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Alfonso López Michelsen y su relación con el psicoanálisis

Álvaro Pablo Ortiz

Lejos estaba Alfonso López Michelsen de imaginarse a futuro que algún día sería catedrático de Derecho constitucional general en la Universidad Nacional, al lado de los profesores más prestigiosos de la más importante Universidad pública del país como Jorge Soto del Corral, Adán Arriaga Andrade, Alberto Zuleta Ángel, Rafael Escallón, Carlos H. Pareja, Diego Montaña Cuella, Antonio García, Gerardo Molina, y Germán Meyerlimberg, entre otros.

Lejos, muy lejos estaba de verse así mismo liderando el M.RL (Movimiento de Renovación Liberal) que representó un momento especial de la práctica política contemporánea en nuestro medio. Movimiento que aglutinó a una generación brillante; a una “Generación Creadora” como diría Ortega y Gasset; a un grupo de colombianos que tenía la formación y la lucidez para cambiar la fisonomía de la Nación, para detener a tiempo males que ya se habían anunciado y que se intensificaron después del Frente Nacional: el agotamiento ideológico de los dos partidos, el clientelismo, la corrupción, la aparición de otras modalidades guerrilleras posteriores a las Farc, la ausencia de una reforma agraria, al lado de una serie de realizaciones sociales. Lejos estaba López Michelsen de visualizar a sus compañeros de ruta de lo que al principio se denominó “Movimiento de Recuperación Liberal”: Felipe Salazar Santos, Jaime Isaza Cadavid, Iván López Botero, Liborio Chica, Ernesto Vela Angulo, Ramiro de la Espriella, Carlos Alemán Zabaleta, Oscar Rincón Noreña, Álvaro Uribe Rueda, Juan José Turbay, Alfonso Barberana, María Elena de Crovo, Jorge Gaitán Durán, quienes al lado de otros tantos, aglutinaron en un tiempo récord a sindicalistas, obreros, campesinos, universitarios, mujeres y exguerrilleros liberales.

Lejos, finalmente, estaba la posibilidad de verse asimismo –como en dos oportunidades le había sucedido a su propio padre –elevado a la dignidad de Presidente de la República de Colombia.

No, contando con 22 años y estudiando Jurisprudencia en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, entra en una grave crisis interior que le hace sentir con toda la carga de crueldad y sufrimiento que ellos entrañaba, que él, Alfonso López Michelsen, a pesar de cubrirse con una coraza de frialdad, entremezclada de ironía y cinismo, es un tímido invencible, un inseguro a tiempo completo, un joven acosado por multitud de complejos, de rabias, que le producen pena, culpa, pavor, desconcierto. Su comprensión de la realidad, es ahora, la de una desesperada realidad que se le antoja inamovible. Se resiste con todas las fuerzas de un ser a convencerse plenamente de hasta qué punto ha sido un perdedor.

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Intentaba con toda su artillería argumentativa evadir esta y otras amargas convicciones: temía su poder para despedazarlo. Aunque le constaba admitirlo, aquello que aún lo mantenía en pie, era la posibilidad de un triunfo vindicativo, su defecto, deponer toda lucha, todo razonamiento, a nombre de la evasión, a nombre de la gran cantidad de monstruos interiores que su formidable inteligencia ha percibido, pero impotente para desaparecerlos o mantener a raya.

¿Cuál ha sido la causa que le ha generado tanta hostilidad, tanto desasosiego, tanto distanciamiento? La causa inmediata –no el detonante principal –fue la ruptura con quien había sido su primer amor y su primera novia: Lucia Salazar Grillo, hija de un importante empresario, de una especie de “Pepe Sierra” de la época. Contrariado y desengañado, huye literalmente a Chile “para desembarazarme de todas las telarañas que me mantenían tan confundido”. Pero es fe, que cuando uno se niega a trabajar a fondo determinado tipo de problemática, lo único que hará, si de viajar se trata, es trasladar, sencillamente, la problemática a otra, u a otras geografías. O peor aún: será “El retrato de Dorian Gray”, o se asemejará a un caballo negro que a galope tendido incursiona en los laberintos más tenebrosos de la conciencia, o recordará a Arthur Rimbaud cuando decía: “El poeta hará suyo el sollozo de los infames, el odio de los forzados, el clamor de los malditos” y en ese mismo orden de ideas, intentará consolarse en vano parafraseando a Jorge Luis  Borges cuando afirmaba con serenidad inaudita: “Me engañan y yo debo ser la mentira. Me incendian y yo debo ser el infierno.

