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Recuerdos de mi vida como Rosarista y como catedrático

Sergio Rodríguez Azuero

 
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Sergio Rodríguez Azuero[2]

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Todo me liga profundamente al Rosario. Los valores que allí reafirmé y que han hecho parte de mi vida. Los honores que me ha dispensado. El privilegio de tener tantos de los míos compartiendo su historia y su vigencia. Mi esposa María del Pilar Salazar Camacho, colegial y a ese título secretaria privada del Rector Antonio Rocha. Mis hijos Juan Camilo y Daniel y José Miguel el mayor de Pilar. Mi hermana Constanza, mis cuñados María Cecilia,  Juanita y Eduardo, mis sobrinos Alejandro Rodríguez y Paula Ayala, colegial electora de Hans  Peter Knudsen. Y claro, mi vida académica de más de 40 años, como Profesor de pre grado y más de 30 como Director de la Especialización en Derecho Financiero.  A lo que agrego haber sido dos veces Consiliario, ser Colegial Honorario y ostentar las distinciones de Profesor Emérito y Honorario. ¿Qué más podría esperar un rosarista?

Por ello quisiera aprovechar el inmenso honor que me han deferido para compartirles algunos recuerdos de mi vida como rosarista, en especial porque tuve el privilegio de conocer de cerca al doctor Antonio Rocha Alvira cuya cátedra tengo el honor de regentar en esta, tarde; resumir los aspectos más sensibles que han transformado en parte las cátedras que he atendido  o que he abordado en las responsabilidades que he tenido el honor de asumir en  la Universidad y concluir con algunas reflexiones que  he hecho a mis alumnos a lo largo de los años y que sintetizan, en forma sencilla, parte de mis concepciones fundamentales sobre la vida y la educación, como abogado en ejercicio y como profesor.
Soy consciente al hacerlo de que tomo el riesgo de dejar por fuera nombres y acontecimientos sin quererlo, pues la memoria es falible y que la narración en primera persona puede parecer antipática para algunos, pero acudo a su benevolencia pues no podría ser de manera distinta cuando de recuerdos se trata.

I El Rosario

Debo decir que de alguna manera conmigo se inicia esta historia. Mi padre fue médico y se educó en Francia donde vivió cerca de 12 años y, lamentablemente, falleció a los pocos años de regresar a Colombia cuando yo era apenas un niño de 6 años.  Mi vocación no nació entonces del modelo paterno. Pero se anticipó por mi maestra Josefina Suárez Casas, notable educadora, en cuyo colegio hice mis estudios elementales, quien al entregarle a mi mamá el informe y los resultados sobre mi primer trimestre de estudios, le dijo “Cecilia,  Sergio va a ser abogado o escritor”

La llegada al Colegio Mayor de Nuestra Señor del Rosario fue casi fruto del azar, gracias a Andrés Delgado Mallarino mi querido amigo del Cervantes, quien ya cursaba aquí sus estudios de Derecho y quien me persuadió en una grata velada sobre las razones por las que debía ingresar al Rosario. Recuerdo que de su curso hacían parte, Guillermo Cubillos Escobar, Guillermo Lozano Escovar, Roberto Paredes y Mario Suarez Melo, entre otros.

Cuando ingresé en el año de 1962, que no existe en la agenda de la inmensa mayoría de los presentes, el Ilustre Rector Moseñor Castro Silva, despachaba en el primer piso en una silla de cuero rojo, a la entrada de la Secretaría de aquel entonces,  pues ya le resultaba muy penoso subir hasta la Rectoría. Pero conservaba una lucidez envidiable. Hacía las entrevistas a cada uno de los candidatos y las iniciaba, en forma bastante intimidadora, recorriéndolos en silencio de arriba abajo, literalmente, para verificar en que forma iban vestidos. Y era sabido o se deducía porque era un hombre de natural y refinada elegancia, que miraba si el traje era adecuado y bien planchado, la corbata y las medias le venían bien, la camisa era impecable y como dirían mis tías, estaba frente a “una persona bien presentada”.  Y solo pasada la prueba se iniciaba el diálogo a partir de preguntas variadas y sorpresivas por el tema y el tono como para medir más que los conocimientos el criterio y la actitud del aspirante  Y solo si estimaba que el candidato tenía la personalidad que el esperaba para los alumnos rosaristas, daba el visto bueno para la matrícula. Ya en la Universidad tuve mas de una ocasión de conversar con el pues me distinguió invitándome a hacerlo con frecuencia.

La universidad era pequeña en número de alumnos y giraba en torno a la Facultad de Jurisprudencia. El ambiente era recogido, los alumnos usábamos rigurosos vestidos de paño y como mi vestuario era reducido me inquietaba la repetición indefinida del par de trajes disponibles. Entonces alguien me habló, pudo ser el mismo Andrés, del señor Jaramillo quien tenía un almacén de ropa para hombre en la calle 14, unos 50 pasos abajo de la carrera 7ª y quien vendía los trajes a plazos a los rosaristas, con lo cual supongo que muchos logramos sobrevivir decorosamente presentados durante la carrera. El universo estudiantil era predominantemente masculino.  Las niñas no eran muchas, en mi clase apenas 4 y vestían en forma tan conservadora como nosotros mismos.

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La vida cotidiana se enriquecía con la presencia de Monseñor Rodríguez Plata, Vice Rector en aquel entonces y a quien el irrespetuoso humor estudiantil asignaba las más disparatadas frases o se las exageraba para diversión general. Sería injusto asignarle papel alguno en propiciarlo pero no olvido los eventos que auspiciaba para facilitar que nos conociéramos mejor y de los que recuerdo en especial una paseo, me parece que a Melgar, donde después de un día festivo con danza y licorcillos abundantes, regresamos en el bus donde Monseñor se sentó en la primera fila a rezar el rosario y nunca se movió de su puesto por lo que, al amparo del largo regreso fueron forjándose algunos noviazgos.
Me vienen a la mente todos los compañeros pero menciono algunos con quienes tuve mayor cercanía: Alvaro Tafur, quien fuera mas adelante Decano y Rector, Hernán Fabio López, quien más tarde pasaría al Externado, Beatriz Leyva, Gloria Niño, Gladyz García, Matilde Parra, Jaime Arteaga, José Joaquín Diaz Perilla, Alberto Hernández, Omar Rodríguez , Bernardo Noriega, Alberto Casas, Edgar Castellanos,  Beatriz Leyva, Fernando Umaña, Lucho Cárdenas, Juan Manuel y Tomás Caballero… Y llegan presurosos los nombres y figuras de profesores inolvidables: Jose Manuel Fonseca Neira, Humberto Murcia Ballén, Leopoldo Uprimmy, Jaime Vidal Perdomo, Guillermo Ospina Fernández, Antonio Jose Villegas, Antonio Montaña,  Alvaro Copete Lizarralde, Jose María Esguerra Samper, Antonio Rocha Alvira, Alvaro Mendoza, Ernesto Cediel, Andrés Holguin, Hernando Morales Molina, Carlos Medellín.

