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El Perú de PPK, entre la continuidad y la polarización

Mauricio Jaramillo Jassir

La victoria por un margen estrecho en Perú del tecnócrata Pedro Pablo Kuscinsky (PPK), abre un nuevo período marcado por dos matices: la continuidad del modelo económico, instalado desde la época fujimorista y con efectos en el sistema político, y de otro, una fragmentación y polarización entre varias versiones de un país, que empieza a enfrentar rezagos del pasado, que se creían superados.  
 
PPK tendrá un escenario complejo en los próximos cinco años, pues la desaceleración de la economía china seguramente va a golpear el boom constructor, que había derivado en niveles de crecimiento que crearon la sensación de un modelo exitoso, mientras otros países de la zona  aparecían más vulnerables a condicionamientos externos como la caída de algunas materias primas, en particular los hidrocarburos. Esa vocación económica de apertura neoliberal que aún guarda vigencia, fue inaugurada por el gobierno del hoy denostado Alberto Fujimori (¿quién lo creyera?). El mandatario se presentó a las elecciones de de comienzos de década con la plataforma Cambio 90, y contra todo pronóstico sentención la vida política de Mario Vargas Llosa al derrotarlo. Fujimori recibió un país que había  vivido aparatosamente el experimentó populista del primer gobierno de Alan García. Una política mal manejada de subsidios, y la emisión de una nueva moneda acabó con la productividad peruana, y le quitó cualquier posibilidad de elegibilidad para financiamiento externo.  La inflación llegó al 7000%, develando el panorama dramático y crítico de los peruanos.

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No sólo eso, Sendero Luminoso, guerrilla maoísta liderada por Abimael Guzmán -la cuarta espada del comunismo tras Marx, Lenin y Mao, como se autoproclamaba- había logrado un avance en detrimento de los derechos humanos, en una guerra que no conoció límites morales. En menor medida, el Movimiento Revolucionario Tupac Amarú (MRTA) sembraba el terror en Lima. En 1991 fueron responsables de la explosión de dos carro bombas, el edificio del Ministerio del Interior y frente de la Embajada de Estados Unidos. 
 
Durante la primera mitad de esa década, Fujimori acabó con el MRTA y debilitó a SL, eso sí a un precio muy alto en términos democráticos, pues no sólo se debilitaron las guerrillas, sino al Estado de derecho. En abril de 1992, Fujimori disolvió el Congreso, y posteriormente se dedicó a intimidar a la prensa, a políticos opositores, a estudiantes y en general a cualquier disidencia, siempre investido del poder de haber logrado el repliegue del terrorismo.

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En esa misma época, Perú redujo la inflación, el déficit fiscal y emprendió una serie de medidas populistas como dar un vaso de leche a todos los niños y niñas desde su nacimiento hasta los ocho años. Extraña combinación de populismo y neoliberalismo salvaje, por lo que algunos politólogos como Kurt Weyland y Kenneth Roberts bautizaron tal tendencia como neo populista. Se trató de gobiernos que lograron barnizar de popularidad, lo que por su naturaleza era repulsivo en los segmentos más apartados. 
 
En 1997, Perú ingreso al Foro  Asia Pacific Economic Cooperation (APEC), una de las apuestas más ambiciosas en materia de política económica peruana, y que ha catapultado su proyección hacia esa zona del mundo.  Del bloque hacen parte naciones que se han convertido en los principales socios comerciales como Canadá, China, Chile, Estados Unidos y Japón.

A pesar del juzgamiento de Alberto Fujimori y del rechazo generalizado que su figura despierta, sigue habiendo un Perú profundo que ve con nostalgia su legado.  Esto no debe llevar a simplismos respecto del autoritarismo como una forma de gobierno o de sistema político, más efectivo que la democracia. De ningún modo. Más bien se trata de recordar que después de 21 años, el fujimorismo vuelve a controlar el Congreso, y esto significa retos, no sólo para PPK, sino para otros candidatos que decidieron apoyarlo, para evitar el ascenso de Keiko. Veronika Mendoza del Frente Amplio de izquierda, por ejemplo, deberá enfrentar el complejo desafío de unirse a PPK o resignarse a la intrascendencia.
 
Obviamente, tal tarea no será fácil de conseguir, pues el presidente llega con un mandato muy débil. Se sabe que el voto para evitar el triunfo de Fujimori primó sobre la convicción ideológica o la simpatía por Peruanos por el Kambio, partido que se convertirá en oficialista.

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Le espera un duro reto de superar a los peruanos, que deberán demostrar que han superado, de una vez por todas, la prueba que los convierte en una democracia consolidada capaz de gestionar sus diferencias en el marco de las instituciones. Al igual que otros Estados de la región, Perú aún no ha podido traducir el crecimiento económico en una reducción significativa de la brecha socio-económica, y en términos de concentración de los ingresos subsiste una pasivo histórico importante. A comienzos de siglo hubo reducciones considerables de la concentración, pero desde 2011, el país se ha estancado, y necesita encontrar una manera de reducir al mínimo el coeficiente de Gini, y con ello avanzar en términos sociales.
 
Regionalmente, PPK cuenta con una ventaja mayor, pues la llegada de gobiernos conservadores a algunos países en la zona, oxigena la propuesta de la Alianza del Pacífico, vital para la proyección regional peruana.
 
Serán años determinantes en el futuro de uno de los Estados, que más vivió los efectos de la violencia política y del autoritarismo. 

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