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Techo Verde UR: Participando con conciencia ambiental

Juan David Otálora Sechague

 

El Techo Verde en la Universidad del Rosario es un lugar diseñado para el intercambio de saberes, y se constituye en una estrategia en la búsqueda de conciencia ambiental para realizar aportes sustanciales a la sociedad, a propósito de la responsabilidad de las ciudades como actores fundamentales en la búsqueda de soluciones frente al cambio climático.     

Desde febrero de 2015, la Universidad del Rosario, a la par de la tendencia mundial por la preservación del medio ambiente, cuenta con un Techo Verde orgánico y productivo, ubicado en la terraza del piso 10 de la torre 1 (junto al Centro de Idiomas). Este escenario ha sido propicio para desarrollar múltiples actividades destinadas a generar conciencia ambiental respecto de las profundas transformaciones que atraviesa el mundo. En efecto, los asuntos ambientales se han convertido, paulatinamente, en el centro de acción de gobiernos y sociedades que buscan revertir problemáticas como la contaminación, la escasez de agua y alimentos, el aprovechamiento de residuos, la deforestación, la alteración de ecosistemas como páramos y humedales, y el tratamiento de sequías, entre otros.

La creación de espacios de socialización y discusión en torno a la búsqueda de soluciones que permitan controlar estos inconvenientes ha sido vital y necesaria. La importancia reside en que las alternativas prácticas no necesariamente surgen de los gobiernos, sino que cada vez más grupos y colectivos de ciudadanos han reflexionado en torno al cuidado de sí mismo, del otro y de la tierra como una estrategia idónea para transformar de forma positiva la relación con el medio ambiente. En este sentido, el Techo Verde de la Universidad del Rosario se ha convertido en un espacio de encuentro y reflexión en torno a la importancia que tiene la siembra y la preservación de semillas en la protección de la biodiversidad.

La propuesta nació en la Facultad de Ciencia Política y Gobierno, mediante la profesora Nathaly Jiménez Reinales, quien coordinó los primeros esfuerzos con los programas de Gestión y Desarrollo Urbanos y Biología para sentar los pilares del proyecto. Además de la intervención académica, la iniciativa contó con el impulso y la asesoría del Departamento de Gestión Ambiental de la Universidad que, apoyándose en “la ruta de la sostenibilidad”, desarrolló el marco general para convertir la propuesta en una realidad sostenible.

Sin embargo, más allá del diseño final en el que se proyectan varios espacios para plantas comestibles y medicinales, jardines verticales y aprovechamiento de agua, en la primera etapa se busca que la comunidad rosarista y el público en general (colectivos ambientales y personas interesadas) puedan involucrarse, con el fin de articular esfuerzos para la consolidación de espacios de reflexión continua, a propósito de la importancia de la ciudad como actor central en la búsqueda de soluciones permanentes a los cambios ambientales.

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Al respecto, el semillero de investigación sobre la Colombianidad (adscrito al programa de Ciencia Política y Gobierno) desarrolló, en noviembre de 2015, el primer Foro Agroecológico para ciudades sostenibles, evento que contó con la participación de diversos representantes de colectivos de agricultura urbana y ecoaldeas, campesinos, custodios de semillas, científicos, académicos, representantes del gobierno, empresarios y estudiantes. Dada su trascendental importancia y notable acogida, este año el Foro contará con su segunda versión y espera tener mesas de discusión e invitados de vanguardia en las temáticas ambientales que más preocupan a la sociedad. Desde luego, el Techo Verde UR será uno de los epicentros de recepción, consolidándose como un ejemplo de desarrollo ambiental y como una estrategia para combatir la contaminación en la ciudad.    
El proyecto articula cuatro elementos fundamentales en la constitución de una propuesta sostenible y que busca reunir diversas iniciativas para prolongar su impacto social. En primera medida, se ha pensado como un ejercicio político no formal, es decir, que más allá de la disposición de un espacio en la Universidad para la plantación orgánica y la preservación de semillas, se espera que en este escenario se pueda debatir constantemente sobre los problemas alimentarios, que es una causa constante de conflicto en un país como el nuestro. De hecho, en la actualidad, una de las problemáticas más agudas tiene que ver con el “circuito del alimento” (es decir, la producción la distribución y el consumo). Desde la disposición del territorio hasta el acceso a productos genéticamente modificados, son visibles grandes procesos de desigualdad, decisiones no concertadas y acciones en detrimento del medio ambiente.

