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Lineamientos para legislar sobre la flora medicinal
Como una “obligación ética” fue calificada por los investigadores la necesidad de garantizar la permanencia de las plantas medicinales en sus lugares de origen, producto de millones de años de incesante evolución. Éste es el primero de los cinco pilares que componen la propuesta de la Universidad del Rosario para reglamentar la flora medicinal colombiana.

En segundo lugar, ha de ser una incuestionable exigencia ética el cuidado y la protección de los contextos tradicionales del conocimiento y el uso milenario de la flora medicinal.

Por otra parte, es probable que una propuesta de reglamentación se extienda solamente hasta la conservación de la flora medicinal, como recurso biológico o genético, sin embargo, es indispensable extender el ámbito de la regulación hasta el uso terapéutico de la flora.

También, el grupo de investigación advierte que se requiere hacer una exploración permanente de las consecuencias, positivas o negativas, de la botánica médica en escenarios científicos occidentales, alternativos y tradicionales.

Por último, se considera imperativo definir institucionalmente los lineamientos de investigación, educación y divulgación que permitan ofrecer una adecuada orientación a la población sobre los beneficios de las plantas medicinales.

1. Garantizar la permanencia de las plantas medicinales en sus lugares de origen

En la mayoría de las normas y políticas internacionales se asimila la noción de "‘planta medicinal" con la de "‘recurso". Esta perspectiva supone un enfoque particular de abordar el tema de la flora medicinal, ya que todo recurso es objeto de uso o intercambio, y está marcado por su escasez, en tanto que satisface necesidades.

El enfoque que propone el grupo de investigación, sin embargo, antepone el criterio ético al de desarrollo económico. Parte de la base de que la valoración económica de la utilización de recursos escasos debe ponderarse en su justa medida, de manera que quede supeditada a la conservación y uso sostenible.

Por esta razón, es necesario considerar que las plantas medicinales forman parte de un sistema integral de subsistencia y perpetuación de la vida y, como tal, su valor no puede ser cuantificado.

Además, la planta no puede considerarse sólo un recurso objeto de explotación, sino que constituye un elemento vivo de la ecología, de la cultura y de la salud de los pueblos cuya pervivencia debe asegurarse. El abastecimiento suficiente a las futuras generaciones, es una cuestión fundamental que afecta el bienestar de los pueblos y el desarrollo económico del mundo entero.

2. Proteger los contextos tradicionales del conocimiento

Cuando una planta desaparece de la memoria colectiva de un pueblo, cuando cesa el uso de ésta como nutrimento o como medicina, cuando ya no se reconocen ni se trasmiten los conocimientos médicos tradicionales relacionados con una especie vegetal, se asiste a la desaparición de un recurso para la vida del hombre y, posiblemente, para el mundo biológico.

Para evitarlo, es necesario garantizar el uso de la flora medicinal de manera que los pueblos mantengan sus raíces históricas, conmemoren las manifestaciones pasadas, presentes y futuras de sus culturas y construyan mecanismos eficaces que les permitan participar y beneficiarse de los logros y avances del progreso y desarrollo vital de las demás culturas.

Por ello, los investigadores consideran que es principio fundamental el respeto a la diversidad cultural y el principio de protección del conocimiento tradicional y de salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial(...)

3. Extender el ámbito de regulación hasta el uso terapéutico

El uso terapéutico de la flora involucra, en primer lugar, una o varias plantas enteras o sus partes (raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas), en segundo lugar, la transformación de la planta medicinal en productos naturales que contienen o son derivados de plantas o partes de éstas, en tercer lugar, la extracción de un principio activo o sustancias activas como metabolitos y minerales (macro y oligoelementos).

Colombia no ha acogido aún en su normatividad interna las recomendaciones de la OMS sobre buenas prácticas agrícolas y de recolección. De ahí, que no están garantizadas para el usuario final, la inocuidad, calidad, y eficacia del material vegetal medicinal que usa de manera directa o como materia prima para la manufactura de medicamentos y de productos herbarios.

