Buscador Google

Revista Nova Et Vetera - Columnistas - Pseudociencia en los falsos ambientalismos institucionalizados
Revista Nova Et Vetera
Suscríbete a nuestra revista online:

Columnistas

Pseudociencia en los falsos ambientalismos institucionalizados

Ricardo Andrés Roa-Castellanos

09/11/2018

Volumen 4 - Nº 43 nov./2018
ISSN: 2422-2216

Pseudociencia en los falsos ambientalismos institucionalizados

Hace unas décadas se fallaba más en la esfera de lo individual cuando se trataba de equivocarse en el manejo de la naturaleza. Algunos tiraban basura desde el automóvil, otros hacían quemas en los campos, algunos más mataban animales o plantas porque creían que estos seres eran plagas.

Ahora la dimensión de las medidas erróneas equivocadas ha escalado a los niveles poblacionales. Las malas costumbres basadas en falsos discursos se han convertido en equivocaciones sistematizadas. Monumentales mecanismos, varios de los cuales han alcanzado el ámbito global, se han convertido en sistemas de contaminación y daño a los medios naturales en inmensas proporciones al volverse costumbre o ley.
 
El espacio solo nos alcanza para enunciar y brevemente analizar algunos de estos crasos errores, que para hacer las cosas peor, gozan en la opinión pública de ser tenidos por actos no dañinos, incluso “ecoamigables” cuando sí que implican daños de gran magnitud o una inercia que los mantienen.
 
  1. EMPAQUES Y ENVOLTURAS: EL HOY
 
Bajo la previamente comentada “Falacia de la Innovación” hemos caído en el sutil encantamiento de pensar que todo lo nuevo es bueno[1].
 
Puede decirse en cambio que es, precisamente, el año 2018 cuando se empieza a caer en cuenta de la gravedad que ha implicado sistematizar los empaques “innovadores” envases plásticos, tan arraigados en las últimas décadas en distintos eslabones de las cadenas productivas, hasta llegar al propio consumidor. Entretanto, los estudios y observaciones empíricas sobre la contaminación por residuos plásticos en el mar son cada vez mayores.
 
Recientemente, un estudio publicado en la Revista Nature, arrojó el preocupante hallazgo de que la mitad de las crías muertas de tortuga marina en Australia estaban invadidas de fragmentos de plástico que habían injerido[2].
 
Bolsas, cubiertos y tapas de plástico ahogando animales marinos[3] son referencias cada vez más presentes hasta en grabaciones reseñadas por redes sociales[4].
 
Los daños por dioxinas, Bisphenol A o BPA (un estrogenoide liberado desde contenedores plásticos de alimentos expuestos al calentamiento[5]) y la polución por micro-plásticos[6] en diversos ecosistemas y por ende hasta en la comida de mar, incluso para la vida microbiológica marina (zooplancton)[7], ven crecer la gravedad de su impacto natural por medio de las cadenas alimenticias e interacciones ecológicas, físicas y moleculares.
 
De hecho, el embalaje y empaquetamiento masificado con plástico es una consecuencia de las normas ISO (INTERNATIONAL STANDARD ORGANIZATION) bajo una careta de medidas, en principio, aparentemente amigables con el medio ambiente, iniciadas desde 2005[8]
 
Resumamos este problema con que los residuos sólidos no biodegradables son la consecuencia de estos sistemas de comercialización. Lo que no se degrada constituye los residuos que generan basuras persistentes.
 
EL AYER DE LOS EMPAQUES
 
Pero, ¿Cómo era el ayer de los empaquetamientos?
 
Al menos en América Latina, la herencia ancestral andina, que sobrevive con mayor dificultad desde la implementación de las medidas pro-plástico, venía siendo un ejemplo que sí debía ser imitado por el mundo entero a fin de ayudar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS):
 
A diferencia del plástico, que difícilmente puede ser biodegradable, las envolturas auténticas de la vida sudamericana y mediterránea se caracterizan por un rasgo en su uso común:
 
<< No generaban residuos sólidos persistentes (basura polutante) >>
 
No hay residuos sólidos persistentes como resultado de su uso. Los envoltorios de nuestra cultura original iberoamericana son 100% biodegradables, es decir, nutren el humus o capa fértil del suelo al descomponerse (Figura 1).
 
col1im3der

Figura 1. Ejemplos de envolturas alimenticias ancestrales iberoamericanas.
 
