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Más allá de las fronteras: Hezbolá y su papel en el conflicto sirio

Hernán Burbano

El conflicto en Siria ha cambiado drásticamente el rol de Hezbolá en Oriente Medio. El papel estratégico de esta organización, quien cuenta con un brazo político y otro militar, ha pasado de la disputa por el poder en el Líbano y la lucha contra Israel, hacia la defensa de los intereses geopolíticos de sus aliados en la región. Esta transformación no desvincula totalmente los objetivos principales de Hezbolá por mantener su poder e influencia en el Líbano, sino que muestra unos cambios de tipo estratégico y militar que, como respuesta, intentan mantener la hegemonía de esta organización en áreas específicas de Beirut, el sur del País y el Valle del Bekaa, ante la potencial amenaza de otras organizaciones como el Frente Al Nusra o el Estado Islámico.

No obstante, la participación de Hezbolá, tanto en Siria como Iraq, está sujeta a la inestabilidad política de diferentes países de la Región, de los cuales emergen nuevos enemigos y amenazas, algunos sin rostro ni territorio.
 
De una milicia de resistencia a una máquina de guerra: los orígenes y la evolución de Hezbolá
A principios de los años ochenta, varios factores fueron determinantes para la creación de Hezbolá: la ocupación israelí del Líbano, 1982; la guerra civil libanesa, 1975; la revolución iraní, 1979; y la importante presencia de clérigos y estudiantes chiitas que retornaron desde Iraq en los años setenta. Para el caso de Hezbolá, el patrocinio e influencia de Irán en su creación fueron definitivos, puesto que como resultado de la revolución liderada por al ayatolá Ruhollah Jomeini, Irán buscó propagar un régimen islámico de carácter chiita, dada la importante presencia de población perteneciente a esta rama del islam en el Líbano. De este modo, el soporte de Irán hacia Hezbolá se materializó mediante financiación y entrenamiento militar, que con el tiempo transformó a miembros de movimientos y organizaciones radicales chiitas principiantes en una poderosa organización con frentes político, militar, social y económico.

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En este sentido, el apoyo de Irán, tanto económico como militar, explica por qué con el tiempo Hezbolá paso de ser un frente de resistencia en la ocupación del Líbano por parte de Israel durante 1982, a una verdadera máquina de guerra capaz de provocar el retiro del ejército israelí del sur país en el año 2000, o ejecutar acciones terroristas contra Estados Unidos y algunos países europeos. Apoyados militarmente por la Guardia Revolucionaria Iraní, especialmente la unidad de élite Fuerza Quds, Hezbolá ha incorporado con el tiempo técnicas militares más sofisticadas, que van desde la utilización de misiles de largo alcance, drones, técnicas de guerra de guerrillas y terrorismo. Asimismo, algunas estimaciones calculan el tamaño del grupo entre veinte mil y treinta mil integrantes, preparados militarmente para diversos tipos de confrontación y prestación de servicios a otros grupos en técnicas de insurgencia y ejecución de acciones terroristas.

Con respecto al crecimiento económico y militar de Hezbolá, si bien es explicado por el considerable aporte económico de Irán, el cual, según algunos analistas, es cercano a los 200 millones de dólares por año, también es posible entenderlo con base en lo que la analista Tamara Makarenko considera como una convergencia entre el crimen transnacional organizado y el terrorismo.  Investigaciones realizadas por agencias de inteligencia de Estados Unidos, Europa y Suramérica dan cuenta de cómo Hezbolá integra redes de crimen transnacional organizado asociadas al narcotráfico, contrabando, fraude y falsificación que, en efecto, son fuentes para la financiación de toda la estructura de la organización. Tal estructura no solo se constituye como una milicia armada de tipo paramilitar, sino que a su vez cuenta con una base política con representación en el parlamento del Líbano, un frente social que provee de servicios de educación, salud y manutención a los militantes de la organización, y un alcance mediático y propagandístico significativo en el orden local, nacional y regional. De allí que cálculos de la revista Forbes ubiquen a Hezbolá como el cuarto grupo más rico del mundo; lo cual, sin duda, le da un margen de autonomía más amplio en sus decisiones militares y aspiraciones políticas.
 
Hezbolá y su rol actual en Siria

Históricamente, el apoyo entre Siria y Hezbolá ha sido recíproco. Mientras que el gobierno de Bashar el Asad, junto con Irán, han sido patrocinadores del grupo libanés, Hezbolá se ha constituido como un brazo armado de tipo paramilitar enfocado a garantizar la estabilidad política de los dos regímenes. Asimismo, la identidad religiosa es un factor común entre estos tres actores y explica en buena medida la convergencia de objetivos políticos y religiosos en un contexto donde es evidente la fragmentación y el sectarismo entre algunos grupos chiitas y sunitas, y las motivaciones de cada una de estas corrientes por establecer gobiernos afines a sus intereses.

