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Hablando con un muñeco. Historia de la Fábrica Nacional de Muñecos

Jairo Hernán Ortega Ortega, MD.

Quizás nada sea más triste que ingresar a una abandonada fábrica de juguetes y, a través de la oscuridad, encontrar un solitario muñeco postrado en un rincón, cubierto de polvo y telarañas, sin mayor esperanza que la de su gloria pasada. Con el vestido raído, la mirada perdida, una nariz pronunciada más de lo normal y sobre la nuca una recogida cola de caballo rematando sus negros y lacios cabellos, trenzándolos.

Para romper el sepulcral silencio de esta lúgubre escena la ambientaría con la Marcha Funeral Para Una Marioneta (Marche Funebre D'une Marionette) del compositor francés Charles Gounod. Tema que popularizó Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso, al utilizarlo como banda sonora de sus series televisivas “Alfred Hitchcock presenta…”, durante 1955 a 1964 en la CBS, y entre 1964 y 1965 en “La hora de Alfred Hitchcock” transmitida por la cadena NBC.

Entre muebles viejos, fragmentos de plástico, vidrios rotos, retazos de ropa y máquinas desgastadas por el óxido y la corrosión, eso fue lo que hallé en la Fábrica Nacional de Muñecos (FNM) de la Avenida de Las Américas en Bogotá – Colombia, Sud América: un gastado y ajado muñeco.

Al alumbrarlo con la linterna del celular me pareció que abrió los ojos, color café, y como que los cerró por el dolor de los rayos de luz. Cuando lo levanté percibí algo así como un gemido; casi lo suelto. Racionalicé que podía ser por efectos mecánicos o electrónicos. Definitivamente cayó al piso cuando me habló.

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-Buenas tardes. ¡Uyyy qué totazo, maestro!

Quería correr pero el pánico me tenía paralizado.

-Tranquilo, sólo soy un muñeco, el último de los muñecos.

Se acomodó en el piso, en flor de loto, y me invitó a hacer lo mismo. Como un autómata, como un muñeco, obedecí. Su aspecto neutro y su voz segura me calmó; con nerviosismo le pregunté quién era.

-Soy Hamelín.

Recordé la historia de El Flautista de Hamelín, la fábula alemana que documentaron los Hermanos Grimm, y cuyo nombre en ese idioma es Der Rattenfänger von Hameln, que traduce El Cazador de Ratas de Hamelín.

-Exacto maestro, de ahí tomé el nombre porque yo también toco flauta, entonces decidí que ese iba a ser mi nombre de muñeco y mi nombre artístico. Más adelante le aclararé lo de artístico.

Ante las explicaciones dejé de sentir miedo y me acomodé un poco mejor sobre el piso polvoriento; una rara sensación de ilusión real me invadió. Me aventuré a hablar con el muñeco Hamelín.

-Nuestra historia, la de los muñecos, es muy antigua, desde el siglo XXI antes de Cristo, aparecemos en Egipto; enterraban a los niños con sus juguetes. Los romanos y griegos, en las épocas de Plutarco, Aristóteles, Horacio y Platón, nos conocieron; incluso articulados por hilos y alambres. En la era cristiana ya había Casas de Muñecas. Nos fabricaban de marfil, yeso o cera. En Japón, todos los años, el 3 de marzo, celebran el Hina Matsuri que significa Fiesta de las Muñecas. Otros parientes son los títeres, ligados a ceremonias religiosas, de caza y rituales paganos, en Grecia, Roma y Oriente. El Antiguo Oriente fue el reino de ellos, en culturas como la India, China, Japón, archipiélago indonesio y Turquía. Marioneta, del francés marionette, incluye a los títeres dentro de lo que se denominó El Teatro de Muñecos, denominado guiñol en Francia.

Mi asombro lo debió notar Hamelín. Un muñeco me estaba enseñando cosas que ni sabía ni había escuchado.

