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Aproximaciones a los postulados de Sigmund Freud y Max Weber: Nuevas formas de analizar la realidad

Lucio Villaizan Vega

Resumen   
El presente ensayo tiene como fin trazar un paralelo entre las ideas de Sigmund Freud y Max Weber, respecto al lugar que ocuparon los estudios históricos en sus trabajos. Para ello empleamos los textos Moisés, el pueblo y la religión monoteísta (1934-1938) y La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social (1904). Ambos escritos poseen valiosa información acerca del papel de la historia en el análisis de la realidad y en el estudio de la construcción de creencias e instituciones sociales y políticas.

Breve esbozo biográfico
Sigmund Freud nació en la ciudad austrohúngara de Freiberg, el seis de mayo de 1856. Un par de años después, su familia se trasladó a Viena, en donde ingresó a la Facultad de Medicina. Sin embargo, debido al interés que sentía por la ciencia, prefirió trabajar en un laboratorio de fisiología. Al concluir sus estudios, abandonó el laboratorio para instaurar un consultorio privado dedicado al tratamiento de enfermedades nerviosas. Recurrió al empleo de la hipnosis para tratar casos de neurosis. Junto a su amigo y colega el doctor Joseph Breuer, desarrolló una nueva técnica que permitía la desaparición de los síntomas histéricos, que consistía en hacer que el paciente hablará acerca de las circunstancias en que aparecieron por primera vez los males[1]. Con el uso de este método consiguieron determinar que el origen de las neurosis era psicológico y no fisiológico como se había pensado anteriormente.

Nueve años después del nacimiento de Freud, en la ciudad alemana de Erfurt, nació el 21 de abril el intelectual almenan Max Weber, en una familia de clase media. Su padre fue un funcionario público que sentía especial interés por los placeres terrenales. Comportamiento completamente diferente al de su madre, que era una devota calvinista, con una vida ascética opuesta a la de su esposo. Estas diferencias provocaron varias tensiones en el hogar, que de alguna forma marcaron a Weber durante toda su vida.

Escogió el derecho, la misma carrera que su padre, ya que durante parte de su adolescencia estuvo inclinado al tipo de vida que este había llevado. Sin embargo, un par de años después prefirió optar por una vida ascética como su madre. Debido a esta elección, Weber empezó a tener cierto recelo hacía su padre. En una de sus discusiones, su padre falleció; lo que le produjo una terrible crisis nerviosa. Cuando consiguió reponerse, en 1904, dictó su primera conferencia en mucho tiempo, siendo Estados Unidos el lugar escogido[2].

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Este recuento biográfico permitió identificar algunos de los aspectos más determinantes en la vida de ambos pensadores. Ahora es necesario exponer las principales similitudes de sus trabajos. En primer lugar, es oportuno mencionar que cada uno emplea esquemas analíticos que dejan de lado la tradicional dualidad entre el sujeto y el objeto. En segundo lugar, los dos buscan producir, a través de la investigación, un tipo de conocimiento objetivo. Weber habla en su texto del concepto de tipos ideales y Freud consigue crear esquemas o modelos imaginativos para hablar acerca de la historia y de la realidad, recurriendo a un conjunto de analogías con las enfermedades nerviosas y la prehistoria.

En el texto Moisés, su pueblo y la religión monoteísta, se muestran los diferentes matices sociales, históricos y psicológicos inmersos en la historia del judaísmo. En un principio, Moisés consiguió que las tribus judías adoraran al dios egipcio Aton, que poseía facultades diferentes a cualquier deidad conocida. Sin embargo, algunos judíos parecían reticentes a este dios, por lo cual prefirieron seguir adorando a su deidad Yahvé, dando paso al asesinato del patriarca Moisés. No obstante, gradualmente Yahvé adquirió gran parte de las características del dios Aton[3].

