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Entre Tatooine y La Ciudad del Faraón

Juan Pablo Quintero

Casa del clan Skywalker. Tomado de Archaeosoup.com
 

En algún lugar del sector Arkanis, en los territorios del Borde Exterior de la galaxia, orbita Tatooine, un árido planeta habitado por jawas, hutts, moradores de las arenas y apenas unos pocos seres humanos. Debido a una baja densidad demográfica y a un patrón de asentamiento disperso, la especie humana apenas ha podido sobrevivir en este territorio, subyugado por el poder criminal de la raza gasterópoda de los hutts. La casa de Luke Skywalker (de su tío, más exactamente), sin embargo, está lo suficientemente alejada de los pequeños núcleos urbanos, de modo que puede dedicarse a contemplar, apaciblemente en lontananza, el ocaso de Tatoo 1 y Tatoo 2, como se aprecia en una de las escenas de La guerra de las galaxias: una nueva esperanza —posteriormente titulada Episodio IV.

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Mos Espa. Tomado de Archaeosoup.com

Actualmente, las ruinas de Tatooine yacen dispersas e incompletas en los desiertos de Marruecos y Túnez, al norte de África, cerca al Mediterráneo. En un artículo publicado por Heritage Daily en noviembre del 2013, The Archaeology of Star Wars , Marc Barkman-Astles muestra algunos de estos yacimientos fotografiados por la artista italiana Rä Di Martino, hacía cerca de un año. Las imágenes descubren un territorio misterioso y desolador, en el que sobresalen algunas pocas estructuras abandonadas que reflejan lo que fue la arquitectura de la célebre opereta espacial de George Lucas.

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Evaporadores de humedad. Tomado de Archaeosoup.com

La casa del clan Skywalker, los evaporadores de los cuales los colonos humanos recogían la poca humedad que ofrecía el desierto de Tatooine y algunos escenarios irreconocibles entre dunas componen este paisaje de ruinas de ninguna civilización antigua ni de alguna galaxia muy lejana. ¿Tienen algún valor histórico o arqueológico? El artículo de Heritage Daily sugiere que sí, a partir de tres argumentos concretos. En primer lugar, se trata de restos más antiguos (1977) que otras estructuras que son objeto de investigación de algunas ramas de la arqueología; en segundo lugar, las características del sitio concuerdan con la definición de monumento arqueológico que utilizan; y, finalmente, la historia detrás del sitio, la película, ha tenido un impacto en la historia de la humanidad al ejercer una fuerte influencia en la cultura popular.

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Tomado de Archaeosoup.com

El condado de Guadalupe, en California, oculta una historia similar. Enterradas bajos sus dunas yacen los restos de la antigua Ciudad del Faraón, erigida por Cecil DeMille, en 1923, para la película Los diez mandamientos. Considerada una de las producciones más caras de la historia de Hollywood, se cuenta que el director decidió dinamitar las locaciones, una vez terminado el proyecto, para evitar que otra persona aprovechara el set de grabación y le robara la idea. Según el artículo publicado en el portal Outside Live Bravely, The cursed, buried city that may never see the light of day , DeMille dijo que si por casualidad, dentro de mil años, algún arqueólogo excavara en las arenas de Guadalupe, no se apresurara a publicar la noticia de que había encontrado ruinas egipcias a lo largo de la costa pacífica.

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Llama la atención el contraste entre las formas tradicionales de la vida local y la arquitectura irreal a través del lente. Tomado de Archaeosoup.com

60 años después, un joven cineasta, Peter Brosnan, incitado por las historias de un amigo, decidió ir en busca de los tesoros de Hollywood abandonados por DeMille. Lo único que encontró fue la arena del desierto. Después de un tiempo de estar explorando la zona, sin encontrar el lugar exacto para comenzar a excavar, una tempestad reveló bajo la arena partes de la esfinge que custodiaba el templo principal en la película.

La noticia se propagó rápidamente y el joven consiguió el presupuesto para hacer un documental de la excavación arqueológica, con arqueólogos y todo. Pero, como en cualquier excavación arqueológica, las trabas administrativas oscurecieron el panorama. El proyecto apenas logró extraer la esfinge de yeso blanco y algunas pocas reliquias que actualmente se encuentran en el Centro de dunas de Guadalupe. Hasta el día de hoy, La Ciudad del Faraón permanece oculta bajo la arena.

