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La felicidad interna bruta como elemento director del reino de Bután

Lorena Guerrero Arias

Bután es un reino del Himalaya, situado entre India y China, que no posee salida al mar. Se encuentra rodeado de montañas, por lo cual la construcción de carreteras e infraestructura en general es costosa y compleja. En materia demográfica, es difícil tener una certeza sobre la densidad poblacional actual; sin embargo, se sostiene que hay alrededor de 800 000 de habitantes (Thomson, 2006), cuya esperanza de vida no sobrepasa los 54 años y que presenta unas de las más altas tasas de mortalidad infantil en el mundo.

Ha sido un país que no ha presentado altas tendencias de desarrollo. Su economía es una de las más pequeñas y menos desarrolladas del mundo, basada casi exclusivamente en la agricultura y la silvicultura. El sector industrial aún continúa en gran medida atrasado; en la década de 1960, el país aún no tenía escuelas, hospitales o carreteras pavimentadas medianamente aceptables (Heeks, 2012). De igual forma, la primera estación de radio fue autorizada desde la década de 1980, y la televisión fue introducida en el país hasta 1999. Ello no significa, sin embargo, que Bután quiera permanecer en el pasado y, como se verá, el desarrollo económico cumplirá un papel importante en el nuevo proyecto butanés. 

Así las cosas, Bután se encuentra hoy por hoy intentando forjar su propio camino en materia de desarrollo nacional. Por ello, se ha convertido en pionero de una nueva forma de medición: la Felicidad Interna Bruta (FIB)[1]. Su búsqueda de progreso, riqueza y bienestar ya no está enmarcada por indicadores usuales como el Producto Interno Bruto (PIB). Es, en efecto, un nuevo concepto, originado en la década de 1990, cuando el monarca de Bután, Jigme Singye Wangchuck expresó su preocupación por los efectos de la globalización y el desarrollo occidental convencional sobre la cultura del país. El rey buscó así una forma de protección en términos cuantificables, con la esperanza de que el resto del mundo pudiese entender y respetar la identidad de Bután.

La nocividad del sistema occidental

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Por décadas, los sistemas económicos occidentales han generado indudables mejorías en materia tecnológica, medicinal, de provisión de bienes y servicios de todo tipo. A pesar de ello, estos mismos sistemas han ido olvidando que se encuentran creciendo en un mundo finito, con unos recursos escasos; por lo cual es posible evidenciar en la actualidad un impacto global negativo, reflejado en el uso ineficiente de los recursos, altos niveles de contaminación y trastornos sociales resultantes de la industrialización, que han generado un presente insostenible.  A partir de esta perspectiva limitada, las economías  modernas y las teorías empresariales se han ido desarrollando, confirmándose a sí misma como una perspectiva no relevante en materia de supervivencia y prosperidad.

Las falacias del PIB

Para entender la razón de ser de este nuevo concepto, es menester pensar como lo hace esta sociedad. Solo así pueden divisarse diversas problemáticas que presenta el tradicional PIB, que no permite ver un bienestar a cabalidad. Resulta, entonces, que el PIB nunca fue pensando para ser una medida de bienestar social general; por el contrario, es únicamente una medida de crecimiento económico, basada en el supuesto occidental de que el crecimiento económico mejorará el bienestar social. Respecto a esto, si bien es cierto que un crecimiento económico puede generar ventajas para el desarrollo de una población, es necesario entender que el bienestar social es una medida compleja que consta de muchos factores, tanto tangibles como intangibles; de manera que medir el bienestar social no puede reducirse a un número cuantitativo monetizado.

El PIB comprende en sus mediciones elementos negativos como el encarcelamiento, los gastos médicos, el consumo de antidepresivos, el daño ambiental y afines relacionados. Excluye, en cambio, aspectos humanos importantes como la crianza de los hijos, la tutoría y el trabajo voluntario; tampoco analiza elementos intangibles como la paz interior y la felicidad (factores que muchos consideran como el objetivo final de la vida) (Dixon, Improving Unsustainable Western Economic Systems, 2004). A partir de aquí surge la FIB, una alternativa que permita que la sociedad logre medir el estado de sus sistemas de soporte de vida, así como la felicidad de las personas, elementos que aún no son prioridad en la actualidad.

¿Cómo se puede entender la Felicidad Interna Bruta?