Existe un trasfondo de este relato, consistente en las implicaciones del acto del parricidio, que Freud se encarga de explicar remitiéndose a la prehistoria, en la cual existía un ser que poseía un poder y control absoluto sobre toda la comunidad de la cual era el líder. Gobernaba con tal grado de despotismo y brutalidad que despertó en sus hijos un profundo rencor. Paradójicamente, ellos también sentían un especial respeto por su padre, ya que deseaban ser como él y ocupar su lugar[4]. Luego del asesinato de este protopadre, los hijos se repartieron el poder, dando paso a constantes conflictos entre ellos por llegar a ejercer el mismo dominio que su padre. Sin embargo, ninguno consiguió equiparársele.

El asesinato del protopadre generó en sus hijos una especie de sentimiento de culpa, que aplicado al caso particular de la muerte de Moisés se apoderó del pueblo judío. Debido a esta culpa, la historiografía se encargó de omitir ciertos aspectos que generaban malestar en los judíos. Estas omisiones son comparadas por Freud con los traumas que producen las neurosis, ya que los síntomas de esta enfermedad son consecuencias de determinadas vivencias e impresiones del pasado que están reprimidas y que salen a flote en el presente, debido a una experiencia impactante.     

Dejando por un momento los planteamientos de Freud, es preciso hablar de Max Weber y su concepto de tipo ideal. Weber, consideraba que la responsabilidad del investigador consistía en crear instrumentos conceptuales que luego pudieran ser empleados por los historiadores y los sociólogos. Planteó que un tipo ideal estaba constituido por la acentuación unilateral de uno o más puntos de vista y por la síntesis de una gran cantidad de fenómenos individuales, concretos, difusos y discretos, más o menos presentes, aunque a veces ausentes, que se establecen según estos puntos de vista unilaterales y enfáticos hacía una construcción analítica y unificada[5]. Dicha construcción mental, puramente conceptual no puede encontrarse en ningún lugar de la realidad. 
Podríamos pensar, pues, que un tipo ideal en su nivel más básico se constituye en un concepto construido por un investigador, gracias a su interés y enfoque teórico, para identificar los principales rasgos de los fenómenos sociales. Según el sociólogo George Ritzer, los tipos ideales funcionan como aparatos heurísticos, son de gran utilidad y ayuda para la investigación empírica y para entender aspectos específicos del mundo social (o de un individuo histórico)[6].
 
Los tipos ideales, como lo mencionamos anteriormente, son aparatos heurísticos que se utilizan en el estudio de partes de la realidad histórica. Por ejemplo, como afirma Ritzer, los científicos sociales forman un tipo ideal de burocracia a partir de un análisis de datos históricos, que luego pueden compararse con la burocracia real. Aparte de esto, el investigador buscará divergencias entre el caso real y el tipo ideal exagerado, y después el científico social investigará la causa de dichas desviaciones[7]. Sin embargo, los componentes del tipo ideal no se han escogido al azar. Un tipo ideal es algo indiferente a cualquier juicio valorativo y no tiene nada que ver con una precisión que no sea puramente lógica.

Podemos notar que tanto los planteamientos de Freud como los de Weber recurren a nuevos métodos de análisis de la realidad. En el caso de Freud, el regreso a la prehistoria y la posterior explicación de la analogía entre la historiografía y las causas de las neurosis, a partir de la represión de ciertos hechos traumáticos, permite observar una nueva forma de analizar la historia desde una perspectiva biológica, que puede llegar a relacionar diferentes casos médicos con las omisiones que la historiografía ha cometido, desde la instauración de la escritura.

La analogía cobra valor cuando salen a flote dichos recuerdos que permiten hallar el origen de las neurosis; algo similar ocurre con las omisiones de la historiografía, una vez se empieza a considerar que parte de la información plasmada en los documentos puede llegar a no ser del todo cierta. El velo que cubría diversos hechos empieza a caer lentamente, mostrando la realidad que se trató de ocultar durante bastante tiempo.

Ocurre de la misma forma con el concepto de tipo ideal sugerido por Weber, ya que considera que se puede construir un tipo ideal histórico que se constituya en un conjunto de fenómenos presentes en una época determinada, que luego adquieren la función de ser objetos de comparación respecto a un fenómeno particular o una institución del presente. Una de las principales funciones de los tipos ideales, en relación con los postulados de Freud, consistiría en tomar el caso particular del cual se ha formado el tipo ideal y compararlo con la realidad empírica. Freud, al establecer una analogía entre las represiones de los recuerdos y las omisiones historiográficas, establece un proceso de comparación similar al propuesto por Weber a través de los tipos ideales.

