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El trabajo y su relación con el bienestar individual y colectivo
En este punto, la investigación muestra la complejidad del concepto “trabajo”, así como sus implicaciones explícitas (accidente de trabajo, enfermedad profesional) e implícitas (costo psicológico, violencia en el trabajo) para la salud de los trabajadores. Comprender la compleja relación trabajo-salud, permite pensar en el desarrollo de políticas y estrategias para alcanzar un estado de bienestar individual y colectivo óptimo en el trabajo.  

Sin embargo, se observa que hoy en día la conservación de la salud en el trabajo se asocia a la capacidad del sujeto para resistir todo tipo de presiones. Algunas observaciones parecen evidenciarlo: las ONG´s de derechos humanos denuncian condiciones de exclusión, de acoso y de trabajo inhumano en las maquilas (fábricas destinadas a la producción en serie de productos para la exportación), con jornadas de trabajo superiores a doce horas. También se conocen denuncias del sector de comercialización de productos, donde se obliga a las cajeras de supermercado a usar pañales desechables, con el objeto de evitar que abandonen sus puestos de trabajo, y se prohíbe el uso de sanitarios en horas laborales.

Y aunque parezca sorprendente, en el sector de servicios médicos se ve una progresión de las formas de estrés asociadas a la tensión crónica, que afecta a quienes se encuentran en una situación de exigencia continua o de sobrecarga permanente de trabajo. Esto es evidente para los médicos en el nuevo marco legal y económico del sector salud, quienes deben realizar consultas de 15 minutos durante seis u ocho horas continuas, con pocas posibilidades de tomar pausas.

Al estudiar la dinámica laboral de un call center asombra la capacidad de las operarias para permanecer ocho horas sentadas frente a una pantalla de computador en espacios cercanos al metro cuadrado, respondiendo un alto número de solicitudes y resolviendo las inquietudes de los clientes.

En medio de este panorama, adoptado como normal por las necesidades de competitividad de las organizaciones, se encuentra que hay un espacio para la autonomía, pues de alguna manera el trabajador regula estas variables, de tal forma que logra conservar su salud. “Encontramos que cada trabajador emplea a fondo su experiencia, no sólo para cumplir con su labor, sino para desarrollar estrategias de autoprotección que minimizan el efecto negativo de las condiciones en las cuales se desempeña”, explicó Juan Alberto Castillo, coordinador del GiSYT.   

En efecto, esta capacidad de regulación muestra la habilidad que tienen los empleados para gestionar y transformar los conocimientos adquiridos y así darles nuevos usos que, a su vez, generan nuevos conocimientos (Ver gráfica 1). En un estudio desarrollado con trabajadores de la industria del acero, se encontró que éstos usan de manera creativa las reglas de seguridad, las transforman y las adaptan de acuerdo con las exigencias productivas. A estas reglas le agregan la experiencia y el conocimiento que la tecnología les proporciona, lo que les permite desempeñarse en condiciones térmicas extremas y conservar su seguridad, minimizando la exposición a los peligros y velando por la seguridad colectiva.

Gráfica 1

Paradójicamente estos comportamientos son percibidos, en la concepción tradicional de la seguridad, como violaciones a la norma. Indudablemente, no se trata de promover el uso de la propia interpretación de las reglas de seguridad, sino de integrar esas prácticas de “autoprotección” a unas reglas más reales y adaptadas a las circunstancias de trabajo (Ver gráfica 2).


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