fueron en el pasado mis estudiantes, y de quienes me siento muy orgullosa. Los procesos contemporáneos a mi juicio tienen cosas muy interesantes, me abren a muchas posibilidades; de hecho, me llevaron a empezar el doctorado, lo que ha representado un reto y una valiosa oportunidad de crecimiento personal y profesional.
 

¿Cuáles son los logros que considera relevantes en su vida académica, en particular en su práctica docente?
 
 

He conseguido formar a valiosos profesionales, personas fantásticas. Ser profesor es asistir al crecimiento y nacimiento de un ser humano en todas las dimensiones que tiene, en sus dimensiones profesionales y en todas las magnitudes que le conforman.

Un logro importante es haber participado en la estructuración de la facultad. El deseo que se tenía cuando se constituyó el proyecto, aún se mantiene: inicialmente, pensamos en que debíamos entregarle al país excelentes funcionarios públicos, con herramientas teóricas y prácticas, profesionales valientes y honestos: esta es una meta que hemos logrado, y de la cual puedo dar testimonio en algunos de nuestros egresados.

Otro de los que considero como logros de mi trabajo es el haber ayudado a formar excelentes profesores. La función de nuestro trabajo no era inicialmente formar docentes, sin embargo, comparados con otras instituciones, en el Rosario nuestros

egresados resaltan cuando deciden acercarse a la docencia, básicamente porque les importa la gente, van más allá del conocimiento y se preocupan sincera y profundamente por sus “muchachos”.

Cuando uno es profesor debe interesarse por el conocimiento, pero su principal objetivo debe ser formar personas, por ello su meta debe ser el estudiante. Eso es algo que aprecio como un importante logro personal.
 
Finalmente, creo que el Rosario ha sido un espacio para construir relaciones con muchas y muy valiosas personas, que ahora son mis amigos, y una parte importante de mi vida. Haber podido acercarme a ellos y compartir una parte de su historia ha sido para mí, más que un logro, una bendición y un orgullo. Muchos de mis chicos son, no solo magníficos profesionales en sus respectivos campos, sino que son además personas bellas y comprometidos ciudadanos de mi país, y eso es algo que me hace muy feliz.

El Rosario ha sido un espacio para construir relaciones con muchas y muy valiosas personas, que ahora son mis amigos, y una parte importante de mi vida.

¿Algún aspecto que le haya marcado en su trayectoria docente?

Fundamentalmente, mi paso por la materia de “Teorías Comparadas del Desarrollo” en la que diseñé una forma muy particular de evaluación. Dicho ejercicio no solo fue muy efectivo a nivel formativo e intelectual, sino que generó además una dinámica muy eficaz para crear procesos analíticos y estratégicos de pensamiento tanto para los estudiantes como para mí. Crecimos juntos durante el ejercicio, lo que me marcó, así como a muchos de mis exalumnos.
 


"He conseguido formar a valiosos profesionales, personas fantásticas. Ser profesor es asistir al crecimiento y nacimiento de un ser humano en todas las dimensiones que tiene, en sus dimensiones profesionales y en todas las magnitudes que le conforman".


¿Qué la inspira a enseñar?

Partamos de que mi mamá fue profesora toda la vida, y de sus seis hijos, cuatros somos docentes a nivel profesional, es un gusto heredado, de sangre. Adicionalmente, una profunda convicción de lo que mi país es y puede llegar a ser; tengo una lógica muy “patriotera”, en el sentido más plano del asunto, soy una convencida de que somos muchísimo más de lo que nos han convencido ser, y creo que la carrera docente es el mejor lugar para sembrar semillas de crecimiento, de compromiso, de responsabilidad por lo que somos y lo que queremos ser como país.
 
Finalmente, un profundo y sincero amor por mis chicos, por lo que son y lo que pueden llegar a ser. Si se quiere, una sólida convicción de que tenemos madera para construir, más que profesionales, seres humanos valiosos, valientes, lúcidos, bondadosos y felices.

Adriana María Serrano López
Correo: adriana.serrano@urosario.edu.co
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