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Tintín contra los totalitarismos

Ismael Iriarte Ramírez

El periódico “Petit Vingtième” siempre atento a complacer a sus lectores y a tenerles al corriente de lo que pasa en el extranjero, acaba de enviar a la Rusia soviética, a uno de sus mejores reporteros: Tintín[1].

El 4 de enero de 1929 este anuncio tomó por sorpresa a los desprevenidos lectores de Le Vingtième Siècle, diario belga que una semana después publicó la primera entrega de los anunciados informes, en su suplemento juvenil Le Vingtième Siècle. Había nacido la leyenda de Tintín, que alcanzaría la inmortalidad gracias a sus aventuras alrededor del mundo.

El cerebro detrás del personaje era Georges Remi, mejor conocido como Hergé, quien con apenas 21 años era un veterano del ejército y un consumado caricaturista. Su obra le había permitido convertirse en una de las principales atracciones del Vingtième Siècle, pero era su contante participación en asuntos políticos, uno de los aspectos que más llamaba la atención sobre él y motivaba las más feroces críticas de sus detractores.

El peligroso recorrido de Tintín en Rusia lo llevó a enfrentarse a letales agentes de la GPU -policía secreta del régimen soviético- para poder llevar a occidente noticias de los crímenes y abusos cometidos en nombre del ‘sueño comunista’. Desaparición de opositores, fábricas ficticias y robo de los alimentos para aceitar los engranajes del aparato propagandístico en el extranjero son apenas algunas de las felonías denunciadas sin vacilaciones por el joven reporteo belga en sus entregas semanales, que mantuvieron en vilo a sus lectores durante poco más de 16 meses.

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Al mismo tiempo, Hergé vivía su propia aventura que transcurría por caminos tan impredecibles y turbulentos como los de Tintín, su más célebre creación. Mientras este denunciaba el fraude en las urnas y la coerción ejercida sobre los sufragantes rusos, el dibujante también jugaba un papel determinante en otros comicios, las elecciones generales en Bélgica.

Hergé asumió una posición férrea frente a Émile Vandervelde, líder del Partido Obrero, contra quien arremetió con sus caricaturas e ilustraciones, representándolo constantemente como un personaje inestable y carente de seguridad. El resultado final de las elecciones: fracaso total de Vandervelde y una plena identificación del dibujante con Norbert Wallez, director del Vingtième Siècle, con frecuencia relacionado con la derecha radical[2].

Las semanas transcurrían y el interés de los lectores aumentaba con cada peligro sorteado por Tintín, que en entregas sucesivas debió enfrentar el arsenal de guerra de los rusos. Estas aventuras coinciden con un llamado del ejército a Hergé, que en su condición de reservista fue requerido para liderar una unidad de artillería belga, lo que le permitió tener suficientes elementos para perfeccionar sus esbozos militares[3].

Otro de los momentos más emocionantes de la expedición al ‘país de los soviets’ se presentó el miércoles 23 de octubre de 1929, cuando la entrega semanal dejó a los lectores en vilo, pues en la viñeta final Tintín se encuentra en el paredón y los verdugos abren fuego. Una semana entera para conocer la suerte del reportero parece demasiado para sus seguidores y la espera se hace aún menos placentera porque solo un día después tiene lugar el ‘jueves negro’ que precedió a la gran depresión. En medio de esta crisis de resonancias globales los seguidores de Tintín recibirán una buena noticia: el héroe ha sobrevivido y se encuentra en condiciones de retomar su camino[4].

La conclusión de su aventura se encuentra cada vez más cerca, aunque todavía deberá enfrentar un accidentado viaje a Berlín y nuevos ataques de la GPU. El esperado regreso a casa se presenta el 8 de mayo de 1930, cuando una multitud se congrega en la Estación del Norte, en Bruselas, para recibir a Tintín.

El legado de Hergé

De esta forma el mundo conoció al intrépido Tintín, que con su primera aparición sembró en el imaginario de la sociedad belga, el germen de lo que fue su gran aporte para las generaciones venideras: su valentía para denunciar los crímenes, los abusos y las mentiras. Sin importar su cuestionada filiación política Hergé se encargó durante las décadas siguientes de emplear su creación como instrumento para llamar la atención sobre los vicios de los regímenes totalitarios y para cuestionar la indolencia de la sociedad frente a los menos favorecidos.