Los ejemplos de se ven en las botas de vino, u odres, hechas con pellejos de animales, las múcuras y jarras bien de barro o de arcilla cocida, las cocas o recipientes de totumo para el manjar blanco (dulce de leche o arequipe), los instrumentos de cocina hechos con madera, vidrio o metal de múltiples usos (cucharas, molinillos, etc.), las cajas de madera para almacenar frutas o dulce de guayaba, los empaquetamientos con hojas de raíz, maíz o de plátano para guardar tamales, envueltos, bocadillos.
 
Las hojas son frecuentes a manera de mantel o insumo para servir alimentos en la ruralidad como sancochos, piquetes o fritangas, etc. Al producirlas se captura carbono.
 
Canastillas que sostienen tazones para sopas, canastos reutilizables para mercar, costales o bolsas de fique, hechos con materiales vegetales (p.ej. chusque), etc., son sistemas atávicos que ya estaban en pleno uso sin consecuencias ambientales cuando no había empezado el presente Cambio Climático hace unos 180 años atrás.
 
Ahora, los costales (sacos) de 50 kg para comercio, por especificaciones institucionales, son hechos con fibras sintéticas de polipropileno, un derivado de los hidrocarburos, es decir, que en su hechura emite más gases de efecto invernadero e implica mayores residuos sólidos no biodegradables post-uso…
 
Hace unas tres décadas las bebidas de soda, la leche, los zumos/jugos de frutas eran bebidas distribuidas en envase de vidrio retornable que se lavaban y reutilizaban. El vidrio al no provenir de hidrocarburos como materia prima y tener una reutilización más sostenible representaba una mejor alternativa.
 
El vidrio reciclado requiere 26 % menos de energía que su fabricación desde cero y reduce en un 20 % las emisiones a la atmósfera de la fabricación, contaminando un 40 % menos de agua, lo que equivale a ahorrar aproximadamente 1,2 kilogramos de material virgen, así como cada tonelada de desechos de vidrio que se recicla evita que 315 kilogramos de dióxido de carbono se liberen a la atmósfera durante la fabricación de vidrio[9].
 
A diferencia del plástico estos materiales vitrales no producen tanta polución gaseosa al momento de ser elaborados, ni tampoco al ser desechados, en comparación con el proceso residual del plástico, por cuanto los productos del vidrio están más armonizados con el equilibrio de los ciclos biogeoquímicos del carbono.
 
  1. FALSA PREOCUPACIÓN AMBIENTAL: ¿PAGOS PARA CONTAMINAR O TERCERIZAR GASTOS?
 
col1im3der

Figura 2. Crecimiento exponencial de CO2 atmosférico que para mayo 14 de 2018 alcanza el máximo histórico de 412.6 partes por millón (Fuente: https://www.co2.earth/daily-co2 )
 
Muchas empresas de servicios públicos o privados están transfiriendo gastos que eran de su responsabilidad al usuario o consumidor con base en pretextos pseudo-ambientales. Estas expansiones, que han entretenido las responsabilidades posibilitan el ascenso sin cambio de los gases del calentamiento global (Figura 2).
 
Por ejemplo, empresas de servicios están ahorrando el envío de sus recibos por correo físico bajo la excusa de ayudar con el medio ambiente. La realidad es que para pagar, es el usuario quien debe correr con los gastos de imprimir el recibo enviado electrónicamente, o incurrir en mayores gastos de transporte para ir a pagarlo a oficinas o puntos de atención de estas empresas.
 
El incremento de gastos, tiempo, e incluso transporte para el usuario, representa que se transfiere su costo, que debe estar a cargo del oferente de esos servicios, pero para el tema ambiental, sigue existiendo en el sistema la demanda de papel, de consumos de tinta, etc.
 
¿Es esto una forma de corrupción institucionalizada?
 
