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El vector y la transmisión de la enfermedad
Existen dos formas de transmisión de la enfermedad: una selvática y otra urbana. La fiebre amarilla selvática cuenta con diferentes especies de primates como reservorios (Aotus trivirgatus y Alouatta seniculus) que cuando están infectados con el virus lo transmiten a un individuo sano (hombre o mico).

El Aedes aegypti,  es una especie de mosquito que llegó a América viajando a través del Océano Atlántico dentro de los barcos que utilizaron los españoles para el comercio de negros africanos. Ciento veinticinco años más tarde, se adaptó al medio ambiente y se convirtió  en “el mosquito de la fiebre amarilla urbana” por ser el responsable de la transmisión urbana de la enfermedad.

Cuando el mosquito Aedes aegypti pica e ingiere la sangre de esos reservorios infectados (hombre, mico), se inicia un período de incubación que dura entre 8 y 12 días –dependiendo de la temperatura– durante los cuales el virus se multiplica en su pared gástrica y en sus glándulas salivares; a partir de este momento, el mosquito durante toda su vida (6-8 semanas) puede continuar transmitiendo el virus a su propia descendencia y por picadura a los humanos, dando lugar al ciclo urbano de la enfermedad (Barret, 1977) (*).

Existe una forma selvática de la enfermedad transmitida por otros mosquitos (Haemagogus janimomys, Sabettes), que viven en las copas de los árboles desde donde mantienen el ciclo con los primates que allí habitan (mico aullador o mono cotudo y marta); sin embargo, esos mosquitos pueden infectar a los humanos que han llegado hasta esos lugares selváticos, como desplazados o colonos, y talan los árboles que constituyen el nicho inicial del mosquito (Rodríguez, 2003) (**).

Si una persona ha adquirido el virus en esa forma, una vez se desplaza a las zonas urbanas, puede ser picado por el Aedes aegypti e iniciar precisamente el ciclo urbano de la enfermedad que en un momento dado puede dar lugar a una epidemia.

La presencia del mosquito por debajo de los 1.800 metros sobre el nivel del mar en las regiones subtropicales, principalmente en América, hace que la urbanización de la fiebre amarilla represente un peligro latente que podría convertirse en un problema grave de salud pública, máxime, si no se cuenta con una reserva suficiente de vacuna y con unos programas rigurosos de vigilancia y control, como puede ser el caso en varios países con las condiciones geográficas mencionadas.



(*)Barret, Alan D. T. (1997). Yellow Fever Vaccines. Biologicals. 25: 17-25.
(**)Gerzaín Rodríguez, Martha Velandia, Jorge Boshel. 2003. Fiebre amarilla, la enfermedad y su control. Publicación del Instituto Nacional de Salud. ISBN 958-13-0131-3.
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