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Anti-vacunas y el grave peligro de la pseudointectualidad y las pseudociencias

Ricardo Andrés Roa-Castellanos. MSc-PhD.

Foto: James Gillray, The Cow-PockÔÇöorÔÇöthe Wonderful Effects of the New Inoculation! (1802) - Dominio Público

Introducción
 
En tiempos recientes la sociedad ha vivido pasmosas transformaciones, si se quiere, forzadas, e inducidas a golpe de una legislación, que en algunos casos escucha los criterios objetivos de la ciencia, pero en otros, ha abusado del poder subjetivo de los legisladores, líderes de opinión o gobernantes, sin el debido acervo.
 
Es así como mientras Italia[1] o Francia[2], recientemente han buscado proteger por medio de la ley a sus respectivas poblaciones al obligar el uso profiláctico de vacunas contra enfermedades infecciosas en la infancia, Colombia ha sucumbido al lobby de grupos de interés cuya paranoia, más ideológica que real, se traduce en ejercicios sociales “anti-vacunación”.
 
De las altas cortes, en este caso de la Corte Constitucional, provino un fallo según el cual las vacunas contra el Virus de Papiloma no pueden ser obligatorias para la protección de la Salud Pública de dicho país[3].
 
¿Qué sistemas sociales han posibilitado tal posición inconveniente, que algunos piensan conveniente, en medio de una cultura tan precariamente informada como relativista? Las victimas como en otros casos de las consecuencias derivadas de pseudo-ciencias suelen enfermar y morir lejos del bullicio activista que las condena[4].
 
 Los desiguales campos de fuerza en el foro público
 
No es un misterio que adultos y jóvenes contemporáneos cada vez seamos más renuentes a la lectura seria. Como resultado, la sociedad actual es presa fácil “del que dirán”.

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Foto: Edward Jenner, el «padre de la inmunología moderna», realizó las primeras inoculaciones, específicamente vacunas contra la viruela.

Ese nuevo “qué dirán” ha sido amplificado por las redes sociales y ha creado una nueva clase de analfabetismo activista, es decir, el activismo del moderno neoanalfabeta ignoto: alguien que no sabe en verdad de una materia, pero que en su afán de pertenencia a algún grupo o causa, desenfadadamente toma partido, y quiere que su opinión sea ley para los demás al unirse en grupo con otros similares.   
 
Para pensadores como Umberto Eco, esta característica evidente cada día en las redes virtuales, equivalía a la “invasión de los necios[5] por vía del internet sobre la “cultura”, para colmo, ahora global en tiempo real, al no filtrar contenidos, ni pareceres, sin contar con el apropiado fundamento.
 
Con las redes sociales, o anti-sociales -según sean sus efectos-, el bombardeo de mensajes, magnificó lo que antes se quedaba en conversaciones privadas, familiares o de bares, al llevarlo a la esfera del impacto multitudinario.
 
Si los mensajes son leídos por muchos, y consecuentemente “viralizados” o compartidos, las opiniones o piezas de información serán replicadas en una masa, por lo general sensible e ingenua, que puede contarse en miles o incluso millones de “seguidores” dependiendo del emisor.
 
Por default, o mecanismo pre-determinado, si usted abre una cuenta de usuario en algunas de estas redes, es probable que de entrada se le sugieran nombres de famosos a seguir, y que sus gustos de exploración o búsqueda, recomienden personajes con un amplio número de seguidores. La dinámica está estructuralmente facilitada.
 
Eso determina que personajes famosos concreten, prontos, la diseminación cibernética de falacias “Ad Baculum” (debe aceptarse el planteamiento por provenir de una figura reconocida y no por la verdad del mismo) en el exceso internacional.
 
Si lo dice Paul McCartney, ipso facto, no sólo hay que creerlo sino imitarlo, por ejemplo...
 
Como consecuencia, en la actualidad muchas de las conductas o gustos de deportistas, cantantes o políticos famosos, son rápidamente imitados o respaldados irreflexivamente por los grandes públicos.
 
Es así como en la última década surge la figura del “Influencer”. Un personaje carismático pero sin ninguna clase de estudios que puede ser líder, en la modalidad virtual, de acuerdo a su número de seguidores en Twitter, YouTube o Facebook. Mucha gente seguirá su criterio por ser quien es, sin cuestionar la veracidad o conveniencia real de sus planteamientos o argumentaciones.
 
Tristemente, y de manera análoga, en materia sanitaria, debido a dietas extremistas, tratamientos pseudocientíficos, u otras recomendaciones perjudiciales por parte de artistas o “celebridades”, en varios países ya se ha alertado del peligro intrínseco que las posiciones de esta clase de personal carente de formación académica apropiada están significando para la Salud Pública.
 