-Maestro, en 1824 los alemanes diseñaron un mecanismo que nos permitió decir papá o mamá. Para el siglo XIX se documentó que el juego desempeña un papel muy importante en el desarrollo del niño - concepto ya expuesto 347 años a. de C por Platón: “No habrá pues, querido amigo, que emplear la fuerza para le educación de los niños; muy al contrario, deberá enseñárseles jugando, para llegar también a conocer las inclinaciones naturales de cada uno” - por lo cual en Europa floreció la elaboración de muñecas y juguetes. En el siglo XX esa producción aumentó de manera notable y más aún desde 1941 con el uso del plástico. En 1959 crearon la Barbie; esa muñequita se vendió por millones e hizo multimillonaria a Ruth Handler, su diseñadora.

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Historia fascinante, pero no mucho le aportaba a la inquietud que me impulsó a profanar las ruinas de la Fábrica Nacional de Muñecos. Mis interrogantes eran más empresariales que históricos. Todo se había gestado al enterarme de la muerte de Jorge Humberto Bernal Valero, el pasado 24 de diciembre de 2016; había nacido el 11 de agosto de 1921. Don Jorge fue uno de los fundadores y directores de dicha fábrica, alma y nervio de la misma. Como empresario fue gran emprendedor, era estricto, pero bondadoso. Ante las quejas, preocupaciones o reclamos de sus colaboradores, o de sus hijos, contestaba: “qué sería de la vida si no tuviera problemas que resolver”. Consideré justicia poética que hubiera fallecido precisamente en la fecha en que hizo feliz a millones de niños colombianos con sus muñecas y juguetes.

-Pues le contaré la historia de los muñecos en Colombia. Mi padre, nuestro padre, fue un verdadero Geppetto, no el de Pinocho sino El Geppetto Colombiano; así lo consideraron. La fábrica se inicia en 1940, en Bogotá. La fundan Jorge Humberto Bernal Valero, mi padre y Guillermo Segundo Bernal Valero, mi tío. Asociados con un cubano - español llamado Felipe Domínguez. Coinciden dos coyunturas: los muñecos y  juguetes eran traídos de Alemania, pero al iniciarse la Segunda Guerra Mundial dejaron de importarse; lo otro era que los Domínguez conocían la técnica de fabricarlos con aserrín prensado y yeso. Algo hicieron en porcelana y después apareció un material especial, el acetato de celulosa. Sin embargo, el mayor avance lo aportó el plastisol. Maestro, hay que dejar claro que la FNM no fue la primera en su género en Colombia, ese lugar lo ocupa la Fábrica de Muñecos Kiko de Barranquilla. En Medellín, casi a la par funcionó Bartoplast, cuyo fuerte era la elaboración de figuras para el pesebre.

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Interesante comienzo, pero me quedaban dudas sobre aspectos empresariales y en especial financieros. ¿Cómo estos jóvenes emprendedores, en la Bogotá de los 40´s, obtuvieron capital para una fábrica tan innovadora para la época? Retirando algunas telarañas y limpiándose el polvo de la cara, lo cual dejó ver su tez trigueña, Hamelín continuó:

-Maestro, bueno, disculpe lo de maestro, es una muletilla que tengo desde que nació mi primer hijo. Una vez surgió la idea de fabricar muñecos, Jorge y Guillermo acudieron a donde doña María Valero, madre de ellos  y abuela mía, quien acordó financiarlos siempre y cuando Jorge Humberto, recién llegado de la marina, fuera el gerente de la empresa y Guillermo el encargado de producción. Jorge Humberto Bernal Valero, de 20 años, se posesionó como gerente y continuó siéndolo durante toda la vida de la empresa. Guillermo Segundo se casó con Mélida Domínguez, hermana de Felipe y es así como se la FNM se consolida como una empresa de familia, elaborando los primeros muñecos, de manera artesanal, en la cocina de su casa ubicada en la carrera 10ª con calle 11. La primera docena se vendió a Almacenes LEY,  el TIA también fue gran cliente; después se inundó el mercado de las cacharrerías, entre ellas la Mundial. Más tarde Felipe se retiraría montando competencia con Plastiflex.

