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Efemérides Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales

Una aventura de 20 años
 

En el momento del cambio de milenio, 1997, la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales nace como respuesta de la Universidad del Rosario, a las necesidades nacionales de formar líderes capaces de pensar un país desde múltiples dimensiones. Un reto que ya había enfrentado con otras facultades, pero que esta vez el Rosario quiso asumir mirando de frente al quehacer político no solo como una práctica, sino también como una ciencia.
 
Aunque desde un comienzo la Facultad tenía claro su horizonte, con el paso de las generaciones y el día a día de la academia, la meta y el propósito se han venido afinando, y multiplicando en intereses, de modo que resulta prácticamente irreconocible para el planeador más minucioso de hace veinte años. No solo por las facetas que ha mostrado a lo largo del tiempo, sino por los resultados que sin duda se superan a sí mismos, constantemente.
 
En el San Francisco

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La historia comenzó en el inolvidable Palacio San Francisco. Lugar donde se formarían las primeras generaciones de politólogos e internacionalistas, quienes, en medio de un ambiente de camaradería y búsqueda incesante de nuevas propuestas académicas, le dieron un sello a la Facultad. Allí no solo se estudiaba a los clásicos, nació la revista Desafíos, se organizaban los concursos de debate en el patio Galán, se hicieron las primeras Ferias de las Colonias, siempre comandadas por la delegación caribe, sino que se jugaba pingpong, se debatía filosofía y se veía cine. Incluso, hubo polémicas muy animadas como la de las posibles consecuencias del problema Y2K, que hoy nadie recuerda, pero que en su momento cautivó la imaginación y el estrés de la humanidad.
 
El proyecto creado por el decano y fundador Eduardo Barajas Sandoval, egresado de la facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, comenzaría con un modelo pedagógico interdisciplinario, con vocación internacional y consciencia de la necesidad de formar, en la Colombia del cambio de siglo, “ciudadanos del mundo”. Así, iniciamos esta aventura con 14 estudiantes de Ciencia Política y 33 estudiantes de Relaciones Internacionales  que entrarían a formar parte de las primeras generaciones de profesionales colombianos en estas áreas.
 
La Ciencia Política se pensaba, a finales del siglo XX, como una rama de la jurisprudencia, como un apéndice de la abogacía con vocación mundana. Fue necesario dar un amplio debate al interior de la Universidad para mostrar su independencia como disciplina, tanto desde el punto de vista temático, como metodológico, y para establecer un perfil profesional. Además, con una lógica local, el proyecto buscaba entonces formar personas que actuaran, pensaran y dirigieran “de otra manera” los destinos del país y del mundo. Esa fue la apuesta a futuro. Y el futuro ya está aquí.

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Crear un programa de Relaciones Internacionales en Colombia fue parte de un proyecto innovador y ambicioso. En su momento no existía en el país un programa igual. Fuimos los primeros en crear un punto medio entre la corriente latinoamericanista, muy pegada de lo local, y aquellas otras corrientes, que miraban al Asia en auge, y que contemplaban las políticas europeas y estadounidenses como revelador referente. En ese punto se ha sabido mantener el equilibrio. Así lo atestigua el cuerpo profesoral.
 
Desde un inicio, la Facultad buscó socios en Europa y rápidamente se hicieron alianzas con Francia, en particular con los IEP de Lyon y Toulouse, y la Universidad de Bordeaux. Hoy son nuestros lugares amigos, en donde muchos de nuestros estudiantes han hecho su estancia internacional y han obtenido un grado francés de Maestría.
 
En el Santafé, y acreditados
 
A lo largo del camino hemos crecido y evolucionado, rodeados de personas, lugares  y momentos inolvidables. En el 2007, luego de 10 años de fundación, iniciamos un nuevo capítulo. Se dejó atrás, con nostalgia, el palacio San Francisco, y nos trasladamos a la sede actual, el edificio Santa Fe.
 
En este lapso hemos alcanzado logros que definitivamente nos enorgullecen. La primera acreditación de alta calidad para los programas de Ciencia Política y Gobierno y Relaciones Internacionales llegó en el año 2009, y la re-acreditación para ambos programas en el 2016. Entretanto, muchos egresados llevaban a buen fin largos caminos académicos y profesionales, en Colombia y por todo el mundo. Estos logros son apenas el resumen de miles de desvelos que se sintetizan en un sello de calidad.
 
