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Perlas de la "Política de la Sandía " en el Cambio Climático ¿Misantropía de un Ambientalismo Extremo?

Por: Ricardo Andrés Roa-Castellanos

“Dar a la sociedad energía barata y abundante (…) sería el equivalente a darle una ametralladora a un niño tonto”
Paul Ehrlich, En: “An Ecologist´s perspective on Nuclear Power”
Federation of American Scientists Public Issue Report (1978)



Hay varios problemas globales a nivel medioambiental y de su entorno institucional del mismo: unos son claros, otros no tanto. Hay un Cambio Climático (CC) en curso, lo cual es evidente. Pero debe recordarse que también ha habido varios otros Cambios Climáticos revertidos sobre la Tierra (recuerde el lector las glaciaciones o Era del Hielo), otros sucesos previos más calientes, o más fríos, en tiempos donde no había presencia humana.

Para tener una idea de esas fluctuaciones de temperatura en torno al promedio histórico, revisar este enlace didáctico con base en registros científicos geológicos[1].

Paralelamente, debemos recalcar que sobre el CC hay una urgente necesidad de acción efectiva contra este, pero que el tipo de respuesta ofrecida no ha llegado, o no ha alcanzado la suficiente magnitud para revertir sus causas, por lo cual el evento se ha agravado, hasta ahora de manera imparable, en la acentuación de extremos climáticos glocales (globales y locales).

Al tiempo, proliferan sobre la materia discursos, recursos económicos y de política, invertidos un tanto más en bienintencionados activismos, usurpación ideológica del problema, ergo -más discursos de reducidas acciones-, una burocracia compuesta más por profesiones humanistas (economistas, politólogos y abogados) que por científicos experimentales a cargo (observación que se cumple en los sectores negacionistas y en aquellos promotores convencidos de la contingencia climática), al igual que ha habido en los últimos años enorme financiación para estudios sobre reiteraciones de diagnósticos consabidos que, como se comenta, no han dado en el blanco remedial del asunto.

Como dice la sabiduría popular, no se podrá llegar a un logro nuevo haciendo lo mismo. El tema ambiental se asocia a lo experimental, pero también está supeditado a ciertas narrativas en las ciencias sociales, que son las que al tenor de hoy gobiernan, ¿Cuáles son dentro de estas, algunas de ellas tan estructurales como negativas?

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CATASTROFISMOS: ¿SIN PROPUESTAS PERO LLENOS DE CONCIENCIA?
 
“Cientos de millones de personas perecerán pronto en Nueva York y en Los Ángeles (…) hacia 1979, los océanos habrán muerto envenenados por el DDT (…) en la década de 1980 la esperanza de vida en Estados Unidos descenderá hasta los 42 años de edad debido a una epidemia de cáncer”

Ecólogo Paul Ehrlich. En: Extinction, 1969.

Desconozco que opinión tenga el lector sobre las ideologías, pero creo sea similar a la mía no hace mucho: podían ser adheribles, admirables o relativamente inofensivas. Las ideologías suelen ser hechas sobre metarrelatos de la realidad, pseudocientíficos generalmente (suelen mentar cifras, autores, publicaciones y datos suplantando maneras científicas de exposición) y se expresan por medio de manifiestos, narrativas o discursos repetitivos, por lo general dogmáticos y reaccionarios a la crítica.

Ha pesado mucho un pseudo-cientificismo en la cuestión ambiental, que como vemos con las frases citadas de Ehrlich, ha criminalizado a la especie humana mientras a la vez, ha ralentizado avances que debieron darse más eficientemente como el desarrollo de energías alternativas, menos contaminantes. La energía nuclear, por ejemplo, no causa emisiones de efecto invernadero. El riesgo de su uso en parte recae, de nuevo, en consecuencias de las ideologías, pues extremistas suelen querer hacer uso de ellas para acciones de guerra y su potencial contaminador en muy delicado.

Por otro lado, en medios académicos frecuentemente aparece “la falacia del desarrollo sostenible” bajo un prisma que resulta controversial, y para algunos irrefutable. Ha sido un tema importante y cada vez más recurrente ante la desequilibrada realidad ambiental desde autores como Segrelles Serrano (‎2008), E. Suarez o V. Rull (2010). Pero ¿su raíz es la negligencia o mala praxis?