En este sentido, el Techo Verde se ha convertido en un espacio para el intercambio de acciones y propuestas que han transformado la visión del ejercicio político como una simple relación de dominantes y dominados. Entender la política como un encuentro social que busca el cambio en una conducta perjudicial para la comunidad, es un logro obtenido con las reflexiones y la transmisión de conocimiento, que llevan a resaltar la importancia de la protección del medio ambiente. Además de lo anterior, este lugar ha permitido desarrollar un entramado investigativo en torno a conceptos como la autonomía alimentaria, las economías azules y el comercio justo, apoyado en el Acuerdo 418 de 2009, donde se establece que  “la Administración Distrital promoverá el urbanismo sostenible mediante el conocimiento, divulgación e implementación progresiva y adecuada de techos, terrazas verdes, entre otras tecnologías” (artículo 1).

Así las cosas, además de impulsar soluciones para contener los efectos nocivos del cambio climático, la presencia de las huertas, techos y terrazas verdes dentro de los espacios urbanos permite la toma de conciencia ambiental, tan necesaria en las actuales circunstancias. La creación de este tipo de escenarios puede resultar muy útil para involucrar a los estudiantes, docentes y trabajadores de la Universidad en la formación de individuos críticos y responsables, con el propósito de generar una preocupación en torno a la importancia del medio ambiente y cómo este tipo de proyectos pueden transformarse en alternativas reales para la producción de alimentos orgánicos, insistiendo al mismo tiempo en la participación e implicación sobre asuntos de vital importancia para el planeta.

Según María Angélica Arias, estudiante de Sociología y miembro del grupo de investigación sobre la Colombianidad, una de las virtudes del proyecto es aprender a través de la acción: “Gracias a los talleres de agricultura urbana he tenido la oportunidad de saber cómo hacer tierra, cómo cultivar alimentos, técnicas de alelopatía y la relación benéfica que tienen las plantas en los seres humanos”. Por tal motivo, una propuesta de techos verdes y huertas dentro de la ciudad constituye una operación “gana-gana”, en la medida que los estudiantes –y en general personas interesadas en los temas ambientales– pueden adquirir conciencia sobre los alimentos y su escasez al tener un contacto directo con la realidad; al mismo tiempo, Bogotá podría transformarse en un epicentro de desarrollo ecológico y sostenible.

En relación con lo anterior, el segundo aporte es justamente la Acción haciéndose, esto es, la puesta en marcha de una serie de habilidades que configuran la transmisión de conocimiento de una manera dinámica y permanente. Para tales efectos, cada semestre la Universidad ha contado con la asesoría de Catalina Villamizar, agricultora urbana y representante del colectivo Sembrando Barrio, quien a través de talleres prácticos ha resaltado la importancia de la siembra agroecológica. Su experiencia en la ciudad le ha servido para reconocer qué estrategias pueden emplearse para multiplicar el conocimiento adquirido.

En la práctica, los participantes han podido interactuar de forma directa en la plantación y cuidado del Techo Verde, a través de enseñanzas que ponen énfasis en la sinergia de las plantas y la conservación de semillas desprovistas de transformaciones genéticas. Así pues, diversos talleres han posibilitado la construcción progresiva de conocimiento: desde las bases teóricas que sustentan la agricultura urbana, pasando por el establecimiento de semilleros, la elaboración de compostaje a partir de residuos orgánicos, la preparación de hidrolatos naturales (sustancias preparadas a partir de la maceración de diferentes plantas que estimulan el crecimiento al aportar nutrientes como el Nitrógeno y el Potasio); hasta la creación de un sistema de lombricultivo y la disposición de un tanque para recuperar aguas lluvia.

Esta actividad ha permitido que a la par se desarrollen importantes reflexiones en la investigación, introduciendo conceptos como la autonomía alimentaria y consignando los avances en bitácoras, puestas a disposición de los participantes. El Techo Verde UR ha sido la plataforma idónea para combinar, en un adecuado equilibrio, los saberes prácticos y teóricos. De la misma forma, ha inspirado proyectos tendientes a fortalecer el papel de la agricultura en la ciudad. Al respecto, cabe mencionar el proyecto “Huertas para la paz”, iniciativa que busca convertirse en una solución práctica para los problemas alimentarios, basándose en estrategias de agroecología, protección del medio ambiente y cuidado de la tierra que insiste en la autodeterminación y producción de alimentos a escala local.

Las experiencias han permitido reconocer en las huertas espacios que facilitan la resiliencia, el perdón y la sanación ya que, al encontrarse con el otro, reconocerlo e intercambiar experiencias, se está contribuyendo a la creación de vínculos permanentes en relación con la tierra que promuevan acciones de paz. En efecto, involucrar a la población en proyectos orgánicos y productivos aporta elementos sólidos para la convivencia, ya que responsabilizando a la comunidad se fortalecen los lazos de solidaridad, respeto y la capacidad de emprender proyectos comunes. Por tal motivo, el grupo de investigación sobre la Colombianidad tiene la firme convicción de que los alimentos constituyen un elemento central para caracterizar un auténtico estado de paz, toda vez que su acceso y distribución sigue siendo un problema agudo.

