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Desideologizar y despolitizar la educación, la justicia y la prensa: urgencias éticas ante el naufragio global

Ricardo Andrés Roa-Castellanos. MSc-PhD.

PRESENTACIÓN
 
¿Identifica usted quienes son los personajes de la fila superior en la Figura 1 y sin embargo no reconoce a ninguno de la fila de abajo? Esto para empezar puede sugerirnos que nuestra educación ha tenido un inerte sesgo, casi adoctrinador.
 

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Figura 1. Mosaico de líderes ideológicos para la academia mundial en el campo de las Ciencias Sociales

Antes de proseguir, digamos que los individuos de la primera fila son los afamados iconos de la izquierda política: Che Guevara, el socio-comunista italiano Antonio Gramsci y Karl Marx, los cuales son frecuentemente vistos en instituciones educativas públicas aunque también en las privadas, sobre todo dentro de los países en vías de desarrollo, si se compara con naciones desarrolladas.
 
Por su parte, en la fila de abajo se encuentran los poco mencionados, y para muchos desconocidos, Sir Roger Scruton (Filósofo político neokantiano inglés, critico de la izquierda[1]), Russel Kirk (Filosofo americano conservador, anti-imperialista –si, es posible esa combinación, y el mundo tiene muchos matices distinto al blanco y negro en el que suelen ser pintadas las cosas-, quien ha sido estudioso del otro erudito anónimo para las mayorías, el Old whig Edmund Burke) mientras en la esquina inferior derecha, se ve a Ludwig von Mises (economista del libre mercado y pensador liberal genuino de la Escuela Austriaca) que sería tomado más como representante de derechas en el maniqueo mundo bipolar de hoy, pese a ser libertario.
 
MANIQUEÍSMO Y AGRUPAMIENTO EN BANDOS IDEOLÓGICOS
 
Es curioso notar como Norberto Bobbio en 1994 se quejaba con preocupación de que, tras la caída del muro de Berlín, el bipartidismo venía quedando marchito.
 
En la obra Derecha e Izquierda (Destra e Sinistra), Bobbio (1994) reconocido académico socialista, aúpa la izquierda que ve acabada y sin discurso, dentro de un tiempo tendiente a una relativa calma social: la post-Perestroika, en un periodo que en la práctica renunciaba a la bipolaridad comportamental y política, sin embargo, esgrimida por Bobbio como una “necesidad” al recordar, con mucha retórica de falacia circular, los dicotómicos casos patricios-plebeyos, güelfos-gibelinos, whigs-tories.
 
TERCEROS, CUARTOS, QUINTOS Y OTROS MÁS EXCLUIDOS
 
Las terceras partes sociales incriminadas en la política bivalente moderna solo podían ser árbitro, mediador o juez en la descripción de Bobbio. Pero también se cita, sin embargo, que podía haber sitio para nosotros los “Neutrales”, es decir, un ninguneado 4º rol sin espacio aparte, de que tampoco le es reconocido al 5º rol: el Indiferente.
 
4º y 5º roles que suelen sumar en el contingente del 60%-50% de las abstenciones políticas en las votaciones de las democracias libres, junto a los marginalizados Escépticos no votantes (6º rol) pese al surgimiento paralelo de otras recientes “ofertas” políticas llamadas “Terceras vías” que resultaron ser apéndices Giddeanos de la social-democracia, o los Partidos de colores (verde, amarillos, morados o naranjas) que por sus metas y consignas suelen ser luego identificados en algún costado siniestro del “modelo bipolar”.  
 
Para el ciudadano desprevenido tales conceptos personales, de fondo, emanados por ideólogos “intelectuales” que transfieren sus ideas a gentes (alumnos, seguidores, co-partidarios o fanáticos) con posterior poder en la toma de decisiones, le significan ser puesto en un escenario político esquizofrénico donde la población debe “tomar partido” y la política, en vez de buscar soluciones para el bienestar general, social y natural, sin distraerse, pasa a pasmarse con debates fútiles de un conflicto paranoide contra otros conciudadanos en donde se debe “vencer o morir”, “Ser incluido o marginado” de la suerte de su propio país, medio o ciudad...
 
¿POLITICS OR FOLLITICS?
 
¿Suena esto justo o lógico?
 
Tal falacia pseudo-intelectual en la que la globalidad está navegando, tan rimbombante como convincente, es la que argumenta, como Bobbio, que la “política” es la extensión de la “guerra”.
 