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Partiendo de las falacias que presenta el sistema occidental, Bután se ha ido desplazando de un pasado aislado hacia un estado moderno que empieza a participar activamente en el sistema internacional. En este contexto, su camino de desarrollo abarca el concepto de FIB, un instrumento político y filosófico que busca promover el desarrollo humano y gestionar la conservación del medio ambiente, dentro de una estrategia sostenible, guiada por la ética budista (Zurick, 2006), la cual, más allá de la producción y el consumo material, promoverá la felicidad interior.

De tal forma, es posible decir que el principio fundamental de la FIB se basa en que el desarrollo no debe limitarse a un aumento del consumo y la acumulación de riqueza, sino que debe tratar de maximizar la felicidad, respondiendo así a las necesidades de la humanidad. En efecto, este principio plantea ciertos cuestionamientos por ser muy subjetivo. Sin embargo, sus cuatro componentes principales[2]: desarrollo económico sostenible y equitativo, preservación del medio ambiente, promoción de la diversidad identitaria cultural y preservación de los valores, y el establecimiento de un buen gobierno, han sido fuertemente integrados en el proyecto nacional de promover las capacidades de la población como centro de los propósitos desarrollistas. Ello mediante la libertad de elección, la aspiración y la creatividad de Bután, suscitando un enfoque equilibrado y holístico del desarrollo, basado en la convicción de que el hombre está obligado por naturaleza a buscar la felicidad (Thomson, 2006), siendo este el fin último y mayor deseo de todos los ciudadanos.
Finalmente, es posible decir que este proyecto se ha sincronizado de una manera notable, en los últimos 10 años, con la tendencia mundial de un creciente interés en la felicidad, la psicología positiva, el bienestar y afines. Tanto que ya ha capturado la imaginación de los economistas y políticos de Brasil, Gran Bretaña, Tokio y Taiwán, entre otros, quienes comienzan a buscar un nuevo camino para la prosperidad de libre mercado, que procure disminuir el daño al medio ambiente, mejorando la equidad social y la vida familiar. En efecto, incluso Maryland ya ha comenzado a utilizar un indicador de progreso genuino (GPI) para medir si el progreso económico verdaderamente se traduce en prosperidad sostenible (Jyoti, 2012).

El Budismo como guía de un proyecto nacional

La religión de Estado de Bután es el budismo Vajrayana. Teniendo una población predominantemente budista, no será extraño que los principios que de allí surgen sean fundamentales para entender y fortalecer el proyecto butanés de la Felicidad Interna Bruta. En este contexto, para Bután, el PIB es una noción esencialmente occidental, que no tiene en cuenta la singularidad de su país y las prácticas del budismo, que son parte del diario vivir. Así, y tal como declara Zeppa:
In the most essential form of Buddhism, happiness comes through realizing the truth about unhappiness: that we cause ourselves to suffer by wanting the things that cannot make us happy and by clinging to the things that do. Happiness, then, comes from the practice of nonattachment (Zeppa, 2006, pág. 20).

Para los butaneses, partiendo de sus principios religiosos, no es suficiente liberarse del sufrimiento; además de ello, la felicidad proviene de la práctica tanto del desapego como de la compasión. Es por esto que entender el crecimiento en los términos de Occidente no es adecuado ni pertinente para su contexto, y no va acorde con sus más intrínsecos cimientos.

Lo anterior evidencia que el fundamento filosófico de la vida en Bután está justificado por los preceptos budistas, que hacen hincapié en la búsqueda de la satisfacción emocional y espiritual, la prosperidad para satisfacer las necesidades materiales esenciales, y el respeto por el orden natural (Zurick, 2006). Son estos elementos los que se evidencian en el enfoque de Bután frente al desarrollo, enfocándose en el enriquecimiento de la vida de las personas mediante el cumplimiento de las necesidades básicas, la amplificación de alternativas económicas y sociales, la preservación de tradiciones culturales y la promoción de la conservación del medio ambiente.