Notar el desarrollo sostenible como mito que preserva el “business as usual” sin compensación sensible para los vivientes, pagando por contaminar o desentendiéndose del problema con “rótulos y logos corporativos verdes” en adición a reunionitis donde expertos en temas ambientales, que en algunos casos no siembran un árbol, más dan costosas guías, sellos o conferencias, u organizan Departamentos de Gestión Ambiental “de papel” para empresas con apenas ejercicios precarios de reciclaje y otras acciones de reducido impacto son críticas demoledoras al modelo, a veces con fundamento.

Cierto es que la noción del “medio ambiente” ha despojado discursivamente a la Naturaleza de su cualidad vital, viva, desentendiendo las aportaciones ecosistémicas y el interés por la supervivencia en equilibrio para el mantenimiento de todas las otras vidas y la propia. Por eso surgen críticas, cada vez más elaboradas a partir de una realidad resultante patente: No hemos hecho las cosas bien.

¿Qué papel juegan las ideologías? Obstaculizarnos la racionalidad objetiva con saturaciones de miedos o solidaridades demasiado emocionales que congregan grupos de interés.

En otros casos nos llevan a los extremos: abatimiento, desesperanza, violencia física o psicológica; gestan también el olvido de las leyes biológicas, como las cadenas alimenticias o el gregarismo (cooperación) al inculcarnos las ideologías que nuestros conciudadanos dejan de ser hermanos (convirtiéndose en enemigos imaginarios de clase, sexo, costumbres, etnia, partido, credo, etc.) o nos hacen incurrir en la exaltación de paradigmas propios de la ciencia ficción (la solución a todo mal provienen de las máquinas, héroes grandilocuentes que no llegan, de Estados gendarmes o de soluciones prohibitivas). En consonancia se demandan “legislaciones estrictas” o mayores cambios tecnológicos “contra-natura” (transhumanismo, robotización laboral, y discursos ideológicos para matar-talar, etc), impidiendo – a la larga- el llegar a armonizar mejor y congraciarnos con la naturaleza de la cual somos parte.

¿NI HACER, NI DEJAR HACER?

“La única tecnología realmente buena es no tener ningún tipo de Tecnología. La tecnología es el sistema impositivo sin representación, un sistema impuesto por nuestra especie elitista (el hombre) sobre el resto del mundo natural”
John Shuttleworth
Escritor del manual “Friends of Earth”, citado en la obra “Toxic Terror”

Para mayor detalle de lo aquí mencionado y la necesidad de equilibrio teórico recomiendo leer la serie “La Guía Políticamente Incorrecta” (The Politically Incorrect Guide). Pero notemos algunos otros puntos del lío comentado.

Las hipótesis de la perdición originales en la modernidad en buena parte se deben al padre de la Economía Política, que influenció a todas las actuales ideologías económicas y actuales políticas, el muy inteligente pero fatalista iniciador T.R. Malthus, quien impregno el ámbito institucional y transferiría las ideas trágicas (Tragedia de los comunes) a G. Hardín, que hizo lo propio para las ramas ecológicas.

Una vertiente más reciente es vista con el escrito memorable de Eric Katz (1992) “The big lie: Human Restoration of Nature” (La gran mentira: la restauración humana de la naturaleza) y el manuscrito “Faking Nature” (Fingiendo naturaleza) de Robert Elliot (1982/1995). Ambos rechazaban la restauración ecológica (arma de la conservación de especies y la Biodiversidad) por ser una acción cultural, artificial, que no equiparaba la naturaleza salvaje. Su impacto fue grande y en el área, son aún escritos referentes. Otros han pasado de ello para bien de la vida y las acciones.