Muy al contrario ajenos a esa alienación, la política puede orientarse a resolver problemas objetivamente. A hacer más, proferir menos discursos y despilfarrar menos tiempo o dinero en fotos y publicidad.
 
El valioso instrumento político debido a los clichés del permanente enfrentamiento dialéctico, queda entonces reducido a pugnas y antagonismos heredados donde los problemas no se resuelven sino que se perpetuán. La filantropía y el altruismo, en el juego esquizoide quedan bastante diezmados, los presupuestos instrumentalizados, la corrupción servida con el modelo sistematizado, cainita y vengativo en la tensión “hegemónica – antihegemónica”.
 
Pero lo peor, fuera de sembrar una tácita enemistad entre pares connacionales, en diversos grados (polarización ideológica, violencia bipartidista, regionalismos, chauvinismos, guerras civiles, etc.) es que tal disposición puede instaurar el juego sucio del adoctrinamiento institucional infantil y de las ignotas pero entusiastas juventudes, para las cuales prima el buen corazón -que sin objetividad- es fácilmente sesgado por la opinión de seres cercanos.
 
De ahí también que palabras como comunitarismo, consenso, colectivismo-comunismo hayan sido secuestradas conceptualmente por ideologías que se las han apropiado infundadamente según sus logros, en perjuicio del norte que puede ser el trabajo conjunto para el bienestar y la solución objetiva de los problemas sociales y ambientales presentes.
 
Para ilustrar y demostrar que no se está exagerando, decía Bobbio, seguidor de la escuela iuspositivista del derecho (subjetivista), en el libro citado: 
 
“La misma categoría de la política se representa con una teoría muy conocida por medio de la díada amigo-enemigo, que a nivel de la más alta abstracción resume la idea de la política como el lugar del antagonismo, cuya forma extrema es la guerra, que es naturaliter dicotómica (mors tua vita mea -tu muerte, mi vida-). En la guerra, ya sea exterior como interior, no hay sitio para el Tercero. El cual aparece solo, como mediador, para detenerla o bien, como árbitro, para establecer la paz. La guerra, como duelo, no conoce más que dos partners (no importa si cada uno de los dos tiene unos aliados), de los cuales uno está destinado a vencer y el otro a perder.”
 
Precisamente, al escribir este artículo, Austria y Venezuela en un mismo domingo ven las victorias apabullantes del miedo ideológico donde el otro opositor es el lejano malo, anatema o enemigo:
 
Sintomáticamente, por un lado ganó Sebastian Kurz, el mandatario de centro-“derecha” más joven de la Unión Europea ante las amenazas del terrorismo y la crisis de los refugiados. A la par, por el otro lado, el mismo 15 de Octubre de 2017, las elecciones regionales en Venezuela mantienen al Madurismo venezolano de “izquierda”-socialista (la del slogan “Socialismo o muerte” que vino de la genealogía Perón, Castro, Allende, Chaves[2] al buscar imitar el principio republicano de la revolución francesa “LIBERTAD, FRATERNIDAD E IGUALDAD O MUERTE”. De donde las tres primeras palabras como consigna social, fueron creación del obispo católico del siglo XVII, FRANÇOIS FÉNELON, que luego al ser adicionada la disyuntiva “de muerte” por parte del Reino del Terror de Robespierre, harían sumir en el desuso por fratricida a la proclama compartida entonces por iglesia y masones originales, que buscaba ante todo, exaltar la virtud de la Unidad social original del modelo Republicano[3].
 
Las dinámicas empiezan a parecerse. El Terror francés antes de sucumbir tuvo una variable de apropiación económica de los medios de producción (dirigismo económico) que terminaría por auto-consumir a los abusones que terminarían decapitados. Ahora Venezuela padece de hambre, homicidios y fugas masivas de personal[4] con una inflación (en octubre de 2017) de 536,2%[5], y perspectivas de alcanzar para el mismo indicador el valor de 720% al final del año, teniendo proyectada la inusitada cifra de 2068-2349% para 2018, de acuerdo con el FMI[6].
 
La reflexión pedagógica con base en la foto de inicio que me encontré en la red, me cuestionó la calidad y neutralidad de la educación actual para las últimas décadas; más aún teniendo en cuenta que mi educación básica (primaria y secundaria) y de tercer ciclo (doctorado) corresponden a educación oficial –en términos incluso internacionales-, pero mi carrera y 2 de las maestrías las cursé en universidades privadas.
 