Alfonso López Michelsen aceptó estando en Chile que necesitaba ayuda. Esta acudió por vía del Doctor Fernando Navarro Allende, uno de los primeros en practicar la disciplina psicoanalítica en Hispanoamérica. Navarro Allende se formó en Europa como médico psiquiatra y más adelante como psicoanalista en plazas fuertes de esta disciplina como Suiza y Bélgica. Mantuvo correspondencia epistolar con Freud. De hecho, la tesis de Fernando Navarro Allende está dedicada a quien fuera el fundador de la Escuela Psicoanalítica de Viena: “El valor del psicoanálisis en Policlínica: contribución a la psicología chilena”. Pero además, este médico, a cuyo diván acudió durante un año López Michelsen, se encargó de difundir, en ocasiones, contra viento y marea, lo sustancial de las tesis freudianas a través de la famosa Editorial chilena “Ercilla

¿Cuál fue el diagnostico que emitió el doctor Navarro a propósito de las profundas crisis nerviosa que embargaban al hijo del dos veces presidente de Colombia? Neurosis, o mejor “Neuro-Lucia” ¿Pero qué es una neurosis, cuáles son sus principales síntomas? De entrada, pido excusas. Si bien he leído mucho sobre el tema, privilegiando en esas lecturas, más que a Freud, a Carl Gustav Jung, Alfred Adler, Erich Fromm, Geneviene Morel, Sibylle Birkhäuser-oeri, o a Karen Horney, se cuánto de irresponsabilidad existe, cuando se utiliza el calificativo de “Neurótico”, no siendo un profesional, ni en esta ni en otras dolencias clínicas.

Lo que sí puedo afirmar por experiencia de vida, es que tanto un neurótico como una neurótica son seres In-so-por-ta-bles. O como diría con suprema delicadeza un bogotano: “Son seres muy complicados”. Del último de los autores citados, Horney, destaco, para minimizar el gesto de irresponsabilidad, lo siguiente:

“La neurosis es un desorden grave del carácter. Un desvió del propio yo, es decir, un entumecimiento ante la experiencia emocional, una inseguridad de lo que uno es, lo que uno quiere, odia, desea, espera, teme, o le molesta. Toda persona en la extensión de su neurosis, es como un avión movido por control remoto y, por lo tanto, obligado a perder el contacto consigo mismo.

Otra de sus características es el retiro, la huida intempestiva de algo o de alguien, el silencio convertido en todo un universo simbólico de retaliación. Su incapacidad de soledad constructiva es, por sí misma, un signo de neurosis. Sus primeras tentativas amorosas fracasaron, siguen fracasando, o peor aún siempre fracasaran. No obstante, está dispuesto a plegarse a cualquier indignidad con tal de que le amen. Sin saberlo, el neurótico se halla preso en el dilema de ser incapaz de amar y, a la vez, de necesitar premiosamente el amor de los demás.

Siéntalo conscientemente o no, el neurótico no sólo es una persona por cierto muy desgraciada, sino que tampoco ve posibilidad alguna de escapar a su miseria. Según lo pintara un paciente nuestro, el neurótico se siente cautivo en un sótano con muchas puertas, pero cualquiera que abra solo le lleva a nuevas tinieblas; y, sin embargo, constantemente sabe que los demás se pasean afuera, a plena luz del sol” (Horney, 1984: 185)

Con la ayuda del doctor Navarro, Alfonso López logró salir del “Sótano”. Pero ese rescate de su calma y de su serenidad, no hubiese sido posible, sin el increíble valor civil que el futuro gobernador, diplomático, Ministro y presidente de la República, demostró al emprender “un intenso viaje hacia las profundidades de sí mismo”. En ese proceso fue atípico. En efecto, por regla general, el colombiano carece de vida interior. Vive fundamentalmente, por y para la aprobación social. Por más macro sesiones de yoga, de mantras de consumo de “yagé”, o de vivir en estado de comunión diaria con la “Divina madre cósmica”, tan de moda por estos días, lograremos desterrar nuestra proclividad a la superficialidad, a la inconsistencia verbal y a la impaciencia.

