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Editorial: Rupturas y transformaciones, una larga historia

José Manuel Restrepo Abondano

(Palabras pronunciadas por el Señor Rector José Manuel Restrepo Abondano, en el acto de apertura de la exposición sobre los terremotos de 1917 que causaron graves daños al Claustro Rosarista y obligaron a su restauración. Esta exposición estará abierta para toda la comunidad y el público en general hasta el mes de abril de 2018).

Desde niño oí decir en mi casa que la pared y la muralla son el papel del canalla. Lo he seguido pensando cuando veía el vandalismo de los grafiteros en espacios como el de la Plazoleta del Rosario, que tanto nos ha costado recuperar.

Pero, desde la semana pasada, estoy cambiando de parecer pues la iniciativa de la Decana Mónica Pachón de ilustrar una pared en su Facultad, con la que ha llamado Nova et Vetera dos siglos de historia me ha parecido una magnifica forma de expresar la relación que las disciplinas que aquí cultivamos tienen con la historia de Colombia, del mundo y de nuestra propia Institución.

Ojalá todos los Decanos sigan este ejemplo y ofrezcamos así, en las distintas sedes, unas líneas del tiempo que permitan a nuestros estudiantes conocer y comprender los lazos que unen el conocimiento y la historia y que se desenvuelven precisamente en el espacio y en el tiempo.

Hoy vemos en este muro del Claustro, no propiamente el escrito de un canalla sino un libro para la multitud, como lo escribió textualmente Fray Cristóbal de Torres en el punto tercero del título primero de sus Constituciones.    

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Esta exposición titulada “Rupturas y transformaciones, una larga historia”, rememora varios episodios que han tenido como epicentro –la palabra es la precisa- a nuestro Claustro Rosarista, principalmente el acaecido hace un siglo. 

En los años anteriores hemos recordado de esta misma manera personajes y eventos de nuestro país, íntimamente entrelazados con la historia del Rosario, como actor protagónico de este proceso, nunca acabado, que es la formación de la nación colombiana y con el cual nuestra misión y visión deben estar profundamente comprometidas, conforme al legado de nuestro Fundador Fray Cristóbal de Torres.

Debemos recordar las anteriores exposiciones institucionales que constituyen una serie preparatoria de lo que será el Museo de la Universidad del Rosario, que empezará a funcionar formalmente el próximo año.

El General y Doctor Rafael Uribe Uribe, a quien una placa en otro muro de este segundo piso recuerda su paso por este Claustro, sus batallas por la conciliación de los colombianos y su muerte trágica, fue el centro de una pasada exposición titulada “Rafael Uribe Uribe, un hombre para el siglo XXI”, en que se enseñaron distintos aspectos de una vida, igualmente comprometida con el destino de Colombia.
 
Guerrero, jurista, parlamentario, diplomático, intelectual, ideólogo, a lo largo de su vida desarrolló una incansable tarea por hacer un país mejor. Gozó del fervor de sus seguidores y sufrió la persecución de sus detractores, para ser asesinado finalmente el 15 de octubre de 1914, en un cobarde acto criminal que aún avergüenza al país.

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Al General Rafael Reyes, en la orilla ideológica opuesta a la de Uribe Uribe, le correspondió emprender la pacificación del país, luego de la increíblemente cruel guerra de los Mil Días que costó, además de cien mil muertos, la ruina del país.

A él le dedicamos otra exposición institucional titulada “Rafael Reyes, el Rosario y la primera paz del siglo XX”. En esa ocasión tuvimos oportunidad de rescatar del olvido las placas conmemorativas, que hoy adornan la entrada de la carrera sexta, que habían sido colocadas en agradecimiento al apoyo que desde su gobierno dio el Presidente Reyes al Claustro Rosarista.   

Rafael Reyes fue decisivo para la erección de la estatua de Fray Cristóbal de Torres, diseñada y fundida en Barcelona según sus indicaciones; la construcción del llamado Claustro Nuevo; el reconocimiento de la autonomía de la Institución; la restauración de la Facultad de Jurisprudencia en 1906 y el establecimiento de un programa de becas para alumnos de todo el país que constituyó un Ser Pilo Paga de la época.

Reyes, en su periodo presidencial, llamado el quinquenio, emprendió una labor de modernización profunda para transformar el país, con el fin de ponerlo a tono con el siglo que se iniciaba, olvidando la guerra con todos sus horrores, en la cual precisamente el General Uribe Uribe había sido derrotado, y quien no dudó en reconciliarse con Reyes y colaborar  con esa difícil tarea de lograr una Colombia justa y en paz para todos, lo cual  le costó también el rechazo de los colombianos que lo obligaron a dejar el gobierno y marchar al exilio.

El año pasado, con motivo del bicentenario de la llamada Restauración Monárquica o Pacificación, llevamos a cabo otra exposición titulada “1816: Represión, Sacrificio y Voces Silenciadas”, que permaneció hasta hace poco días, como homenaje a toda esa generación trágica que ofrendó su vida en aras de la independencia y de la cual hicieron parte veintitrés rosaristas, ejecutados por Pablo Morillo y en cuya memoria descubrimos una placa en la entrada del Aula Máxima.

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Toda esa remembranza para no olvidar las dificultades de consolidar la emancipación y de asegurar una paz duradera, tarea que hoy vuelve a tener total vigencia.

Hoy, con esta nueva exposición, recordamos el impacto de una catástrofe natural que se atravesó en la construcción del país y que, por otra parte, permitió expresar la solidaridad de los colombianos de todas las regiones en torno a este Claustro, siempre abierto a la juventud de Colombia y que ha reunido durante su existencia a tantos compatriotas, provenientes de nuestra variada geografía, en el propósito de hacer viable a Colombia, a pesar de tantas dificultades que siempre estarán presentes, y las cuales debemos afrontar desde nuestra acción de docencia, investigación y extensión para lograr, por fin, la realización del sueño de Fray Cristóbal.

No es entonces, no puede ser, esta idea del Museo de la Universidad y de la recordación de la historia, una simple mirada nostálgica al pasado sino, por el contrario, un análisis y una investigación sobre este, para comprender  el presente y emprender con decisión la tarea de transformar, desde los distintos frentes de la educación, el futuro del país y del mundo que nos ha tocado vivir y que no está exento de los desastres que hemos afrontado en el pasado, pero en el que podemos y debemos alcanzar los ideales con que alguna vez soñaron los mayores que nos precedieron.    
  
Los invito entonces a mirar de esta manera el ayer, para entender el hoy y prever el mañana, leyendo en esta pared que se ha convertido, gracias a la museografía, en un verdadero libro abierto.

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