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Vida, salud y muerte en los cantos vallenatos

Jairo Hernán Ortega Ortega, MD

Foto: Acordeón vallenato - De Jdvillalobos - Trabajo propio, Dominio público

“Ay, el indio Manuel María
que vive en Guayacanal (bis)
ay, ese si sabe curar
con plantas desconocidas (bis)
 
Ay, cómo se dejan quitar
los médicos su clientela (bis)
de un indio que está en la sierra
y cura con vegetales (bis)”

 
Canción: El indio Manuel María. Compositor: Emiliano Zuleta Baquero. Album: Río crecido, Hermanos Zuleta

Nuestra música vallenata autóctona, clásica, se originó con y en la palabra, a través de los mensajes que, de voz a voz y canto en canto, transmitían costumbritas juglares en las antiguas provincias de Padilla (Siglo XIX) y del Magdalena Grande (Estado Soberano del Magdalena). Después esa palabra se complementó con la música, por medio de la guacharaca (indígena), la caja (africana) y el acordeón (europeo). Ya había pasado por “la acordeón de bolsillo” - la dulzaina o harmónica - y la guitarra española.

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Río Guatapurí, ee Veronidae - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

Estos cantos de juglaría eran los medios de comunicación de la época, desde las salinas de Manaure hasta las riberas del río Sinú. Los temas eran variados: la vida, la vaquería, la parranda, los amores, las razones, la política, las correrías, las fiestas, los carnavales, los guayabos,  el campo, los campesinos, las vecinas, las mujeres, la fauna, la flora, el clima, el pueblo, los caminos, los saludos, el folclor, las amistades, las enemistades, las penas, las alegrías, los carnavales, las leyendas…y por supuesto, también los sucesos del eros y del tánatos.

Así como en El indio Manuel María, tema del epígrafe, hay muchas composiciones vallenatas que mencionan la relación del hombre con la vida, la salud, la enfermedad y la muerte. Haremos un recorrido por algunos versos que son testimonio de cómo dichos temas se vivían y plasmaban en las creaciones de los poetas del vallenato.
 
También del compositor de ‘La gota fría’, Emiliano Zuleta Baquero (La jagua del Pilar, La Guajira, 11 de enero de 1912 – Valledupar, Cesar, 30 de octubre de 2005), tenemos otro tema: Las enfermeras. Allí mezcla su dolor físico con la atención en salud de su problema:
 
“Estando tranquilo allá en El Piñal
Me dio un dolor que me estaba muriendo
Pero mi hermano se vino corriendo
Y me llevaron para Valledupar
 
Me llevó pa’l hospital
A la sala de emergencias
Ahí lleno de impaciencia
Me tuve que trasladar (bis)”

 
El Piñal era su finca, en zona rural, apartada de la ciudad y con las dificultades de acceso de la época Es hermoso cómo refleja la solidaridad de sus amigos ante el desaguisado:
 
“José Yumeca que vive conmigo
Cuando me vieron con ese dolor
Fueron donde Carlos Calderón
Y le avisaron por ser mi vecino
 
Se pusieron en camino
A buscar carro en Manaure
Andrés Salas mi compadre
Quedó triste y afligido (bis)”

 
Expone en parte lo que era el sistema de salud de la época, cómo lo atendieron, la patología que presentó, los temores y las creencias religiosas:
 
“Toda la clínica de los seguros
Que se llevaron al viejo Emiliano
Y los doctores que me examinaron
Ahí llegaron todos oportunos
 
Pero estando en cirugía
Tranquilo y anestesiado
Las enfermeras me quitaron
Todo lo que tenía (bis)

 
La pendicitis que me resultó
Y yo pensando que sería otra cosa
Ahí estaba yo con el credo en la boca
Y me operaron y nada pasó”
 

Y no deja El viejo Mile, de honrar su fama de picaflor y de ponerle picaresca a su letra musical:
 
