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Cultura

Ciudadanía digital y salud pública inteligente

Por: Rodolfo Rodríguez Gómez M.D Es

02/08/2018

Volumen 4 - Nº 40 ago./2018
ISSN: 2422-2216

Ciudadanía digital y salud pública inteligente

El mundo actual enfrenta nuevas y complejas dinámicas de diversa índole. Entre ellas, una de las que más contribuye a transformar la vida cotidiana es la que involucra a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) las cuales representan un eje que promueve evolución a múltiple nivel.

Esa transformación surge por el uso y la apropiación que los ciudadanos hacen de las nuevas herramientas digitales al punto que cada vez más se diluye esa delgada línea que divide el mundo virtual de lo que se podría denominar el mundo real. Las innovaciones relacionadas con las TIC son transversales a diferentes sectores de la sociedad y logran mayor impacto en algunos de ellos. El área de la salud es un sector rezagado en el uso de las TIC en comparación a otros. Además, en Latinoamérica el impacto de la digitalización dentro de la cadena de valor industrial es bajo y, en buena parte de los escenarios de negocios, la participación del sector salud se encuentra en transición o es limitada (1).

En el amplio marco de oportunidades que ofrece el mundo digital se requiere de cambios de pensamiento que, en el contexto de la nueva sociedad digital, generan una nueva ciudadanía digital, una que no solo habita la ciudad contemporánea, sino que ayuda a crearla. Hoy, con el auge de las ciudades inteligentes, los datos masivos y la actividad online, áreas esenciales y multidimensionales de una ciudad como el área de la salud pública, también pueden llegar a considerarse como inteligentes.

¿Qué es ciudadanía digital?

El término ciudadanía digital es un concepto emergente vinculado con las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Puede ser definido como aquellas normas de comportamiento con relación al uso de la tecnología e involucra diversos aspectos como la comunicación, la educación, el acceso, la etiqueta, el comercio, la responsabilidad, los derechos y la seguridad (2). Para el investigador José Manuel Robles, ciudadano digital es ‘aquel individuo, ciudadano o no de otra comunidad o Estado, que ejerce la totalidad o parte de sus derechos políticos o sociales a través de Internet de forma independiente o por medio de su pertenencia a una comunidad virtual’ (3).

Ahora bien, según la Real Academia Española, ciudadano es quien pertenece a una ciudad o quien es considerado como miembro activo de un Estado, es titular de derechos políticos y se somete a sus leyes (4). En la actualidad, ese ciudadano del mundo digital, más que solo respetar las normas de etiqueta electrónica o someterse a las leyes del ciberespacio es un sujeto activo, un actor que crea contenidos, que participa, que genera datos, información y, que además, interioriza y se apropia de las nuevas tecnologías y eso es, precisamente, lo que debe entender el área de la salud.

Más allá de la cultura de cada región, de cada ciudad o de cada país, hoy día existe una nueva cultura, una que brota del ciberespacio como fenómeno emergente; la cultura digital. En todos los aspectos, la cultura es dinámica y para lo digital, dicha dinámica está inmersa en las prácticas significantes de los individuos y en la interacción con los dispositivos y, a través de ellos, con otros usuarios. En el ciberespacio, el ciudadano digital es el protagonista ya que todo sucede en torno a él. Los dispositivos, por ejemplo, se construyen para facilitar su uso, la interfaz se crea para ser amigable y las estrategias de marketing, el software y los portales web se diseñan para optimizar y llevar a un grado máximo la experiencia del usuario y así, trascender el uso meramente instrumental de la tecnología. Ciudadanía digital, entonces, significa acción. Acción que genera datos, acción medible, acción que se traduce en información. Es claro que hoy en día no todos los ciudadanos poseen esa ciudadanía digital, pero la tienen de forma potencial. Para las ciudades modernas, el ciudadano digital es esencial, ya que toda la información que genera la actividad digital o electrónica se puede usar para optimizar e innovar en diferentes aspectos como la economía, la recreación, el transporte, el uso eficiente de energía, el manejo adecuado de residuos, el ahorro de agua, la reducción de emisiones de CO2, y en muchos otros aspectos que de una u otra forma tienen que ver con el omnipresente campo de la salud pública.

