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Paradojas de sangre y fuego: Daenerys Targaryen y la revolución

Tomás Felipe Molina

Fuente: Mapa de Essos - De Leonardiou - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0
 

Daenerys: "Lannister, Targaryen, Baratheon, Stark, Tyrell, they're all just spokes on a wheel. This one's on top, then that one's on top, and on and on it spins, crushing those on the ground."
Tyrion: "It's a beautiful dream: stopping the wheel. You're not the first person who's ever dreamed it..."
Daenerys: "I'm not going to stop the wheel... I'm going to break the wheel!"

 
Una mirada rápida a los sucesos políticos de Poniente daría la impresión de que sus protagonistas tienen una mentalidad relativamente sencilla y clara. Por ejemplo, Jon Snow quiere defender al mundo de los caminantes blancos; Cérsei quiere aumentar su poder a toda costa; Sansa está decidida a que Invernalia esté libre de sus enemigos; la madre de los dragones desea gobernar los Siete Reinos de un modo justo, de manera que la explotación y los horrores desaparezcan de ellos. Juego de Tronos sería extremadamente mala, empero, si sus personajes no tuvieran un mayor grado de complejidad; si, en fin, no hubiese una contradicción entre lo que creen y lo que saben. Daenerys Targaryen es particularmente interesante porque promete y realiza una revolución que va en contravía de sus propias creencias: gobernar los Siete Reinos como reina legítima.

A lo largo de la historia vemos cómo la madre de los dragones construye un ejército con el que pretende recuperar el trono que le robaron a su familia. Empero, en el camino se ha convertido en algo más que una legitimista que meramente busca hacer valer su derecho de nacimiento: ha liberado a los esclavos, crucificado a sus dueños y proclamado que su objetivo es el de “romper la rueda”, i.e., destruir el ciclo de opresión bajo el que viven los hombres y mujeres de su mundo. Eso implica no solo liberar a los esclavos de Essos, sino destruir el sistema económico y político de Poniente que se basa en la explotación de los siervos por parte de ciertas familias, incluida la suya propia. Su revolución parece llegar en el momento justo. La magia y las amenazas que se creían míticas han vuelto con toda su fuerza y permiten que incluso los sabios empiecen a cambiar de opinión sobre lo que es posible e imposible. Además, los Siete Reinos están pasando por una turbulencia política y militar que abre la puerta a la construcción de algo nuevo. Daenerys, por lo tanto, podría llegar en el momento perfecto para cambiarlo todo. Su revolución podría traer por fin justicia para los oprimidos.

¿Cómo puede la madre de los dragones hacer lo que se propone? La posibilidad más clara es la siguiente. Todos los derechos del pueblo, decía De Maistre, son concesiones de los soberanos, es decir, de los detentadores supremos del poder. En consecuencia, Daenerys necesita ser poderosa para poder darles a los oprimidos los derechos y las libertades que por justicia les corresponden, i.e., necesita ser su soberana para concederles lo que es suyo. No habría aquí un proceso político que se inicie desde abajo, pues en ese caso la reina dragón carecería de protagonismo. Contra esto podría señalarse que cuando liberó a los esclavos de Yunkai ella dijo que no podía darles su libertad: ellos mismos debían tomarla. No obstante, en la práctica eso es falso: Daenerys decretó su libertad, o como mínimo abrió el espacio político para que pudiesen tomarla.

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Fuente: A_Song_of_Ice_and_Fire_arms_of_House_Targaryen_round De Miguu - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

Dany actúa con la lógica de lo que Lacan, siguiendo a Hegel, llamaba “el discurso del amo”: las palabras del amo son las que determinan el valor y el significado de todos los sujetos y significantes. Por ejemplo, el rey decide quién es campesino y quién es un señor, qué está permitido y qué no. Así pues, la reina Targaryen decretaría con sus palabras la libertad y los derechos de todos. Para hacerlo, no obstante, debe ser la ama incuestionable y además debe ser reconocida así por todos. No basta, en efecto, que ella lo crea: un rey sin sus súbditos es una figura patética y delirante. En consecuencia, hay una paradoja: la madre de los dragones necesita que todos estén convencidos de que ella es una ama legítima para poder destruir los amos mismos. Los esclavos liberados de Yunkai lo entendieron muy bien y por eso la llamaron “mhysa” o “madre”: de ella ha nacido su nueva libertad.