El sesgo hacia un lado de las ideologías, o la inercia de contenidos, sin embargo, y sin contrapeso teórico por simple omisión, se cumplieron en unas y otras instituciones.
 
¿Por qué no recuperar el enseñar la diversidad de la unidad una vez más? Debo decir, también, que en mi formación escolar nunca supe de ninguno de los académicos de la última fila en las fotos. Tuve que llegar a niveles de Magíster para enterarme de los interesantes escritos de Hobbes, Freeman, Keynes, Rothbard, Hoppe, Hayek, Menéndez y Pelayo, o G.K Chesterton. Todo un  espectro perdido.
 
Todos con apasionantes puntos valiosos afincados en la historia universal, y no en la endogamia del discurso ideológico, que pueden contribuir en tiempos en los que la sociedad y el planeta están haciendo agua.
 
No obstante, El Capital (Das Kapital) de Marx pese a ser la columna vertebral hermenéutica de una ideología totalitaria, con una estela histórica pletórica de muertes, parece ser la lectura obligada en la educación básica de hoy, bien sea en su edición original, abreviada, o actualizada de manos del mediático autor Thomas Pikkety con su Capital en el Siglo XXI, quien básicamente se niega a aceptar que hoy hay mayor distribución de la riqueza en la población, contrariando al Nobel Simon Kuznets, pero de modo más evidente, ignora las menores cifras relativas de personas bajo la línea de pobreza y de pobreza extrema que han descendido para la cliometría de acuerdo a lecturas menos ideologizadas[7] de derecha e izquierda (Figura 2).
 

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Figura 2. Porcentaje de personas viviendo por debajo de la línea de la pobreza y de la pobreza absoluta a nivel mundial (1820-2015)

Nuevamente, desde la neutralidad ideológica, no deja de sorprender, en contraste, que el otro libro equivalente de ideologías radicales, Mi Lucha (Mein Kampf), texto de Hitler, a su vez columna vertebral del Nacional Socialismo (Nazismo) alemán, haya estado correctamente vetado de las librerías y los aparatos educativos alemanes, durante más de setenta (70) años, por ser considerado también un libro ideológico extremista, escrito con odio hacia un conglomerado social específico (enemigo ideológico imaginario) que ocasionó millones de muertes humanas[8].   
 
La humanidad actual ha olvidado las recientes lecciones aprendidas en el siglo más violento y homicida de la historia: el siglo XX.
 
EVITAR EL PSEUDOINTELECTUALISMO SOCIÓPATA
 
“La verdad es que Mozart, Pascal, el algebra de Boole, Shakespeare, el gobierno parlamentario, las iglesias barrocas, Newton, la emancipación de la mujer, Kant, Marx, etc., no redimen lo que esta civilización ha aportado al mundo. La raza blanca es el cáncer de la historia de la humanidad. Es la raza blanca, única y exclusivamente, sus ideologías y sus inventos, lo que destruye las civilizaciones autónomas por donde quiera que se extienda, lo que amenaza incluso la existencia de la vida”
Susan Sontag, Partisan Review, Invierno, 1967. 
 
La universidad solía y puede volver a significar el estudio de la diversidad especializada en la unidad funcional. En estos artículos se ha llegado a reseñar incluso científicos practicando pseudociencia, pero tras la burda aseveración anterior generalizadora de Sontag (hoy base del planteamiento Black Lives Matter o Anti-Fa) cabe preguntarse ¿Qué tanto de pseudo-intelectualidad hay en varios de los personajes considerados intelectuales por la academia?
 
El conocimiento impartido en la educación debe tender, por tanto, y tanto como se pueda, a la objetividad y la autocrítica sistémica.
 
Para Hayek, quien ante la “macartización” teórica habitual predominante podría ser tomado como de derechas, la conclusión es la misma que para Mannheim, cercano al actual espectro de izquierdas:
 
La democracia como herramienta institucional de una sociedad sana debe garantizar el notar la diversidad de la unidad. La educación en consecuencia éticamente debe ser neutral [9].
 
La educación al educando ha de mostrar la mayor parte de gamas del pensamiento y realidades, sin comprometerse con una sola visión de mundo que no sea una verdad empíricamente demostrable o muestra de un modo específico de pensar.
 
