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El derecho a las armas en una cultura donde llueve plomo

Valentín Morales

En este artículo se intentará dar una explicación a las masacres perpetradas en los Estados Unidos de América, que han tenido tanta resonancia en los medios de comunicación del mundo. Así fue el reciente ataque a personas de color por motivos de raza, en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur, que tan solo es uno de varios casos similares. Pero para lograr esto se tiene que explicar y entender un concepto que ha permeado la cultura norteamericana, debido a su larga presencia, como lo es el porte de armas. Este término es el que los defensores del derecho a las armas han usado para impedir alguna ley contra el libre uso de armas en el país del norte. Para concluir el texto, ofrecemos una opinión.

El 20 de abril de 1999, en una pequeña escuela de Colorado (EE. UU.), daba señas ser un día normal, pero no fue así, porque dos de sus estudiantes entraron y, en lugar de tener sus cuadernos y lápices, tenían armas y balas, que atravesaron sin piedad la carne de todo aquel que fuera por los pasillos de la institución. Mientras ellos descargaban todo su odio y plomo en sus compañeros, se puede ver desde las cámaras de seguridad del lugar el miedo de las víctimas, mientras la muerte se les acercaba, paso a paso, con una escopeta o una semiautomática. Todo esto a pesar de que la cámara solo muestre una imagen (Se cumplen dieciséis años de la masacre de Columbine, 2015). Después de dejar desparramadas 13 personas mueras y 24 heridas, en el suelo del colegio, se suicidaron.

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Al terminar su obra con esa escena, comenzó el debate local de si se debe haber más regulaciones de las existentes al acceso a las armas en el país (Se cumplen dieciséis años de la masacre de Columbine, 2015). Pero parece que no lograron mucho, porque dieciséis años después, en julio de 2015, ocurre otra icónica masacre, entre otras que no hay tiempo de mencionar, en una iglesia metodista de Carolina del Sur, en la que un solo hombre asesinó a nueve personas e hirió a otra por su color de piel (EFE, 2015). Recuerdo que este caso, como el anterior, avivó el debate sobre la restricción al derecho a portar armas, por los medios de comunicación, como CNN.

Después de lo anteriormente narrado, se podría pensar que la reforma a la Segunda Enmienda, que es la que permite el porte de armas en el país, como veremos más adelante, es algo inevitable. Eso era lo que parecía, cuando los medios de comunicación, como CNN y el periódico La Prensa, reportaron que el presidente Barack Obama proclamó su apoyo a los defensores de la regulación de armas. Este esfuerzo, acompañado de una seguidilla de declaraciones y unas reformas remitidas al Congreso, era lo que indicaban el fin de los ataques y el dicho cambio de las leyes del país, pero esta rama del poder está en control del Partido Republicano, en la oposición, impidiendo la promulgación de estas nuevas normas, esto según lo reporta La Prensa (AFP, 2016). Esto muestra uno de los elementos que impide la regulación armas de fuego en la nación norteamericana: la incapacidad de las partes del poder estatal de llegar a un acuerdo.

Entre las declaraciones que el presidente Obama da al anunciar dichas medidas, resalta una, que la revista Semana reportó, y fue su denuncia de “más de 30 000 muertos por armas de fuego cada año en el país” (educacion, 2016). La cifra anterior muestra que, además de los ataques en masa, el uso de armamento causa muertes de otras formas en la sociedad estadounidense, como lo pueden ser accidentes caseros o altercados, debido a que por sí solo los ataques de particulares no podrían causar tantas muertes. Otro elemento que refuerza esta posibilidad son los datos que registró, en 2015, el periódico El Mundo, en los que sostiene que “en 2007, antes de la explosión de la venta provocada indirectamente por la presencia de Obama (…), el Estudio de Armas Cortas de Ginebra estimó que la cifra era de 270 millones. En 2009, el Servicio de Estudios del Congreso llevaba esa cifra a 310 millones” (Pardo, 2015). En el párrafo siguiente afirma que “ese año, la población estadounidense era de 306,8 millones de personas, lo que implica más de un arma por cabeza” (Pardo, 2015). Es poco probable que en un lugar con tantas armas no haya accidentes.

Según informa la revista Semana, los que están en contra de la reforma, entre ellos la Asociación del Rifle, alegan que la culpa no recae en las armas, sino en los usuarios (educacion, 2016). Y ante este punto quisiera detenerme un momento, porque me parece que con este argumento los opositores algo de razón tienen, porque el arma por sí sola es un objeto inofensivo, solo cuando alguien la usa se vuelve dañina. Además, los lugares atacados dependen del usuario, no del objeto, es decir, todas las muertes o ataques masivos dependen de alguien que razone, no del irracional. Aunque la mencionada asociación debe tener intereses en la no aplicación de estas reformas, debido a su estrecha relación con las armas, por lo que uno dudaría de su argumento.

