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Las novedades de la próxima elección en Colombia

Mauricio Jaramillo Jassir

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Esta elección en Colombia presenta al menos tres novedades para tener en cuenta a la hora de proyectar y hacer análisis.

Las mismas ponen en evidencia la importancia de un proceso electoral muy distinto a todos los del pasado, y cuya relevancia para el futuro del país es innegable.

En primer lugar, en casi todas las lecturas sobre estos comicios se alude a que se trata de unas elecciones que se dan en medio de la polarización, no obstante, aquello tan solo refleja una verdad a medias. En realidad, y aunque exista tal polarización, no es nociva para el funcionamiento de la democracia. Es más, esa fragmentación ha obligado a los partidos y a los políticos a asumir posturas y a organizar a los votantes haciéndolos reflexionar sobre sus prioridades ideológicas. En eso consiste, entre otros, la maduración de la cultura democrática tan precaria en un país sometido y acostumbrado a la violencia política. A su vez, esa polarización no es nueva. Al menos desde la disputa electoral entre Ernesto Samper y Andrés Pastrana en 1994, todas las elecciones presidenciales han reflejado un estado de polarización.

En realidad, el elemento novedoso de este periodo electoral consiste en el miedo que cunda en los discursos de la ciudadanía y ha permeado las campañas al Congreso y a la Presidencia.  Ese miedo sí puede afectar a la democracia, pues en el pasado, ha servido para la implantación de modelos autoritarios amparados en la defensa de los intereses nacionales. El miedo altera la intención de los votantes y los obliga a decidir no necesariamente según su ideología, posición u opinión, sino más bien por evitar lo que algunos políticos han descrito arbitrariamente como una catástrofe. Ese terror con el que juegan algunas campañas políticas, ha vuelto a jugar a favor del proyecto de la derecha, que impulsada por la necesidad de contrarrestar lo que el Centro Democrático desde hace varios años tildó como castrochavismo, haya venido consolidando un proyecto de alianzas. El problema con estas coaliciones no tiene nada que ver con su postura ideológica, pues en cualquier democracia la idea de sumar fuerzas constituye un ejercicio legítimo para acceder al poder. Es más, incluso obliga a concesiones ideológicas que le hacen mucho bien a la tolerancia. No obstante, este caso es distinto, pues parece que el motor de dichas alianzas no es la compatibilidad ni la flexibilidad ideológica, sino más bien la necesidad proyectada por las encuestas.

Miedo, estereotipos y encuestas están acabando con la posibilidad de que el voto de opinión se imponga, y con ello se afecta seriamente la libertad de los electorales para decidir según sus convicciones. En estas elecciones, habrá unos 1,3 millones potenciales nuevos de votantes que ejercerán ese derecho, en medio de una intimidación sin antecedentes. Esto constituye una panorama bastante preocupante.

El otro elemento que llama la atención es la fragmentación ideológica y de partidos,  faltando tan poco para la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Al parecer, ningún candidato por sí solo, tiene el apoyo suficiente para conseguir la presidencia. Ni en primera ni segunda vuelta, parece haber alguien que suscite un consenso. Esta elección se caracterizará por poner a prueba a quienes puedan sumar el apoyo de varias colectividades, en las que los grandes partidos políticos aparecen como un actor más, pero no necesariamente el vehículo por excelencia para alcanzar esos apoyos.

Esta división reciente de los partidos tradicionales que le ha dado cabida a nuevas plataformas, tanto en la izquierda como en la derecha, puede favorecer alternativas que renueven las ideologías. al parecer desgastadas por el descredito de los tradicionales. Ahora bien, esto es algo potencial y depende en extremo de la conformación de la próxima mayoría en el congreso, del nuevo gobierno y de la oposición.

Finalmente, en medio de semejante fragmentación sobresale un reto también inédito para los medios de comunicación, que se desprende de que por primera vez en la historia de Colombia, la izquierda tenga chances reales para llegar a la presidencia. Nunca antes un partido de esa filiación, había tenido una oportunidad viable, por eso el reto para los medios, casi todos ligados al establecimiento es cada vez mayor. Con el panorama repleto de estigmatizaciones, lugares comunes falacias, insultos y el fenómeno cada vez más contundente e incidente de las noticias falsas, se espera mucho de la actividad informativa. La línea editorial de algunos medios aunque aceptable y legitima, no debe confundirse con un sesgo que afecte la calidad de la democracia.

Estas elecciones caracterizadas por ser las primeras luego de la aplicación inminente de los Acuerdos de La Habana con las FARC, serán definitivas para el futuro de la paz en Colombia y del ejercicio sin intimidaciones de la política por parte de mandantes y mandatarios. La antesala de las mismas marcada por la asesinato de líderes sociales que reclaman tierras, la aplicación de dichos acuerdos o por la participación en política, revela una situación dramática y urgente que debe ser corregida para que la mezcla entre estigmatización, noticias falsas y empoderamiento de actores paralelos al Estado no derive en un nuevo conflicto. Las elecciones son, sin lugar a dudas, el mejor escenario para resolver las disputas de orden ideológico que durante medio siglo se han saldado por la guerra.