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Una nación de andariegos: Colombia tras 40 años de migraciones al exterior

Sebastián Polo Alvis

Tras 40 años de migración al exterior, la diáspora colombiana se encuentra en un contexto histórico sin precedentes. Actualmente, es el momento en que hay la mayor presencia de colombianos en el exterior, por número de personas y por número de países. A pesar de que hay un silencio estadístico oficial de más de 11 años[1], el proyecto de investigación sobre “Las dinámicas migratorias de colombianos hacia el exterior en el siglo XX y XXI” de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario ha construido una aproximación general de la presencia de colombianos en el exterior, en la cual se pretende abarcar desde la realización de una aproximación estadística, hasta una reflexión sobre las razones y el impacto del mencionado fenómeno.
 
Aproximación estadística del estado de las migraciones Colombianas
 
Según los últimos registros del DANE[2], el número de colombianos en el exterior se estimaba en 3 378 345 connacionales para el 2005; cifra histórica máxima en comparación con registros censales anteriores. Es posible que durante los años posteriores al último censo, las migraciones de colombianos al exterior hayan tenido un ritmo sostenido tendiente al crecimiento. Desde entidades oficiales como el Ministerio de Relaciones Exteriores, se han realizado aproximaciones sobre el tamaño de esta población, en el que se estima una cifra cercana a los 4 700 000 colombianos residentes actuales en el exterior.

Este aumento es la manifestación de una nueva ola migratoria que obedece a múltiples factores económicos y políticos que han incentivado el éxodo de personas en búsqueda de nuevos lugares de residencia fuera del país, tales como las consecuencias económicas derivadas de la crisis de 1999, la “percepción de inseguridad producida por el conflicto armado y sus elementos conexos” (Palma, 2015, pág. 11), entre otros elementos.

En los destinos tradicionales de migración como Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y España, caracterizados por haber experimentado una llegada continua de colombianos a lo largo de los últimos 40 años, la tendencia ha sido mayoritariamente hacia un crecimiento sostenido del volumen de la población colombiana.

Las migraciones principalmente se desarrollaron en periodos de bonanza económica –las primeras migraciones masivas hacia Venezuela y Ecuador se realizaron en tiempos de bonanza petrolera, durante los años setenta y ochenta, igual que la bonanza económica en España durante los años noventa–, el cual fue un escenario que facilitó construir redes de contactos entre familiares, amigos, conocidos y compatriotas que les permitió sobrevivir y adaptarse, como comunidad migrante, en una nueva sociedad. A raíz de un progresivo avance social en la adaptación y aceptación de nuestros connacionales en dichos destinos, la opción de migrar a estos países prevalece sobre otras alternativas en las que no existe una condición similar.

En los últimos años, se destacan los casos de Estados Unidos y Venezuela, en los cuales se han percibido unos de los mayores crecimientos. Según cifras de la OCDE[3], en Estados Unidos se pasó de haber 469 438 personas nacidas en Colombia para el año 2000, a 677 231 para 2013. En el caso venezolano, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el tamaño de la población colombiana ascendió a 721 791 connacionales para 2011, comparado con los registros censales de 2001, en los que se calculó en 609 196. En estos casos, la consolidación de estos países como destinos predilectos del colombiano al emigrar, consiste en el crecimiento y fortalecimiento social de las colonias de coterráneos residentes allí durante los últimos 40 años, además de los escenarios político y económico de dichos destinos.

Los colombianos que migraron al exterior a principios de la década de 2000 tuvieron que lidiar con un panorama difícil. En esos tiempos, la imagen de Colombia era la de un país en conflicto y azotado por el narcotráfico y la violencia. Tal estigma causó el cierre parcial de la posibilidad a nuestros conciudadanos de migrar a destinos tradicionales como Estados Unidos, donde se veía con suspicacia al connacional. Ante esta adversidad, se dio la búsqueda de nuevos destinos que derivarían en una profunda transformación de las lógicas migratorias de los colombianos en el exterior. El descubrimiento de estos nuevos destinos daría inicio a la creación de nuevas redes de contacto y de nuevas comunidades que hallarían un asidero sólido en horizontes recientes para el estudiante y el trabajador colombiano.

En el continente americano, a pesar de que solo durante los últimos 10 años se consolidó la migración de colombianos hacia destinos como Canadá y Panamá, destinos que se venían consolidando como puntos de confluencia mediana en el nivel estudiantil y laboral, han aparecido nuevos destinos de migración masiva. Por ejemplo, se destacan los casos de Argentina y Chile, países en los que hubo los mayores aumentos del número de colombianos durante los últimos quince años. En aquellos países del Cono Sur, el incremento del tamaño de esta población fue extraordinario, en comparación con los censos de 2001 en Argentina y 2002 en Chile. Por un lado, en los últimos años, el número de colombianos residentes en Chile ascendió a 25 038 ciudadanos para 2014, lo cual representa un crecimiento 511% en un lapso de 13 años. Por otro lado, para 2011 se calculó la presencia de 17 576 coterráneos residentes en territorio argentino, registrando un incremento del 373% en un lapso de 10 años.