Inteligencia digital, inteligencia artificial y big data

Desde finales de la década de los noventa se empezó a plantear el concepto de una nueva inteligencia, la digital. Esta se define como una nueva capacidad intelectual vinculada a la difusión masiva de sistemas informáticos, robóticos y de telecomunicaciones (5). Dicho concepto está ligado al de alfabetización digital que se refiere a una alfabetización múltiple con tres referentes básicos: la alfabetización lingüística, la alfabetización ética y la alfabetización relacional o social (6). En su artículo titulado Nativos digitales, inteligencia digital ¿Homo digitalis?, Fernando Sáez destaca la habilidad manual que activa de forma eficaz las funciones de los instrumentos infotecnológicos, lo cual modela las redes neuronales y configura una nueva inteligencia instrumental, la llamada inteligencia digital (7). Así, la afinidad de las nuevas generaciones con lo digital es cada vez más fuerte e instintiva. De hecho, cada vez más, abstraerse de la interacción con lo digital es una tarea compleja, puesto que lo digital está en camino de ser, como la salud pública, omnipresente.

Nada de lo que tiene que ver con lo digital, con Internet y en general, con las TIC es posible sin la inteligencia artificial (IA). Esta rama de la computación, cuya evolución conceptual hoy hace referencia a la computación cognitiva, tiene como objetivo emular algunas de las facultades intelectuales humanas en sistemas artificiales (8). Desde sus inicios en la década de los cincuenta, la IA ha resuelto diversos tipos de problemas y, al igual que la salud pública, es el producto de la integración de saberes. Ahora bien, los ámbitos de aplicación de la IA son diversos, pero dentro de los más frecuentes se cuentan la robótica, el análisis de imágenes y el tratamiento automático de textos (8). En el área de la salud, por ejemplo, se utilizan sistemas expertos que combinan información extraída de los datos con el conocimiento que aporta un especialista, lo que se conoce como sistemas basados en conocimiento (KBS, knowledge-based systems), los cuales integran reglas heurísticas y árboles de decisiones creadas por una comunidad de expertos (8).

Uno de los principales usos de la IA es el análisis de datos. Con la interacción diaria con un sinnúmero de dispositivos electrónicos, la generación de datos e información es ubicua y masiva. Al digitar texto en redes sociales, al cargar fotos en portales como Instagram, al comentar en Twitter, al reproducir videos en sitios como YouTube, al descargar aplicaciones, al consultar en Google e incluso al dar clic en el botón me gusta en sitios como Facebook, se generan cantidades abismales de datos. De hecho, con la gran cantidad de sensores, ordenadores y dispositivos inteligentes, la humanidad vive la época del Big Data. Este término se refiere a los datos que exceden la capacidad de procesamiento de los sistemas convencionales de bases de datos (9) y, hoy en día, se ha convertido en un enfoque viable y costo efectivo para tratar no solo el volumen, sino la velocidad y la variabilidad de datos masivos, lo cual da pie a usos analíticos e innovación (9). Por esta razón, perspectivas como la de la OCDE se enfocan en el concepto de ‘innovación basada en los datos’, es decir, la analítica al servicio de la innovación, el crecimiento y el bienestar (10).

El big data utilizado de manera acertada, conduce a un nuevo paradigma, el de la anticipación y la predicción. Con la nueva ciencia de los datos, diversas áreas del sector de la salud podrían ser mucho más eficientes. El área de la salud pública, por ejemplo, es de aquellas disciplinas que se ha beneficiado de esto. Durante la epidemia de influenza en 2009, Google logró predecir el brote al comparar datos de millones de búsquedas en Internet con datos del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) (11). Con el procesamiento de millones de modelos matemáticos para evaluar términos de búsqueda, Google encontró una combinación de 45 términos de búsqueda que al ser usados junto a un modelo matemático tenían una alta correlación entre sus predicciones y los datos oficiales. De esta manera, con la crisis tras la epidemia de H1N1, el sistema de Google demostró mayor utilidad que las estadísticas gubernamentales, en especial, porque los datos se generaban en tiempo real, lo cual aportó información valiosa para los sistemas de salud pública (11).