El Instituto de Estudios sobre Políticas de Salud de la Argentina hace poco no se iba con tintes medios. Publicó una nota de advertencia titulada “Los famosos le hacen mucho daño a la salud[6]. Similarmente, en España ha quedado claro que muchos famosos han inducido al público a dietas peligrosas[7]. Un titular del diario El País, tras ver la creciente cantidad de nocivos estropicios por parte de dichas personalidades en materia sanitaria, tituló: “Si lo dice un famoso, seguramente es falso, caro o malo para la salud[8]
 
El peligro en el nuevo mundo salvaje
 
Para Zygmunt Bauman, coherentemente, las redes sociales se convirtieron en una trampa para aquellos que no valoraran críticamente las “empáticas” o “solidarias” informaciones de grupos afines, allí encontradas:
 
“Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.” [9]
 
Al tiempo se ha visto que azotes infecciosos epidémicos que cuentan con vacunas (como el sarampión, la tosferina, la polio, la difteria, la rubeola o las paperas) han aumentado la presentación[10] de sus brotes[11] cobrando la salud y hasta la vida de niños[12] pese a haber llegado a estar casi eliminadas en el mundo. El análisis de las causas condujo a las voces de, entonces famosos irresponsables, sin formación sanitaria apropiada, como Robert de Niro, Jim Carrey, Charly Sheen, Bill Maher[13], o el presentador español Javier Cárdenas, quienes han expresado su “paranoia” contra las vacunas ante micrófonos, cámaras y/o redes sociales.
 
El efecto dominó ha logrado que miles de madres y padres, incluso de buenos niveles económicos y educativos[14] se hayan dejado persuadir por tales ideas.
 
Bioética y ONGs: ¿Histerismo anti-vacunas a favor del papiloma?
 
La realidad epidemiológica es que el cáncer de cuello uterino ha aumentado en paralelo con la promiscuidad hasta causar actuales 30.000 muertes femeninas por año sobre todo en países subdesarrollados[15]: Latinoamérica tiene 70.000 nuevos casos de cáncer de cuello uterino por año, pero para 2030 está previsto que la cifra ascienda a 110.000
 
Si bien la vacunación contra este cáncer, siendo el virus de papiloma su causa más frecuente, empezó con el pie derecho con las primeras dosis, poco a poco las frustradas dosis de refuerzo revelaron un inducido conflicto social-actitudinal en contra de la vacuna y que en 15 años podrían regresar a la población al escenario de riesgo pre-vacunal, siendo Latinoamérica zona endémica de esta infección cancerígena de transmisión sexual[16].
 
El fenómeno de suspicacia partió de comentarios, que como si fuesen reacciones de paradójica histeria colectiva (la palabra histeria viene del griego hystear, que precisamente significa “útero o matriz” y que denotaba el “ahogo histérico” femenino descrito ya por Hipocrátes, Galeno o incluso Platón[17] cuando al pensarse amenazada la propia capacidad reproductiva “se le asignaba a las mujeres –este síndrome o conjunto de síntomas- cuando sufrían un problema al útero, el que le hacía entrar en caos y crisis nerviosas[18]) que pronto y en variadas épocas, como la actual, han sido evidentes en el acontecer social.
 
Causalmente, a nivel sociológico, la rumurología  o el voz a voz, por medio de los discursos paranoides sobre los “malvados laboratorios (químicos, farmacéuticos o agrícolas)” y las “nefastas transnacionales” en contra de un “nosotros-los pobrecitos”, que han hecho parte de leyendas urbanas convincentes son ahora más frecuentes. Todos parecen querer hacernos daño -aunque más nos ayuden, según la evidencia- pero la tendencia social de la irracional nueva era, con sus creencias ante-diluvianas, ha promovido el daño a la imagen de las vacunas y el obrar sanitario.
 
Sin embargo, otras estructuras sociales vigentes también han tenido peso en la problemática.

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Foto: Vacunación contra la difteria - By Russell Watkins Department for International Development, CC BY 2.0

La irresponsabilidad del Estado, traducida en el auge de las ONGs, según modelos de gobernanza, las cuales terminan por asumir excesivas cargas que no le corresponden a la sociedad civil, sin contar con el personal necesario, o carentes de bases académicas, o de una neutralidad mayor de acuerdo al matiz ideológico que las domine, ha implicado gradualmente que su perspectiva ideológicamente sesgada irradie a la estructura normativa de las naciones, por vía de cabildeo o lobby-no neutral.
 