Aquí las anécdotas serían interminables y tendremos que dejarlas para una tertulia, ojalá con Luis Enrique Nieto y Fernando Mayorga, fuentes inagotables de simpáticas e ilustradas historias sobre nuestra Universidad. Pero no puedo dejar de mencionar algunas al paso.

Nuestro profesor de Derecho romano José Manuel Fonseca Neira, prematuramente desaparecido, nos dio en la primera clase un consejo que por años he repetido a mis alumnos, dándole siempre el crédito: “La última oportunidad real que ustedes tienen en la vida de estudiar es la Universidad. Aprovéchenla. Porque después de terminar les pasará una de dos cosas: o les irá  muy bien y no tendrán tiempo o les irá muy mal y no valdrá  la pena”

Tuvimos el deleite de tener todavía y ya terminando su carrera pedagógica al Profesor Leopoldo  Uprimmy en sus clases de Constitucional con un enfoque del Derecho que se me antojaba muy conservador, pero con una visión universal y erudita, con la cultura de un profesor europeo y con su capacidad ilímite de decir cosas desafiantes e inteligentes. Lo remplazó más adelante el doctor Luis Carlos Sáchica Aponte, muy cercano a sus enfoques fundamentales, agudo, crítico, a veces ácido, pero muy brillante también y afianzándose para reemplazar a una luminaria y dar a conocer su libro que aparecía para entonces. Pero también tuvimos en Constitucional al inolvidable profesor y con el paso de los años, entrañable amigo,  Alvaro Copete Lizarralde

De  Humberto Murcia recibimos unas rigurosa y ordenadas lecciones de Derecho civil, me parece que Bienes. Lo escuchábamos con enorme respeto pero la clase era después de una hora libre que nos quedaba en el horario y frecuentemente nos íbamos al Café de enfrente a jugar un chico de billar y,  a veces, al calor de la contienda no nos dábamos cuenta de la hora y llegábamos tarde, cosa que naturalmente molestaba al profesor. Debo confesar que como consecuencia poco faltó para que perdiera la materia por fallas y … lo que es peor, ¡nunca aprendí a jugar al billar!

Tuvimos la fortuna de tener dos excepcionales profesores en materias sin las cuales puede serse abogado pero jamás jurista: la teoría del Acto Jurídico, Guillermo Ospina Fernández y el curso de las Obligaciones, Antonio José Villegas, sobrino del Ex Presidente Eduardo Santos y brillantísimo expositor. Sobre este último recuerdo un aspecto que parecería banal pero que lo distinguía y que se grabó por siempre en mi memoria: de baja estatura pero de impecable elegancia, vestía trajes ostensiblemente ingleses, camisas combinadas de rayas gruesas de colores y cuello blanco de puntas redondeadas, sujeto con un pasador dorado bajo la corbata. Entraba caminando recto y sin mirar a nadie y ocupaba la catedra y sin preámbulos daba inicio a su lección en voz tan baja que era casi inaudible, por lo que nos diputábamos la primera banca para no perderle una línea a su coherente exposición. El tono tan bajo de la voz exigía, por lo demás, que hubiera un silencio total durante la clase.

En derecho administrativo tuvimos la fortuna de tener a Jaime Vidal recién regresado de Francia y estrenando su libro, lo que nos permitió conocer en detalle el estado del arte del derecho francés en ese momento con las referencias permanentes a Vedel y Laubadere.

Antonio Montaña y Andrés Holguín  fueron profesores de Humanidades en distintos momentos. Ambos extraordinarios. El primero nos hizo analizar un libro inolvidable: “El mito de la divinidad” de Paul Diel. Y  un día, debiéndose leer una parte del mismo en clase, me pidió que lo hiciera pues el tenía que ausentarse. Yo me puse de pie y comencé a hacerlo pero algunos compañeros estaban entretenidos en otros temas o conversando, lo que dificultaba la comprensión para quienes estaban interesados. Entonces suspendí la lectura y les dije: ”Como esto no es obligatorio y ustedes pueden aprovechar mejor su tiempo fuera,  les agradecería a quienes no tengan interés  en el tema que se retiren de la clase y nos permitan continuar”. Y así lo hicieron. Y a la salida Vladimiro Naranjo quien había entrado al Rosario como a la mitad de la carrera, me expresó su admiración por la forma como había manejado la situación, sin traumas ni reacciones airadas. Entonces le respondí con  una frase que he acuñado por años: “Todo es posible de decir, aun aquello que amenace con molestar o producir una reacción negativa, si se dice bien”. Frase que repito con frecuencia a mis alumnos y a mis hijos.

De José María Esguerra Samper guardamos  los mejores recuerdos del caballero bogotano, de rancio abolengo pero sencillo, jovial, siempre sonriendo y con un humor espontáneo que hacia parte de su personalidad. Invariablemente nos contaba un chiste y dicen que en algunas clases, cuando consideraba que podía ser un poco picante, le pedía a las niñas abstenerse de entrar mientras lo contaba. Pero sus cuentos eran señoriales y los más picantes parecerían hoy para niños, frente a los que se escuchan. Recuerdo que se estaba introduciendo la nueva liturgia derivada del Concilio Vaticano II y nos contó que llegó el Padre confesor de un convento quien tenía a cargo la pedagogía y les dijo a las monjita que estaban practicando los nuevos parlamentos: “De rodillas, hermanitas” Y todas contestaron en coro “Las tenemos levantadas hacia el señor”!

Me haría interminable si siguiera, pero no puedo dejar de mencionar a Alvaro Mendoza. A su catedra de Titulos Valores, que luego compartí como profesor con el por varios años y en especial a sus lecciones sobre Legislación financiera, debo mi carrera académica. Acicateado por haberme puesto 4.5 y no 5 en el primer parcial, me dedique a estudiar una materia que me apasionó desde el primer momento, hice mi tesis de grado sobre la Fiducia, que él me dirigió y calificó junto con Hernado Tapias Rocha y Fernando Vélez Bermúdez y fue mi Jefe como lo contaré mas adelante.