“Pero lo que siento yo
Fue que ahí me aprovecharon
Las enfermeras me quitaron
Aquello que Dios me dio (bis)
 
El doctor Vargas y el doctor Gutiérrez
Fueron los médicos que me operaron
Ellos dijeron se salva Emiliano
Yo creo que de esta quizás no se muere
 
Pero ahora tengo una pena
Es que al llegar a la casa
Ahora tenga la cachacha
Celo con las enfermeras (bis)”

 
Es inmarcesible la forma en que el maestro Rafael Calixto Escalona Martínez, el Maestro Escalona (Patillal, 26 de mayo de 1927 – Bogotá, 13 de mayo de 2009),  establece la relación entre el dolor y el amor en su tema El Mejoral:
 
“Yo creía que un Mejoral podría curarme este gran dolor
Yo creía que un Mejoral podría curarme este gran dolor
Pero qué me va a curar si es una pena de amor
Pero qué me va a curar si es una pena de amor”

 
Debemos recordar que, para la época, el Mejoral era un medicamento analgésico muy publicitado con su lema: “Mejor mejora Mejoral”. Luego Escalona, con pesimismo, achaca todo a la suerte y es apocalíptico, como los griegos, al involucrar el amor con la muerte:
 
“No me vuelvo a enamorar estoy convencido de que es mala suerte
 
Yo sé que un amor sincero puede ocasionar una muerte
Yo sé que un amor sincero puede ocasionar una muerte”
 

Creo que no se puede expresar mejor el dolor que produce una pena amor. La mejor interpretación del tema es la del legendario primer Rey Vallenato, Gilberto Alejandro Durán Díaz – Alejo Durán – (El Paso, Cesar, 9 de febrero de 1919 – Montería, Córdoba, 15 de noviembre de 1989) .
 
También las muertes traumáticas, endémicas en nuestra sociedad, son representadas en el teatro de la leyenda vallenata. Andrés Landero (Andrés Gregorio Landero Guerra) (San Jacinto, Bolívar, 4 de febrero de 1932 – Cartagena, Bolívar, 1 de marzo de 2000), considerado el mayor exponente de la música sabanera (vallenato bajo, o vallenato sabanero) de las sabanas de Bolívar, Córdoba y Sucre, nos canta en su tema La muerte de Eduardo Lora, el sufrimiento que genera una muerte accidental:
 
“La muerte de Eduardo Lora
Miren qué muerte tan negra
Salió alegre de su pueblo
Para morir en La Venera"

 
El escepticismo ante la muerte es total y además describe el mecanismo del trauma:
 
“Eso nunca lo creía
La muerte de Eduardo Lora
Ya se acabó esa memoria
En que San Jacinto tenía
 
Él se mató en un jeep
En la loma de La Venera
Lo digo porque lo vi
Tendido en la carretera”

 
Tampoco el sentimiento por la muerte del amigo se oculta:

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CajaVallenata - De Jdvillalobos - Trabajo propio, Dominio público

“Eduardo Lora no ha muerto
Vive en nuestros corazones
Como era buen cantador
Es que Landero lo llora”

 
Es posible que al accidente se haya sumado el licor, como sucede en la gran mayoría de muertes en accidente de tránsito que ocurren en nuestro país. Lo intuyo por lo que escribe Landero en el verso final de la canción:
 
“Eso nadie lo creía
La muerte de ese muchacho
Recuerdo que me decía
Sabroso es morir borracho”

 
Andrés Landero participó en cinco oportunidades en el Festival de la Leyenda Vallenata logrando dos segundos lugares y dos terceros lugares. Su primer conjunto lo integró con Eduardo Lora como cantante, Carlos Caro, en la guacharaca y José Tobías en la caja. Los viajes empezaron y Landero realizó giras a Venezuela, Panamá, República Dominicana y México. En este país, fue declarado «Rey de la Cumbia».
 