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Proceso de restauración de la casa del clan Skywalker. Tomado de www.savelars.com

Al menos dos de los argumentos usados para defender el valor de las ruinas de Tatooine en Túnez valen para este contexto. Desde el punto de vista arqueológico, La Ciudad del Faraón es, en efecto, un yacimiento. Pero vale la pena preguntarse, de cara a la situación del patrimonio cultural material en el mundo, si la comunidad internacional se erizaría ante una eventual destrucción de estos contextos, ya sea por abandono, ya sea por un conflicto armado. La clave está en entender que lo patrimonial y lo arqueológico, o lo histórico, no son necesariamente lo mismo.

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Proceso de restauración de la casa del clan Skywalker. Tomado de www.savelars.com

Desde 1960 la pregunta sobre el valor de lo histórico inquieta con más deliquio a los intelectuales. ¿Por qué un objeto con historia tiene un cierto valor característico (incluso monetario) distinto a otro igual, sin historia? Phillip K. Dick lo resume magistralmente en su ucronía El hombre en el castillo, de 1962: es la presencia mística plásmica. Pero los teóricos de la década, y de las siguientes, no se satisficieron tan fácilmente. Por el contrario, parodiando un poco los argumentos, en aras de la brevedad y de la claridad, propusieron cientos de conceptos peripuestos de prefijos —hiper, post, mega, trans, inter, contra—  para explicar lo efímero y circunstancial de los límites entre lo que es real y lo que es ficticio. Jean Baudrillard, por ejemplo, se lamentaba, en Cultura y Simulacro, de que las cuevas de Lascaux, las originales, ya no se podían visitar bajo el pretexto de la conservación. En cambio, a pocos metros de estas se había dispuesto una réplica para que el público pudiera admirar, y experimentar, de igual forma las pinturas rupestres. Como consecuencia, vaticinaba, el recuerdo de las cuevas originales se difuminaría finamente, hasta entrar en el terreno de lo artificial también.

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Hallazgo casual de un fragmento usado en la película Los cazadores del arca perdida, en los alrededores del desierto de Túnez. Tomado de www.savelars.com

La conclusión fue (y continúa siendo, puesto que la discusión se ha perpetuado hasta el día de hoy) que los objetos o los sitios no tienen un valor en sí mismos, sino que este depende de las formas en que la gente se relaciona con ellos (conclusión, por lo demás, bastante obvia, teniendo en cuenta que el valor de cualquier cosa, incluyendo el del dinero, está determinado por acuerdos humanos). El valor de unas ruinas, de acuerdo con esta consigna, no estaría entonces en las ruinas, sino en los imaginarios que se tejen sobre ellas. Pero esta conclusión atañe, específicamente, al valor patrimonial; de lo contrario, equivaldría a suponer que la historia detrás de esas ruinas, cualquiera que sea, es, esencialmente, fatua.

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La Ciudad del Faraón, durante la filmación de Los diez mandamientos. Tomado de: http://www.outsideonline.com/2023921/cursed-buried-city-may-never-see-light-day?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=wired

 

En pocas palabras, lo que no es "antiguo", en el sentido más tradicional de la palabra o, incluso lo que no es "original", al final puede terminar generando un sentido de pertenencia en la gente. En el año 2012, por ejemplo, un grupo de aficionados a La guerra de las galaxias lideró un proyecto para restaurar algunos de los escenarios que sirvieron para la representación de Tatooine en la película. El proyecto Savelars (www.savelars.com), encabezado por Mark Dermul, logró recolectar fondos principalmente de muchos otros aficionados, motivados por una posible visita a la casa de los Skywalker o simplemente por el hecho de saber que existe y que perdurará este contexto ficticio. La población local vio el proyecto con buenos ojos, dado que significaría una importante fuente de ingresos provenientes del turismo. Lo irreal de todo este escenario se resalta, todavía más, cuando bajo la tierra comienzan a aparecer fragmentos de la utilería de Indiana Jones y los cazadores del arca perdida, grabada en las mismas locaciones.

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La esfinge antes de la excavación. Tomado de: http://www.outsideonline.com/2023921/cursed-buried-city-may-never-see-light-day?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=wired   

El destino de La Ciudad del Faraón fue distinto. A pesar de que, en ocasiones, el proyecto ha tratado de revivir, no se han logrado recoger los fondos suficientes para una empresa de tal envergadura. Por otro lado, es menos factible que haya en el mundo fanáticos de la película muda de Los diez mandamientos haciendo cosplay de Moisés, dispuestos a hacer la inversión. Es probable que sus restos se pierdan para siempre porque no le interesan a nadie, ni a los arqueólogos ni a los coleccionistas de chatarra. De cualquier forma su valor histórico y arqueológico sigue siendo comparable al de Tatooine.

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Escenario con la esfinge en el set de grabación en 1923. Tomado de: http://www.outsideonline.com/2023921/cursed-buried-city-may-never-see-light-day?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=wired
 

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