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Entrevista a Adrew Solomon

Pedro Javier López, profesor de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario

“Lejos del árbol” es un libro en el que Adrew Solomon habla de las diferencias entre hijos y padres. Para hacerlo, presenta en su obra las historias de muchos tipos de diferencias entre las familias: desde hijos prodigios hasta familias corriente cuyos hijos terminaron siendo criminales.

Solomon enriquece su obra con cientos de entrevistas en las que habló con padres e hijos acerca de esas diferencias; y de cómo el amor les permitió cerrar la brecha entre ellos.

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Yo, como entrevistador amateur, estaba asombrado de la cantidad de personas con las que había hablado para esta obra. Si entrevistar a una sola puede ser difícil, ¿Cómo sería hacerlos con todos estos casos? Quería saber cómo lo había hecho:

• ¿Cómo conociste a todas estas personas? ¿Cómo organizaste estos encuentros?

A veces las personas me preguntan por qué mi libro me tomó 10 años, y tengo que recordarles que era yo quien hacía las entrevistas, quien las transcribía y quien buscaba a las personas para entrevistar. Esto último -buscar a las personas- es una tarea muy laboriosa.

Las buscaba de todas las maneras posibles: para algunas de las condiciones de las que hablo en el libro buscaba Organizaciones Nacionales, por ejemplo la Sociedad Nacional de Síndrome de Down o “Little People of america”, les contaba lo que estaba haciendo y en ocasiones me presentaban con algunas personas para entrevistar. También iba a sus conferencias, a sus encuentros, y en esos lugares teníamos conversaciones cercanas y muy directas.

Para otros casos lo que hice fue poner anuncios en Internet, cosa que no siempre es fácil pues tienes que convencer a alguien más  de que pongan los anuncios de un desconocido en sus páginas… pero aun así obtuve respuestas y algunas personas me escribieron.

Ahora, para el capítulo acerca de los niños que cometieron crímenes tomé un trabajo en una cárcel para menores en Minnesota donde trabajé algunos meses. Así logré conocer a algunos de los chicos que vivían en la prisión: les expliqué que quería escribir sobre ellos y sobre sus familias y de ahí salieron las bases para el capítulo.

Sin embargo, tengo que decir que la manera en la que conocí a la mayor cantidad de personas fue por el hecho de estar “en el mundo”, hablando todo el tiempo con la gente. Les contaba acerca de lo que estaba escribiendo y usualmente me decían  “Oye, tengo un primo con el que deberías hablar” o “Tuve un amigo en la universidad cuya hija es dwarf”, y claro: algunas de estas conexiones llevaron a algo y otras no.

Así que fue como una especie de telaraña, un trabajo de “networking”, de relaciones personales que tomó mucho tiempo y mucha energía.

• En algunas de tus entrevistas logras mucha cercanía, mucha intimidad con los entrevistados… y eso no es algo que se logre sólo con ir a un congreso, o con un anuncio online. Creería que hay algo más. ¿Cómo lograste esa cercanía?

Pues, la verdad es que me gusta mucho hablar con la gente (Ríe).

Recuerdo en este momento a mi Mamá, quien me decía cuando niño que alguien que fuera bueno escuchando, a veces era mejor que una persona que fuera buena conversando. Tal vez por eso siempre he tenido la intención de oír a las personas y de estar atento a lo que me quieren contar.

Encontré que muchas de las personas con las que hablé estaban ansiosas por contar su historia, pero esta ansiedad las limitaba y no les permitía expresar lo que habían vivido. Así que con estas personas hice varias entrevistas, y en cierto punto empezaron a estar tranquilas, relajadas, y fue ahí cuando empezaron a contar sus historias de forma verdaderamente abierta.

Muchas de las personas que me contaban sus historias hablaban de cuán dolorosas habían sido y empezaban a llorar mientras hablaban. Esto me cuestionaba fuertemente sobre lo que estaba haciendo, y les preguntaba  “¿Por qué decidiste hablar conmigo?”. Lo sorprendente es que una y otra vez me respondían cuán solas se habían sentido viviendo esas experiencias, e insistían: “Si contarte mi historia le permitirá a alguien más sentirse menos solo, estoy feliz de hacerlo”.

Este interés permitió tener unas historias que se contaron con gran detalle, con gran cercanía.

• ¿Cómo hacías para manejar la carga emocional de estas historias, para sobrellevar el sufrimiento de las personas que te las contaban?

Recuerdo el caso de una persona que entrevisté para el capítulo de hijos Transgeneristas, y compartió conmigo una historia muy traumática.

Terminamos la entrevista a las cuatro de la tarde. Ese día yo tenía planeado salir a cenar con unos amigos así que me fui al hotel con la idea de alistarme para la noche. Pero no pude salir, ni siquiera pude levantarme de la cama: estaba devastado por la historia.

No creo en la idea de la neutralidad periodística: Si le estás pidiendo a la otra persona que te cuente lo que está en lo profundo de su corazón, debes estar emocionalmente comprometido. Por esto me esforcé por estar emocionalmente disponible, lo cual en ocasiones resultó muy satisfactorio y enriquecedor, pero en otras ocasiones sólo fue agotador.