Un caso similar ocurre con el uso de las bolsas de plástico en comercios. En vez de recurrir a campañas que fomenten el uso de canastos reutilizables, o bolsas similares en fibras vegetales (Algodón, papel, lino, fique, etc.) el perverso concepto de “Derechos para contaminar” o pagos para contaminar[10], en la vida cotidiana ha implicado para el público la compra de bolsas plásticas, a veces incluso más pequeñas, que antes en el supermercado que las ofrecía gratis. 
 
  1. EL FÚTIL AMBIENTALISMO DE IMAGEN Y POR VÍAS VIRTUALES
 
El público en estas materias puede ser engañado. Pero también puede estar incurriendo en el “auto-engaño” corporativo cuando las medidas de responsabilidad ambiental no pasan del manejo de imagen.
 
En este aspecto, las compensaciones ambientales no debían ser monetizadas ante la gravedad de los problemas de corrupción, sin embargo, la siembra de árboles o compensación en especie –que es una verdadera solución al problema- no es empleada de modo corriente en la bisagra de mitigación intersectorial gobierno-empresa.
 
Lo que si se ve, de manera frecuente, es una enorme profusión de publicidad y manejo de imagen “verde” que no necesariamente se corresponde con acciones que enriquezcan, neutralicen o mitiguen el daño ecotoxicológico.
 
col1im3der

Figura 3. Ejemplos hacia imágenes corporativas verdes.
 
Es usual, similarmente, creer que al usar dispositivos electrónicos para almacenar información se está actuando mejor que al emplear fuentes de papel. Esto también ya puede entenderse, quizá, como otro concepto erróneo.
 
Uno de los papeles más consumidos en el medio colombiano (Reprograf ®), por ejemplo, emplea subproductos de la producción del azúcar (caña) para hacer la pulpa de papel que es su materia prima. Quiere esto decir que tal producción se ha armonizado con la problemática global disminuyendo la deforestación en búsqueda de recurso maderero para papel y utilizando residuos orgánicos que de otra forma serían contaminantes al descomponerse.
   
En contraste, muchos ambientalistas de “última generación” apelan al uso de campañas virtuales para generar “conciencia” ambiental. Cantidades industriales de bytes que almacenan tanto documentos, como películas, charlas de influencers, al igual que contenidos relativos a causas relacionadas a temas ambientales en redes sociales (RR. SS) han exigido que los centros de almacenamiento de datos, servidores de web, centrales energéticas y toda una red subsidiaria a esta demanda, hayan tenido que crecer exponencialmente como lo han empezado a hacer los gases de efecto invernadero.
 
Sobre el particular, de acuerdo con cifras de 2015, el uso del internet equiparaba a la contaminación emanada por el transporte aéreo global. Las centrales de datos actuales en un solo caso exigen en Suecia varias “granjas” de 150.000 metros cuadrados, dependiendo por lo general de combustibles fósiles para su funcionamiento.
 
En términos de CO2, ver 10 minutos de YouTube produce 1 gramo de dicho gas. En 2013, la huella anual de uso del buscador Google fue calculada en 1.766.014 toneladas, mientras que el uso de Gmail al año produce por usuario 1,2 Kgs de ese óxido de carbono[11].
 
La proyección ya para 2016, establecía que las centrales de datos para poder almacenar la cantidad de información prevista al ritmo de crecimiento de esa época, llegaría a triplicar su consumo de energía. Hasta 2015 la demanda energética de este rubro se venía duplicando cada 4 años[12].
 
¿Pero la culpa es de las vacas?
 
 
 
 
 
 
 

Ricardo Andrés Roa Castellanos
 
Acerca de
Ricardo Andrés Roa Castellanos
Ricardo Andrés Roa Castellanos

Profesor investigador

ver más
Vida Rosarista
Recibe más información aquí

Recibe más información aquí

Ver más
José Alejandro Cheyne es el rector número 120 desde la fundación de la universidad en 1653

José Alejandro Cheyne es el rector número 120 desde la fundación de la universidad en 1653

Ver más
Artículos relacionados
Las musas indecentes, una mirada a la ruptura artística de 1957 en Colombia
Las musas indecentes, una mirada a la ruptura artística de 1957 en Colombia
Ver más
¿Realmente nos importa nuestra privacidad?
¿Realmente nos importa nuestra privacidad?
Ver más