Como siempre, estos procesos de acreditación resultan estresantes, angustiosos y reveladores. Someternos a la mirada de pares internos y externos, amigos comprensivos y jueces severos, para ofrecer a la luz pública, de manera sincera y a veces descarnada, las fortalezas y dificultades de nuestro proyecto, no siempre es una píldora fácil de digerir. En ocasiones, quedan efectos colaterales, grandes alegrías y algunos sinsabores que redundan, por lo general, en nuevos retos. De eso se trata la cadena infinita de la educación.
 
Curiosamente, las acreditaciones en Colombia solían ser de cuatro años. Sin embargo, cuando la Facultad se presentó por primera vez ante los evaluadores del CNA, resultó bendecida por seis años. Gran aliento que pasó como un suspiro, porque prontamente nos volvimos a ver envueltos en el proceso de autoevaluación con miras a la reacreditación.
 
Así, cuando de nuevo nos presentamos en el 2015 el reto era mayor. Nadie quería volver a sacar la misma calificación de cuatro años atrás, pues el orgullo y la ambición se oponían férreamente. De esa manera, se logró dar el salto a 8 años que hoy nos acompaña como sello de calidad. Esperamos que este periodo de sosiego pase más despacio que el anterior y el 2024 se demore en llegar.
 
Mirando el futuro
 
En el 2016 con el inicio de una nueva decanatura, bajo la dirección de Mónica Pachón, Doctora en Ciencia Política de la Universidad de California en San Diego, emprendimos nuevos retos en temas de extensión, investigación, internacionalización y desarrollo profesional. 
 
La apuesta sigue siendo formar verdaderos agentes de cambio, dirigentes intachables, y para ello nos renovamos a la par de las exigencias de nuestro tiempo, convencidos de que seguiremos celebrando los logros de un proyecto del cual todos hacemos parte.
 
Hoy, la mirada se ha afinado y se está haciendo un esfuerzo institucional muy grande por poner a los profesores y a los estudiantes en contacto con las nuevas tendencias. La presencia cada vez mayor de profesores con Ph.D., obtenidos en las mejores universidades del mundo, así como la rotación de docentes que hacen su estancia posdoctoral en nuestra casa, facilita ese acercamiento a lo más novedoso en las distintas áreas del saber disciplinar.
 
A la par, se hizo una reforma curricular en los tres programas. Con el concurso de toda la comunidad se pusieron a tono los programas con las nuevas demandas del entorno y se creó un escenario para que un número significativo de estudiantes accedieran al grado que venían posponiendo de semestre en semestre.
 
Así, estudiar Ciencia Política en el Rosario es pensar el país de otra manera. Es tener en la mente no solo el engranaje del Estado colombiano, sino mirar con esperanza su gente, y asumir con rigor metodológico la solución de sus problemas. Es vivir y trabajar por Colombia de manera apasionada y lúcida.
 
Estudiar Relaciones Internacionales es contemplar el mundo desde la distancia que da la geografía y la historia, y desde la cercanía que ofrecen los conceptos de las distintas teorías y las perspectivas académicas de los profesores que han estudiado los problemas y han ayudado a resolverlos. Esta mezcla de lo teórico y lo práctico ha sido una constante del empeño pedagógico desde la fundación de la Facultad, y ha demostrado su relevancia en el ejercicio profesional de los egresados.
 
Estudiar Gestión y Desarrollo Urbano no es solo pensar detenidamente en el gobierno local, en la ingeniería y la arquitectura del engranaje de las ciudades, es tener una visión de mundo deseable y sostenible, pues para eso 80% de la humanidad que está viviendo en centros urbanos – y casi toda ha cambiado su mentalidad hacia el paradigma de lo urbano- y espera un porvenir mejor para sus hijos.
 
Las principales alegrías

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Hay muchas alegrías en una historia de veinte años. La más importante, sin duda, es la graduación, cada vez mayor, de nuestros estudiantes. Aumentar el número de egresados de calidad es enviar el mensaje correcto a la sociedad en general y a las familias en particular.
 
Cada vez que un estudiante sale de nuestras aulas con su título y se toma la foto frente a Fray Cristóbal de Torres en el patio central, se está diciendo al país, a sus padres y a ellos mismos que valió la pena el esfuerzo, y que existe un compromiso serio de nuestra institución con el futuro de las nuevas generaciones. El grado no es solo una felicidad y un cartón para los protagonistas y sus allegados, lo es igualmente para el cuerpo profesoral que ve así cumplido su propósito escolar.
 
Otro momento igualmente emocionante es saber de la vida laboral de esos jóvenes que prontamente tienen algo que decir y aportar a la solución de los problemas que aquejan la nación. Y entre más alto escalan, mayor es el orgullo compartido. Nada mejor que escuchar a un empleador, expresarse en términos elogiosos de los hijos de esta casa. Cada felicitación, la recibimos con humildad y cada crítica, con el firme propósito de revisar nuestras tareas.
 