• ¿Qué te permitió levantarte de esa cama? ¿Qué te permitió seguir adelante con tu proyecto a pesar de estar rodeado de todas estas historias difíciles?

Lo que me ayudó fue que estas historias hablaban de un profundo dolor, pero también hablaban de una tremenda resiliencia –cosa que me hacía admirar mucho a las personas con las que hablaba.

Si estas personas habían pasado por el difícil proceso de hablar conmigo, yo tenía la responsabilidad moral de no desmoronarme, de transmitir estas historias de la mejor manera.

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Así que no tenía ningún ritual en particular. Lo que más me impulsó a través de todo el proceso fue tener en mente que compartir estas historias haría  que otras personas se sintieran menos solas al conocer otras experiencias.

• Este proyecto que duró 10 años tuvo sus periodos de crisis ¿Qué otra crisis nos podrías compartir?

La idea del libro empezó a crecer y crecer, y así llegué a tener cientos de entrevistas que no tenían mucho que ver la una con la otra. Sentí que la idea del libro era imposible, que no la iba a lograr, que el libro era imposible de escribir… Ahí entre en una fuerte crisis de confianza: me sentí derrotado.

Emocionalmente sentía que no iba a ser capaz, y editorialmente sentía que no  encontraría la forma de armar la estructura de lo que estaba construyendo…  pero poco a poco, “bit, by bit”,  empezó a armarse.

En la propuesta de mi libro mantenía que existía una conexión entre varias diferencias: Que había cosas en común entre la experiencia de las personas sordas, la experiencia gay, la experiencia trans, etcétera, y que todas tendrían algo en común,  pero para ese momento no había logrado evidenciarlo.

Sentía que no iba a poder escribir el libro, pero después sentí que no lo iba a poder recortar. Así que luché contra el desespero una y otra vez. Con todo esto terminé la primera versión, la cual resultó el doble de larga de la versión impresa: más de un millón de palabras.

Cuando se la presenté a la editora me dijo que tenía que hacer algo con eso, que ella no lo leería. Entonces me puse en contacto con Alice  (una editora freelance) y le pedí ayuda para darle forma a mi obra y para recortarla.

Pues bueno, resultó que ella no era muy buena en lo de “recortar” así que esa parte la hice yo. Sin embargo, me hizo defender cada uno de los puntos del libro, y su forma de pensar, clara y lineal, me fue de gran ayuda para organizar mi obra.


Afortunadamente, mientras estaba escribiendo el libro, estaban sucediendo muchas otras cosas en mi vida: Conocí a mi marido cuando estaba empezando el libro en 2001 y nos casamos en el 2007, tuve mis hijos en el 2009, empecé mi doctorado y lo terminé un año después de acabar el libro… así que todas estas cosas evitaron que me enfrascara en las dificultades del libro.

• Cuando dijiste que mientras estabas escribiendo el libro, también estabas terminando tu doctorado empecé a entender por qué algunas partes del libro tienen un lenguaje técnico, y en ocasiones muy académico…

Hmmm. Pues bueno, si crees que el libro sonó técnico, te voy a enviar mi tesis para que compares. (Ríe)

Me esforcé para no sonar técnico o académico. Intenté que el libro estuviera compuesto por historias y que lo que estuviera entre historia e historia las explicara sin entrar en detalles innecesarios o sin caer en un lenguaje demasiado formal.

Sin embargo, sabía que estaba dando unas opiniones radicales  y que algunas personas iban a buscarle la excepción a mis posiciones, o incluso, que quienes hacían parte del libro posiblemente estarían en desacuerdo con ser comparados con otras experiencias que hacen parte de mi obra.

Así que me di cuenta de que debía crear una fortaleza alrededor de mis posiciones, cosa  que se ve en las cientos de páginas de notas al pie.

Con esto no pretendía volver el libro académico, lo que quería era que se evidenciara que mi posición estaba sustentada, y que quedara claro que cada uno de los puntos que mantuve ya había sido considerado y había sido defendido por otros autores.

No creo que nadie se vaya a leer estos pies de página, pero trabajé bastante en éstos pues no quería que se pudiera decir que lo que yo decía no tenía sentido, o que lo había sacado de la nada.

Tengo que agradecerle, pues leyendo su obra aprendía un montón de nuevas palabras en inglés. Por poner un ejemplo: apothecary, guffawed, shunned, poise, sashes, pidgin, dim-witted, poignantly, imperviousness…

(Ríe)

• ¿Tienes algún gusto particular por buscar este tipo de palabras? ¿La palabra exacta, con el significado perfecto para la frase?

Mira, algunos amigos de mis padres recuerdan que cuando yo tenía dos años decía que cuando grande quería escribir libros. Así que, si bien tuve muchas preguntas acerca de mi nacionalidad, de mi sexualidad, y de casi todo lo demás, siempre tuve claro que quería escribir y que me encantaban las palabras: conocer nuevas palabras y encontrar la palabra exacta que encajara perfectamente con lo que quería decir.