Tras la muerte del autor, en 1983, su llamado fue acogido en varios lugares del mundo, en los que con mayor o menor apego a la ortodoxia del personaje, se ha empleado su universo narrativo para visibilizar, por ejemplo, algunos episodios de la Guerra del Golfo, o la pornografía infantil y el turismo sexual en Tailandia. Cabe anotar que todos los casos de historias apócrifas han llegado a los lectores sin el consentimiento de la Fundación Hergé, encargada de preservar el espíritu y la esencia de las formas de Tintín[5].
El legado de Hergé también debe estudiarse desde el punto de vista artístico, pues se considera el caricaturista más estudiado y analizado del siglo XX, sobre el que se han escrito innumerables tratados. Su trazo y su estilo han dejado huella en personajes tan dispares como Andy Warhol o Charles De Gaulle[6].

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La leyenda Tintín ha sabido sobrevivir al paso del tiempo, a pesar de los extensos y en no pocas ocasiones plausibles argumentos de los críticos de Hergé, desde la misma aparición de Él país de los soviets, cuando fue acusado de fascista, pasando por la siguiente salida del personaje, que no estuvo exenta de polémica, con un viaje al Congó que les supuso a uno y otro, señalamientos de racismo y pro colonialismo[7].

La posguerra trajo consigo días difíciles para Hergé, constantemente señalado como colaboracionista del régimen nazi y arrestado hasta 4 veces por ese motivo. Ya no podría apartarse de esas acusaciones que lo acompañarían hasta el final de sus días, pero que por fortuna no lograrían opacar su grandeza.

Con sus virtudes y defectos haría falta la presencia de Tintín aquí y ahora, que con la complacencia de sus cuidadores se profanan los más sagrados templos de la cultura y el saber, con anacrónica y polarizadora propaganda marxista. Qué oportuno sería uno de sus reportajes más audaces para registrar como, lo mismo en América Latina que en Roma, ondean las banderas de un comunismo retrógrado travestido de progresismo. Qué valioso sería su dedo acusador para dar cuenta de la avanzada de los movimientos de ultra derecha en Europa, que con pretensiones mesiánicas se autoproclaman portadores de las soluciones a problemas como la crisis migratoria. Todas causas perdidas que sin dudas nuestro personaje encontraría dignas de defender.

Referencias

Hergé. (2012). Las aventuras de Tintín: el reportero del "Petit Vingtiéme" en el país de los soviets. Editorial Juventud.
Hergé. (2007). Tintín en el Congo. Editorial Juventud.
Goddin P. (2008) El arte de Hergé Creador de Tintín. 1907-1937 V1. Editorial Zendrera Zariquiey.
Goddin P. (2008) El arte de Hergé Creador de Tintín. 1937-1949 V2. Editorial Zendrera Zariquiey.
Boronat, Ó. G. (2011). El cómic como fuente histórica: el falso testimonio de Tintín en el Congo Belga. Espacio, tiempo y forma. Serie V, Historia contemporánea,
Cáceres, F. C. (2011). Tintín-Hergé: una vida del siglo XX (Vol. 6). Forcola Ediciones.
Frey, H. (1999). Tintin: The extreme right‐wing and the 70th anniversary debates.
www.tintinologo.com/



[1] Hergé. (2012). Las aventuras de Tintín: el reportero del "Petit Vingtiéme" en el país de los soviets. Editorial Juventud. P. 3

[2] Goddin P. (2008) El arte de Hergé Creador de Tintín. 1907-1937 V1. Editorial Zendrera Zariquiey. P. 55

[3] Goddin P. (2008) El arte de Hergé Creador de Tintín. 1907-1937 V1. Editorial Zendrera Zariquiey. P. 56

[4] Goddin P. (2008) El arte de Hergé Creador de Tintín. 1907-1937 V1. Editorial Zendrera Zariquiey. P. 58-61

[5] Entrevista a Carlos Scolari Revista Túnel de letras (Enlazar a: https://tuneldeletrasmagazin.wordpress.com/2015/08/19/carlos-scolari/

[7] Boronat, Ó. G. (2011). El cómic como fuente histórica: el falso testimonio de Tintín en el Congo Belga. Espacio, tiempo y forma. Serie V, Historia contemporánea,


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