 
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Ciudades inteligentes y salud pública inteligente

Para que una ciudad o territorio se considere inteligente, debe contar con un carácter multidimensional. Asimismo, las ciudades inteligentes tienen que ver con ser sustentables (12), concepto que no solo tiene que ver con la salud pública, sino con la salud global y es a donde apunta el futuro. Una ciudad inteligente involucra la gestión creativa tanto en el diseño y la planeación como en la optimización de procesos para hacerla más productiva y ecológica (13). En este contexto, uno de los principios para que una ciudad sea inteligente es la computación ubicua, concepto que hace relación a la presencia de sistemas informáticos en ropa, casas, accesorios, vehículos, lugares de trabajo, etc. (14). Todo esto hace parte de la nueva sociedad digital, y en el marco de las ciudades digitales deben integrarse conceptos como: comunidad cibernética, comunidad en línea, comunidad virtual, gobierno electrónico y ciudad inteligente (15). ¿Pero qué es una ciudad sin ciudadanos? Si se habla de ciudades inteligentes, sus ciudadanos también deben serlo y esto se refiere al uso y apropiación de nuevas tecnologías como las aplicaciones móviles (16). En cuanto a esto, la ciudadanía digital acerca los ciudadanos a las instituciones públicas, poseedoras mayoritariamente, de un alto grado de desconfianza por parte de la comunidad y esto es uno de los graves fenómenos relacionados con la salud pública y el sector salud en general. Sin embargo, la ciudadanía digital puede reconstruir aquellos puentes resquebrajados al optimizar los servicios y crear nuevos canales de comunicación que permitan disminuir la brecha con el ciudadano.

En un futuro cercano, millones de dispositivos que habitan las ciudades estarán conectados a Internet. Según Cisco, uno de los principales fabricantes de dispositivos de red, para 2020 cerca de 50.000 millones de objetos estarán conectados (17). Es el presente-futuro del llamado Internet de las cosas (IoT), un término que acuñó el británico Kevin Ashton y que utilizó por primera vez en el Auto-ID Center del Massachusetts Institute of Technology (MIT) (18) al plantear que los objetos de la vida cotidiana debían ser capaces de introducir información a Internet sin ayuda de las personas (19). Con este escenario, los sensores podrán enviar información sobre la salud de los individuos, las condiciones atmosféricas, las alertas sísmicas, la contaminación hídrica, la exposición a radiación ultravioleta, los niveles de material particulado, el monitoreo de biodiversidad, la caducidad de los alimentos, la acumulación de residuos, los accidentes viales, etc. No por nada, IoT es considerado como la Tercera Revolución Industrial (20), pero más que el sensor, el protagonista de las ciudades inteligentes es el ciudadano, porque muchos de los datos son generados por él y gran parte de la información recabada de los datos es, precisamente, para él.

Por si solos, los datos no son mucho, son bytes que ocupan espacio en un servidor. Para que los datos tengan valor deben ser convertidos en información, y esta, debe ser aplicada a la resolución de problemas, a la optimización de recursos, a una mejor toma de decisiones y, por supuesto, a mejorar la calidad de vida poblacional. A todas luces, la analítica debe ser para el beneficio de los ciudadanos. En cuanto a esto, el big data cuenta con todo el potencial para dar una mano al área de salud, ya que cada vez más, las nuevas tecnologías permiten no solo acumular cantidades mayores de datos, sino procesarlos. En otras palabras, inmersos en la era de los datos, lo ideal más allá de acumularlos es reflexionar los datos. Todo esto sirve para, de cierta manera, predecir fenómenos y, lo más importante para el área de la salud; prevenir. Esa es la medicina del futuro, una medicina personalizada, predictiva y preventiva y, con el auge de IoT y las ciudades inteligentes, se abre una autopista de posibilidades tanto para la epidemiología como para la salud pública.

De ese organismo vivo que involucra la sociedad digital emerge una inteligencia colectiva. Con el advenimiento de las TIC, su expansión, y su uso casi epidémico, emerge lo que se ha denominado inteligencia digital. Así entonces, si los ciudadanos que alcanzan la alfabetización digital desarrollan dicha inteligencia digital y se convierten en ciudadanos inteligentes y, por tanto, habitan y participan activamente en las soñadas ciudades inteligentes, es plausible pensar en una salud pública inteligente. El uso del término inteligente, haría referencia, en el contexto de los beneficios de las nuevas tecnológicas, hacia algo que trasciende lo concerniente al marketing y la eficiencia y da alcance a la anticipación. En otras palabras, el ideal de una salud pública inteligente no es solo responder de forma adecuada a ciertas necesidades poblaciones o a ciertos eventos, sino predecir y anticiparse. El escenario, entonces, de una salud pública inteligente será uno revolucionario donde la tecnología, no solo trabaje para la medicina clínica, sino también para la epidemiología y la salud pública.