Inusual en este punto, decíamos, López en medio de la feroz batalla que entabló con sus monstruos interiores, le confía por carta a su padre todos los sinsabores que ha tenido que afrontar por cuenta de su compleja personalidad. A su vez, y en reciprocidad, Alfonso López Pumarejo, le hace la siguiente confesión al hijo: “Yo también fui neurasténico. Yo también fui presa de una terrible angustia. Sin embargo, no apelé nunca a las drogas para calmar los nervios transitoriamente. Me parecía más claro acomodarme un tiro para calmarlos de manera definitiva” (Giraldo, 2015: 56). Pero ahí no termina la experiencia psicoanalítica de Alfonso López Michelsen.

Por cierto según su padre, la tendencia a la neurosis venía por la línea Michelsen. La experiencia, decíamos, se prolongará por largo tiempo, esta vez, en el diván del doctor José Francisco Socarrás. Nacido en Valledupar en 1906, obtuvo el título de bachiller en filosofía y letras por la época en que Monseñor Rafael María Carrasquilla se desempeñaba como rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Se graduó en 1930 en la facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Fue uno de los primeros directores de la Escuela Normal Superior de Bogotá. En términos legales, la Normal Superior, émula de la célebre “École Normale” de Paris, surgió el 21 de febrero de 1936, al establecerse en el Artículo cuarto de la ley 39 firmada por Alfonso López Pumarejo como presidente de la República, y por el abogado rosarista, maestro Darío Echandia como Ministro de Educación que “La Facultad de ciencias de la educación continuará funcionando con el nombre de la Escuela Normal Superior bajo la dirección inmediata del gobierno y con independencia de la Universidad Nacional”. Entre 1946 y 1950 Socarrás adelantó estudios de especialización en Psiquiatría y Psicoanálisis en Paris.

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De la mano de Socarrás, López Michelsen como antes de la de Navarro, continuó empeñado a fondo en su valiente propósito de no concederle tregua a las “pinturas negras de goya” que aún habitaban en su alma. En esa lucha, la que libró contra su propio yo –y no siempre con total éxito –procuró no reproducir a futuro, “La cita de dos histerias: el encuentro de una personalidad sadomasoquista con otra de la misma especie. Tal fue mi relación con Lucia y, en adelante, con muchas otras mujeres en mi vida” (Mis memorias, 2013: Pp. 381-382)

¿Y Lucia, como fue la vida de Lucia luego de su rompimiento sentimental con Alfonso López? Aunque parezca increíble ambos siguieron sabiendo de ambos a lo largo de más de 70 años. Por cartas la mayoría de las veces, y por vía telefónica las menos. En esas cartas se observa que Alfonso López Michelsen, renunció en el diván del psicoanalista a muchas cosas, con excepción de su derecho al sarcasmo.


El expresidente fue un sarcástico irrecuperable. Según Lucia, siempre logras decir las cosas más desagradables. Cierto. La última carta enviada a la hija del que en su momento estuvo a punto de ser su suegro, el empresario Felix María Antonio Salazar Jaramillo y de la cual reproducimos algunos apartes:

¿"Con quién te ves? ¿Qué haces? ¿Qué amistades tienes? Si viviendo aquí en Colombia se va quedando uno solo, bien puedo imaginar la situación tuya en un ancianato gringo.