Unas pequeñas anotaciones finales en esta primera parte: dos lugares de comida cercanos al Rosario, La Romana pizzería a la que fuimos con frecuencia y el Restaurante Internacional, en la calle 13, con sus manteles de cuadros de colores en linóleo y su menú especial, al que fimos muchas veces los viernes  cuando creo que tenía un menú especial.
No pienso que mi curso haya sido particularmente integrado pero hicimos desde luego magníficos amigos. Nos divertimos mucho durante esa época sin dejar de practicar las recomendaciones  de José Manuel Fonseca. Las fiestas rosaristas eran oportunidad de sano jolgorio. En el último año si no recuerdo mal, le dimos la bienvenida a los nuevos estudiantes  de Medicina, entre los cuales estaba Alberto Ferguson, actual Consiliario,  incluyendo unas coplas para cada uno que desaparecieron pero la primera que aun creo conservar decía algo como:

Turgeman y María Clara
Viven haciendo caritas
Y de lejos se divierten
Cual pareja de angelitos
La traigo a cuento como testimonio de su existencia pues los personajes mencionados puede que a estas horas ni las recuerden

Una vez egresado me viene a la mente el funcionamiento del Club rosarista, que por años estuvo en la 26 en la sede del edificio de Bavaria y años mas tarde en el último piso de uno de los edificios construidos en la Rectoría del doctor Antonio Rocha. Tuve el honor de ser Presidente y lo fueron,  entre otros Eduardo Ruiz (el Chinche), Miguel Aguilera, Juan Rafael Bravo, Enrique Cala, Omar Rodríguez Olaya, Alirio Gómez Lobo, David Luna Visbal, Julián Efrén Ossa,…. Con Mario Suárez, quien fuera más tarde Rector y con Fernando Santos, José Antonio Lema y el mismo Andrés, tuvimos durante más de 20 años una estupenda mesa de juego de pokar que se inició allí pero que recorrió todas nuestras casas y clubes de Bogotá.

Por asociación libre de ideas menciono que, muchos años después, cuando fui Presidente del Metropolitan Club, tuve como Secretario en la Junta Directiva a Juan Pablo Medrano Supelano, quien había sido mi alumno y quien desempeñó su cargo con una devoción y fidelidad  que nunca olvidaré. Su súbita desaparición a edad temprana dejó un enorme vacío entre sus amigos.

Sobre los edificios , Torres 1 y 2, que fueron financiados en todo o en parte por el Banco de la Sabana, del que era Presidente Guillermo Ronderos, recuerdo una anotación muy simpática: al inaugurarse se descubrió una placa en mármol expresando el reconocimiento al banquero amigo por esa circunstancia y Andrés Delgado comentó: “Es la primera vez que veo otorgar en mármol un pagaré”

Mi trabajo comenzó “patinando” en la oficina de los Guillermos: Lozano y Cubillos, quienes estaban tres años por encima, ambos estupendos amigos pero este último un personaje inolvidable. De una inteligencia superior, colegial y más tarde Decano, tenía un particular sentido del humor,  negro,  dirían algunos, y vivía riéndose del mundo que lo rodeaba y actuando en conformidad con su particular forma de ver la vida. Por una circunstancia particular viajó por un tiempo a radicarse a los Estados Unidos y se quedó viviendo en ese país.

Pero mis primeros pasos se transformaron en el año 1966, último de la carrera porque recibí invitaciones consecutivas de mis profesores, del de Procesal, magistrado del Tribunal de Bogotá,  Guillermo Rey Barrera donde trabajé casi un año como su auxiliar, con el desafío  tanto de proyectar juiciosas providencias como de escribirlas en máquinas donde había que sacarlas en papel sellado con copias en papel carbón. ¡Era una verdadera tortura hacerlo a dos dedos, saltarse una línea o tener que repetir el trabajo al haber metido una hoja de papel sellado al revés, como una vez me ocurrió! De allí pasé en Noviembre en plenos exámenes finales al Banco de Bogotá invitado por mi Profesor y más tarde Director de tesis Alvaro Mendoza Ramírez quien era para entonces Secretario General de la entidad. Allí me encontré un joven estudiante rosarista de economía que había entrado a comienzos del año Juan María Robledo, hoy y desde hace muchos años Vicepresidente General del Banco y a los pocos meses entró mi compañero José Joaquín Díaz Perilla. Ambos llevan entonces la friolera de cerca de 50 años en el Banco!

Me gradué en 1968 siendo ya Rector el doctor Antonio Rocha pues como comencé temprano a trabajar no me afané demasiado, riesgo que los invito a evitar, hasta que fui designado para abrir el Departamento Jurídico de la Asociación Bancaria y entonces hube de apresurarme para poder asumir responsablemente el puesto. Los grados se hacían en el Aula máxima y eran individuales. Terminada la ceremonia me llamó con mi familia a la mesa principal donde el estaba y nos pidió posar para una foto, luego de lo cual, como buen maestro de la materia y con gran simpatía, nos dijo: “Si mañana no tiene a la mano el diploma esta es la prueba supletoria.”
 
En la  Asobancaria tuve la fortuna de poder organizar una comisión de banqueros para el estudio del proyecto de Código de Comercio que estaba siendo revisado por una comisión designada por el Gobierno y que vino a expedirse en 1971, la cual presidía Eduardo Soto Pombo, rosarista integral y Presidente en aquel momento del Banco de Colombia. Como consecuencia de nuestros trabajos propusimos sustituir el Título sobre “Títulos de Crédito” que traía el proyecto por el que había preparado para el INTAL el profesor mejicano Cervantes Ahumada que, en nuestro sentir se acomodaba mejor a la legislación de un país del “civil law” como Colombia, que la modificación a la ley 46 de 1923, de rancio extirpe anglo sajón, que inspiraba la propuesta en estudio. Al ser aceptada nuestra recomendación quedó introducida como Título III del Libro III del Código bajo el acápite “De los Títulos Valores”.

Debo a Eduardo Soto mi vinculación a la cátedra  pues al rechazar la propuesta que le hicieron para asumirla me propuso como profesor al Decano en 1972.Tuve un inicial temor y se lo expresé pero me lleno generosamente de ánimo y asumí la cátedra de legislación financiera y títulos valores, que aun mantengo, respecto a la primera materia, con el título de “Contratos Bancarios”.

