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Reflexiones sobre los refugiados sirios en Uruguay: “vivir en el Líbano era mejor que acá”

Katherine Cardozo Beltrán y Carolina Bernal-Márquez

Desde el surgimiento del conflicto sirio y la prolongación del mismo, se ha enfatizado en resolver la crisis migratoria de refugiados generada por la Guerra, convirtiéndose en una de las principales prioridades dentro de la agenda de la comunidad internacional. Tras varios planes de contingencia para hacer frente a esta crisis y los resultados que esto ha dado, parece que los instrumentos y la responsabilidad internacional de la protección de los refugiados no han sido suficiente. Esto se ve reflejado en las cuatro “soluciones duraderas” presentadas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR. En especial, con los procesos de reasentamiento, el cual es un instrumento que permite el “traslado de refugiados del país en el cual han solicitado asilo a otro Estado que ha aceptado admitirlos como refugiados y concederles la residencia permanente y, con el tiempo, la posibilidad de obtener la ciudadanía” y cuyo funcionamiento depende de la voluntad y la responsabilidad internacional frente a la protección de los refugiados” (ACNUR, 2011, p. 38).
 
Es así como varios países han implementado diferentes planes de ayuda. Por un lado, el rol que ha ejercido países vecinos como Líbano o Turquía, quienes han sido los principales receptores de refugiados sirios en los últimos años. Pero tambien nos encontramos con países que no obedecen a lógica de cercanía geográfica, los cuales se convirtieron en una segunda opción de llegada bajo los procesos de reasentamiento. Estos han tenido diferentes perfiles y modo de accionar, tal es el caso uruguayo, el cual se convirtió en uno de los países latinoamericanos en ser receptor de refugiados sirios bajo el Programa de Reasentamiento de Familias Sirias en Uruguay, PRFSU, elaborado junto con ACNUR en septiembre del 2014, bajo el Decreto N° 256/014; documento que dictamina los protocolos de acción, selección y llegada de los refugiados sirios.
 
En cuanto a las generalidades del programa, se establecieron criterios para la selección de refugiados, tales como contar con infantes en la mayoría de la familia y tener, al menos, una persona capaz de trabajar y promover la estabilidad económica. Adicional a ello, y para entender el trasfondo del programa, el diseño de este estuvo determinado por dos factores claves. El primer lugar, la decisión de establecer este programa se fundamentó bajo el discurso del sentido humanitario y realista característico del gobierno del Frente Amplio bajo la presidencia de José Mujica. En segundo lugar, la decisión se cimentó bajo el discurso de que Uruguay se ha construido como una nación que se forjó gracias a la migración. Pues, desde su formación, la población se conformó por las múltiples oleadas de migración, las cuales se sustentan desde 1828 bajo los objetivos de los primeros gobiernos[1]de la República uruguaya.
 
Enmarcado por la selectividad de las migraciones, especialmente europeos, quienes llegaron por factores coyunturales de la época, a pesar de estar dirigido directamente a la población de dicha región, los constantes flujos migratorios crearon una dinámica de movilidad entre sus países vecinos, Argentina y Brasil; recalcando su perfil migratorio mediante la construcción social, histórica y política de la población uruguaya. Por ende, el fenómeno de las migraciones tiene una influencia transversal en todas las dimensiones de la realidad nacional. No obstante, desde 1968, las tendencias migratorias en Uruguay se revirtieron, como resultado de una sucesión de gobiernos de progresivo hermetismo al mundo, que concluyó con la dictadura cívico-militar de 1973. De lo anterior, se puede concluir que existe una inconsistencia histórica actual de las tendencias migratorias que se percibieron al inicio de su historia republicana, dando cabida a la salida de uruguayos como un fenómeno dominante en las migraciones de este país, teniendo resultados en los comportamientos de la población ante la llegada de nuevos inmigrantes tras la implementación del PRFSU.
 
Este panorama historico, pemite entender con mayor precisión por qué el actual programa de reasentamiento genera diversas opiniones. Por un lado, a nivel interno, se criticó por no haber consultado la decisión con la población mediante las diferentes vías democráticas existentes, generando un descontento entre los uruguayos. Asímismo, la cercanía de la decisión con las elecciones presidenciales del 2014, planteaba otro panorama para los sirios que decidieron reasentarse en dicho país, pues al ser una decisión de gobierno y no de estado, el cambio de presidente afectaria el funcionamiento de varias protectos de Uruguay. Realizar planes de este tipo, a finales de un periodo presidencial, se proyecta como una política débil al correr el riesgo de no tener el mismo apoyo institucional por el gobierno siguiente para darle continuidad.
 