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Además de promover la agricultura como alternativa de autonomía alimentaria, el proyecto insiste en llevar las prácticas a sectores vulnerables. Así, desde 2015, la Universidad del Rosario, a través de la profesora Nathaly Jiménez, ha liderado un proyecto de intervención en el barrio El Arroyo de Cazucá, por medio de diferentes prácticas de bienestar que incluyen, entre otras, un programa de agroecología con los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores de la comunidad.

Se espera que este programa pueda aportar en tres dimensiones: a) capacitación básica en el diseño, planeamiento y cuidado de las plantaciones; b) acompañamiento técnico; y c) seguimiento social y asesoría empresarial en la búsqueda de proyectos productivos que puedan resultar una alternativa de algunas familias. A su vez, la Universidad del Rosario se encargará de liderar los colectivos que facilitarán la capacitación y el ejercicio pedagógico en la elaboración de las huertas; acompañará los procesos de resiliencia; y generará un estudio de los resultados y un diagnóstico de las condiciones apropiadas en miras de reproducir “Huertas para la paz” en todo el país.

Por tal razón, la construcción de un techo verde en el centro de la ciudad constituye un reto para transformar los hábitos alimenticios y la preocupación frente al medio ambiente; y, a su vez, se configura en un puente para la formulación de proyectos de cooperación, la recuperación de la biodiversidad a través de la constitución de un banco de semillas y la reproducción de huertas urbanas en otros lugares de la ciudad.

Según Gabriela González, estudiante de Relaciones Internacionales y miembro del grupo de investigación: “Esta experiencia me ha permitido conocer, desde la práctica, espacios en donde se busca el bienestar colectivo. Por otra parte, me ha proporcionado una visión mucho más crítica con respecto a los procesos agroindustriales y una conciencia de la importancia de las prácticas y conocimientos ancestrales, todo desde el mismo ‘hacer’”. Nociones como la agroecología, la economía justa y la soberanía alimentaria son destacadas como la esencia de la recuperación de la ciudad y el campo. 

El tercer elemento  tiene que ver con el llamado intercambio de saberes. El proyecto del Techo Verde ha impulsado escenarios para la participación de expertos, quienes han realizado distintos talleres con el fin de aportar elementos a la discusión. Las reflexiones han sido de distinta índole, por ejemplo, “la importancia de la semilla”, a cargo de doña Isabel Guevara, agricultora urbana con vasta experiencia en temas de la siembra agroecológica y quien es, hoy en día, una de las principales custodias de semillas en la ciudad de Bogotá.

Para ella, la soberanía alimentaria debe impulsarse desde la siembra de alimentos desprovistos de modificaciones genéticas, pues el intercambio de semillas nos hace individuos menos egoístas y tendientes a compartir lo que tenemos con los demás. Una de las cuestiones más preocupantes, de acuerdo con doña Isabel, es que “billetes no podemos comer”, haciendo alusión a que los negocios con los alimentos resultan contraproducentes para todos los miembros de la sociedad, excepto para un pequeño grupo de personas que se lucran a partir de su producción a escala. Por esa razón, la soberanía alimentaria en la producción de semillas “limpias” juega un rol definitivo en la construcción de una nueva sociedad.
 
Otro de los invitados destacados fue Óscar Cifuentes, docente e investigador de la universidad UDCA. El profesor Cifuentes realizó un diagnóstico general en torno a las condiciones económicas que caracterizan el sistema actual de producción, concluyendo que las iniciativas de comercio justo, aunque difíciles de llevar a cabo (debido a su poco impacto en contraste con la lógica del sistema alimentario mundial), constituyen una auténtica alternativa para solventar las carencias de algunas poblaciones vulnerables.

En esa misma dirección apuntan las reflexiones de Juliana Cepeda, doctora en agroecología, e interesada en temas de biodiversidad, conservación, ecología aplicada y ecosistemas. De acuerdo con Cepeda, la agricultura es el motor de la transformación ambiental, si se respeta adecuadamente los procesos naturales y la simbiosis entre las especies. La agroecología y las interacciones planta-animal, constituyen un amplio campo de estudio en el que convergen múltiples disciplinas. A propósito, este ha sido uno de los grandes logros del Techo Verde UR: concebir un espacio para que diversos campos del conocimiento tengan la oportunidad de aportar en aras de la construcción de un mundo más consciente y sostenible.