¿Qué resultados puede tener la revolución de Dany? Eso depende de la lógica con la que la reina misma piense el mundo. Hay tres posibilidades. La primera es la clásica. Allí uno es amo o esclavo, sin un punto medio. La segunda es la intuicionista. Allí uno tiene un espacio intermedio: uno puede ser esclavo, pero tener ciertos derechos y placeres, así como puede ser amo, pero tener ciertas responsabilidades ineludibles. La tercera es la paraconsistente: uno puede ser amo y esclavo al mismo tiempo (amo con respecto a alguien, pero esclavo respecto a otro alguien), sin una tercera opción. En los Siete Reinos esta opción domina: los señores feudales son amos en su territorio, pero son esclavos (simbólicamente) del rey.

Si la revolución de Dany apunta a la autonomía verdadera de los sujetos, i.e., a la liberación de todos los sujetos, entonces estaría basada en la lógica clásica: hay que superar la dialéctica del amo y el esclavo, porque no existe ningún punto medio. Por eso la reina habla de romper la rueda y no de reformarla. Todos deberían ser autónomos, no deberían depender de nadie. Muertas las viejas jerarquías, el campo se igualaría para los sujetos en la nueva sociedad: la única opción posible será ser lo que queramos ser. La reina misma dice en varias ocasiones que los individuos libres tienen que tomar las riendas de su vida, por doloroso y difícil que sea. Con razón Varys, el eunuco que dice estar siempre de parte del pueblo, apoya a Dany.

Aquí surge un problema. La reina dragón está buscando la corona para abolirla, por lo menos si su revolución pretende romper la rueda auténticamente. Su objetivo no es solo negar a los demás amos, sino negarse a sí misma en tanto ama. En efecto, Daenerys apunta a destruir las condiciones que hacen posible la monarquía y los amos en un primer lugar: la dialéctica del amo y el esclavo. Por supuesto, lo anterior descubre una contradicción entre lo que la madre de los dragones sabe y lo que cree. No hay, sin duda, una coherencia total entre lo uno y lo otro. Ella sabe que el fin de los amos implica la autonomía de los sujetos, pero cree que ella misma debería ser la ama legítima de Poniente a perpetuidad.

Daenerys cree que reinará durante toda su vida como una déspota ilustrada porque esencialmente cree en su derecho a gobernar como una ama, incluso por la gracia de la herencia paterna, i.e., por linaje. Eso se lo muestra con claridad a Jon Snow durante la visita de este a Rocadragón. Allí señala enfáticamente que el rey en el norte es su súbdito a perpetuidad debido a que sus antepasados así lo decretaron. Jon le responde que la obligación hereditaria desapareció cuando el padre de Daenerys quemó vivos a su abuelo y a su tío. Por supuesto, ella alega que su padre estaba loco y que los hijos no deberían ser juzgados por los crímenes de sus progenitores. Lo anterior muestra que Dany sabe que la transmisión hereditaria de culpas es absurda en el nuevo mundo que pretende crear, pues cada individuo sería libre de hacer su propio destino; de igual manera, la transmisión de obligaciones y de privilegios de los amos tampoco puede sostenerse (no deberíamos ser juzgados ni privilegiados por los méritos de nuestros antepasados) y ella no tiene derecho a ser reina. Es más: no debería ni siquiera haber reyes en un mundo de sujetos autónomos. Sin embargo, no lo cree: de otro modo, no aspiraría a mantener la monarquía de los Siete Reinos, ni mucho menos a tomársela por ser hija de su padre.

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Fuente: Emilia_Clarke interpreta a Daenerys Targaryen -De NI Executive. Credit Kelvin Boyes, Press Eye Photography.