Miremos ahora algunas cifras de las tantas recabadas a lo largo del último proceso de acreditación.
 
Entre los propósitos del Programa ha estado el consolidar el esquema pedagógico, cuyos resultados fuesen ostensibles a través de la calidad de la formación de nuestros egresados y de su reconocimiento en sus lugares de trabajo. Con respecto a las competencias de nuestros egresados, el 92% de sus empleadores calificó de excelente y bueno el compromiso que tienen con los grandes propósitos nacionales. Bajo la misma escala, el 96% evaluó su responsabilidad personal, el 100% su responsabilidad social, y el 96% su alto sentido ético en la actuación profesional.

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Las competencias intelectuales de nuestros egresados también fueron evaluadas positivamente. El 96% destaca la capacidad de análisis lógico de situaciones o problemas, así como la capacidad de interpretación del entorno y el sentido de la investigación. Un 96% calificó, con el mismo parámetro, el pensamiento crítico de nuestros egresados. Por último, sobre las competencias que se trabajan en el área básica, y de manera transversal a lo largo de la carrera, el 84%, el 76% y el 76% respectivamente de los empleadores evaluaron positivamente la expresión oral, la escrita y la capacidad argumentativa de nuestros ex alumnos.
 
No se trata de abrumar con cifras, pero los números algo (o mucho) dicen.
 
Egresados de nuestras aulas, ahora son profesores en distintas universidades del país, e incluso, algunos que sirven a la Facultad con gran éxito. Varios con doctorado o en proceso de obtenerlo, en universidades de Canadá, Francia e Inglaterra, que se han especializado en temas de gobierno, cultura política global y local y nuevos métodos de investigación.
 
No obstante los cambios que ha sufrido la Facultad, apenas lógicos en estos veinte años, siempre se ha mantenido un norte académico que incluye tanto el gobierno, como la política internacional, la economía como la jurisprudencia; las teorías clásicas, con el estudio de los problemas concretos y de coyuntura; el énfasis en competencias con el rigor metodológico. Un coctel que ha todas luces ha dado sus frutos y hoy se replica a otra escala tanto en la Maestría como en el doctorado.
 
Hay que decirlo, el esfuerzo que hacen los programas por mantenerse al día en competencias académicas no sería posible sin el esfuerzo incesante de la universidad por dotar a todos los programas del soporte tecnológico, las ayudas informáticas, los recursos bibliográficos, las relaciones con el entorno, la visibilidad que potencia y un hábitat grato para dictar las clases, hacer los seminarios y fomentar las prácticas. Sin esa vocación de servicio sería imposible cualquier proyecto de calidad.
 
En resumen
 
Siempre nuevo siempre antiguo, ese es el lema que nos guía hacia nuevos rumbos. Pertenecemos a una institución tricentenaria que mira al futuro.  Y con la experiencia de 20 años de compromiso y entrega, se logró consolidar en el 2015 como la segunda mejor Facultad para Estudios Políticos e Internacionales en Colombia y la tercera en Latinoamérica según el ranking QS, uno de los más prestigiosos sistemas de medición del mundo.
 
Nuestros estudiantes conocen su disciplina. Y no importa que se hable de la Ciencia Política, las Relaciones Internacionales o la Gestión y el Desarrollo Urbano, la curiosidad que se inculca en las clases los orienta al mundo: su historia, su geografía, su complejidad, la cultura y los libros. Nuestros estudiantes están comprometidos con Colombia, y con el mundo en el que viven.

 

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Son dos décadas de historias que nos enorgullecen. Construidas sobre las sólidas bases de un proyecto representado en más de 2.000 egresados, quienes hoy están vinculados exitosamente a organizaciones públicas, privadas y del sector solidario en las regiones, el país y el mundo. Todo un universo para contar.
 
Hoy asisten a nuestros salones de clase 1.300 estudiantes de pregrado, 32 profesores de carrera académica y cerca de 81 profesores catedráticos. Todos expertos en áreas tan variadas como economía, arquitectura, sociología, filosofía, comunicación, gobierno, relaciones internacionales, ciencia política y geografía, y sigue un largo etcétera que da muestra fehaciente de nuestro compromiso con la interdisciplinariedad.
 
Lo que el decano Eduardo Barajas pensó hace veinte años -y hoy continúa la decana Mónica Pachón- es un proyecto de largo aliento que enorgullece al Rosario y al país. No nos queda duda alguna.
 

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