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Arte + Ciencia = Física

Por: Manuel Guzmán-Hennessey

*Jorge_Wagensberg, De Kippelboy - Trabajo propio, CC BY 3.0

Por una columna de opinión, de Antonio Albiñana, me entero de la publicación de un libro que aún no llega a nuestras librerías: “Solo tenemos un planeta” (2017). Sus autores Jorge Wagensberg y Joan Martínez Allier conversan sobre las razones que pudo haber tenido la civilización actual para amenazar a la vida de esta manera. Y se preguntan (según anota la reseña de Icaria editorial): ¿Por qué está unida la economía a la idea del crecimiento? ¿Por qué, si el planeta es finito, la economía industrial y la sociedad de consumo en vez de imitar las estrategias y tácticas de la naturaleza y hacer un uso eficiente de la energía, incumplen totalmente las leyes de la física? Rethinking Economics, a su vez (2017) se plantea: "El crecimiento es una opción tanto política como económica. Si optamos por buscar el "crecimiento", debemos preguntarnos: "crecimiento de qué, por qué, para quién, durante cuánto tiempo y cuánto es suficiente". Pero no es de economía que quiero hablar aquí.

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Joan_Martinez_Alier, De Txolo - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

La circunstancia de no encontrar el libro me remitió a mis recuerdos de Wagensberg. Y como quiera que he tomado atenta nota sobre su no curiosa evolución desde la física hasta la ecología, o más bien: desde la vieja física hacia esa nueva forma de la física que es el análisis de la biosfera intervenida por la civilización actual, me he preguntado por una nueva ecuación, que quizá explique mejor que la evolución de las físicas, el momento que hoy vivimos. La ecuación arte+ciencia=física. Quizá convendría poner física entre comillas, pues no se trata de la física clásica, ni tampoco de la evolución de esta: la física de partículas, también llamada “la nueva física”. Se trata de una “física” que entreveo y que tendrá que ocuparse, quizá más allá del 2050, de una biosfera a punto del colapso: el antropoceno. Pues bien, esta nueva ciencia devendrá (lo puedo intuir) más desde el arte que de la ciencia, más desde la humanidad que de la física.

Por eso alegró mi día haberme encontrado a Wagensberg en estas lides del cambio climático. Eso renueva mi esperanza en la salvación de la vida y me permite ¡cómo no! trabajar con más ahínco, acompañado ahora de tan atildado colega.

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Libro Solo Tenemos un Planeta

Trataré de explicar mejor esta ecuación, tomando para ello la evolución conceptual que descubre Jorge Wagensberg, viniendo de su teoría de los procesos irreversibles hasta su libro sobre la crisis climática que vivimos, pasando (quiero decir, evolucionando) por “Si la naturaleza es la respuesta cuál es la pregunta” (2002), “La rebelión de las formas” (2004) “El pensador intruso” (2014), “El gozo intelectual” (2015) y “Teoría de la creatividad” (2017).

Lo conocí una mañana de primavera, en Figueres. Era el año de 2004 y yo había ido a la ciudada natal de Salvador Dalí, a celebrar, como muchos, sus primeros cien años. Era el organizador del encuentro “Dalí, nuevas fronteras de la ciencia, el arte y el pensamiento” que se iba a celebrar, en conmemoración de otro “Proceso al azar” llevado a cabo diecinueve años atrás, en la primavera de 1985, con asistencia remota del propio Dalí, quien no solo recibió la transmisión del encuentro por ‘teleconferencia’ sino que recibió luego la visita de René Thom y de Ilya Prigogine. Pues bien, la evolución de aquellos encuentros únicos, intento secular por unir ciencia y arte, refleja también que en la ecuación arte+ciencia=física, quizá pueda estar la clave para desentrañar lo que debemos hacer, como civilización y como cultura, y salvar la vida.

Lo que deliberaron P.T. Landsberg, G. Ludwig, R. Thom, E. Schatzman, R. Margalef, e Ilya Prigogine, en el Teatro museo Dalí de Figueres, abarcó temas sobre la presencia del azar en la ciencia. La pregunta motivadora fue: ¿Es el azar un producto de nuestra ignorancia o un derecho intrínseco de la naturaleza?. Y el propio Salvador Dalí, dijo en aquella ocasión: “Considerad que el propio Leibniz quiso continuar el arte combinatorio de Raimon Llul, pero aquellas ruedas combinatorias funcionaban gracias a un hilo rojo que las atravesaba por el centro, y que estaba cosido al pergamino… y esas ruedas, por la noche, continuaban combinándose durante el sueño, como las ruedas del fuego ardiente, tal y como quería Heráclito el obscuro”. El propio Wagensberg escribiría: “Las cosas, sencillamente, ocurren”. Y agregó que él estaba convencido que Dalí tenía intuiciones genuinas sobre el reencuentro entre la ciencia y el arte, escindido desde el racionalismo. Esas intuiciones genuinas de Dalí (recuérdese su “método paranoico crítico compuesto de innumerables asociaciones delirantes”) le permitían llegar, por otros caminos, a las verdades de la ciencia, por eso se decía que muchos de sus contemporáneos científicos entendían mejor sus pinturas que sus contemporáneos pintores.

Wagensberg realizó la lección inaugural del encuentro de 2004, con el título Inteligibilidad y belleza. Allí anotó que solo los malos científicos se explican con complejidad, pues "La verdad científica es la más sencilla".

El profesor Peter Theodorus Landsberg (Berlín, 1922) fue el único de los grandes científicos que pudo repetir su presencia en Figueres. ¿Y de qué habló? De convertir células solares en radiación y electricidad. Landsberg aseguró que los cuadros de Dalí le resultaban muy estimulantes. Y explicó que en uno de sus libros utilizó una imagen dual en la que pueden verse una mujer joven y una vieja, para simbolizar el hecho de que la luz puede definirse también como partículas o como ondas. Las discusiones en torno a las imágenes equívocas centraron parte del debate. Y entonces muchos recordaron a Dalí: cisnes que reflejan elefantes (1937).

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Sobre esto habló largamente el neurólogo Semir Zeki, quien se refirió a la ambigüedad por parte de los artistas, y dijo que los cuadros de Dalí, connotados de diversos sentidos, le habían sido de mucha utilidad. También estuvo Ignacio Gómez de Liaño, profesor de Estética de la Universidad Complutense, quien recordó que Dalí se interesó en sus investigaciones cuando le dijo que el teatro museo de Figueres le parecía un "artefacto nemónico". Anotó que mientras el arte busca el goce, la ciencia busca el conocimiento, pero ambas disciplinas tienen como materia prima la imaginación. Y en aquellas memorables jornadas de la primavera de 2004, se proyectaron el documental Proceso al azar, de Gonzalo Herralde, sobre el encuentro de 1985, y el filme Dimensión Dalí, de Joan Úbeda, Eli Pons y Susi Marqués.

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¿Y qué escriben Martínez Allier y Jorge Wagensberg sobre la crisis planetaria que hoy vivimos? Escriben que el poderoso león del Atlas (individuo al que se refiere la ciencia con el nombre compuesto de Panthera leo leo) se extinguió. Algunos sostienen que ya no existe ninguno, ni siquiera en los zoos, pues los pocos que hay allí, son más bien mezclas de leones del Atlas con otras sub especies. Gozques de grandes leones. Nada. Perros lánguidos. ¿Puede haber, me pregunto, más triste condición que la de haber devenido en ser ¡válame Dios! Gozque del rey de los reyes?

 

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