Empero, el budismo butanés tiene una cualidad extrañamente elástica: es esotérico, extremadamente pragmático y abre un espacio importante para la meditación y la magia. Hay espacio para las enseñanzas del Buddha, así como para la adivinación de todo tipo: oráculos, horóscopos transmitidos por los astrólogos estatales, amuletos, etc., (Zeppa, 2006). Por ello, para un Occidente que conoce el budismo principalmente como una filosofía, el budismo de Bután puede parecer lleno de creencias y prácticas que nada tienen que ver con las Cuatro Nobles Verdades y, a pesar de ello, todo lo anterior hace parte de la práctica común del país. No sobra mencionar que, con todas estas características, y al buscar equilibrar el desarrollo económico con el bienestar social, la práctica budista logra ofrecer las herramientas adecuadas para evitar la infelicidad de consumo desmedido.

El proceso evolutivo de la FIB, ¿prudente decisión? 

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En materia de enseñanza es necesario entender que, según la filosofía de la FIB, junto con las matemáticas y la ciencia, a los niños se les enseña técnicas agrícolas básicas y protección del medio ambiente (Kelly, 2013). Nuevos programas nacionales de gestión de residuos aseguran además que cada pieza de material utilizado en la escuela sea reciclada. Cabe mencionar que la infusión de la FIB en la educación ha significado también sesiones de meditación diaria y la música tradicional calmante ha sustituido el sonar de la campana tradicional en las escuelas. “La educación no solo significa obtener buenas calificaciones, significa preparar a los estudiantes para ser buenas personas”[3].
En materia tecnológica, muchos sostienen que hay una desconexión tecnología-felicidad. Sin embargo, aún se han dado pocas conexiones entre las TIC y la felicidad para tomar una posición frente a ello. Sobre este aspecto se puede mencionar que Internet y los teléfonos móviles fueron permitidos solo hacia el inicio del siglo XXI (su uso ha crecido rápidamente desde entonces). Las estadísticas de la Unión Internacional de Telecomunicaciones indican que ya hay cerca de 400 000 inscritos a servicios móviles, con tasas de crecimiento anual de más del 50 %; así como 14 usuarios de Internet por cada 100 habitantes (Heeks, 2012). Crecimientos que han sido posibles, especialmente desde 2004, con los BIPS[4], aunque aún no permitan generar una relación directa entre las nuevas tecnologías y la felicidad y el bienestar social.

No obstante, debe recordarse que los programas económicos tienen en cuenta el deseo del Gobierno de proteger el medio ambiente del país y las tradiciones culturales. Mas los controles detallados y políticas inciertas, en áreas como la concesión de licencias industriales, el comercio, el trabajo y las finanzas, continúan siendo un elemento obstaculizador para la inversión extranjera.

Los retos a la vista de Bután

A pesar de su enfoque en el bienestar nacional, Bután se enfrenta a enormes desafíos y a un futuro cada vez más incierto. Incluso representantes del país y numerosos académicos han advertido que el modelo de la FIB podría desmoronarse ante las crecientes presiones sociales y ambientales y el cambio climático (Kelly, 2013). Bután deberá, entonces, desarrollar más eficaces y sostenibles modelos de negociación que se fusionen con la filosofía de la FIB. El país deberá implementar modelos que estén destinados a servir a la sociedad, en lugar de dominarla (Dixon, Gross National Hapiness - Measuring What Matters, 2004); que sean plenamente responsables de los impactos negativos ambientales y sociales, y que busquen el tamaño óptimo para ser más eficientes con el paso del tiempo. 

Otras directrices para el desarrollo en Bután se relacionan con la infraestructura, el empleo y el intercambio (Dixon, Gross National Hapiness - Measuring What Matters, 2004). El modelo de desarrollo occidental a menudo comprende proyectos de desarrollo de infraestructura como carreteras y ferrocarriles que, no obstante beneficiar a la sociedad, deben ser estudiados a profundidad en materia de costos. Continuando de acuerdo con la visión del país, estos proyectos pueden incluir la restauración y protección ambiental, el desarrollo de infraestructuras, la agricultura sostenible y la vivienda.
Por otra parte, la política agrícola de Bután establece un objetivo de autosuficiencia alimentaria del 75 % (Zurick, 2006). Tal objetivo, sin embargo, enmarcado en la expansión de la horticultura, el aumento poblacional y la competencia entre la ganadería y la conservación de los bosques, significa retos importantes para el sector agrícola. De tal forma, en un contexto en el que este sector es fundamental y en el que un medio de vida rural conectado con los centros monásticos es la base de las tradiciones culturales, indica que la agricultura se debe convertir en un nexo muy importante frente a los esfuerzos del país para mejorar la FIB y la conservación del medio ambiente.