Respecto a las afirmaciones de Freud, el historiador francés Michel de Certeau halló un conjunto de diferencias entre el psicoanálisis y la historiografía. Consideraba que ambos poseían diferentes maneras de distribuir el espacio de la memoria, pensar de manera distinta la relación del pasado con el presente. El psicoanálisis reconocía a uno en el otro, mientras que la historiografía colocaba uno al lado del otro. Sin embargo, a pesar de que estas dos estrategias se hallaban enfrentadas, ambas desarrollaron preguntas análogas: buscar principios y criterios en nombre de los cuales comprender las diferencias o asegurar continuidades entre la organización de lo actual y de las configuraciones antiguas; dar valor explicativo al pasado y volver al presente capaz de explicar el pasado, volver a traer las representaciones de ayer o de hoy a sus condiciones de producción[8].

Esta necesidad de hallar una conexión entre un evento del pasado y uno del presente guarda ciertas similitudes con el concepto de causalidad planteado por Weber. Él consideraba que la causalidad era la probabilidad de que un acontecimiento fuera seguido o acompañado por otro[9]. Esto nos hace pensar que no basta tan solo con centrarse en constantes, repeticiones, analogías y comparaciones históricas, como en ocasiones ha planteado la historiografía. El historiador debe fijarse en las razones y en los significados de los cambios históricos.

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Entonces podemos observar que, tanto en el psicoanálisis como en la causalidad, se pretende establecer una relación entre un conjunto de sucesos y las implicaciones que uno trae para el otro. De alguna forma, se busca identificar las circunstancias únicas que han determinado cierto acontecimiento. No obstante, en el caso particular de la causalidad histórica, se podría pensar que un punto de partida en este análisis consistiría en realizar una suposición de lo que habría ocurrido si no se hubiesen dado algunos acontecimientos anteriores, o si hubiera sido distinto de lo que fue. Puede decirse que la construcción de lo real se constituye en un medio necesario para comprender cómo ocurrieron en realidad dichos sucesos. En palabras de Weber, también sería necesario comprender la realidad de la vida que nos rodea, identificar las razones por las cuales, un fenómeno o una institución han llegado a ser históricamente lo que son y no de otro modo[10].

Retomando lo dicho acerca de la construcción de esquemas analíticos, tanto Freud como Weber tenían la intención de mostrar cómo pueden llegar a presentarse nuevas percepciones de la realidad, completamente diferentes a las que plantea la ciencia. En este aspecto particular, Freud se ha encargado de exponer, a partir de su teoría psicoanalítica sobre el yo, el súper yo y el ello, cómo la ciencia ha ocultado la verdadera naturaleza humana, dando paso a la elaboración de una especie de fabulación engañosa, que igual que la historiografía se encarga de esconder las atrocidades de las sociedades y las fuerzas presentes en cada una de ellas. Gracias a esta negación de la verdadera naturaleza humana, la ciencia ha olvidado su finalidad, que es la de mostrar la verdad de la realidad a las personas. Por su parte, compartiendo esta idea, Weber considera que nada ha generado tantos perjuicios a la ciencia como la tendencia a ocultar los hechos incómodos y las realidades de la vida en su dureza[11].   

Conclusiones
Realizado el anterior análisis, basado en las relaciones que se consiguieron vislumbrar entre los planteamientos de Freud y Weber, consideramos que los tipos ideales, como la crítica a la historiografía, se constituyen en innovaciones conceptuales para el campo de las ciencias sociales de gran importancia, ya que a partir de un ejercicio juicioso de revisión histórica se pueden llegar a descubrir nuevas verdades acerca de la sociedad. En el caso particular de la comparación entre las neurosis y la historiografía, observamos cómo se han construido diferentes versiones de la realidad, ocultando ciertos hechos que impiden que la verdad emerja, para de esta forma evitar la vergüenza y el sufrimiento. Sin embargo, al negarse a sufrir están negándose a ver la realidad.