La Coordinación de Medicina Tradicional del Departamento de Medicamentos Esenciales y Política Farmacéutica de la OMS, asegura que en las dos últimas décadas ha aumentado en todo el mundo el uso de medicamentos tradicionales, particularmente, de medicamentos herbarios. Sin embargo, también se ha incrementado el número de informes acerca de pacientes que han sufrido efectos perjudiciales para la salud ocasionados por el uso de estos medicamentos.

Los estudios han revelado que una de las principales causas de los acontecimientos adversos notificados, está directamente relacionada con la existencia de medicamentos herbarios de mala calidad, incluidas las materias primas vegetales medicinales. Lo cual demuestra que no se ha prestado suficiente atención a la garantía y control de la calidad de los medicamentos herbarios(...).

Adicionalmente, existen vacíos legales que comprometen también la seguridad, la eficacia y la calidad respecto del uso de la flora con fines terapéuticos. Las normas, por ejemplo, no tienen en cuenta que en el extremo opuesto de los productos homeopáticos y las esencias florales, las preparaciones farmacéuticas con base en recursos naturales (extractos, jarabes, tabletas, ungüentos, tinturas y aceites esenciales) cuentan con uno o más principios activos reconocidos.

De igual manera, el lugar de expendio público, particularmente para plantas frescas o secas, no es usualmente un espacio que cumpla con las condiciones sanitarias adecuadas, ni tampoco donde se identifique claramente que aquello solicitado es lo que realmente se adquiere.

En este sentido, los investigadores aseguran que es necesario atender los lineamientos de política internacional que han marcado un horizonte para el desarrollo legislativo, que los países están en obligación de revisar y discutir, como un primer paso pasa su incorporación.

4. Explorar las consecuencias de la botánica médica en escenarios científicos occidentales, alternativos y tradicionales

El conocimiento asociado, que supone diversas epistemologías vinculadas con la flora medicinal, no sólo se refiere al conocimiento occidental y al tradicional (originario, aborigen o indígena), sino también a los conocimientos derivados del mestizaje del conocimiento tradicional milenario, al denominado conocimiento popular y a las teorías derivadas de la medicina alternativa y complementaria.

Sin embargo, no es lo mismo referirse a un conocimiento científico occidental, que involucra ciencias como la botánica, la fitoquímica y la farmacología (*), que al conocimiento derivado de teorías homeopáticas y alternativas. En el mismo sentido, hay una gran diferencia entre el conocimiento popular o mestizo y los saberes de sistemas de conocimiento tradicional.

Si bien las normativas y las políticas revisadas en diferentes estudios no se refieren a tal distinción, es precisamente ésta la que permitirá aclarar ámbitos de control, manejo y encuentro de esas diversas epistemologías de las que resulta un uso terapéutico particular de la flora medicinal.

Por tanto, es necesario proponer un diálogo de “saberes” entre la medicina tradicional y la medicina occidental, y reconocer la diversidad epistemológica que la flora medicinal convoca a su alrededor, agregan los investigadores.

5. Definir lineamientos de investigación, educación y divulgación de las plantas medicinales

Para la Universidad del Rosario, resulta fundamental ampliar las bases de una opinión pública bien informada y fomentar la construcción de estrategias, programas y mecanismos de comunicación y divulgación en relación con la flora medicinal.

En este sentido, los jardines de plantas medicinales constituyen una iniciativa interesante y eficaz que puede favorecer la distribución de semillas y de material de propagación. De la misma forma, es necesario ofrecer conferencias al público, adelantar campañas educativas y promover visitas a las áreas protegidas en el país.

Como medida complementaria, aunque igualmente importante, la OMS recomienda que cada país tenga un herbario nacional que facilite la identificación de las plantas medicinales silvestres que se encuentren amenazadas, con el fin de asignarles un lugar prioritario en los programas de conservación, determinando su distribución y evaluando su abundancia.

Se recomienda también la organización de una biblioteca botánica que permita identificar y almacenar de manera adecuada el material vegetal procedente de todo el país.

Todo ello debe estar unido y planificado en el marco de un Programa Nacional de Flora Medicinal que promueva el desarrollo organizado y permanente de esfuerzos y acciones en relación con el tema.

 


(*)Organización Mundial de la Salud. Directrices sobre buenas prácticas agrícolas y de recolección de plantas medicinales. [Prólogo], Ginebra, 2003.  
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