Mi paso por la Asociación donde luego fui Gerente por cinco años, me permitió conocer a los banqueros más distinguidos de esa época y aprender de manera intensa sobre la actividad bancaria. Allí conocí como miembro de la Junta a otro rosarista destacadísimo en ese momento: Jaime Michelsen Uribe, santafereño de pura cepa, de extraordinaria memoria e inteligencia superior y, además, refinado caballero e indiscutible líder empresarial. Creador del llamado Grupo Grancolombiano se hizo luego al control del Banco de Colombia y fue su Presidente durante varios años hasta que la llamada crisis financiera de los 80s llevó a que el Gobierno, en desacuerdo con su manejo,  propiciara el cambio en la administración del Banco. Por cierto que de  la primera Junta que se designó a su retiro, hicimos parte Juan Rafael Bravo y yo y el primer informe sobre lo que encontramos lo escribimos juntos en mi oficina durante tres días de encierro,  en compañía de Ramón Eduardo Madriñan de la Torre, abogado Javeriano pero Profesor del Rosario por muchos años.

Pero antes de que ello ocurriera y no puedo contarla en este momento, pero es una historia riquísima que hace parte de un capítulo especial de mis recuerdos, se produjo su retiro de la Asociación Bancaria lo que dio nacimiento a la ANIF, en ese entonces con una estructura gremial y como competidora de la Asociación y más tarde convertida en un Centro de pensamiento que en mucho contribuye al análisis crítico de lo que en el sector financiero sucede en el país.
Me retiré de la Asociación para tomar mi primer sabático, invitado por el Ministerio de Finanzas francés y trabajé en Paris durante cerca de dos años en tres bancos que elaboraron para mi un programa especial. Por eso sostuve siempre que no me había ido a estudiar sino a aprender. Por cierto y para acercarnos a un personaje de actualidad, me remplazó en la cátedra de Titulos valores Humberto de la Calle Lombana.

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Allí coincidieron como estudiantes de posgrado David Luna Visbal, casado entonces con nuestra querida amiga y abogada rosarista María Eugenia Sánchez y padre de nuestro querido Ministro de TIC, junto con Luis Guillermo Sorzano, brillante colegial mayor, prematuramente desaparecido y Mario Gónzalez. Fueron muchas las tertulias y anécdotas que vivimos o las que me contaron por ejemplo de su relación con los estudiantes venezolanos, quienes disfrutaban entonces de la beca “Mariscal de Ayacucho”, varias veces superior a las que tenían nuestros alumnos. Y al narrármelo se dolían de qué pocas veces sus amigos venezolanos aparecían por las aulas pues, aprovechando el monto de sus mesadas, no se alojaban en la Cité Universitaire sino alquilaban eniglesiatre tres un apartamento y vivían en permanente francachela. Les anoté al respecto: “¡Sería estupendo que fueran! Pero la sola circunstancia de salir a caminar y encontrarse con una gótica, conocer personas de las más variadas lengua y latitudes, aprender a tomar vino francés y familiarizarse con su culinaria, ir a Museos, exposiciones, conferencias y debates, va a resultar tanto o más importante para transformar esas generaciones que las lecciones universitarias”, como en efecto ocurrió. Y me hablaban mucho de Nemesio Camacho querido profesor rosarista quien les organizaba estupendas veladas cuando iba a Francia. También estaba ya saliendo de Paris,  Nestor Osorio hoy Embajador ante la Gran Bretaña a quien le compré su carro, un escarabajo azul.

 Justamente a finales de 1976 visité al doctor Rocha en Roma donde a la sazón era el Embajador de Colombia ante la Santa Sede. Fui con el ex Decano Guillermo Cubillos. Nos atendió espléndidamente, pues era un anfitrión exquisito. Un par de aperitivos, vinos blanco y tinto con el almuerzo,  y luego un pousse café.  Nosotros no pensábamos sino en una buena siesta y fuimos a despedirnos cuando dijo: “Ustedes no conocen sino las Iglesias donde llevan a los turistas. Voy a mostrarles unos tesoros poco conocidos”  Y nos llevó a visitar algunas pequeñas en las cuales se encontraban señaladas obras de arte. Creo que en la segunda parada y cuando, como consecuencia del opíparo almuerzo, los ojos se me cerraban y las madonas bailaban de un lado para otro, me tomó del brazo y dijo benévolamente: “Sergio, lo veo un poco fatigado, voy a llevarlo a su hotel”
 

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Fui designado Consiliario por primera vez en la Rectoría del doctor Alvaro Tafur (1981) y  la compartí con Jaime Michelsen, Juan Rafael Bravo, Antonio Rocha, Alfonso Tribin…. Por amable invitación del Rector y con motivo de mi designación, pronuncié un discurso en el Aula Máxima. Recientemente repasando viejos papeles lo encontré publicado en el periódico jurídico Calatrava y se lo hice llegar al doctor José Manuel Restrepo. En el invité a que destináramos esfuerzos a estudiar cibernética (estudio de las analogías entre los sistemas de control y comunicación de los seres vivos y de los de las máquinas; y en particular, el de las aplicaciones de los mecanismos de regulación biológica a la tecnología), pues anticipaba el desarrollo de la tecnología  y su influencia en todos los campos del saber humano, pero, además, me quejé de la cátedra magistral como único instrumento pedagógico utilizado por muchos profesores entonces, de la falta de investigación y de la distancia entre la empresa y la universidad.  Esto le llamó mucho la atención al doctor Rocha quien siempre me animó a trabajar en esos campos y en defensa de posiciones liberales y de renovación en la forma de concebir la pedagogía que el compartía plenamente y que siguen vigentes en mi concepción de la vida.

 El doctor Rocha nos invitó a almorzar en el Jockey Club, luego de terminada la primera reunión a la que asistí. Buscando temas de conversación le pregunté por el doctor Dario Echandía coterráneo suyo y figura prominente del país y de la vida intelectual y universitaria. Me contestó con gran familiaridad y sencillez: “Estuve visitándolo este fin de semana en Ibagué pero lo encontré muy embromado. Me hizo un comentario y se refirió a un filósofo pero no lograba recordar su nombre. Entonces le dije: ¿Sería Kant?  Y me respondió que si pero se puso furioso de no haberlo recordado pues lo estudió y enseñó durante toda su vida” Y a manera de colofón agregó: “Que pesar, pero eso ya es debilidad senil. Son novedades de la edad”. Yo que no tenía mayor información al respecto me acerque discretamente al Rector y le pregunté en voz baja:”Alvaro, que edad tiene el doctor Echandía” “Le lleva seis meses al doctor Rocha”, me respondió. Y no recuerdo si fuimos capaces de contener la risa.