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También hay que incluir una serie de datos que el periódico El Tiempo dio a conocer en un artículo, publicado hace unos años. Explica que, en un hogar donde hay un arma, existen doce veces más posibilidades de que un altercado familiar termine en tragedia, en comparación de los que no poseen una (NULLVALUE, 1995). Esto permite reforzar más la idea que se quería sustentar en este artículo.

Pero seguro se preguntará el lector de dónde viene ese derecho a portar armas, que se intentó regular en 1999 y durante esta presidencia. Según un texto de la Universidad Autónoma de Madrid, se debe a la Segunda Enmienda de la Constitución, firmada en 1791 bajo la influencia de los ingleses (García, 2010). Lo que quiere decir que este llamado “derecho” ha existido desde hace más doscientos años, lo que dificulta su control; esto debido a que se va a ver como una vulneración a una libertad, no como una cuestión de seguridad. Todo esto debido a que es visto como parte de las cosas que uno puede exigir, al ser un derecho más ante la ley, como los otros.

Es esta Enmienda la que impide regular el porte de armas al ciudadano. Causando así que personas enfermas mentalmente o vigiladas por el FBI puedan tener armas, como lo explica el coronel retirado del ejército de los EE. UU., en una entrevista concedida a CNN en Español (Kinney, 2016). Aquí es importante traer a colación que el primer caso narrado al inicio es de personas con problemas psicológicos, el segundo caso sí es de una persona vigilada por la policía federal. Esto avala el argumento anterior, en parte porque los dos jóvenes de Colorado, que eran menores, obtuvieron las armas por medio de un tercero, una amiga, mas no las compraron en una tienda de armas, es decir, no solo se trata de una falta de restricción, sino de responsabilidad.

Además de esto, el periódico El País reporta que, para el 31 de enero de este año, se esperaba que la empresa Smith & Wesson reportara una ganancia de 180 millones de dólares tan solo en el trimestre que cerraba ese día, a pesar de la propaganda negativa (Pozzi, 2016). Esto para ilustrar de manera superficial el alcance económico que tiene la industria armamentística en ese país.

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Para concluir, quiero analizar toda esta información que he ido presentando en el texto. Tenemos una cultura donde históricamente se ha concebido como un derecho el portar armas, lo cual desarrolló toda una industria bélica, al punto de que hay tantas armas como ciudadanos en el país. Con la combinación de estos elementos fue posible que el porte de armas se arraigara en la conciencia colectiva. Pero esto, en vez de generar conciencia y responsabilidad, ha causado que las personas menos idóneas porten armas, que posteriormente serán usadas para matar personas de manera masiva en casi cualquier parte del territorio. En otros términos, el desarrollo histórico del porte de armas en EE. UU. permitió que se creara una industria bélica multimillonaria, mas no se logró formar una cultura proporcional al mercado que se formó. Lo anterior pude ser una explicación de por qué hay tantos ataques en recintos tan diversos como una iglesia y un colegio.

Lo preocupante es que, a pesar de lo anterior y de los intentos de crear más regulaciones al porte de equipo bélico, no se ha logrado nada. Esto a causa de la interiorización que hizo EE. UU., como se explicó anteriormente. En mi opinión, luchar contra todo eso junto es una lucha muy difícil de ganar; mientras que promover una verdadera cultura armamentística en la tierra del Tío Sam, en los medios de comunicación y escuelas, es más sencillo. Por una razón muy simple: no estás luchando contra lo que la Unión representa (que es lo que perciben los defensores de la Segunda Enmienda), si se crea conciencia y baja el número de masacres. En otros términos, es mejor educar que sancionar.


Bibliografía

Se cumplen dieciséis años de la masacre de Columbine. (20 de Abril de 2015). ABC. Obtenido de http://www.abc.es/internacional
EFE. (18 de junio de 2015). Al menos 9 muertos en un ataque racista en una iglesia en Carolina del Sur. El Mundo. Obtenido de Al menos 9 muertos en un ataque racista en una iglesia en Carolina del Sur
AFP. (14 de Junio de 2016). Debate de armas en EE. UU. sigue estancado. La prensa. Recuperado el 17 de octubre de 2016, de http://www.laprensa.com.ni
NULLVALUE. (11 de febrero de 1995). Portar armas no es un derecho fundamental. El Tiempo. Recuperado el 17 de octubre de 2016, de http://www.eltiempo.com/
García, A. H.-P. (2010). El derecho constitucional a las armas en EE. UU.  Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.
Educacion, s. (2016). Estados Unidos: víctima de la Segunda Enmienda. Semana. Obtenido de http://www.semana.com
Pozzi, S. (5 de Enero de 2016). Las ventas de armas en EE. UU. se disparan pese a la polémica. El Pais. Obtenido de http://internacional.elpais.com/
Kinney, F. (13 de Junio de 2016). "En EE. UU. es muy difícil negar el derecho de un individuo a comprar armas". (C. e. Español, Entrevistador) Obtenido de http://cnnespanol.cnn.com
Pardo, P. (3 de Octubre de 2015). Más armas que habitantes en EE. UU. El Mundo. Obtenido de http://www.elmundo.es/

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