Según cifras
del Ministerio de Relaciones Exteriores, fuera de Colombia
viven cinco millones de colombianos - que equivalen casi
a la población total de Bogotá - en condiciones
de desprotección
frente a la legislación nacional e internacional.
Los migrantes colombianos, legales e ilegales, trabajan hasta 18 horas diarias, velan por sus familias y envían para ellas remesas que oscilan entre 200 y 300 dólares mensuales, que sumadas superan los ingresos por concepto de petróleo de un año.
La
decisión de salir del país que en su momento
tomaron estos ciudadanos, ahora distantes de la tierra y de
políticas públicas orientadas a proteger sus
derechos como población desplazada, está basada
en razones económicas, sociales y políticas.
La migración de colombianos al exterior es otra expresión trágica de la violencia interna colombiana, la misma que ha motivado la huida de la población rural a los grandes núcleos
urbanos y que afecta a los habitantes de las zonas de frontera .
Conscientes de esta
realidad, y a través del proyecto Mecanismos jurídicos
e institucionales de garantía de los derechos humanos
de la población desplazada en Colombia, un grupo
de investigadores de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad
del Rosario estudió el tema sobre
los migrantes colombianos legales e ilegales .
La investigación, concluida en 2006, les permitió identificar los factores que han incidido para que un porcentaje de los habitantes haya abandonado su territorio, entre los cuales figuran el conflicto armado, el narcotráfico, la apropiación de tierras y los desastres naturales.
Sin embargo, hasta
el momento, el Estado colombiano sólo considera como
desplazado a quien por algún motivo es obligado a migrar
dentro del territorio nacional, y no tiene en cuenta la cantidad
de personas que por las razones mencionadas debe
desplazarse fuera del territorio nacional.
El Estado tampoco reconoce
la relación entre los problemas económicos, la
falta de empleo y de oportunidades y la desigualdad social
como fuente de desplazamiento de personas. En consecuencia,
no existen políticas serias que ayuden al desplazado
en el exterior, pese a que esta cifra equivale a cerca de
la mitad de los desarraigados internos y genera una grave fuga
de capital humano.
La poca atención
que presta el Estado está orientada hacia el migrante
legal o hacia el irregular que tiene, por lo menos, para pagar
un pasaje a España o Estados Unidos.
|