Por otro lado, a nivel internacional, muchos países alabaron la medida del gobierno de Mujica, como Suecia, quien se unió como asesor a la implementación del PRFSU, asi mismo otros países lo categorizaron como un país ‘generoso y bondadoso’ por realizar este gesto de solidaridad ante la situación siria, haciendo que países de la región tomaran la iniciativa de realizar programas de asentamiento.
 
El resultado de políticas de gobierno: el declive de un programa esperanzador
 
Tras la llegada de Tabaré Vázquez a la presidencia en 2015, unas de las primeras medidas fue el cese del PRFSU, descartando una segunda llegada de familias sirias a Uruguay. Esto creó una perspectiva negativa a nivel general, denotando el declive futuro de esta decisión del gobierno de Mujica, en el que el resultado del PRFSU en Uruguay empezó a generar más problemas que soluciones.
 
En la práctica, este programa es el claro reflejo de un intento más de una solución duradera frente a los refugiados, que se disuelve gracias a la ineficiencia dentro de los procesos de formulación, gestión y desarrollo del programa. En consecuencia, la mala estructuración del programa no sólo impactó de manera negativa la protección de los refugiados sirios en este país. Sino también implicó graves problemáticas tanto para el gobierno como para la ACNUR que, con dicha gestión, deja en claro la debilidad de las Soluciones Duraderas frente a la protección de los refugiados, en especial, con el programa de reasentamiento.
 
Para entender el fracaso de dicho programa en Uruguay, se debe partir de la premisa de que existe una responsabilidad tripartita entre ACNUR, el gobierno uruguayo y los refugiados sirios frente al fracaso del programa de reasentamiento. El primer problema que se identifica, y que sirve para justificar el porqué del fracaso del programa, tiene que ver con la idea base del reasentamiento que alude a la responsabilidad internacional frente a la protección de los refugiados. Ningún instrumento de protección a los refugiados debe estar contemplado bajo la voluntad o responsabilidad internacional, puesto que esto se convierte en una grave problemática cuando esta disposición o muestra de responsabilidad no está soportada por un Estado que tenga la capacidad para brindarle garantías a los refugiados. Una cosa es tener voluntad y demostrar responsabilidad internacional, como la que tuvo Uruguay, y otra cosa muy diferente es no tener un Estado capacitado para ofrecer estas garantías, de lo cual adolece la República Oriental.
 
En este mismo orden y dirección, el fracaso del diseño del PRFSU a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia de la República de Uruguay, puede fundamentarse bajo la falta de una política integral de refugiados sólida. Históricamente, Uruguay no ha sido un país de naturaleza o de tradición de refugio. Esto da una pista clave que permite entender que, irónicamente, nos encontramos con un Estado que tiene una política de refugio que se encuentra en un proceso de construcción. Esta condición hace entonces que existan una serie de dificultades por parte del gobierno uruguayo para garantizar con plenitud derechos civiles, económicos, sociales y culturales; fundamentales para que el programa de reasentamiento pueda funcionar en marcha.
 
Lo anteriormente mencionado, no desmiente el hecho de que el gobierno si se ha hecho responsable en temas de subsidios económicos, prestación de servicios de salud y educación para los niños. Sin embargo, un programa de reasentamiento no puede estar únicamente fundamentado bajo la garantía de una ayuda económica o de prestaciones si estas no están respaldadas por una serie de políticas que permitan que esa ayuda se traduzca en beneficios permanentes para estas poblaciones, lo cual refleja fielmente la ausencia de una política integral para los refugiados. La mediación cultural es tal vez una de las tantas piezas que le hizo falta a Uruguay para llenar el rompecabezas del programa de reasentamiento. Aunque el gobierno se empeñe en garantizar, hasta un punto, derechos civiles y económicos -los cuales estructuralmente también enfrentan problemas- este no será suficiente si no se soportan bajo la garantía de derechos sociales y culturales ya que son estos los que posibilitan o no la inmersión de los refugiados en la estructura social de país que los acoge.
 
Por otro lado, la PRFSU no puede funcionar si este solo es entendido como una figura que brinda derechos a los refugiados. Aunque la garantía de derechos sea el pilar para el funcionamiento del programa, contraer deberes por parte de los refugiados también debe ser una parte fundamental en este proceso. La ausencia de dichas responsabilidades, da luces para entender el grado de responsabilidad que tienen los refugiados sirios dentro del fracaso o éxito del programa de reasentamiento. Las familias sirias que llegaron a Uruguay buscaron derechos, pero no quisieron contraer obligaciones. Esta condición es altamente peligrosa, ya que desarrolla una concepción equívoca de la idea de que es ser refugiado. Es mediante la concientización de estas poblaciones como elementos que aportan a un nuevo orden social y a un nuevo proyecto político, los elementos que pudieron contribuir ante la necesidad de una inmersión social exitosa que no derive en el desempleo, la dependencia y, en el peor de los casos, la delincuencia.           