La muerte, como en las tragedias griegas, enmarca muchos de los cantos vallenatos, donde en verdad uno siente que el acordeón llora (hay quienes prefieren decir la acordeón, porque lo consideran un instrumento femenino). Qué decir de este lamento:
 
“No voy a Patillal
Porque me mata la tristeza
Al ver que en ese pueblo
Fue donde murió un  amigo mío”


No voy a Patillal, tema del compositor Armando Darío Zabaleta (El Molino, La Guajira, 21 de febrero de 1927 – Barranquilla, Atlántico, 8 de junio de 2010) e interpretado por la poderosa voz de El Jilguero de América, Jorge Oñate, con el conjunto de Los Hermanos López en el álbum El Cantor de Fonseca, expresa el sentimiento profundo que deja la partida de un amigo:
 
“Si algún día llego a ir
Sé que me regreso enseguida
Porque me da tristeza
Apenas yo empiece a recordarlo
 
Porque yo sé muy bien
Que en su tierra querida
Ha dejado un vacío
Que no hay cómo llenarlo”

 
Y como en Shakespeare, la premonición de la fatalidad también se demuestra y se cumple:
 
“Me gusta Patillal
Porque allá me quieren bastante
Y cada vez que voy
Yo me vengo muy agradecido
Pero volver allá
Ahora a mí no me nace
Desde que se murió ese amigo mío (bis)
 

Cuando escucho el paseo
De Los Tiempos de la Cometa
Me imagino que estaba
Presintiendo su despedida
 
Porque es verdad que el tiempo
Que se va no regresa
Sólo queda el recuerdo
De las cosas queridas”

 
 
Pero es quizás Juan Manuel Polo Cervantes, más conocido como Juancho Polo Valencia (Cerro de San Antonio / Candelaria, Magdalena, 18 de septiembre de 1918 – Fundación, Magdalena, 22 de julio de 198), quien mejor canta su lamento e impotencia, ante Dios, ante la muerte y ante los hombres, cuando dejó de existir el ser que su corazón amaba, en el son Alicia Adorada:
 
“Como Dios en la tierra no tiene amigos
Como no tiene amigos anda en el aire (bis)
Tanto le pido y le pido ¡ay hombe!
Y siempre me manda mis males
 
Se murió mi compañera qué tristeza
Alicia mi compañera qué dolor
Alicia mi compañera qué tristeza (bis)
Y solamente a Valencia, ¡ay hombe!
El guayabo le dejó (bis)”

 
No admite su partida, ni siquiera en las vivencias de las parrandas:
“Pobre mi Alicia, Alicia adorada
Yo te recuerdo en todas mis parrandas
Pobre mi Alicia, Alicia querida
Yo te recordaré toda la vida”

 
Cuenta la leyenda que Alicia, la mujer de Juancho Polo, había enfermado en el pueblo de Flores de María, donde residían. El juglar decide ir a la ciudad a buscarle unas medicinas; estando en esas se emparrandó lo cual hizo que demorara su regreso. La historia dice que Alicia María Hernández Páez, su esposa, murió de parto. Al volver, lo esperaba la fatalidad del destino:
 
“Allá en Flores de María
Donde to’el mundo me quiere (bis)
Yo reparo en las mujeres
Y no veo a Alicia la mía (bis)
 
Donde to’el mundo me quiere
Alicia murió solita (bis)
Donde quiera que uno muere ¡ay hombe!
Toa’ las tierras son benditas (bis)

 
Los anteriores versos de la Alicia Adorada del iletrado maestro Juancho Polo Valencia, son los que más se escuchan y están grabados en las producciones musicales, sin embargo, en ese lamento de reclamo a Dios, el verso que considero más hermoso  no se grabó en las ediciones comerciales; en él se plasma lo que era la filosofía de la vida y de la muerte de este juglar. Es el siguiente y lo considero digno de terminar esta historia:
 
“Y cuando ya el alma se acaba
Se despide de este mundo
Y en aquel sueño profundo
La vida se vuelve nada”


 

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