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Relaciones del cuerpo y el vestido femenino con la guerra

Ángela Rendón Ñungo

Es posible que muchos recuerden el polémico artículo que The Guardian publicó, en el mes de abril de 2014, titulado “Liposucción adolescente y piñatas tetonas – La narcoestética en Colombia”. El artículo hizo que mucho se hablara de una alerta en materia de salud pública y sobre una estigmatización de la mujer colombiana, hubo mucha opinión y poca profundidad que trascendiera un lenguaje sentencioso.

No obstante, deberíamos haber considerado que éste prototipo de belleza, como cualquiera que se instaura, obedece a ámbitos multicausales y más profundos que el abaratamiento de costos y accesibilidad a intervenciones plásticas, negocios sexuales, la clandestinidad de los quirófanos, y un sin número de aristas sociales que ciertamente se han ido diluyendo de forma orgánica para dar nacimiento a formas carnales exuberantes.


Cómo sea, si este tipo de estética se disparó en la época del apogeo del narcotráfico, podríamos hacer una revisión a dos puntos históricos sangrientos: la Primera y Segunda Guerra Mundial. De esa forma será posible ver cómo se transforma la apariencia de la mujer en medio de escenarios bélicos y quizá entender que en Colombia la guerra si cumplió un papel fundamental a la hora de hablar de un cambio contundente en la relación con el cuerpo y el vestir.

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Y aunque la naturaleza de las dos grandes guerras mundiales,  difiere en discurso y desarrollo de la modalidad mafiosa y sicarial de Colombia, y que en Europa y Norte América fuera la escasez de insumos lo que facilitara el cambio en la silueta del vestido, lo que sí tienen todos estos hechos históricos en común son los elevados  índices de mortandad y con ello una necesidad de tener mujeres que al menos sugirieran más disponibilidad sexual y de reproducción.


En el libro, “La belleza del siglo. Los cánones femeninos en el siglo XX”, Chahine, Lannelongue y Mohrt, (2000)[1], exponen cómo durante la Primera Guerra Mundial las mujeres se ven obligadas a dejar de lado el corsé para convertirse en mujeres dispuestas a atender solas un hogar, por tanto que las faldas se ensanchan en corola para facilitar la marcha y al mismo tiempo se acortan dada la carencia de tejido que deberá ser utilizado para fines bélicos como uniformes y demás equipamientos… Y para sujetar las medias se usa un nuevo accesorio muy práctico: el liguero. Así mismo dicen los autores, que el escote llega a profundidades nunca alcanzadas. Las mujeres acuden a las peluquerías para cortarse el cabello al estilo Channel para evitar la proliferación de piojos. El llamado a la asepsia hace que la industria cosmética crezca desmesuradamente y con ello el mercadeo y publicidad de estos productos que se dan la pelea en las páginas llenas de propaganda de guerra.

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En la Segunda Guerra Mundial,  en París y Londres  nuevamente los vestidos se acortan o se les hicieron aberturas para adaptarlos a los movimientos de la bicicleta, y los abrigos se estrecharon. Ante la escasez de cuero, los zapatos llevaban suelas, plataformas y cuñas de madera. No había medias, las mujeres salían a la calle con las piernas desnudas, según afirman los investigadores. Mientras tanto, en Francia las marcas de productos de belleza no se quedaron atrás a la hora de recurrir a la comunicación de masas.


De hecho la revista “Votre Beauté”, plataforma de la doctrina del mariscal Pétain “trabajo familia y patria”, presenta al tenista Jean Borotra y su “doctrina nacional de educación física”, cuyo objetivo es formar muchachas con una salud robusta y un carácter enérgico, gracias a un entrenamiento generalizado, y preparar mujeres fuertes y a la vez graciosas, que se convirtieran en el encanto de un hogar fértil. “Ahora más que nunca, vuestro deber es manteneros en forma, sanas, robustas  y pulcras”, escribe en septiembre de 1942 el redactor jefe de la revista.


Las revistas daban trucos de belleza ante la escasez de insumos, el pelo se usaba largo como símbolo de feminidad y aparecieron invenciones revolucionarias en materia cosmética como la permanente, según lo consignan los autores de “La belleza del siglo”.


Ellos explican cómo el cine cumplió un papel fundamental en la historia, al alentar a los hombres a regresar a sus hogares. Hollywood inicia su época dorada para elevar la moral de las tropas y el pueblo. Las estrellas femeninas interpretan personajes fuertes; abordan los temas de la guerra, del valor y de la dedicación sobre el trasfondo de un romance aparece la figura de las mujeres fatales pin-up en 1943. Tal modelo será constante durante la década posterior respondiendo a la necesidad de premiar el regreso de sus hombres y tener hijos. Los autores documentan cómo a mediados de los años cincuenta, la tasa de nacimientos en Estados Unidos, supera a la de la India. Esposa madre y modelo, la mujer tenía como principal preocupación agradar a su marido y llevar bien la casa.  Ante esto aparece Dior para darle a las mujeres una apariencia de flor capaz de matizar los estragos de la guerra, se incorpora como ropa interior el corsé como indicador de regreso a la elegancia y un llamado a las mujeres que habían permanecido trabajando durante de la guerra a ser señoras de casa.

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Los primeros ensayos de cirugía plástica germinaron en la Primera Guerra Mundial, como antídoto de reparación de mutilaciones y estragos propios de los campos de batalla.  Luego en los 30, hacerse la rinoplastia, los párpados y senos era una práctica común en las mujeres famosas y en los 50 existían las inyecciones de parafina en los pómulos.
Ahora bien, no podemos decir a ciencia cierta si el papel de la mujer en una ambiente permeado de muerte y dinero fácil sea la explicación para este cambio tan marcado en Colombia y precisamente en ciudades donde la violencia aún sigue presente como Cali y Medellín. Lo que sí es cierto es que aunque el origen y los roles de la mujer en un espacio de conflicto puedan ser divergentes, sea porque participaran directamente en estas guerras, por su representación como ícono de pertenencia a un hombre, para alentar a un regreso a casa o desde una función de disposición sexual explícita, las razones del porqué el éxito de los quirófanos en este país, merecen ser examinadas con lupa y no resultarnos escandalosas ni aisladas.



[1] Chahine, N, Lannelongue, M-P, Mohrt, F. (2000). La belleza del siglo: Los cánones femeninos en el siglo XX . París: GG moda. Pp-94-103. 

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