Igual que en los países americanos, el fenómeno de la expansión de la diáspora colombiana en el exterior también se percibió en otros destinos más allá del continente. En Europa, a excepción del progresivo incremento de colombianos en España –pasó de haber  99 942 connacionales en 2000 a 362 809 en 2013–, el crecimiento no ha sido exponencial en los demás destinos. Sin embargo, la diáspora colombiana se estableció progresivamente en nuevos países del continente, en la búsqueda de nuevos destinos para prosperar en lo académico y en lo laboral. Entre dichos destinos, se destaca la presencia de coterráneos en Italia (38 636 para 2013), Francia (27 935 en 2010) y Reino Unido (28 182 en 2010). Además, se evidencia un progresivo aumento de la población en países como Países Bajos, Alemania, Suiza, Suecia, Bélgica y Noruega. Por último, también cabe resaltar el progresivo aumento de colombianos residentes en Australia, cuyo número estimado para 2013 está calculado en 14 690 ciudadanos.
 
¿Por qué emigramos?
Al referirnos a la diáspora colombiana como un fenómeno demográfico y estadístico que se ha venido manifestando a lo largo de los últimos 40 años, tal vez se pueda ignorar la creciente importancia que ha tenido como elemento formador de la sociedad colombiana. Las migraciones al exterior se han ido desarrollando paralelamente con procesos históricos de bonanza o carencia económica, de cruentos enfrentamientos armados, de nuevos horizontes por explorar y de otros factores que han permeado directamente en la construcción misma del migrante colombiano; personaje vigente en el imaginario colectivo. La búsqueda de un mejor porvenir, así se traduzca en un mejor ingreso, en una nueva realidad social o en una oportunidad de un nivel mayor de educación, ha sido el motor que ha derivado en una nueva forma de vida, la cual afecta a padres, hijos, familiares, amigos y conocidos, lo cual ha resultado en la consolidación de Colombia como uno de los principales países emisores de migrantes en la región.

Este emprendimiento se ha venido reflejando a lo largo de este periodo, en el que las familias, como una de las dimensiones sociales rectoras de la sociedad colombiana, se han desempeñado como plataforma social para la migración. Predominan los casos en los que algunos de los familiares, principalmente los padres y las madres, emigran hacia otro país en búsqueda de trabajo para enviar remesas a sus familiares, además de ser una avanzada para traer a más personas a vivir en su nuevo país de residencia. Es allí, en la construcción de redes entre familiares, amigos, conocidos, entre otros, en los que el “efecto llamado” toma fuerza.

Respecto a la elección de los destinos para la emigración, la decisión sobre hacia qué país se migrará depende directamente de elementos coyunturales. A pesar de que no todas las elecciones han sido iguales, puesto que algunas han estado directamente ligadas al contexto social y familiar del prospecto de migrante, las decisiones han estado influidas por las experiencias que han podido recolectar sobre la vida del migrante colombiano en determinados países. A partir de los relatos, las experiencias y las circunstancias en las que se desenvuelve el migrante, se han definido los destinos de las personas al migrar, quienes contribuyen a la construcción del imaginario del migrante colombiano. Ese imaginario del migrante está concebido como el de aquel “que afronta y sortea la adversidad ante las muchas circunstancias desfavorables que el destino le depara” (Palma, 2015, pág. 11). Ya sean las barreras del idioma, la parquedad emocional de algunas de las sociedades a las que busca adaptarse el colombiano, la lejanía de la familia y del hogar, entre otros elementos, han sido algunas de las condiciones en las que el migrante colombiano se ha construido como un ser que, a pesar de todos esos apremios, ha prosperado con su trabajo y su tesón.

Para cerrar, es posible considerar que, si bien el país está atravesando un proceso de transformación política resultante de las negociaciones de paz en La Habana, tal vez este elemento no afecte de manera radical el proceso mismo de las migraciones colombianas al exterior. A pesar de que se ha manifestado el inicio de un progresivo retorno de compatriotas a territorio nacional, es probable que la tendencia continuará en aumento, puesto que, además de que perduran los incentivos tradicionales de migración, tales como las ofertas atractivas de un mejor trabajo, de un mejor estudio y de un mejor ingreso, la prevalencia de las redes de contacto que se han posicionado en los destinos fuera del país también incentivan que la decisión de emigrar a dichos países siga siendo viable. A pesar que el estudio de las migraciones colombianas pueda ser un objeto complejo y difícil en su seguimiento, análisis, y efectos multidimensionales en la sociedad y economía del país, la relevancia del fenómeno es incuestionable, ya que nos puede aproximar a observar la percepción que tiene el colombiano del mundo, de su realidad social, de su país y, sobre todo, de sí mismo.
 

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Referencias
 
Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (DANE). 2005. Censo General de 2005. Recuperado de este sitio web. Consultado el 12 de enero de 2016.
 
Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (DANE). 2008. Estimación de la migración 1973-2005. Recuperado de este sitio web. Consultado el 12 de enero de 2016.
 
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (OCDE). 2016. International Migration Database. Recuperado de este sitio web. Consultado el 5 de febrero de 2016.
 
Palma, Mauricio. 2015. “¿País de emigración, inmigración, tránsito y retorno? La formación de un sistema de migración colombiano”. Revista del Observatorio de Análisis de los Sistemas Internacionales, 21 (1), 7-28. Disponible en este witio web Consultado el 18 de enero de 2016.



[1] El último censo que realizó aproximaciones sobre el estado de la diáspora se hizo en 2005.

[2] Departamento Administrativo Nacional de Estadística.

[3] Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.


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