Ejemplo de lo anterior se tiene con el caso del proyecto “Anti-vacunas obligatorias” de la legisladora argentina Paula Urroz –de formación, política y socióloga, para nada sanitaria- que pretendía que la figura “bioética” del “Consentimiento Informado” remplazara la vacunación obligatoria en infantes y jóvenes[19].
 
Entrar al juego de la negociación para el debilitamiento de los deberes sanitarios en favor de los inventados y caprichosos “derechos subjetivos”, es hacerles el juego a los que, sin reparar en evidencias analizadas con formación técnica, no se detienen a la hora de afectar aunque con buena intención la Salud Pública[20].
 
De forma semejante, ONG’s como la “asociación reconstruyendo esperanza”, “afectados por las vacunas” o varios colectivos o asociaciones antivacunas en una pléyade de países[21], con casos que por lo general exhiben sintomatología difusa y predominantemente psicogénica, como aquellas de las iniciales 15 niñas de Bolívar (pie de página 3), han gravitado en su lobby sobre la imposición del recurso bioético denominado “consentimiento informado[22] y la búsqueda de un cuantioso resarcimiento económico[23], [24], [25] teniendo por consecuencia, en la realidad, el menoscabo de la inmunidad poblacional y el incremento de riesgo infeccioso.
 
En lo referente a este “consentimiento”, podemos sintetizar que es un instrumento de la bioética con el cual el receptor de una acción o tratamiento médico debe aceptar o rechazar por medio de su firma, una maniobra sanitaria (tratamiento, toma de exámenes, vacunación etc.) habiendo recibido la mayor información posible sobre el mismo.
 
En la praxis, pocas frases o lecturas acompañan la necesidad de firma para realizar el procedimiento.
 
Este proceso además de ampliar la tramitología mundial, ser parte de la medicina defensiva (donde la relación paciente-terapeuta así parte de la desconfianza mutua inicial) y significar anti-ecológicas toneladas de papel protocolar, es un trámite que hoy en día debe cumplirse para múltiples instancias, y que en este tema, implicaba que no habría la obligatoriedad de la postura vacunal, disminuyendo en consecuencia, la llamada inmunidad de rebaño.
 
Para fijarse en elementos que han refutado la reclamación sobre las teorías anti-vacuna del HPV: http://www.lanacion.com.ar/1994837-la-vacuna-contra-el-vph-es-segura-y-eficaz . Para ver el resultado contrastante del estudio emitido por el Instituto Nacional de Salud de Colombia: http://www.elpais.com.co/colombia/ninas-del-carmen-de-bolivar-no-se-enfermaron-por-vacuna-del-papiloma-ins.html
 
Vete pensando
 
Junto con la propaganda negra en contra de los transgénicos, los movimientos anti-vacunas se han originado en estudios científicos, a la postre, probados como FALSOS[26] y que han ameritado la pérdida de licencia profesional a quienes los han producido con ansias de dinero, fama o notoriedad. Los antivacunas empezaron escudándose en que las vacunas producían autismo[27] porque había mercurio en ellas. Refutado dicho estudio, se ha culpado al aluminio (mucho más alto en los lechoides vegetales que si implican la ingesta frecuente del Aluminio, como ya lo vimos en un previo artículo[28]), o a varias otras sustancias, que de forma espuria, van inundando de paranoia una acción inmuno-profiláctica que en realidad busca y ha logrado proteger la salud poblacional.
 
El tema también evidencia que varias publicaciones científicas tienen agujeros de seguridad notables, donde incluso científicos que practican la pseudociencia (como los anteriores casos descubiertos), les cuelan estudios falsos (o pseudocientíficos) a revistas especializadas, que a su vez, personajes famosos disparan como tópico nacional -o global- a comentar, y establecen prejuicios sociales con consecuencias graves aunque traten aparentemente de ayudar[29].
 
Este año tal boquete en la seguridad de la ciencia fue nuevamente evidenciado con estudios falsos que lograron ser publicados adrede por científicos, para demostrar que no se puede creer todo lo que se ve impreso, aún en medios reputados.
 
Para cerrar, citemos que uno de ellos, publicó un estudio sobre una enfermedad inventada en la comedia “Seinfeld”[30], la “uromysitisis” en el Urology & Nephrology Open Access Journal, mientras otro parodió la jerga propia de la ideología de género en un estudio que demostraba como el pene era un “constructo social” dentro del Journal Cogent Social Sciences[31].
 
Las ideologías y los activismos por lo general obedecen a este patrón pseudo-intelectual. Como hemos podido notar, estos engaños lejos están de ser inofensivos y su daño radica en la alienación, o convencimiento a ultranza, que generan en el público, hasta el extremo de la movilización social, que causa problemas graves -en y desde- el receptor de la información.

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