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A propósito del índice de desarrollo socioeconómico - IDSE y el posconflicto en Colombia

Eco. PhD © Luz Rocío Corredor González

Resumen: Las mediciones en el caso del desarrollo resultan pertinentes en la medida que sean coherentes y generen impactos sobre todo en el diseño e implementación de políticas públicas, que se traduzcan de manera efectiva en mejor calidad de vida para los habitantes de un país o región. Por eso se pretende mostrar aquí un panorama crítico de lo que significa el índice de desarrollo socioeconómico IDSE de reciente propuesta, que busca llenar vacíos para evaluar los indicadores relacionados que ya existen pero también para llamar la atención sobre su utilización y las decisiones que se toman alrededor o a partir de ellos y las sinergias que pueden surgir de allí, y que pueden ser claves en el posconflicto para el caso específico de Colombia.

Introducción

En el contexto del desarrollo económico y su evolución, existen maneras, métodos y mecanismos que buscan a través de indicadores, medir los niveles de él buscando no sólo encontrar explicaciones a las condiciones mismas del desarrollo, sino a las causas que permitan un mayor o menor nivel del mismo, con el fin de diseñar e implementar políticas públicas que den respuesta a la problemática de las causas que generan niveles de desarrollo menores a los indicados o requeridos. Sin embargo, esto parece excluyente en vez de incluyente, porque la primera discusión es si acaso no debe ser la medición una consecuencia de un proceso y no vivir para mejorar el resultado del mismo? Este al igual que todos los ranking se convierte casi en una obsesión, la posición que se ocupa dentro de él, pero también lo que hay que hacer para estar dentro de él y mejorar su calificación.

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No debe crecerse económicamente en pro de una cifra, debe crecerse económicamente de manera sostenida y sostenible como consecuencia de un proceso y en pro de desarrollarse para mejorar las condiciones existentes y tener mayor acceso a condiciones extra a la satisfacción de necesidades básicas y que tienen que ver con aspectos como la educación, la información, la tecnología de calidad, porque esto es necesario para ser competitivo y poder negociar mejores términos de intercambio y entonces recibir mayores excedentes que puedan capitalizarse pero también generar mayores ingresos. Es decir si bien es cierto que es importante el elemento tangible donde se encuentran categorías de medición tales como niveles de producción, de ingreso, de exportaciones, también resulta muy valioso y complementario lo intangible como el nivel de vida.

El círculo virtuoso debe concentrarse entonces en promover factores y motivaciones que faciliten una combinación eficiente y eficaz de los factores de producción para que la productividad de las regiones sea más alta y entonces se generen ventajas comparativas y competitivas que promuevan la especialización de la vocación productiva de las mismas, generando mayores excedentes, que para el caso de Colombia, podrían realizarse utilizando  a través de la matriz de intereses, el potencial identificado en muchos estudios, entre ellos, el realizado sobre sectores de clase mundial del programa de Transformación Productiva del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, que identifica por sector y por región en donde están las mayores oportunidades, para los bienes y servicios producidos en Colombia,  en coherencia con los instrumentos de política comercial  tales, como los Tratados de Libre Comercio TLCs, los acuerdos comerciales y los Acuerdos de protección  y promoción a la inversión extranjera directa APPRIs entre otros, y se identifican con las Cartillas regionales de Procolombia, los cuales generarán  no sólo mayores ingresos per cápita y por tanto mayor bienestar, sino la posibilidad de incrementar la formación de capital humano, la exportación incluso de investigación y desarrollo tecnológico, a través de las Spin – Off o consorcios de investigación.

Dentro de ellos encontramos el Índice de Desarrollo Humano de la Organización de Naciones Unidas, que se considera uno de los más completos e integrales, cuya publicación es anual involucra aspectos cuali y cuantitativos, y que se resume en el avance conseguido por un país en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: Disfrutar de una vida larga y saludable, tener acceso a la educación, y tener un nivel de vida digno (Zamudio-Sánchez, 2016).
Lo cual constituyó una novedad en 1990, cuando se empezó a medir por parte del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, frente a los que son cuantitativos como el PIB, que mide la actividad productiva del país, el PIB per cápita que divide la actividad productiva del país en su población económicamente activa, y el índice de densidad económica, que mide la masa económica por unidad de superficie en una determinada área o la compactación geográfica de la actividad económica. Tiene como objetivo conocer cuáles son los territorios económicamente más productivos y que zonas dentro de cada país generan más riqueza. En la mayoría de los casos, fruto del efecto de las economías de aglomeración, las áreas de mayor densidad económica coinciden con las áreas más urbanizadas y la presencia en todo caso de urbes más pobladas (Ventura, 2015).

