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La nueva Responsabilidad climática empresarial

Manuel Guzmán-Hennessey

A la pregunta, quizás obvia, que muchos se han empezado a formular, sobre a quién conviene la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París. Y ante la tentación de responderse, sin duda a la ligera, que la decisión beneficia los intereses de las grandes compañías, especialmente las del sector energético, vale la pensa mirar algo que seguramente no ignoran los asesores del señor Trump, aunque él quizás sí: el ambicioso esfuerzo por reducir emisiones de carbono del llamado grupo de los ‘no estatales’, la Agenda de Acción Lima París (actividades que se cumplen por fuera del ámbito de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).
 
Este grupo incluye principalmente a las empresas y a las ciudades. El Acuerdo de París se fortaleció con el compromiso voluntario de estos actores no estatales, quienes están trabajando sobre metas más ambiciosas que los Estados para impedir que el aumento de la temperatura supere los 2ºC en el horizonte 2050. En el texto del acuerdo de los Estados se reconoce que con lo que los 187 Estados se comprometieron a reducir a partir de 2030 (los llamados INDC) llegaremos a 2.4ºC antes de 2050. Con la salida de Estados Unidos esta situación se agrava, pues ese país aporta actualmente aproximadamente el 15% del total de las emisiones del mundo: seis millones de toneladas de CO2 equivalente al año.
 
Es tan grande el compromiso de los empresarios hoy por transitar hacia una economía libre de carbono que la decisión de Trump, lejos de beneficiarlos, afecta su nuevo modelo de negocios: depender cada vez más de energías renovables.

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By Evancahill - Own work, CC BY-SA 4.0

Por eso no resultó una sorpresa que hayan sido los grandes empresarios los primeros en protestar por la decisión (los presidentes de Adobe, Apple, Facebook, Gap Inc, Google, Hewlett Packard, Levi Strauss, Microsoft, Salesforce y otros, firmaron una carta rechazando la medida). Ya lo habían hecho los científicos (especialmente los de Estados Unidos), quienes han aportado los datos más robustos al Panel Intergubernamental de Científicos por el Cambio Climático desde el año 1990. No cabe en esta nota la mención de las ciudades de Estados Unidos que han manifestado que no apoyan la decisión.

Las empresas, movidas por una mezcla de responsabilidad climática empresarial y consideraciones de negocios, han cambiado su manera de entender y actuar frente a la crisis del clima. En el año del 2007 se lanzó la coalición Caring for Climate que agrupa compañías de más de 65 países en cerca de 30 sectores, y más de 80 redes impulsadas por sus socios estratégicos (Proyecto de Divulgación de Emisiones de Carbono, The Climate Group, Principios para la Inversión Responsable, la Fundación de las Naciones Unidas y el Consejo Empresarial Mundial de Desarrollo Sostenible).

El sector privado del mundo lidera hoy la lucha para conseguir reducciones de las emisiones a gran escala. El número de empresas que ha contraido compromisos climáticos a través de la coalición We Mean Business se ha duplicado desde la COP 21 de 2015.

La iniciativa “Metas Basadas en la Ciencia” es el camino más claro que pueden seguir las empresas para apoyar el Acuerdo de París. Este grupo crece a un ritmo de más de 2 empresas por semana. Walmart, la empresa con más ingresos y empleados del sector privado mundial anunció su meta basada en la ciencia el mismo día que el Acuerdo de París entró en vigor.

Las empresas energéticas también han visto afectado su nuevo modelo de responsabilidad climática empresarial por la decisión Trump. La iniciativa Oil and Gas lanzada en 2015 es una muestra de ambición de las grandes petroleras y gasíferas por asumir su responsabilidad con la reducción global de emisiones.

ExxonMobil, Chevron, Shell, Conoco, entre otras, han salido a defender el Acuerdo. Jeffrey Immelt, CEO de General Electric dijo que las compañías deben asumir la lucha contra el cambio climático independiente de la acción de los gobiernos. Y Darren Woods, CEO de ExxonMobil escribió recientemente una carta al presidente Trump para pedirle que mantuviera a Estados Unidos en el marco de París.