Por otra parte, como lo señala Marisa Sullivan del Institute for Study of War, existen aspectos más prácticos que explican el vínculo entre Siria y Hezbolá. En primer lugar, para Siria resulta importante la organización del Líbano, debido a su trayectoria militar y capacidad para adiestrar a su Ejército en operaciones dentro de entornos urbanos y mediante estrategias de guerra irregular. Por su parte, Siria es decisivo para los intereses de Hezbolá, por cuenta de la importancia geográfica de este país en la transferencia de armas, equipos y dinero provenientes de Irán. Igualmente, Siria, desde el punto de vista estratégico y territorial, representa un refugio para las tropas de Hezbolá que son atacadas por Israel.

Frente al papel de Hezbolá actualmente en Siria, Matthew Levitt, director del programa de contraterrorismo e inteligencia del The Washington Institute for Near East Policy, presenta en un artículo de Foreign Affairs una serie de puntos que explican la presencia de Hezbolá en este país, y el cambio organizacional que ha significado dicha decisión en la estructura del grupo libanés. Según Levitt, la petición directa por parte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, fue el factor crucial para que el secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, optara por enviar comandos para contener la presencia de grupos que buscan derrocar al gobierno de Bashar el Asad. Pese a que el conflicto sirio se inició en 2011, la demora de Nasrallah para apoyar el frente que lucha por mantener a Asad en el poder se explica por el efecto que podría causar al interior del Líbano trasladar tropas a Siria, especialmente cuando organizaciones rivales de Hezbolá como Al Qaeda, el Frente Al Nusra o el Estado Islámico se propagan por Oriente Medio. De igual forma, las secuelas procedentes del conflicto en Siria, como la intensificación de la violencia o la llegada masiva de refugiados, representan amenazas para la estabilidad política del Líbano y, en efecto, para el poder político que ostenta Hezbolá en este país.

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A partir de 2013, la intervención militar de Hezbolá en el conflicto sirio ha repercutido en la movilización de personal, la cual se ha materializado en la conformación de dos nuevos frentes: uno en la frontera entre sirio libanesa, y otro dentro de la propia Siria. Estos cambios al interior de Hezbolá han propiciado una movilización importante de comandantes de larga trayectoria en la historia de la organización, así como una importante movilización de tropas que, si bien no da cuenta de un número concreto, se estiman en 5.000 combatientes. Desde finales de 2015, este grado de involucramiento de Hezbolá, sumado a los bombardeos ejecutados por Rusia y el Ejército sirio contra los rebeldes, le han dado oxígeno al régimen de Bashar el Asad. Del mismo modo, las derrotas progresivas del Estado Islámico tanto en Iraq como en Siria orientan las opiniones hacia un balance positivo desde el punto de vista militar para Hezbolá.

Sin embargo, lo que pareciera ser una sucesión de victorías para Hezbolá, contrasta con un escenario interno y externo cada vez más complejo. En el orden interno, por ejemplo, el crecimiento de atentados terroristas perpetrados por yihadistas sunitas en bastiones de Hezbolá, o la perdida de legitimidad que ha ocasionado la subordinación de la organización hacia los gobiernos de Siria e Irán, se suman a las dificultades de hacer presencia militar directa de las tropas de Hezbolá en territorio sirio. Las bajas militares de soldados y de altos comandantes, como la muerte de Mustafa Amine Badreddine en 2015, acompañan un escenario en el cual no se pronostica un desenlace en el corto plazo. Los diversos intereses que confluyen en el conflicto sirio si bien tienden a contener amenazas como la propagación del Estado Islámico, no responden satisfactoriamente a generar una estabilidad política en el país. Por esta razón, y mientras el punto de la discordia entre las potencias sea mantener o derrocar del poder al presidente Bashar el Asad, el sectarismo por cuenta de las facciones radicales chiitas y sunitas que responden a intereses mayores por establecer gobiernos afines intensificara la violencia, incrementando la ya progresiva crisis humanitaria. Por lo tanto, es válido preguntarse si la participación de Hezbolá en el conflicto sirio contempla un final razonable, que sea suficiente para demostrar la fidelidad de Hezbolá hacia Irán, sin sufrir un desgaste militar de tal magnitud que comprometa todo el terreno ganado durante décadas en el Líbano.

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