Vol 3 Ed 31 » Cultura » A veinte años de la primera edición de la Marca de España

A veinte años de la primera edición de la Marca de España

Álvaro Pablo Ortiz*

Foto: La Marca de España de Enrique Serrano

Hay llamadas de llamadas: unas indeseables, otras anónimas  y amedrentadoras, otras antecedidas por la irrefrenable ansiedad de presentir que es el ser amado el que las hace, otras son el resultado de otra equivocación, otro era el destinatario, las hay rutinarias, nimias, y por nimias, plenas de ambigüedades y simplificaciones. Otras por el contrario sumergen a sus interlocutores por vía telefónica en una fiesta verbal interminable ¿Pero qué decir de ese otro tipo de llamadas que se producen o bien avanzada la noche o en parecidos e inusuales horarios? la respuesta no se hace esperar: terror. Terror a lo que no puede ser distinto a una tragedia, a una pérdida irreparable, y sí, también a un suicidio.

Algo parecido le sucedió a Enrique Serrano, cuando a las cinco en punto de la mañana del 9 de diciembre de 1996, el teléfono de su residencia no cesaba de sonar. Una llamada de estas características suscitó en Enrique antes de tomar la determinación de contestar el auricular tantas hipótesis como preguntas imposibles. Al responder entre asustado, perplejo y extrañado a un mismo tiempo, escuchó el otro lado de la línea que una persona de incontrastable acento ibérico le anunciaba, que había "sido el ganador del máximo premio de concurso de cuentos Juan Rulfo de 1996, organizado por radio Francia Internacional”. Enrique, ya no asustado, sino perplejo y profundamente contrariado, colgó con rabia el teléfono. Una tomadura de pelo a las cinco de la mañana, pensaba para sus adentros, es una desfachatez ¡Pero oh insoportable persistencia! el teléfono volvió a repicar. La misma voz, en tono más recio le dijo a Enrique: "Le repito y por favor no me vaya a colgar que en esta edición del concurso Juan Rulfo, en el que participaron más de seis mil cuentos enviados por autores de cuarenta y ocho países, usted resultó ganador”.

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Foto: Enrique Serrano Escritor, De Olórin33 - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0

“La claridad de su prosa, la capacidad reflexiva, unida a la fuerza narrativa y a la pulcritud en el manejo del lenguaje fueron las notas predominantes que jugaron a su favor frente al veredicto del jurado que estuvo integrado por Mercedes Iturbe, Alexis Márquez, Augusto Monterroso, Julio Ortega, Fernando del Paso, Juan Manuel Roca, Emilio Sánchez Ortiz, Aline Schulman y por quién le habla José Manuel Caballero Bonald" . El último de los nombrados, Caballero Bonald , había residido largos años en Colombia, en donde en virtud de sus altas dotes literarias y poéticas se vinculó a la revista Mito, de la que sin necesidad de acudir a calificativos grandilocuentes, se puede afirmar que es la publicación cultural más importante, audaz, retadora e innovadora del siglo XX en nuestro medio. La nómina nacional e internacional que se apropió de sus páginas, asi lo atestigua: Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus, Hernando Valencia Goelkel, Pedro Gómez Valderrama, Rafael Gutiérrez Girardot, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Luis Cardoza y Aragón, Mariano Picón-Salas, entre otros. La revista Mito, en efecto, solo admite parangón con la revista Sur que por largos años auspició la Argentina Victoria Ocampo; una mujer como bendecida por los dioses en inteligencia, talento literario y sentido cosmopolita. Hace pocos días estuvimos en la que fue su casa quinta y en la que parece que el tiempo noble y amablemente se hubiese detenido. En esa mansión -que hoy forma parte del patrimonio cultural de Buenos Aires- pasaron largas temporadas José Ortega y Gasset, Rabindranath Tagore, Pierre Drieu La Rochelle, Albert Camus, Jorge Luis Borges, aparte de su propia hermana Silvina, escritora de vuelo casada con el también escritor Bioy Casares, el más entrañable de los amigos de Borges.

Pero retornemos a La Marca de España, título con el que Enrique Serrano agrupó los más de quince relatos contenidos en el texto, cuya primera edición que sus más devotos lectores están celebrando, irrumpió con singular fuerza en el dominio público en marzo de 1997. A medida que el texto tomaba vida propia, la inteligencia nacional de ese momento, se pronunciaba con generosidad sobre el joven escritor. Tal fue el tono que le imprimieron a sus comentarios Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y Alfonso López Michelsen. Los tres se unieron como si se tratara de una convocatoria de profecías: en este caso, la de augurar que el destino manifiesto de Enrique Serrano era el de escribir. Sin el cumplimiento de esa meta suprema, largamente trazada, podría pensarse en una traición a sí mismo, ceremonia destructora que por fortuna, nunca sucederá.

Pero dejemos que sea el propio Enrique el que se manifieste sobre el noble oficio de escribir: "La vanidad es el peor de los enemigos que asedian el alma del hombre. Pero lo importante en mi caso es no cesar, convertir la literatura en una disciplina permanente, en donde no quepa el desánimo, lo mismo que la bohemia desenfrenada es la muerte del talento, del arte y de la capacidad expresiva es el más formidable enemigo del artista. Que lo diga Hemingway, que lo diga Truman Capote, que lo diga en fin, Antonin Artaud. Mas que el problema de la fama, las razones comerciales o la exacerbación del ego, yo busco una suerte de grandeza interior. A través de la literatura pretendo visibilizar -y por qué no decirlo con valentía moral y decencia mental- los problemas que verdaderamente me preocupan y que frente a los cuales me juego toda la integridad de mi ser. Es decir, los problemas universales, el problema de la muerte, del sufrimiento, el problema de la insignificancia, y el más duro, espinoso y difícil: el conócete a ti mismo.

En relación con España -y pienso sobre todo, en mis relatos sobre la muerte, sobre el magistral y justificado suicidio de Séneca- que esencialmente somos Hispánicos, aunque los partidarios de Fray Bartolomé de las Casas o de Eduardo Galeano piensen lo contrario. Digan lo que digan estos y otros detractores, nosotros los que vivimos en español, creemos que España es una sola y que los españoles han sido siempre los mismos.

Así, al menos, se ha hecho creer por las calles y por las academias; pero España es múltiple y sus mil caras nos son casi desconocidas e ignoramos también que somos algunas de esas caras. Llevamos la marca de España y no es la menos honda de las marcas" (Ortiz, A.P. 1999: 16). Veinte años han trascurrido pues, de la aparición de este texto admirable, en donde ni la aspereza, la procacidad, la ramplonería y la fealdad tienen espacio. Otros han sido los cuarteles generales de Enrique Serrano. Tal y como ha podido advertirse, uno puede ser antes y después de una llamada hecha a las cinco de la mañana.    

*Álvaro Pablo Ortiz, investigador principal de la Unidad de Patrimonio Cultural e Histórico de la Universidad del Rosario.   
                                                         
BIBLIOGRAFÍA      
                         
                                                                         
Ortiz, A.P, 1999 : 8 - 17  en  Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario volumen  92, número 584 julio - septiembre de 1999, Bogotá, Colombia p.16.    

Valencia Jurado F. Mito 50 años después (1955 - 2005), Universidad Nacional de Colombia.  
 
Serrano. E. La Marca de España, Editorial Seix Barral 1997. 
 

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