Todo un caso y ejemplo de empresa familiar. Es bien sabido que las empresas familiares no alcanzan a sobrevivir la primera generación; se estima que el 30% de ellas alcanzan hasta la segunda generación y casi hasta el 13% llegan a la tercera.

-A Jorge Humberto no solo le gustaba fabricar muñecos, también hijos. Tuvo diez: Luis Jorge, Carlos, Ricardo, Arturo, María Mercedes, Fernando, Germán, Amparo, Juana y Jorge Humberto Jr.  Una particularidad fue que muchos de los muñecos y muñecas que se produjeron llevaban el nombre de ellos. De los más populares fue el muñeco Ricardo. Con el éxito de la empresa, de la cocina de la casa se trasladan a una bodega ubicada en la carrera 7ª Nº 5 - 51 y de allí a la gran sede de la Avenida de Las Américas a donde arribaron en 1962 Dentro de la producción existían muñecos “de combate”, el Ricardo por ejemplo, y otros de alta gama como lo fue el Angelino. Angelino fue un hit de ventas y catapultó la empresa. Llegó a tener 600 empleados en temporada alta (diciembre y meses previos), con 140 de planta y 60 satélites de maquila. Se diversifica formando Interamericana de Plásticos (Interplásticos), dedicada a insumos de construcción (tuberías de pvc), pero la FNM siempre fue la fortaleza, maestro.

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El liderazgo y el indiscutible éxito en el negocio la mantuvieron por mucho tiempo en la cima y el apogeo, debido a la innovación y a que siempre se preocupó por ir a la vanguardia. Pero del éxito se llegó a la decadencia. Le pido a Hamelín que me cuente sobre ese tránsito de ser un emporio y un imperio, a pasar a un “estado de coma”, hasta llegar a la liquidación ordenada por la Superintendencia de Sociedades, en 2010.

-Todo tiene su final, dice una canción de Héctor Lavoe. Los hermanos, Jorge Humberto y Guillermo Segundo, por desavenencias propias de los negocios familiares,  partieron cobijas en 1960, quedando al frente de toda la empresa el primero de ellos. Vivimos momentos de plenitud económica, de felicidad y de mucho amor. Era tan grande el corazón de don Jorge Humberto, como debe serlo el de un hombre que fabrica muñecos, que le alcanzó para Mercedes Tenjo, esposa y madre de sus nueve hijos; para María del Tránsito Becerra, madre del décimo: Jorge Humberto Jr., y para Mariela López con quien no tuvo hijos. La Asociación Colombiana de Industrias del Plástico (Acoplásticos), muchas veces lo premió y reconoció. Durante la Feria internacional, en Corferias, montamos estands de los más grandes y representativos; allí trabajamos, siendo pequeños, todos los hijos. Maestro, en diciembre, y desde los meses anteriores, la actividad era febril y fabril; nuestra máxima temporada, todas las líneas de producción a plena marcha dándole vida a  Lolita (caminadora), Ricardo, Clarita (articulada), Freddy (musical), el Negrito, Patinosito (un oso que patinaba con música, accionado por pilas), Mi Bebé (lloraba al pegarle, se callaba solo hasta retirarle el pañal, tomaba tetero y hacía pipí), Bebita Cariñitos (balbuceaba al levantarla y al hablarle movía los brazos y la cabeza, acariciaba, mecanismo electrónico), Angelino Paseador (lloraba al quitarle el chupo, al abrazarlo o apretarlo y al colocarle el chupo dejaba de llorar, funcionaba con pilas), Pepino (tomaba tetero, lloraba y mojaba el pañal, mecanismo de pilas), Angelino y Mi Adorable Angelino (con peluca de fibra plástica que se podía peinar, hacía de todo, mecanismo automático de pilas), Tilly (con música arrullaba un bebecito), Memito (con pañal de tela y gancho de nodriza), en fin, tantos hermanitos que tuve para repartir y regalar en Navidad a las niñas de toda Colombia y otros países de la región incluido Estados Unidos.