Mi segunda consiliatura fue en 2003 siendo Rector Hans Peter Knudsen. La compartí con José Luis Villaveces, Jorge Restrepo, Reynaldo Cabrera, Pedro Gómez,  y más tarde con Eduardo Posada.  Durante ese período insistí en la necesidad de introducir el inglés como materia obligatoria y viva en la Universidad, sobre lo cual venía inquieto de tiempo atrás y tema que fue preocupación de siempre del doctor Rocha. Hice ver cómo, para citar un ejemplo, en las firmas más importantes de abogados, el manejo del inglés es pre requisito sin el cual no se estudia la hoja de vida.  Y expresé mi inquietud  por el bajísimo nivel que teníamos y como eso le cierra la puerta a tantos de nuestros egresados. Algo se ha avanzado, estoy seguro y he registrado complacido que el Rector haya anunciado la creación de nuestro propio instituto, pero allí la Universidad perdió la oportunidad visionaria que el doctor Antonio Rocha le brindó en los años 70s.[3]

Esta historia está salpicada de una estupenda anécdota narrada por Pilar años después y que yo me deleito en contar cada vez que el tema lo permite. Como algunos sabrán el doctor Rocha creo la Escuela de Traducción Simultánea, con lo cual, por cierto, comenzaron a pasar por el patio niñas de todos los colegios bilingües de Bogotá, mucho más modernas como que venían, por ejemplo, de blujines, prenda desconocida en el Claustro y claro, debo confesar que  produjeron toda una revolución y un entusiasmo explicable en alumnos y profesores. Pues bien, animado por el nacimiento de la Escuela y dentro de un proyecto más integral dictó un Decreto en virtud con el cual se exigía como requisito de grado la presentación de un examen de suficiencia en inglés. ¡Y allí fue Troya! Los estudiantes de Jurisprudencia dando los argumentos que podrán imaginar, que no era posible cambiar las reglas de juego, que había derechos adquiridos a graduarse sin ese requisito y cuantos ustedes puedan imaginar, declararon una huelga y paralizaron la Universidad. El doctor Rocha que debía tener más de 70 años para entonces y que era hombre muy fino pero de recio temperamento, bajo al Refectorio, donde se aglutinaba buena parte de los huelguistas, se subió a una mesa e hizo una intervención memorable, luego de lo cual regreso a la Rectoría y le dijo a su querida Secretaria Privada: ” Pilar, tenemos que derogar el Decreto. ¡Qué lástima! Les di mis mejores argumentos, traté de persuadirlos en la forma más convincente sobre las inmensas ventajas que tendríamos de hacer una universidad realmente bilingüe y lo que significaría para sus carreras.  Pero todo fue inútil. No me oyeron. Nada más podemos hacer”. Calló por unos instantes, como haciendo una pausa reflexiva y luego concluyó: “Que vamos a hacer… Que facturen en pesos”
 
En 1977, luego de regresar de Paris,  salió la primera edición del libro “Contratos Bancarios”, mi hijo mayor literariamente hablando y que hoy está en la 6ª. En 2005 salió la de “Negocios fiduciarios” Ambos con el subtítulo: Su significación en América latina. Gracias a ellos, mis dos obras más conocidas, he recorrido América latina y algunos países europeos y me he dado recientemente un segundo sábatico en este caso como Visiting scholar en Columbia University de Nueva York. Y he podido cultivar hasta hoy mi devoción y compromiso con la cátedra, completamente activa, si con eso expreso que todos mis alumnos tienen que participar en ella, responder preguntas, formularlas y cuestionar temas sensibles que pongo a su consideración, leer, preparar trabajos, hacer exposiciones en clase, en fin, pensar y vivir la materia y adquirir instrumentos y recursos que les permitan mañana ser capaces de interpretar y aplicar creativa y talentosamente el Derecho. Cuyas bases, especialmente hermenéuticas, les damos en la Universidad.

En 1980 abrí mi oficina de abogado. Una de los primeros encargos que recibí fue el de Rodolfo Jaramillo, conocido cariñosamente como “el conejo” quien me invitó a liderar un grupo del cual hacían parte, entre otros, el tratadista Efrén Ossa y Bernardo Botero,  para la redacción de una “Póliza Global Bancaria” que por años fue manejada por un consorcio asegurador en Colombia, del que fuimos sus asesores permanentes.

Tuve a lo largo de los años muy brillantes alumnos que se formaron en la oficina, normalmente mis mejores alumnos en la clase, lo que es privilegio para el profesor. Menciono a César Prado Villegas, quien fuera Superintendente Financiero, a Andrés López Valderrama, Presidente hoy de Colferias y Consiliario de la Universidad,  a Julio Cesar Quintero, Vicepresidente Jurídico Internacional de Gughenhein Legal, con sede en Londres y a Juliana Navas Vicepresidente de la Fiduciaria Bancolombia, como algunos de los mas destacados.

Durante los últimos 35 años, sin abandonar nunca la cátedra y la investigación, las he compartido con el ejercicio de la profesión de abogado. Ninguna profesión más noble e sus proyecciones pero, difícilmente, una más desacreditada. Sus actuaciones son frecuentemente miradas con desconfianza. La interposición de recursos judiciales, de suyo  legítima, se convierte,  no pocas veces, en instrumento torticero de dilación, abuso y entorpecimiento. Lo cual es muy grave pues, por esa vía, se refuerza para la colectividad la idea de que no hay justicia o ella es selectiva o manipulable. Y se eso se convierte en realidad, entonces un país deja de ser viable.

Y es que hay que saber que el cliente deposita en el abogado su confianza como el enfermo lo hace con su médico o el creyente con su sacerdote. Y entonces la posibilidad de abuso es enorme. Por eso creo que es necesario, afianzando los valores rosaristas, compartir algunos principios y recomendaciones, en especial para consultores y litigantes:

1.   No trabaje con clientes desconocidos.

Pareciera que banqueros y abogados estamos sometidos a una especie de mandato socrático  contemporáneo: “Conoce a tu cliente”. Averigua quién es, cómo y porqué llegó a buscarte. Que opinión les merece a quienes tienen que conocerlo. Cuál es su reputación y su buen nombre.