Por otro lado, la característica de las familias refugiadas sirias hace que la inserción dentro de la sociedad uruguaya sea compleja. El bajo nivel educativo, las barreras idiomáticas y culturales, y la búsqueda de trabajos parecidos a lo que desempeñaban en Siria, son elementos que hacen fracasar de una u otra forma el programa. Estos factores suponen obstáculos que a mediano plazo se pueden vencer solo si también existe un compromiso por parte de los refugiados para que estos trabajen por su vinculación plena dentro de la sociedad uruguaya. Y esto, tal vez, sea el mayor reto que se esta viendo con las familias sirias en Uruguay, en donde estas son reticentes a contraer estas responsabilidades
 
Si el plan falló, ¿cuál es el paso a seguir? Reflexiones sobre una política de refugio en construcción
 
La formulación, gestión y desarrollo del PRFSU deja como resultado un panorama inquietante sobre la viabilidad de los instrumentos para la protección de los refugiados en general. Este país sudamericano se ha convertido en el caso perfecto para ilustrar de manera clara que la voluntad internacional no es suficiente cuando se quiere proteger los derechos de los refugiados. No obstante, el fracaso de este programa en Uruguay logra proponer otro escenario que está orientado a generar reflexiones y aprendizajes que no solo incumben al gobierno uruguayo, sino también a ACNUR, la Comunidad Internacional y los propios refugiados.
 
La primera reflexión va orientada hacia la necesidad de reformular la figura de reasentamiento para la protección de refugiados. Más allá de la voluntad del Estado de aceptarlos como un acto de generosidad, es medir la viabilidad del mismo para proyectar a largo plazo la estadía de los refugiados en los países de acogida. Si el Estado uruguayo decide recibir refugiados sirios, este debe primero edificar a nivel interno condiciones que le garanticen una vida sostenible dentro del país. Garantizar esto le permitirá al refugiado salir de su estatus de refugio, y es esta transición en lo que todos los instrumentos de protección a los refugiados deberían de alcanzar como propósito ulterior. Garantizar elementos claves como generación de empleo, la inmersión y adaptación cultural y lingüística, más que subsidios, es a lo que le debe apostar el Estado uruguayo si decide que su nación asuma la responsabilidad internacional frente a la protección de los refugiados.
 
La segunda reflexión busca hacer hincapié en la equívoca idea que se ha construido respecto a la función de los instrumentos para la protección de los derechos de los refugiados. El reasentamiento, que es la figura a resaltar dentro de este artículo, no debe solo entenderse como un instrumento que genera beneficios a los refugiados. También es un instrumento que, si se emplea de manera correcta, trae beneficios para el Estado que decide aplicarlo. No entender este doble beneficio es uno de los errores más graves que se pueden cometer, ya que se está instaurando un programa que no se interconecta o da respuesta a las necesidades económicas y sociales de país.
 
¿Cuál es el beneficio de traer refugiados sirios a nuestro territorio nacional? Es tal vez la pregunta inicial que se han planteado países como Argentina, Brasil y Chile a la hora de tomar la decisión de traer refugiados sirios a su territorio nacional. La vocación histórica de estos Estados frente a la acogida de refugiados, ha permitido que estos perfeccionen la institucionalidad vigente frente a temas de migración, asilo político y refugio. Esta condición histórica fue clave para que estos Estados asumieron la responsabilidad de diseñar políticas integrales de refugio que no solo le diera garantizas a los refugiados sino también a ellos como estado y sociedad receptora. Es entonces este factor determinante para entender porque estos tres países del Cono Sur lograron sacar con mayor éxito su programa de acogida de refugiados sirios si se compara con Uruguay. Sin embargo, no se debe dejar por fuera del análisis las problemáticas coyunturales que atraviesan actualmente estos dos países que de una u otra forma terminan por afectar la acogida de refugiados sirios.

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Refugiados sirios en Uruguay

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Fuente: Periódico Región Este (2016). Disponible en: https://goo.gl/obnLvA
 
Bibliografía
1. ACNUR (2015). Evaluación de Programas de Reasentamiento en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, pp.5-68. Disponible aquí. [Visitado el 4 de Mayo 2017].
2. Gobierno de la República Oriental del Uruguay. (2014). Decreto N° 256/014. Disponible aquí. [Visitado el 1 de Mayo 2017].
3. Organización Internacional para las migraciones (2011). Perfil Migratorio de Uruguay 2011. Buenos Aires, pp.2-163. Disponible aquí. [Visitado el 1 de Mayo 2017].
4. Periódico El Espectador. (2014). Asilo Político y Refugio, Una Tradición Uruguaya. Disponible aquí. [Visitado el 3 de Mayo 2017].


[1] Información proporcionada de (Organización Internacional para las migraciones, 2011)

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