Vol 3 Ed 33 » Columnistas » La Muerte De Akenatón y Ondine

La Muerte De Akenatón y Ondine

Traducción: Tomás Molina, 2017.

La muerte de Akenatón

El sol se tinta
en melancólico granate.
Un humo espeso
eleva el fruto
de funéreos sacrificios.

La crepuscular brisa
hace temblar
al marchito Akenatón.
Sus lánguidos ojos
vislumbran ya
el fuego de los astros.

Lentamente,
la noche consume
el palacio entero.
Los insectos murmuran.
Melodías lejanas lloran,
callan.

El faraón agoniza en silencio.
Los sacerdotes susurran
las mortuorias plegarias.
Un antiguo dios es invocado.
El chacal Anubis
se presenta en el templo.

La ciudad descansa
tranquila aún;
pero mañana Egipto
borrará sus templos
y sus jardines,
sus flores y recuerdos.

Ondine


Odine.jpg

. . . . . . . . Creí escuchar
una armonía que encanta mi sueño.
Y cerca de mí irradia
un idéntico murmullo de música
interrumpida por
una triste, dulce y tersa voz.

Ch. Brugnot. – Les deux Génies

 

¡Escucha! ¡Escucha!
Soy yo, soy Ondine
la que rocía gotas de agua
en los cristales
de tus ventanas iluminadas
por los mustios rayos
de la luna.

Y aquí, con un vestido vaporoso
de elegante seda,
la señora del castillo se asoma
por su balcón y admira
la más hermosa y estrellada noche
y el gran lago durmiente.

Cada ola es un ondin que nada en la
corriente; y cada corriente
un camino que a mi palacio lleva;
y mi palacio es una
estructura en el fondo del gran lago,
en un triángulo de
fuego, de tierra y de aire.

¡Escucha! ¡Escucha! Mi padre fustiga
la dulce agua croante
con la rama de un árbol glauco de
aliso; y mis hermanas
acarician con sus brazos de espuma
las frías islas de hierbas,
de lilas de agua y de bellos claveles,
o se ríen del viejo
y barbado sauce que pesca en la orilla.
*
Su canción murmurada, ella me ruega
ah, que acepte su anillo
en mi dedo; y me pide que sea el
marido de una Ondine,
y que la visite en su gran palacio
y que sea el rey de los lagos.

Y mientras yo le respondía que
yo amaba una mortal,
lúgubre y malévola, lloró algunas
lágrimas, algo rió,
y desapareció en una gran lluvia
que recorrió muy blanca
mis ventanas por la luna iluminadas.

Aloysius Bertrand
Gaspard de la nuit (1842) - Livre III - La nuit et ses prestiges - 09 – IX

 

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