Durante la misma discusión que tiene con Jon, Dany también dice que, a pesar de haber sido exiliada, violada, traicionada, vendida y maltratada, fue capaz de levantarse una y otra vez porque creía en ella misma, no en mitos y dioses. Se presenta así como un sujeto autónomo que no necesita de amos: el ideal que pretende reproducir en Poniente. Pero si se levantó no fue para llevar una vida retirada, apacible y feliz, o para ser una revolucionaria independiente de los dogmas antiguos, sino para tomar su trono y mantenerlo. Así pues, la superación de todos los horrores tuvo como componente la fe en que el orden simbólico de Poniente tiene una deuda con ella, es decir, que Dany es la gobernante legítima de los Siete Reinos. El discurso que en principio sonaba muy moderno y racional de repente resulta vetusto y tradicional. Lo que ha guiado todos los años a la madre de los dragones es la promesa de que será la reina legítima, aunque ella misma tiene como propósito destruir la rueda que le da su legitimidad. Parece ser, finalmente, que ni ella misma sabe bien lo que la ha motivado. Cree que tiene derecho a ser reina en un mundo en el que ella sabe que los amos, incluyendo a los reyes, ya no cabrán.

Por supuesto, puede hacerse una lectura maquiavélica de Dany: ella no cree en el discurso del amo, simplemente explota sus prejuicios para hacerse con el poder y luego abolir todas las instituciones opresivas. Eso no corresponde, sin embargo, con lo que el personaje mismo muestra a lo largo de la historia. Realmente, no hay mucho maquiavelismo en ella. Al contrario, está ingenuamente comprometida con su causa y abiertamente dice, tanto a sus confidentes como a los extraños, que ella es la reina legítima de los Siete Reinos. Lo cierto es que la conquista de Poniente siempre fue su propósito final. Y, como le dice a Jon Snow, ella nació para gobernar. También podría hacerse otra lectura y suponer que Dany simplemente no ha entendido las consecuencias de su revolución. Empero, ella explícitamente señala que entiende muy bien que la libertad implica autonomía. Queda entonces una pregunta: ¿debería cambiar sus creencias?

Lacan había señalado que estamos condenados a la dominación: el amo es el ingrediente constitutivo de todo orden simbólico. Cualquier intento de rebelarse contra el amo simplemente termina en otro amo, o una nueva versión del viejo amo. Si su conclusión es cierta, entonces Daenerys no debería renunciar a su rol simbólico de ama, sino que debería mantener la tensión entre su soberanía y la libertad de todos. En este sentido, su revolución resultaría ser intuicionista: todavía hay un amo, pero tiene el deber de cuidar a los esclavos y proporcionarles todos los derechos. Es mejor que ella gobierne ilustradamente a que vuelvan los viejos amos. La emancipación radical que está en el fondo de la revolución de la madre de los dragones, por tanto, debe quedarse castrada, pues de seguir con ella podrían llegar amos peores. De premisas revolucionarias pasamos a conclusiones reaccionarias.

Por lo demás, puede ser que Daenerys esté tan aferrada a su rol simbólico que no conciba el mundo sin él. En otras palabras, necesita ser reina para estar cómodamente insertada en el gran Otro y que su vida tenga un propósito. Estaría en la misma situación que un esclavo de Meereen con el que discutió en alguna ocasión.

Este le señaló que, pese a que antaño carecía de libertad, tenía un rol simbólico que le proporcionaba respeto, comodidad y un sentido: era tutor de los niños de una familia aristocrática. No obstante, ahora solo es un viejo del que los jóvenes se aprovechan. Antes era alguien, ahora es nadie. ¿Qué sería de Dany sin su título de reina, sin el propósito que eso le da a su vida? Tal vez se aferre al poder, tal vez aplace la revolución final todo lo posible, pues el vacío de la libertad sería muy grande para ella.

Hasta los libertadores pueden aferrarse a sus cadenas.

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