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Caigo en la  cuenta de que el target era femenino, niñas.

-También se desarrollaron productos para los muchachitos, los pelaos, los chinos: Avión Yet, Camión Pick Up, Volqueta, Camión Lechero, Explorador Lunar (tracción en las cuatro llantas, subía pendientes, funcionaba con baterías, todo un éxito), Ford Turbo, Volkswagen 1600 (de pilas, a control remoto alámbrico, marcha atrás y adelante), Mercedes 280 (accionado a control remoto alámbrico), y muchos otros que complacían a los varoncitos. Veía a don Jorge Humberto como un Papá Noel con su fábrica de juguetes, haciendo felices a muchos niños en la época de Navidad, época en la cual la mayoría de sus hijos trabajábamos allí. Maestro, la publicidad en los medios de comunicación era impresionante. Las ventas, en las décadas de los 70`s y los 80`s, podían ascender a 1.300 millones de pesos. Pasada tan tormentosa temporada venia la calma, una calma chicha que llevaba a los trabajadores de planta, después de estar laborando las 24 horas en tres turnos de 8 horas, a estar casi en la inactividad lo cual, año tras año, aumentaba el pasivo. Luis Jorge, quien fungió de subgerente, desde 1974 hasta 1997, considera que fueron múltiples los factores que llevaron a que esta sucursal de Papá Noel tuviera entierro de tercera:  el contrabando de juguetería sin control por el estado, equipos obsoletos que no se cambiaron ni renovaron durante más de quince años, deficiencias en la sistematización, la apertura económica pregonada y patrocinada durante el gobierno del presidente César Gaviria y, quizás lo más importante, falta total de un protocolo de familia porque, a pesar de que algunos de los miembros de la segunda generación vislumbraron la decadencia y alertaron sobre la necesidad de cambios para que la FNM no muriera, la ausencia de dicho protocolo permitió no separar la relación familiar de la de negocios, no mantener relaciones sanas entre las generaciones y los miembros de familia y no planificar la sucesión ni la participación accionaria.

Después de setenta años, esta fabulosa y alucinante fábrica cerró. Los muñecos, tras  haber entretenido a más de tres generaciones de niños, dijeron adiós. De los ojos de Hamelín brotan lágrimas (debe tener algún mecanismo propulsor, pienso).

-Lo más triste de esto fue la situación que tuvieron que enfrentar muchos de los empleados que nos acompañaron, quienes dieron parte de sus vidas a la fábrica, algunos incluso durante 42 años seguidos. Trabajadores fieles, leales, consagrados, entregados, íntegros, muñequeros de profesión y corazón. Con su labor alegraron la Navidad a varias generaciones de colombianos, pero durante el trámite de disolución y liquidación de la FNM vivieron, sufrieron y soportaron los vejámenes y carencias que un proceso de esos genera. A ellos hago un homenaje sincero, agradeciéndoles que en Bogotá, con su trabajo, hayan permitido funcionar, a las mil maravillas, una planta de juguetes y muñecos digna del Polo Norte que es donde tiene su sede la fábrica de Papá Noel.

Hamelín, ¿a usted qué característica lo diferenciaba de los demás muñecos?

-Yo era un muñeco que hacia magia. Un Mago, un artista. Soy un Mago. Soy Jorge Humberto Bernal Jr., Jorge Humberto Bernal Becerra, el Mago Hamelín. Pero esa es otra historia, maestro.

NOTA: Agradezco la colaboración prestada por las familias Bernal Tenjo y Bernal Becerra para la elaboración de este artículo.

 

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