Por supuesto, en el psicoanálisis se observa cómo, al tratar de suprimir el ello (el lado salvaje de las personas), los pacientes desarrollaron enfermedades nerviosas, que tan solo podían ser tratadas a partir del diálogo. Sin embargo, al observar aquellos elementos reprimidos en su inconsciente, desarrollaron un sentimiento de culpa que se pretendía ocultar a toda costa pero, lamentablemente para estos pacientes, el inconsciente no olvida; y si volvemos a la cuestión de la historiografía, se podrá observar que las omisiones en los documentos y las desviaciones en los relatos tan solo se encargan de ocultar la verdad para impedir que las personas observen la realidad en su más cruda forma.

Respecto a Max Weber y su concepto de tipo ideal, debe decirse que es una propuesta interesante para el análisis de las implicaciones de diversos fenómenos e instituciones, ya que a partir de la aplicación de este concepto se pueden realizar diversas comparaciones entre la ficción y la realidad. A su vez, esta comparación, aplicada al análisis histórico, permite indagar en un conjunto de elementos históricos propios de una época, para hallar diferencias entre el sistema imaginado y el sistema real, y establecer las causas de dichas divergencias.

Ahora bien, la posibilidad de que los investigadores que construyen los tipos ideales introduzcan sus intereses en la investigación, puede provocar que se presenten una infinidad de análisis y de posturas frente a un fenómeno o institución de la historia en particular. Ello nos hizo preguntarnos bajo qué criterio se podría considerar como valido un análisis de la realidad, desde la particularidad y subjetividad del investigador. Considerando que, al construir un tipo ideal de un fenómeno o una institución, se da mayor importancia a los deseos del investigador, esta predilección quizás daría paso a la exclusión de ciertos elementos de análisis de vital importancia para la elaboración de un estudio mucho más estructurado.

Bibliografía
Certeau, Michel de. “Psicoanálisis e historia”. Historia y psicoanálisis. Entre ciencia y ficción. México, D. F.: Universidad Iberoamericana, 2009.
Freud, Sigmund. “Moisés, su pueblo y la religión monoteísta”. Moisés y la religión monoteísta y otros escritos sobre judaísmo y antisemitismo. Madrid: Alianza. Selecciones, 2001.
Ritzer, George. Teoría sociológica clasica. Maryland: McGraw-Hill, 2010.
Weber, Max. “La ´objetividad´ cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”. Ensayos sobre metodología sociológica. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2012.

[1] Gerge Ritzer. Teoría sociológica clásica. Maryland: Mc Graw Hill, 2010. Pág. 31.

[2] Gerge Ritzer. Teoría sociológica clásica. Pág. 226-227.

[3] Sigmund. Freud. “Moisés, su pueblo y la religión monoteísta”. Moisés y la religión monoteísta y otros escritos sobre judaísmo y antisemitismo. Madrid: Alianza. Selecciones, 2001. Pág. 34.

[4] Freud, Sigmund. “Moisés, su pueblo y la religión monoteísta”. Moisés y la religión monoteísta y otros escritos sobre judaísmo y antisemitismo. Pág. 78.

[5] Gerge Ritzer. Teoría sociológica clásica. Pág. 230.

[6] Gerge Ritzer. Teoría sociológica clásica. Pág. 230.

[7] Gerge Ritzer. Teoría sociológica clásica. Pág.230-231.

[8] Michel de Certeau. “Psicoanálisis e historia”. Historia y psicoanálisis. Entre ciencia y ficción. México, D. F.: Universidad Iberoamericana, 2009. Pág. 24.

[9] Gerge Ritzer. Teoría sociológica clásica. Pág. 229.

[10] Max, Weber. “La ´objetividad´ cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”. Ensayos sobre metodología sociológica. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2012, Pág. 61.

[11] Max, Weber. “La ´objetividad´ cognoscitiva de la ciencia social y de la política social”. Ensayos sobre metodología sociológica. Pág. 47.

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