En diversos momentos históricos, las revoluciones tecnológicas y, por tanto, sociales, son reconocidas tiempo después de su inicio. En la actualidad, el mundo es testigo de un alud de innovaciones tecnológicas que modifican la sociedad a una velocidad nunca antes vista. Es esencial recordar que dichos avances no son ruedas sueltas en el engranaje social y, por el contrario, el uso que la gente hace de ellos los modifica y los hace evolucionar. La salud pública debe abordar de forma activa el tren de las nuevas tecnologías y no solo ser testigo pasivo de su despegue en otros sectores. Esto, no para alienarse de manera ciega con una tendencia, sino para pensar como posible una nueva salud pública, una salud pública inteligente que requiere y necesita de una manera de pensar diferente. Sumergirse en lo digital es mucho más que publicar en redes sociales videos o infografías que nadie ve. En primer lugar, representa un cambio en el chip de la mente-cerebro para pensar digital y reconocer la realidad emergente. En segundo lugar, es darse a la tarea de conocer a los usuarios y generar con ellos una verdadera interacción a través de los dispositivos y herramientas digitales y, en tercer lugar, es imprescindible un cambio en la cultura corporativa que de rienda suelta a la innovación. Así entonces, la cultura digital de la mano de las TIC representa un universo de oportunidades para la salud pública porque esta rama de la medicina es omnipresente y por tanto, la información masiva, aquella proveniente de los dispositivos de la ciudadanía digital podrán marcar una nueva era para la prevención, la respuesta temprana y la anticipación a los fenómenos, todo esto en el marco de un nuevo panorama de una salud pública inteligente.

Referencias

1. gA Center for Digital Transformation. As-coa.org [internet]. 2015 [citado 2016 agosto 31]. Disponible en: http://www.as-coa.org/sites/default/files/Grupo_Assa_Miami_presentation.pdf
2. Ribble MS, Bailey GD, Ross TW. Digital citizenship. Addressing appropriate technology behavior [internet]. 2004 [citado 2016 Agosto 24]. Disponible en: http://www.digitalcitizenship.net/uploads/1stLL.pdf
3. Robles JM. Ciudadanía digital. Introducción al nuevo concepto de ciudadano digital. Barcelona: Editorial UOC; 2009.
4. Real Academia Española. Real Academia Española. [internet]. 2016 [citado 2016 Agosto 24]. Disponible en: http://dle.rae.es/?id=9NcFAo6
5. Battro A, Denjam P. Aprender hoy: una colección de ideas. Buenos Aires (Argentina): Papers Editores; 2002.
6. Gutiérrez A. Formación del profesorado para la alfabetización múltiple. En Telefónica F. Alfabetización digital y competencias informacionales. Madrid (España): Editorial Ariel S.A; 2012.
7. Sáez F. Nativos digitales, inteligencia digital ¿Homo digitalis? Telos: Cuadernos de comunicación e innovación. 2011; 86: 6-8.
8. Benítez R, Escudero G, Kanaan S, Masip D. Inteligencia artificial avanzada. Barcelona (España): Editorial UOC; 2013.
9. O´Reilly Media. Big Data Now. Sebastopol: O´Reilly Media; 2012.
10. OCDE. Perspectivas de la OCDE sobre la economía digital 2015. OCDE. Ciudad de México; 2015.
11. Mayer-Schönberger V, Cukier K. Big Data: A revolution that will transform how we live, work, and think. New York: Houghton Mifflin Harcourt; 2013.
12. Guevara E. Ciudades del mañana. Bloomington: Palibrio; 2014.
13. Zanoni L. Futuro inteligente. Buenos Aires (Argentina): Bibliográfika; 2014.
14. Beltrán M, Sevillano F. Cloud computing. Tecnología y negocio. España: Ediciones Paraninfo S.A.; 2013.
15. Cirlot L. Arte, arquitectura y sociedad digital. Barcelona (España): Edicions Universitat Barcelona; 2007.
16. Google España. TrendSpain 2012-2015: un recorrido por las tendencias. España: Bebookness; 2015.
17. Cisco. Cómo la próxima evolución de Internet lo cambia todo [internet]. 2011 [citado 2016 agosto 30]. Disponible en: http://www.cisco.com/c/dam/global/es_mx/solutions/executive/assets/pdf/internet-of-things-iot-ibsg.pdf.
18. Lombardero L. Trabajar en la era digital: Tecnología y competencias para la transformación digital. Madrid (España): LID Editorial; 2015.
19. Behmann F, Kwok W. Collaborative internet of Things (C-IoT): for future smart connected life. Chichester (United Kingdom): John Wiley & Sons Ltd; 2015.
20. Rifkin J. La sociedad del coste marginal cero: el Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo. Barcelona (España): Paidós; 2014.

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