2.   No acepte un encargo sin evaluar la legitimidad de la causa que va  a defender.

Normalmente los clientes quieren que se aplique o se interprete la ley. Quieren conocer sus derechos y sus obligaciones. Quieren ser defendidos y acompañados en sus posiciones como demandantes y demandados.  Y allí el abogado que cree tener en sus manos una causa legítima ha de poner todo su empeño para defenderla.

Pero puede ocurrir, también, que alguno llegue porque ha transgredido la ley con diferente intensidad y en distintas hipótesis. Y si esto ocurre en el campo del derecho penal, es sabido que hay una tendencia a sostener que aun un criminal tiene derecho a ser defendido. Pero este justo aforismo puede tornarse en un lugar  común y conducir a claras responsabilidades del asesor, pues en el propósito de darle el mejor apoyo a su cliente podría llegar a cohonestar o contribuir a que se adopten actitudes censurables e inaceptables. Como quien acude a un abogado para que lo apoye en un montaje para insolventarse y, por esa vía, defraude a acreedores legítimos que confiaban en su capacidad patrimonial para responder por las deudas. O quien le pide contribuir a crear una estructura societaria para mimetizar una forma de lavado de activos,  para poner otro ejemplo. En casos como estos,  el abogado debe rechazar el encargo pues su actuación iría más allá de su compromiso profesional.

3.   Vele celosamente por evitar o resolver adecuadamente los denominados “conflictos de interés”

“No se puede servir a dos señores”, como se ha expresado secularmente. En todo caso y de surgir el conflicto, la mejor actitud es revelar a las partes la situación conflictiva con lo que, en muchos casos, se desactiva y saber que el mejor criterio para tomar una buena decisión se deriva de cumplir  la denominada obligación de lealtad, propia de los profesionales, en virtud de la cual todo su expertise debe ponerse al servicio de su cliente por lo que la opción será siempre actuar en su favor sin favorecer indebidamente a un tercero o beneficiarse a si mismo de la situación.

4.   Actúe entendiendo que ética y derecho deben estar indisolublemente unidos

Debemos ser unos cultores del derecho pero, ante todo, unos apóstoles de la justicia.

5.   Integre sus equipos de trabajo con los abogados más competentes y  destacados que pueda conseguir, pero busque, ante todo, que sean buenos seres humanos
 
Para concluir las referencias a esta ya larga carrera solo quiero mencionar dos episodios que por su importancia merecen ser reseñados: la designación como Superintendente Bancario y la intervención en Paris en la presentación de la nueva ley francesa sobre fiducia.

El primero significó renunciar a un sueño de vida, pues, de alguna manera, me había preparado por años  para desempeñar esa altísima posición. Pero cuando el Presidente Virgilio Vargas me designó para ocuparla, sin haberme consultado previamente, tuve que expresarle al doctor César Gaviria, para entonces Ministro de Hacienda y quien me transmitió la buena nueva, que sin existir inhabilidad o impedimento alguno, desde el punto de vista jurídico, consideraba que mi vinculación resultaba imposible dadas las gestiones realizadas durante los últimos meses para apoyar planes de reestructuración de dos importantes grupos financieros, que habían quedado obligados frente a la Superintendencia a cumplir severos programas, por cuyo resultado debería velar. Aunque fueron varias horas de diálogo y el Gobierno me insistió en forma muy comprometedora, en que legalmente nada impedía aceptar el cargo, finalmente entendieron mi posición que el Ministro Gaviría había comprendido desde nuestro primer diálogo.

El jueves 4 de Septiembre de 1986, en su columna “Espuma de los Acontecimientos” Abdón Espinosa Valderrama, reconocido editorialista del diario El Tiempo, hizo un análisis del papel histórico y fundamental de la Superintendencia Bancaria (hoy financiera) y concluyó con los siguientes párrafos:

“Las anteriores consideraciones vienen a cuento con motivo de la provisión del cargo de Superintendente Bancario. El doctor Sergio Rodríguez Azuero, de altísima idoneidad técnica y experiencia financiera, hubo de excusarse de aceptar el cargo por considerar que – no obstante su versación – sus vínculos con los establecimientos bancarios y las gestiones adelantadas en su nombre lo inhabilitaban para ejercerlo. Es una actitud que lo honra y abona su carrera meritísima. No debía haber, en su conducta de funcionario, ni la sombra de una sospecha de favoritismo. La incompatibilidad era evidente.”[4]

El segundo, muy grato, se derivó de una casualidad que transformó un seminario corriente en un evento especial. Había asistido invitado por el profesor francés Christian Larroumet a comienzos de 2006 a hablarle a sus alumnos del DEA  en Paris II Phanteon- Assas, sobre la experiencia latinoamericana en torno al Fideicomiso, pues para entonces cursaba en el Parlamento una Proposición de ley para introducir este contrato en la legislación francesa. Y ante el buen suceso de la conferencia me invitó nuevamente el año siguiente no solo para hablarle al nuevo grupo de alumnos, sino para intervenir en un seminario al que asistirían los profesores de Derecho Civil  y Comercial de Paris I y Paris II, como en efecto ocurrió.

Con tan buena fortuna para mi que un mes antes de la fecha prevista  el proyecto de Ley se convirtió en Ley. Por consiguiente, el seminario se transformó en el primero de presentación de esta figura que no figuró en el Código Napoleón de 1804, pero que América Latina conoce bien. Había en la sala más de 200 asistentes. En la mesa principal estabamos el Senador Philipe Marigny, ponente del proyecto y quien habló de su trámite en el Parlamento; Christian Larroumet, quien habló sobre el Trust, como claro antecedente; el Profesor Pierre Crocq, quien habló sobre los impuestos y  ¡un profesor rosarista quien le explicó a los asistentes el contenido y alcance de la nueva ley! En verdad no era concebible imaginar a un profesor colombiano enseñando y transmitiendo unas nociones a semejante auditorio![5]

II Las cátedras

Mi pasión por enseñar ha girado en torno al que en forma amplia podríamos denominar “Derecho Financiero”, en particular el Derecho Bancario y en especial la profundización hecha a lo largo de los años en temas  a los que les he dedicada tiempo preferencial, como las crisis financieras y, mas que ninguno, la fiducia mercantil o el fideicomiso, como se conoce esta figura en el el resto de América Latina, en cuyo desarrollo en el continente acepto una activa participación.