Compartir las experiencias, desde distintas aproximaciones, constituye un ejercicio fértil en la medida que, a través del diálogo, pueden germinar procesos de interés público, como la intervención en comunidades vulnerables o la influencia en los asuntos ambientales que preocupan a los ciudadanos. El intercambio de saberes está diseñado para que todas las intenciones y experiencias vividas puedan ser compartidas para indagar, con mayor precisión, en las soluciones a los problemas sociales.

Debe considerarse que la búsqueda de alternativas de producción, distribución y consumo de alimentos resulta fundamental en aras de la sostenibilidad ecológica y orgánica. Al respecto, iniciativas como los techos verdes y la agricultura en la ciudad, desarrolladas en distintas partes del mundo, han demostrado ser una auténtica solución para los problemas de sostenibilidad ambiental dentro de los grandes centros urbanos. Este tipo de estrategias han servido para mejorar las condiciones en la producción de alimentos, pero además han sido útiles para la gestión ambiental y el fortalecimiento de los lazos sociales.

Finalmente, el cuarto elemento es la naturaleza del proyecto como una alianza estratégica y sostenible, que son dos características esenciales del Techo Verde en la Universidad del Rosario. Por una parte, la propuesta ha permitido establecer importantes conexiones, como la realizada con la Caja de Retiro de la Policía Nacional (CASUR). Esta iniciativa, nacida hace poco más de tres años y liderada por el mayor Félix Vera, se configura como otro ejemplo de las ventajas que traen los techos verdes a la ciudad. Se espera que esta alianza pueda generar espacios para la comprensión y el intercambio de semillas y saberes. En efecto, con relación a la paz, el mayor Vera insiste en que la construcción de huertas es un mecanismo de autorreparación que tienen las víctimas del conflicto, ya que, por medio de proyectos productivos, las personas pueden buscar formas de adquirir recursos, pero ante todo, de sentir que pueden aportar para la transformación del país.  

Otra alianza importante es la gestada con el Departamento de Extensión y el Instituto de Acción Social de la Universidad del Rosario, SERES, donde el programa de agricultura urbana ha recibido un respaldo notable y cuya proyección espera consolidar una serie de actividades con fines sociales, resaltando la consigna “servir nos hace grandes”. Asimismo, la ya mencionada participación del Departamento de Gestión Ambiental ha permitido establecer nuevas relaciones interinstitucionales con el fin de ampliar el margen de participación e involucrar a más colectivos en acciones que protejan el medio ambiente.

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En cuanto a la sostenibilidad del proyecto se espera que el Techo Verde UR sea un escenario en el que prime el aprovechamiento de residuos. Por ejemplo, en la construcción de las camas de siembra se han reutilizado distintos materiales, entre ellos, cajones de madera. De igual forma, algunos residuos orgánicos son suministrados por el restaurante de la Universidad, haciendo que el circuito de producción y aprovechamiento sea completo. En las instalaciones del Techo también se cuenta con un tanque que recoge el agua lluvia y que se utiliza para las plantas, apoyando un ciclo ambiental permanente.
 
Además de lo anterior, el proyecto tiene una marcada visión pedagógica, resaltando la importancia de que las personas tomen las herramientas para mejorar las condiciones ambientales, mediante la práctica. Por ello, profesores de la Universidad han utilizado este espacio para la transmisión de saberes, convirtiéndose en un escenario propicio para el desarrollo de la investigación.

Por último, en palabras de Nathaly Jiménez, líder del proyecto, la importancia del Techo Verde UR reside en la apuesta de la Universidad por respaldar iniciativas de carácter ambiental, pero que tienen una marcada vocación de ejercicio político, en la medida en que se está creando conciencia social, en los futuros profesionales, de problemas sensibles como el distribución de los alimentos y el cuidado de la tierra. Igualmente, insiste la profesora Jiménez en el hecho de que la implicación directa de los estudiantes en temas socioambientales es determinante para transformar las circunstancias del país; por ello el Techo se constituye en un espacio para la reproducción de saberes y reflexiones encaminadas a multiplicar la experiencia de las huertas orgánicas y productivas en Bogotá y, ulteriormente, en el país.

Por todos estos factores, el Techo Verde de la Universidad del Rosario se ha convertido en una ventana de oportunidad para realizar estudios de distinta índole, sumándose a la visión institucional de tomar parte en los debates internacionales y de formar futuros líderes ciudadanos con conciencia ambiental. De este modo, la agricultura urbana resulta una alternativa frente a la creciente oleada de industrialización y cambio climático aportando, desde la reflexión y la práctica, elementos esenciales para formación de ciudades diferentes.    


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