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Todos estos indicadores y mediciones que por supuesto han contribuido a aspectos positivos que no existían antes de su medición como referentes de análisis y toma de decisiones; al resumirse en una cifra dejan por fuera importantes aspectos que definitivamente, no sólo influyen sino que pueden alterar el comportamiento y la tendencia del crecimiento económico de los países y de las regiones, lo que constituye el llamado sesgo de mainstream (BERNAL, 2015), dado que miden y analizan parámetros sobre el desarrollo teniendo una determinada concepción del desarrollo, que entendido de esta manera, es asociado a un modelo de liberalización económica, con una democracia al estilo occidental y con un sistema de cultura determinado, lo cual deja por fuera importantes aspectos y categorías de análisis que podrían cambiar el rumbo de las condiciones y condicionantes del desarrollo en el mundo con sus inminentes consecuencias, y para el caso de Colombia, incrementar la desigualdad, la exclusión y la marginalidad tanto de sus regiones como de sus habitantes.

Esta situación particular, lleva entonces a diseño e implementación de políticas públicas equivocadas, en el sentido de que se decide sobre aspectos parciales, por cifras que no reflejan la realidad o las realidades de los territorios en conflicto o afectados directa o indirectamente por el mismo, lo cual ya provoca sesgo por ellos y su competitividad y pertinencia para decidir, dejando de lado aspectos como la satisfacción frente a distintas variables que pueden por ejemplo impactar la productividad de las empresas, y los sectores económicos, así como incluso la de los territorios, quizás incluso en mayor proporción que lo que lo hace la combinación eficiente y eficaz de los factores de producción de un país y/o un sector económico.

Respecto al índice de Desarrollo socioeconómico IDSE, resulta significativo y aportante en el sentido que empieza por sugerir y evidenciar la importancia de desligar el desarrollo del crecimiento económico, lo cual significa casi que una reivindicación de los países frente a la marginalidad del Centro – Periferia, adicionalmente, presenta un interesante análisis geográfico a nivel global de los niveles de desarrollo, involucra factores como las Tecnologías de información y comunicaciones TICs, y afirma que el desarrollo se debe dar sobre las personas y el medio ambiente, proponiendo entonces, una concepción más humana y ecológica del desarrollo (Ventura, 2015).

En ese contexto, Colombia, es y ha sido un afectado por estas mediciones sesgadas que generan versiones equivocadas y parcializadas sobre su situación social, pero también económica, lo cual hace que se retrasen la implementación de políticas que permitan generar crecimiento económico y desarrollo sin marginalidad ni exclusión, por lo cual es importante que entre en este debate y se articule a investigaciones al respecto desde la academia, pero también, desde los organismos internacionales y demás actores interesados y responsables del tema. El índice de Desarrollo Socioeconómico, puede constituirse entonces en una alternativa conveniente para Colombia porque involucra variables y categorías de medición que pueden convertirse en una radiografía más veraz y consistente con su realidad social que permita mejores respuestas para sus necesidades y expectativas frente al posconflicto.

Y para Colombia, ¿cuál es la preocupación o importancia de todo esto? Que al igual que muchos países emergentes, quizás se ha visto afectada por no recibir recursos suficientes vía cooperación internacional, por tener una medición de su nivel de desarrollo, adecuada que tal vez, reflejaría que no somos un país de renta media alta y por tanto, no sólo seríamos sujetos de cooperación internacional según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico OECD – sino que disminuiríamos la marginalidad sobre todo a nivel rural, aumentando el acceso a servicios básicos, así como posibilitando mejores condiciones de cobertura, calidad de la educación, etc.

Frente al posconflicto, esto facilitaría, una cartografía más real sobre las zonas afectadas por el conflicto con las FARC, lo cual generaría un entorno favorable para la articulación y estructuración de Programas y Proyectos asertivos, que permitan dar respuesta a las necesidades y expectativas de los habitantes de esos territorios, porque es que por allí pasa el tema, por el nivel de apropiación del territorio, que facilitaría la construcción de territorios más productivos y competitivos, pero además con un desarrollo social más allá del crecimiento económico.

¿Cómo sería esto? pues al existir una visión más real sobre la vocación productiva de los territorios, en el sentido de ser producto de una construcción colectiva de los distintos actores, permitirá identificar debilidades y fortalezas y así determinar con la ayuda de los asesores de los organismos internacionales de cooperación, así como de los demás actores y líderes comunitarios, en donde se pueda estructurar un Plan de acción con Metas, e indicadores, para generar en el tiempo impactos y consecuencias que conduzcan al desarrollo y que sean coherentes con las políticas Públicas tales como los Planes de Ordenamiento Territorial y los Planes de Desarrollo.

Es decir, es un tema de cohesión social, pero también de compromiso y Responsabilidad, no sólo con el desarrollo, sino con el bienestar de las personas, habitantes de los territorios y con el medio ambiente, que permitirá generar entornos favorables, que redundarán en crecimiento económico, competitividad, productividad y además con el esfuerzo de todos en un desarrollo traducido en mejores condiciones, más equitativas e incluyentes para todos, favorecido por ausencia de conflicto

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