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Brexit, la revigorización de la Unión Europea

Mauricio Jaramillo Jassir (Profesor de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales del Rosario)

Muy pocos se atrevieron a vaticinar la salida del Reino Unido de la Unión Europea, a raíz de la consulta popular llevada a cabo y que despeja un escenario inédito en la construcción regional. Sin embargo, el resultado sorprendente de la consulta popular, lejos de provocar rumores de posibles Estados que sigan el mismo camino de los británicos, ha terminado por legitimar aún más a la UE.

Es tal el temor que se ha vivido en el Reino Unido, que la tormenta política desatada allí ha terminado por incrementar el sentimiento pro europeo en países como España, Portugal, Polonia, España, e Italia donde las encuestas dan cuenta de una mayor consciencia de las ventajas de pertenecer a la UE.

La caída de la libra esterlina luego de conocido el resultado del referendo, ha fortalecido la confianza en el euro, tan criticado en las crisis financieras de España, Italia, Irlanda Chipre y Grecia. Según el Diario Le Monde, más de dos tercios de los europeos se muestran reticentes a volver a sus monedas nacionales. En Alemania, por ejemplo, en 2014, 33% se mostraba favorable para volver al marco, después del Brexit, ese porcentaje alcanza el 44%.

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¿Por qué el resultado de la consulta popular británica ha tenido semejante efecto? Las motivaciones asociadas a un nacionalismo demagógico y anacrónico, han desprestigiado al electorado británico, al que se le acusa de haber votado sin la suficiente madurez política, e ignorando las dimensiones del momento histórico.   

Una misma consulta popular con un resultado similar en otro país con una reivindicación de otro corte, como las que ha tenido Grecia en sus diferencias con las autoridades europeas, hubiese despertado seguramente simpatía y solidaridad en el resto del continente e incluso del mundo. En contraste, las razones esgrimidas por líderes del talante de Boris Johnson o Nigel Farage, difícilmente pueden tener eco en otras latitudes, aunque en contextos muy particulares puedan calar. Si una consulta popular con ese contenido se hubiese llevado a cabo bajo el liderazgo de Alexis Tsipras o Yannis Varoukais en Grecia, millones en el mundo habrían apoyado una causa que gana adeptos al compás del desprestigio de la política. Se debe recordar que antes de Brexit, se habló de Grexit, aunque con motivaciones bien dispares, especialmente en lo que tiene que ver con la izquierda griega que reclamaba mayor autonoía en su política económica, fiscal y en lo tocante a la seguridad social.

La arrogancia con la que los líderes pro Brexit han desafiado a Europa, solo desprestigia y obliga a replantear las disidencias contra la UE. De inmediato, la izquierda en varios países, ha debido desmarcar sus críticas al modelo económico del bloque, de la postura anacrónica de la extrema derecha inspirada en el nacionalismo. Theresa May y Boris Johnson encarnan esa elite política que desprestigia la democracia. Hace poco más de una década, Colin Crouch sugirió el advenimiento de una era Post democrática por la crisis de ese ideal. La necesidad por establecer mecanismos de democracia directa también parece evidente, pues la identificación con los partidos políticos, parece disminuir y la desconfianza en la tecnocracia es evidente.

La extrema derecho no tiene opciones de acabar con la UE, aunque pueda debilitarla, su discurso solo lograr aumentar los niveles de unidad, especialmente entre los más jóvenes. El principal obstáculo para la popularidad del proyecto europeo sigue siendo el déficit democrático, que se explica por el peso que ostentan instancias técnicas como el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea y que no resultan de un proceso democrático de una elección. Muchos se preguntan -como lo plantea Wolfgang Merkel-, ¿qué poder tienen los gobernantes que nosotros elegimos? ¿De qué sirve el voto si tecnócratas que se alejan de lo político e ideológico terminan decidiéndolo todo?

En adelante y gracias al Brexit, la UE tiene un nuevo respiro político especialmente entre los jóvenes. Algunos temas como la posible ampliación a los Balcanes, suspendida por la crisis financiera y política, seguramente será retomada en el corto o mediano plazo. También la crisis migratoria ocupará la atención de las autoridades de Bruselas, pues seguirá primando la idea de que, en conjunto, es más viable garantizar los derechos de millones de personas atrapadas en una dinámica con pocos antecedentes en Europa. Y por supuesto, el debate sobre mecanismos de política fiscal regional, que permita una mayor armonización del gasto de los Estados, mientras se respete la autonomía de los mismos, como no ha sucedido en las negociaciones de algunas crisis.

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Se sabe del consenso alcanzado para no permitir la entrada de Ucrania y en alguna medida de Turquía, pero con el segundo es probable que se retoma un debate espinoso, pero que le dará vigencia al bloque. En cuanto a la posición con Kiev, resulta poco probable que se halle un consenso sobre su entrada pues sin duda, la mayoría prefiere un equilibrio con Rusia, especialmente en momentos en que se necesita de Moscú para fortalecer la estrategia anti terrorista en Medio Oriente. El gobierno de Vladimir Putin, ya ha mostrado su contribución en temas como Corea del Norte en el esquema de Diálogo a Seis y Bandas y en el principio de acuerdo nuclear con Irán. En la contención cada vez más urgente del Estado Islámico, urge un amplio consenso para la defensa de valores seriamente amenazados por el extremismo religioso.

Entretanto, Londres se aísla cada vez más y pierde peso político en la zona y en el mundo. El gobierno de Theresa May deberá negociar en los próximos dos años, los nuevos términos para relacionarse con Europa, mientras la presión interna por conservar las ventajas comunitarias crecerá, lo que evidenciará uno de los errores más costosos en la historia reciente del Reino. La Unión Europea seguirá adelante tratando de superar serias contradicciones, especialmente en cuanto a la gobernabilidad y a la democracia, pero seguramente con la salida de Londres, ganará el bloque pro europeo, y el euroescepticismo pierde un referente fundamental. Es una victoria imprevista para Europa.

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