Cuando recuerdo mis años jóvenes no dejo de pensar en nuestra juventud, cuando contábamos con menos de treinta años y tu jugabas con todos los hombres, coqueteándoles, pensando que ibas a ser eterna. Te cásate tres veces y pienso que solo en el último matrimonio te sentiste realizada y feliz, cuando ya habías recorrido media vida. Yo por fortuna, he cumplido sesenta y un años de casado y, si volviera a nacer, repetiría mi vida” (Giraldo, 2015: 84-85)

“Es mucha gracia que te acuerdes del 30 de junio, de mis noventa años. Te lo agradezco de veras. Pensándolo bien, he sido una persona afortunada en el sentido de que no sufrí las contrariedades normales de la vida. Cecilia y yo llegamos completos con nuestros hijos y nuestras nietas, sin haber perdido ningún miembro de la familia, como desgraciadamente te ocurrió con la muerte de tu hijo a ti. Nuestros tres hijos trabajan bien y sostienen en sus distintos oficios. Alfonso está de embajador en Londres, que es como estar en su salsa. Juan Manuel tiene fincas en los llanos, que hasta hace poco estaban amenazadas por la guerrilla, pero que ahora se han ido recuperando. Y Felipe tiene la mejor revista de Colombia que es “Semana”, con un millón de lectores”

“Soy el  socio más viejo del “Country” y el más viejo del “Gun”. Solamente, gracias a la buena salud que disfruto, puedo  todavía jugar al golf y trasnocharme una que otra noche. No me quejo. Tengo mis hijos, mis nietas y mi mujer alrededor mío. Cuando pienso en tu caso, me doy cuenta de que la vida es a veces injusta. Tu regreso al ancianato debió ser sumamente triste tras la muerte de Joaquinsin y, aun cuando tienes a Diana, te debes sentir muy sola.

Tú les contabas a tus hijos que era en razón de no haberte casado conmigo el haber tenido tantos tropiezos. No. Ni tú ni yo hubiéramos sido felices casados en el estado a que habían llegado nuestras relaciones. En el curso de la vida yo he tropezado con muchas mujeres jóvenes semejantes a lo que eras tú a su edad, incapaces de querer a alguien más que a su propio yo” (Giraldo, 2015: 82)

"Lucia fue, en su tiempo una de las predestinadas para coronar una vida feliz. Sin embargo, tan buenos augurios no se tradujeron en un discurrir apacible sino que, por el contrario, lo accidentado de su vida la llevo a vivir en el extranjero e ir perdiendo el contacto con su medio, del cual sólo tenía, por diversas razones, recuerdos amargos. El último, la muerte repentina de su hijo, Joaquin, que, al regresar de su luna de miel, murió de un infarto en la cena en que se celebraba su retorno” (Giraldo, 2015: 89)

Alfonso López Michelsen falleció el 11 de julio de 2007, Lucia Salazar Grillo, en febrero de 2005, en Boston, Estados Unidos. En su caso, las bondades del psicoanálisis resultan evidentes. No fue a modo de ejemplo, contrario, lo que aconteció a dos extraordinarias desdichas: Marilyn Monroe y Alejandra Pizarnik. La controversia continúa.
Calvino hubiese dicho: “Alfonso López Michelsen al igual que toda su estirpe estaba predestinado al triunfo; Lucia al fracaso. Así de simple.”

Bibliografía

-Ardila Duarte, Benjamín (2012). El profesor Alfonso López Michelsen: Constitucionalista y hombre de Estado. Bogotá: Universidad Libre, Facultad de Derecho, Academia Colombiana de Historia.

- Birkhäuser-oeri, Sibylle (2010). La llave de oro. Madres y Madrastras en los cuentos infantiles. Turner publicaciones S.L, Madrid, España.

- Giraldo, Diana Sofía (2015). Alfonso López Michelsen: sus demonios, amores y batallas políticas. Panamericana formas e impresos S.A, República de Colombia, fundación victimas visibles, Bogotá D.C, Colombia.

- Horney, Karen (1984). La personalidad neurótico de nuestro tiempo. Ediciones Paidos, Buenos Aires, Argentina.

-López Michelsen, Alfonso (2013). Mis memorias. Colección Centenario. Bogotá: Editorial Oveja Negra- Quintero Editoriales.

- Morel, Geneviéne (2012). La ley de la madre. Fondo de cultura económica, México, D.F.

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