A más de la cátedra “Contratos Bancarios” que he dictado por más de 40 años, he tenido el honor de dirigir el posgrado de “Derecho Financiero” desde que se creo en la Universidad, en cuya dirección me remplazó con competencia y dedicación Alfredo Sánchez mientras estuve en Nueva York. Por cierto que,  a través de las frecuentes reuniones de los Directores he tenido el gusto de compartir responsabilidades con jóvenes y talentosos Directores incluyendo a Beatriz González, Hernando Herrera, Mónica Murcia, Juan Pablo Cárdenas, Alberto Gaitán y tantos otros a quienes pido excusas por no mencionarlos en aras de la brevedad. Todos rosaristas de primer orden llenos de entusiasmo y dedicación.
Cuando repaso lo vivido en más de cuarenta años como catedrático y de más de treinta y cinco de haber aparecido el libro de “Contratos Bancarios” y pretendo sintetizar lo que he visto pasar, hay lugar a hacer las siguientes reflexiones:

1.   La banca contemporánea es tecnología.

Si en algún campo puede comprobarse el vertiginoso avance de la tecnología es en el campo del derecho y la contratación bancaria. Si los sistemas bancarios participan en forma activa en la prestación de los servicios que garanticen eficientes sistemas de pago, la penetración de la tecnología de las comunicaciones no puede ser más profunda. Dicen que a un banquero internacional de primer nivel le preguntaron a finales de los noventas: “Quién cree usted que será su principal competidor en el próximo siglo”, y respondió: “Bill Gates”

No solo hemos incluido en el libro un importante segmento sobre “Banca Electrónica” sino que en la materia de Contratos Bancarios que se ve en la especialización, invitaremos un destacado expositor que comparta con los alumnos los fundamentos de lo que está ocurriendo. Y probablemente en el futuro deberá haber un módulo dedicado exclusivamente a esta materia.

Ella se ha traducido en dos fenómenos de sinigual importancia: de una parte la transformación de la banca tradicional con servicio en las oficinas, horarios y días de cierre en una “banca a distancia”, a través de la cual se volvió 7/24. La utilización del internet como mecanismo de acceso, la existencia de pasarelas de pago y de robustas redes de enrutamiento, el empleo de los celulares como punto de acceso para los usuarios, la existencia de miles de cajeros automáticos y otros servicios periféricos, la liberalización en la prestación de servicios financieros a través de corresponsales más cercanos a la comunidad, están produciendo una verdadera revolución.

Pero, en segundo lugar y de mayor cercanía para los usuarios, la aparición del denominado “dinero plástico” representado en tarjetas crédito y débito inicialmente pero extendido a las llamadas “tarjetas inteligentes” o a los “monederos electrónicos”  y a las formas electrónicas de adquirir bienes y servicios apoyándose en la estructura que acabo de mencionar.

Todo ello ha transformado la banca y los contratos con su clientela en muchos aspectos. No tanto en los principios como en las aplicaciones y en la desaparición de instituciones que hasta no hace mucho tiempo eran sacrosantas en la concepción del negocio y la operación bancaria, como el precio derivado de la transformación que menciono. Podría darles muchos ejemplos pero el más significativo dice con la progresiva desaparición del cheque como medio de pago e incluso del dinero metálico y de papel que se anticipan en vía de extinción. En cuanto a los cheques ya hay disposiciones en la Unión Europea que señalan que, partir de una determinada fecha relativamente cercana, no se aceptarán más como medios de pago. Y el dinero pierde importancia en el mundo, salvo en Colombia donde el impuesto del 4 por mil y la economía informal, aun le mantienen una vigencia relativamente alta. Pero aun así en la reciente Convención Bancaria el Banco Davivienda mostró un interesante experimento auspiciado por esa entidad. Una pequeña población en el eje cafetero, pienso que de 4 ó 5000 habitantes donde desde hace varios meses no circula un solo billete. Todo se paga electrónicamente.

Y qué decir de otros títulos valores, logro más representativo del derecho comercial moderno, que por virtud de la  masificación del mercado de valores y de la existencia de Depósitos Centralizados de Valores, han registrado el fenómeno de la desmaterialización y ya no se emiten más. Todo se maneja con simples registros en cuenta, como ocurre hoy en día con las emisiones de acciones y bonos para tomar dos ejemplos representativos.

Pero como los cambios tecnológicos se producen a cada instante en una espiral creciente que pareciera nunca acabar, han surgido desafíos enormes especialmente en materia regulatoria y de seguridad. Los riesgos se han incrementado en forma exponencial, la posibilidad de controlarlos se ha mostrado insuficiente, los operadores delincuenciales se sitúan en un mundo sin domicilio ni fronteras y actúan desde cualquier punto del planeta, frente a una comunidad y unas autoridades financieras que los miran estupefactos pero que no tienen la misma capacidad universal ni uniforme de reaccionar.
 
2.   El sentido profundo que legitima la severa intervención  gubernativa en la actividad financiera es la protección de ahorradores e inversionistas.
 
Si ella no se consigue, la intervención pierde buen parte de su sentido. Por ello no puede descansarse en hacer eficiente esa protección. Con la calificación estricta de los administradores antes de permitir su posesión, con la aplicación sin vacilar de sanciones civiles, penales y administrativas para quienes trasgreden la ley, con el mejoramiento de las medidas destinadas a contar con indicadores tempranos de regulación prudencial y, en general, con la profesionalización permanente del sector y la formación y protección de los consumidores.

El papel de los organismos internacionales como la banca multilateral o instituciones como Basilea o Iosco, si bien ha sido importante a nivel académico y ha enriquecido los procesos regulatorios, nos deja un sabor amargo porque la más grande crisis financiera de la historia en los Estados Unidos se dio cuando esas entidades y organismos jugaban su papel más protagónico.

En Colombia con una legislación completa y unas autoridades que han gozado de una merecida reputación, hemos vivido, sin embargo,  en años recientes un verdadero dolor de cabeza con los desmanes producidos en el sector del mercado de capitales en varios casos hasta llegar a la caída de Interbolsa, la primera firma comisionista del país y conocer los malos manejos incluido el sonado escándalo del fondo Premium, en el que nos hemos comprometido a defender a un importante número de inversionistas defraudados.