No es que yo intente presumir de las palabras que conozco o que use innecesariamente estas “big words”, pero usualmente busco la palabra exacta, y esto es así porque no me gusta hablarle a la audiencia con un lenguaje reducido, quería hablarle tal cual como yo entendía las cosas, con la precisión que quería.


Si bien este lado académico y preciso hace parte de Solomon, también tiene un lado más sencillo: el de las historias.
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En sus exposiciones sobre el libro suele relatar una historia que le sucedió cuando niño: Estaba en una zapatería con su mamá y de regalo le iban a dar una bomba. El pidió la bomba rosada, pero su mamá le dijo que no, que pidiera la azul ya que era su color favorito. De este cuento Solomon deduce, con gracia, hasta dónde llega la influencia de su madre: Su color favorito sigue siendo el azul, pero aún así sigue siendo gay.

Con este historia he visto a varios auditorios estallar de risa.


• Quería preguntarte ¿Por qué crees que hay una conexión tan fuerte entre los auditorios y las historia de la bomba rosada?

Creo que casi todas las personas que tienen hijos han estado en alguna situación en la que sus hijos se comportan de forma extraña, y aunque intentas explicarles que lo que hacen es inusual, ellos consideran que es completamente correcto. ¡Momentos en los que te dan ganas de pedir auxilio!

También a muchos nos ha pasado que, pensando que estábamos haciendo lo correcto y actuando en perfecta inocencia recibíamos el reproche de nuestros padres: es una historia más o menos universal.

Mientras que la experiencia de tener autismo severo o de hacerse un cambio quirúrgico de sexo es distante para la mayoría, la idea de que el punto de vista de los padres es diferente al punto de vista de los hijos, es bastante común. Por eso, cuando presento mi libro, empiezo hablando de cómo, todos nosotros hemos tenido una experiencia en común con las historias que presento en mi libro: la diferencia de opiniones entre padres e hijos.

Esto le permite a las personas oír las historias más extremas que presenta el libro y ver cómo se conectan de alguna manera  con sus propias vivencias

Por otro lado, siento que las personas se acercan a mis libros o a mis charlas con la impresión de que escribo sobre temas oscuros y pesados, y pienso que si puedo lograr que rían un poco, se sienten aliviados.  Eso les permite ser susceptibles a lo que van a oír o a leer.  Al comienzo están muy ansiosos y blindados, así que si puedo traer algo de humor al inicio, después sí puedo darles un buen “golpe en el estómago”.

• Para terminar, hay una frase tuya sobre la cual me gustaría que hablaras: “Empecé este libro para perdonar a mi padres, y lo terminé convirtiéndome en padre”.

Yo sentía, durante el tiempo que le tomó a mis padres aceptar el hecho de que era gay, que ellos me estaban rechazando o estaban siendo terribles conmigo, y estaba muy molesto por esto.

No es que me hayan obligado a ir a una “terapia de conversión”  o que me hayan dejado de hablar. Para mí el gran problema fue que mi madre se negó a conocer a mi primer novio. “¿Cómo era posible que no quisiera conocer a la persona de la que estaba enamorado?”  y ella me contestó que yo podía hacer lo que quisiera, pero que no quería verlo ni ser parte de eso.

Empecé el libro intentando responder ¿Por qué, mi madre en particular, pensaba que lo correcto era no conocer a mi novio? ¿Por qué era tan negativa frente a mi sexualidad? ¿Por qué crearon en casa un ambiente en el cual sentía que si resultaba gay, iba a ser un gran trauma para todo el mundo?

Trabajando en el libro llegué a la conclusión de que la aceptación de la diferencia nos toma tiempo a todos, y mirando en perspectiva el caso de mis padres, si bien consideraba que esta aceptación les había tomado mucho tiempo, veo que no. Veo que hicieron un gran trabajo.

Aún más, ahora que soy padre, me doy cuenta de que esta aceptación es mucho más difícil de lo que parece desde afuera, e incluso empecé a entender la forma de pensar de mis padres en vez de verla como algo opresivo.

Ahora, frente a la segunda parte de la frase: yo crecí deseando tener hijos, incluso después de aceptarme como gay. Después, cuando decidí tener hijos, la gente se sorprendía de que lo quisiera a pesar de que sabía todo lo que podría salir mal. Y yo les insistía que mi libro no era sobre todo lo que podría salir mal siendo padre, mas sí un libro acerca de toda la dicha que se puede dar, incluso cuando las cosas parecen no estar bien.

Esto, en vez de asustarme, me dio la confianza que necesitaba para intentarlo. Yo quería pero estaba aterrorizado de ser padre: incluso pensé que estaba conociendo a todas estas familias para responderme qué hacer si mi hijo no era el “hijo perfecto” que había imaginado.

Después de hablar con todas estas familias supe que amaría al hijo que tendría, que no sería fácil o rápido, pero si ellos pudieron lograrlo con todas esas dificultades extremas, yo también podría.


Así que, sí, hacer este libro me permitió entender mejor a mis padres e hizo que volverme padre fuera menos aterrador de lo que yo creía.



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Advertencia: las opiniones expresadas en los artículos aquí presentes no corresponden a las de la Revista Nova et Vetera o la Universidad del Rosario, sino únicamente a las de sus autores.

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