El tema de las energías es clave para transitar hacia una sociedad sin carbono. Según Foreign Affairs China planea invertir US$340.000 millones en fuentes de energía renovable para el 2020 y Arabia Saudita está invirtiendo US$50.000 millones. India duplicó su capacidad solar y está instalando paneles solares tan rápido que el primer ministro Narendra Modi estableció el audaz objetivo de alcanzar 100 gigawatts de capacidad solar para 2020.

La tendencia indica, incluso, que el uso de estas energías resultará más barato que el de la electricidad convencional. Por ello han avanzado mucho iniciativas como RE100, empresas que han decidido depender 100 por ciento de energías renovables. Aquí están nueve de las más grandes corporaciones norteamericanas: Nike, Wallmart,  Goldman Sachs, Johnson & Johnson, Procter & Gamble, Salesforce, Starbucks, Steelcase, y Voya Financial. La propia Casa blanca lanzó en julio pasado una iniciativa para la sostenibilidad que involucra grandes empresas de los Estados Unidos. “La investigación demuestra que las empresas más ambiciosas han visto ya un retorno del 27 por ciento de sus inversiones bajas en carbono”, dijo Mark Kenber, consejero delegado del Grupo Clima. Empresas del sector de los alimentos como Kellogg y General Mills, que dependen del clima para producir sus cereales, también apoyan el Acuerdo de París para proteger sus cadenas de suministros y claro ‘su negocio’, lo cual no está mal, pues las compañías deben mantener su crecimiento económico como una forma de generar un nuevo tipo de valor: el ‘valor sostenible’ que va a necesitar la sociedad del futuro para adaptarse a la crisis del antropoceno.

El plan de energía limpia de Obama es la base de la contribución de EEUU en el acuerdo de París: entre un 26% y 28% para 2025 respecto a los niveles de 2005. Buena parte del cumplimiento de estas metas está en manos del sector privado y de los planes voluntarios de los estados de la unión. Según Financial Times, hay 29 estados que tienen mandatos para el uso de electricidad renovable y muchos tienen exenciones de impuestos y otras ayudas para tecnologías que reduzcan las emisiones. California es la sexta economía más grande del mundo y tiene una meta de reducción de emisiones del 40% para el 2030.

Estos planes representan el verdadero liderazgo de una ciudadanía activa que ha tenido que acostumbrarse a marchar hacia delante aún en contra de sus propios dirigentes. Recuérdese el papel de Bush frente al protocolo de Kyoto en 2002 y el boicot de todos los gobiernos (en especial los republicanos) en las negociaciones internacionales del clima. Los norteamericanos no serán inferiores al desafío global de defender la vida de las futuras generaciones. Y en el juego geopolítico global es claro que China y la Unión europea tienen servida la mesa para que asuman el liderazgo cesante que abandonó estados unidos. Ya han anunciado que lo harán. También América latina tiene un papel que cumplir: Colombia, Argentina, Chile, México y Perú, especialmente.
La nueva responsabilidad climática empresarial se expresa bien en los siguientes siete principios rectores que los empresarios líderes le han pedido a los gobiernos del mundo:

  1. Ampliar las políticas favorables a través de la Acción Climática Global y el proceso de ex-amen técnico de la mitigación para aumentar la ambición de las medidas de mitigación antes de 2020.
  2. Cumplir plenamente sus contribuciones de-terminadas a nivel nacional mediante legislación y reglamentación de ámbito nacional que incentiven una respuesta inmediata del sector privado a los objetivos del Acuerdo de París.
  3. Dirigirse hacia un nivel neto de emisiones igual a cero comunicando estrategias de desarrollo a largo plazo con bajos niveles de emisión de gases de efecto invernadero.
  4. Conectar las acciones de los actores no estatales con un incremento de la ambición en cada ciclo quinquenal de contribuciones de-terminadas a nivel nacional, empezando en 2018.
  5. Movilizar financiación climática a gran escala procedente de fuentes públicas y privadas.
  6. Establecer precios adecuados para el carbono.
  7. Construir economías y comunidades resilientes ante los efectos del cambio climático.

@GuzmanHennessey

Nota: una versión abreviada de esta nota salió publicada en la revista Razón Pública bajo el título de “El bumerán Trump”.
*Fuente de la imagen principal: By WhisperToMe - Own work, Public Domain

 

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