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Un aumento en los ingresos de los agricultores en condiciones de pobreza puede generar un destacable aumento de la felicidad. Razón por la cual las TIC pueden introducirse para apoyar el trabajo agrícola, a través de la provisión de información para mejores mecanismos de siembra, el impulso del cultivo y la cría de animales para promover alzas en los rendimientos y en los precios de mercado, y permitir que los insumos del sector sean vendidos al mejor precio posible.
Finalmente, si bien es cierto que el concepto de la FIB tiene un componente fundamental proveniente de las tradiciones budistas, es necesario tener en cuenta que no toda la población de Bután es budista. En efecto, el Hinduismo constituye la religión del 25 % de la población del país (Zurick, 2006), de manera que no existe la noción de una identidad cultural única; de manera que una medición de felicidad, basada en supuestos provenientes exclusivamente de esta noción, es errónea y problemática. Bután deberá entonces empezar a trabajar en agregar una rama de integración y acogimiento a aquellas poblaciones no practicantes de la religión de Estado, con el fin de no debilitar su proyecto en el largo plazo.

Conclusión

A manera de conclusión es posible decir que, en efecto, la felicidad sí puede llegar a ser un producto interno bruto –muy subjetivo– y que, ciertamente, sí puede traer consigo desarrollo y progreso en un territorio. Sin embargo, se considera que ella debe verse traducida en indicadores de satisfacción de las necesidades fundamentales de la población. En este contexto, el interés de Bután por desarrollar un índice de FIB refleja no solo un respetable sentido de sabiduría, sino también una búsqueda continua por obtener una medida más exacta del bienestar social, que el PIB no puede evidenciar.

No se puede olvidar, empero, que más allá de las fronteras de los monasterios y de las grandes élites, Bután presenta los mismos problemas y temores que los habitantes de los demás países del mundo. Es por esto que debe pensarse en la implementación de elementos occidentales. La vida es difícil para muchos butaneses y la tecnología occidental, los productos y los conocimientos técnicos podrían ayudar a optimizar las condiciones actuales y atender mejor las necesidades básicas en muchos contextos del diario vivir.
Finalmente, la ejecución de una estrategia de desarrollo, donde la noción de felicidad es el referente principal, no solo es algo innovador. También presenta un atractivo inherente que, a pesar de tener bases muy complejas, genera en la actualidad un poder blando destacable, que ha ido forjando su imagen como un actor naciente y activo en el entorno del sistema internacional.
 
Bibliografía
 
Bates, W. (2009). Gross National Happiness. Canberra: Crawford School of Economics and Government.
Bicknell, K. (2012). Schooling for Happiness. Redefining Education, 58-63.
Chand, R. (2013). Labour Migration as a Livelihood Strategy in Far East Bhutan: a Case Study of a Marginal Bhutanese Community. Zagreb: HRVATSKI GEOGRAFSKI GLASNIK.
Dixon, F. (2004). Gross National Hapiness - Measuring What Matters. Reflections, 7(3), 15-24.
Dixon, F. (2004). Improving Unsustainable Western Economic Systems. Uni-Heidelberg.
Heeks, R. (2012). Emerging Markets - Information Technology and Gross National Happiness. View Points, 55(4), 24-26.
Jyoti, T. (2012). The Pursuit of Happiness. 180(7).
Kelly, A. (2013). Bhutan measures prosperity by its citizens’ happiness level. CCPA Monitor, 17.
Rinzin, C., Vermeulen, W. J., & Glasbergen, P. (2007). Public Perceptions of Bhutan's Approach to Sustainable Development in Practice. Ultrecht: Royal Institute of Management, Semtokha, Thimphu, Bhutan.
Thomson, R. (2006). GNH - Putting the H into Happiness. Human Resources Magazine.
Zeppa, J. (2006). Surviving Happiness. Ascent Magazine, 18-23.
Zurick, D. (2006). Gross National Happiness and Environmental Status in Bhutan. Richmond: Academic Search Complete.



[1] Gross National Happiness

[2] Los 4 pilares del concepto fueron introducidos en 1998 por el Ministro del Interior, Lyonpo Jigmi Thinley.

[3] Señor Mingbo Dukpa. Ministro de Educación y Presidente de la Comisión Nacional para la UNESCO.

[4] Bhutan Information and communication technology Policy and Strategies.


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