Y qué decir de las dificultades enormes de controlar la aparición de intermediarios financieros disfrazados que defraudan toso los días a incautos o desesperados y que brotan por generación espontánea en cualquier rincón del país, como vivimos hace pocos años con el caso de DMG y de las pirámides, temas que tuvieron que afrontar dos ex Superintedentes Financieros Rosaristas, César Prado y Roberto Borrás.

Toda esta efervescencia perturbadora pone a prueba la capacidad de l Estado y de los supervisores de mantener mercados y sistemas organizados, eficientes y respetables y obliga a las entidades financieras a hacer un real esfuerzo por acercarse a la comunidad y abrir canales amistosos y costeables que permitan que poblaciones enormes no caigan en manos de los timadores, porque no tienen o sienten que no tienen cabida en la banca organizada. Y que exigen darle una aplicación concreta y extendida a la obligación de educar al consumidor financiero para que en el mediano plazo, ojalá, se cierre esa peligrosa brecha que afecta la imagen de la banca y puede comprometer la legitimidad de su actuación.

III Las reflexiones

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Pienso que, más allá de su función como orientador en el estudio de las materias que estén a su cargo, el Profesor tiene la oportunidad y el privilegio de poder compartir con sus alumnos sus posiciones frente a la vida. A lo largo de los años he formulado a mis alumnos muchas reflexiones en clase, algunas de la cuales hoy comparto con  ustedes para finalizar esta presentación:

1.   Miren siempre lejos y adelante

En un doble sentido. Para anticipar los obstáculos del camino, como lo recomendaba Juan Manuel Fangio gran campeón argentino de la fórmula 1 a sus alumnos de conducción. Para saber hacia dónde se va. Pero, además, para señalarse metas ambiciosas que en forma permanente los presionen a ser superiores, a mejorar, a demostrar que es posible conseguirlas.

 Por cierto que el primer paso para alcanzar metas que parecerían imposibles, es tomar la decisión de lograrlas. Ello basta para canalizar las energías en ese propósito y eso hace que en la inmensa mayoría de los casos, ellas se consigan.

2.   Estudien, investiguen y profundicen tanto como sea posible.

 No sabemos nada o muy poco. Pero podemos avanzar mucho si lo reconocemos y de manera sistemática y persistente nos preparamos estudiando para afrontar un problema o dar una respuesta.

3.   Tomen posiciones

 Cuando consideren que tienen suficiente información, no teman tomar una posición y dar testimonio de la misma. Sin soberbia ni prepotencia pero, en forma serena, defiendan sus puntos de vista. En el mundo actual y por diversas razones son muchas las personas que prefieren no comprometerse, pero esa es una actitud inaceptable para quien tiene que interpretar y aplicar la ley y, desde luego, inconcebible para quien pretenda tener una posición de liderazgo.
 
4.   Respeten y reconozcan las posiciones ajenas

Acepten con igual elegancia las opiniones de los demás cuando ellos los persuadan de su validez y ponderación. Y, en todo caso,  respeten las posiciones diversas y distintas a las suyas.
 
5.   No crean a pie juntillas   lo que les enseñen

 Escuchen a sus profesores con el respeto y la atención que merecen pero cuestionen lo que digan. Traten de ver los temas sobre los cuales ellos profundizan, con su propia óptica. Imagínense que si una solución parece juiciosa, ello no excluye explorar otras.
 
6.   Vivan y defiendan con su ejemplo,  los valores que distinguen esta Universidad

 La actuación leal y honesta. El amor a la verdad. El respeto al trabajo. El estímulo a la perseverancia. El actuar en forma correcta. Como lo sugerirían los filósofos griegos, no por el temor al castigo ni por el estímulo del premio, sino por la sola satisfacción de comportarse como la comunidad esperaría que lo hicieran sus buenos miembros. Y de nuevo, con los grandes filósofos, sepan que quien así actúa encuentra en su conducta la fuente de su propia felicidad.

7.   Sueñen y no se desanimen 

No vacilen en hacerlo. Saber que, a pesar de cualquier inconveniente,  la vida comienza cada mañana y siempre hay algo en el día que puede mejorarse, lograse, descubrirse. La imaginación, con los pies puestos en la tierra, desde luego, suele enriquecer en muchas formas los procesos creativos, abrir nuevos horizontes y descubrir mundos desconocidos.
Queridos amigos:
El busto levantado en memoria de uno de los más ilustres hijos del Rosario, a quien le rendimos homenaje renovado anualmente con la cátedra que su generosidad me ha permitido atender en el día de hoy, recoge la frase que expresó el doctor Antonio Rocha Alvira refiriéndose a su querida Universidad: “Aquí se enseña, se profesa y se práctica la virtud”[6]

Ella reviste más valor que nunca y nos permite , reflejando el espíritu del congreso, reiterar nuestro compromiso con la virtud como norma insustituible de vida y de conducta.
Muchas gracias por haberme permitido compartir con ustedes en este ambiente de profunda identidad  rosarista,  estos recuerdos y reflexiones  de una larga vida ligada en muchas formas a la Universidad.



[1] Palabras pronunciadas en Cartagena durante la apertura del Congreso de Abogados Rosaristas, celebrado entre los días 15 y 17  de Octubre de 2015.

[2] Abogado rosarista. Colegial Honorario y Ex Consiliario. Profesor Emérito y Honorario de la Universidad. Profesor Honorario de la Universidad Católica de Guayaquil. Director del posgrado de Derecho Financiero. Autor de los libros “Contratos Bancarios” y “Negocios Fiduciarios. Su significación en América Latina”. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia y del Consejo Directivo de The International Academy of Estate and Trust Law. Conferencista y Árbitro nacional e internacional. Ex Miembro de la Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Bogotá. Miembro de la Legión de Honor del Gobierno Francés. Visiting Scholar en Columbia University New York (2013-2014).

[3] Luego de mi exposición en Cartagena,  el señor Rector me comentó que el primer defensor en la materia fue don Lorenzo María Lleras,  quien fuera profesor de inglés en el Colegio Mayor.

[4] Cita omitida en la lectura del documento en Cartagena

[5] Esta intervención fue reseñada por la importante publicación francesa “Les Petites Affiches” Paris. 2007 bajo el título “La Nouvelle Loi Francaise sur la Fiducie“

[6] Desde el punto de vista moral, la virtud se define como ”el hábito de obrar bien, independientemente de los preceptos de la ley, por la sola bondad de la operación  y su conformidad con la razón natural”

 


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