De lo contrario se atenta contra la libertad y la rectitud deontológica de la pedagogía al cometer adoctrinamiento ideológico, es decir, engaños y coacciones institucionalizadas para repudiar a otros. Una muy grave falta a la mandatoria objetividad educativa que termina por afectar también a sus parcializados y en realidad anti-éticos practicantes.
 
El extremo opuesto a la objetividad se halla en las ideologías, que son meta-relatos de visiones subjetivas (opiniones personales o grupales) sobre la realidad, inherentemente, no replicables ni demostrables, es decir, arbitrariamente ajenas al método científico.
 
Ideologías radicales, con abierta pretensión homicida o misántropa, parecen haber sido reencauchadas ahora en la dinámica del Eterno Retorno que se cumple cuando se desoye la Verdad, la racionalidad objetiva y las secuencias históricas previas de coreografías sociológicas que a manera de partituras se replican en las vidas de las naciones para azotarlas.
 
Una pléyade preocupante de “ideologías” que esconden varios discursos destructivos (cainitas) al avivar odios a muerte contra congéneres ha estallado en la última década.
 
Para vergüenza de la educación los salones de clase se convirtieron en cajas de resonancia de este conocimiento fácil, inútil y contraproducente para la armonía y el legítimo bien común. Las pruebas Pisa, al tiempo, dan pena.
 
¿IDEOLOGIZACIÓN, ADOCTRINAMIENTO O ANARQUÍA DE MODA?
 
Disculpe el lector el personalismo testimonial que sigue a continuación.
 
Decantado yo a una condición apolítica al buscar una neutralidad que me permita preservar y entender a mis amigos de distintos bandos y credos, he venido notando como el sopor de la vida actual, casi sin darnos cuenta, nos persuade así a odiar al prójimo y hacerle daño con gran facilidad, como pre-requisito a la pertenencia a algún grupo identitario.
 
Para cierre traigamos el ejemplo de sólo un extracto representativo de estos discursos post-modernos nefastos contra la otredad y sintetizados en la Figura 3:

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Figura 3. Resumen de ideologías cainitas o misántropas de moda enmascaradas en discursos pseudo-intelectuales, cuadro basado en gráficos de redes sociales. Por violencia se incluye violencia psicológica e intelectual-discriminatoria (Nota de autor).

En una época de soledad fácil, victimismo como ardid, y crisis existenciales o de identidad por estos mismos contextos agresivos, cualquier planteamiento flotante en forma de grupos solidarios, unidos por discursos –aparentemente justos, falsamente intelectuales- parecen ser salvavidas en el naufragio que está sufriendo una gran parte de la humanidad post-moderna.
 
Las virtudes de la honestidad, la búsqueda de la verdad, la aceptación del otro ya puede decirse que han entrado en crisis y la pifia de la “posverdad” trata de validar aquello que sólo arroja mayores problemas como resultado.
 
Para los ciudadanos más jóvenes (que pocas herramientas tienen para defenderse de los múltiples aludes pseudo-intelectuales de este tipo), por lo general les arrecian estas “ofertas” día a día por vías virtuales. Convencen incautos estos discursos al dar la apariencia de defenderles o ser justos.
 
ANTIS Y SINSENTIDOS DE LOS CUALES PROTEGERSE
 
Las vertientes ideológicas para tales despropósitos chovinistas (nacionalistas / xenofóbicos), Pro- o Anti - lo que sea (anti-sistema, anti-capitalista, anti-socialista/comunista, anti-proteccionista, anti-colonialista, anti-indigenista, anti-turistas, anti-machista, anti-feminista, anti-taurinos, anti-animalistas, anti-pseudo-animalistas, anti-cientificistas, anti-minería, anti-ambientalistas, misántropos a secas, o simplemente irrespetuosos con la otredad, la salud, las poblaciones vivas y así, la vida), como se nota, abundan en el actual mundo salvaje y logran que caigamos fácil en ellas. Mea culpa en lo que me corresponde.
 
Mentir, manipular, calumniar o engañar para ganar adeptos a causas ideológicas es un síntoma que evidencia que tales “causas”, intrínsecamente, no son lo suficientemente buenas para convencer o persuadir voluntades. Hay que cuidarse de ellas. Hay que cuidar a los niños y a la juventud de las mismas. Debemos querernos más.

 

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