El mencionado par de filósofos, anótese que sin la suficiente idoneidad necesaria en materia de formación sobre las Ciencias biológicas, basaban sus planteamientos en la comparación, por ejemplo, de una obra artística original (cuadro) con una despreciable copia, y extrapolaba el símil a las intervenciones humanas sobre la naturaleza (Elliot). Katz invocaba argumentos según los cuales la categoría “diseño” es carente en el desarrollo natural siendo en cambio presente en las obras humanas, razón por la cual se descalificaba la restauración ecológica al ser un producto cultural humano. Ello establecería de plano una ignorada falacia non sequitur en el planteamiento por ser incomparables las categorías aludidas (una viva, otra estética; una objetivamente funcional-poblacional, otra decorativa-de apreciación subjetiva).

Como los otros ejemplos de pseudointelectualidad y pseudociencia, el ejercicio y su abordaje llaman adeptos y activismos sobre falsedades, en su lado negativo. Sin embargo, en su lado positivo atraen el foco social de atención sobre hechos con transcendencia para las poblaciones y posibles respuestas de cambio para bien de la vida.

Aunque equivocada o insuficiente,  la reacción pseudointelectual tendría como único valor el desencadenar una respuesta de perfeccionamiento del procedimiento o el campo pertinente (la actitud, las relaciones, las dietas, etc).

A manera de ilustración ambiental, bien puede decirse que un monocultivo de árboles sembrados ciertamente no puede, ni debe, llegar a ser llamado “bosque”, pero también puede decirse que puede practicarse hoy en día una Eco-replicación restaurativa de especies que imite los mucho más ricos biotopos originales, en la búsqueda de que se recupere la función geográfica/geoquímica por medio de las especies que han contribuido a formar tales microclimas y subsistemas ecológicos.

No obstante, como resultado de insistir ante el problema en las mismas líneas de dramática y pesimista reacción organizacional pseudointelectual, hay un comportamiento refractario e indómito de la novedad atmosférica que configura el empeoramiento del problema climático hasta el día de hoy.

Se nota en la situación, un mantenimiento subsecuente de las mismas causas socio-comportamentales causales del CC en todos nosotros (contaminamos y extraemos de la naturaleza, sin compensar o reponer), ya que poco o nada sembramos árboles -pudiendo hacerlo- mucho menos reproducimos animales, pero, por ejemplo, sí que nos vestimos con fibras sintéticas o usamos mucha energía contaminante, necesaria o innecesariamente, con artículos electrónicos.

¿INFRUCTUOSA CONCIENCIA SIN BUENA CIENCIA?

“Alimentar a un niño que se muere de hambre es exacerbar el problema de la sobrepoblación mundial”
Lamont Cole (citado por Elizabeth Whelan en Toxic terror)

También “creemos” actualmente en una sobrevaloración de elementos infructuosos como solución, tal es el caso de aludir a la apelación de la “consciencia ambiental de las gentes, o creer que con “logos verdes” y la palabra “sostenibilidad”, como fórmula mágica, se está arreglando lo destruido en la naturaleza. La verdad sea dicha, esta vía de “concienciar” ha resultado infructuosa pues las personas ya saben desde hace años de los riesgos –exagerados o no- del fenómeno, pero sin generar variación alguna en las conductas personales que pueden atemperarlo.

La conciencia está supeditada a la veracidad de lo que se cree. Las COP de 2003 a 2006 cuestionaron el papel y naturaleza de los árboles en el Cambio Climático y su rol en la respuesta institucional. Entre 2006 y 2010 se empezó a culpar a los árboles de producir ingentes cantidades de Metano[2], luego muchos creyeron esto con consciencia y se motivaron a talar por creer que estaban haciendo algo “bueno


En este sentido, el New York Times y El Espectador llegaron a publicar un muy cuestionable artículo para 2015 en donde se preguntaba si se debía “tumbar árboles para salvar al mundo” sembrando cultivos para biocombustibles[3].

También, hay otra serie de posiciones dogmáticas sobre lo que se “cree” “institucionalmente” que es este Calentamiento Global, que a la par concurre con un liderazgo, que en cierta medida, ha sometido a las personas más cualificadas (científicos) y que saben más sobre el tema, a voluntades de personas, grupos ideológicos o activismos extremos que también “creen” saber del tema (es decir, tomadores de decisiones –Decision Makers- que han sido vulnerables a grupos de interés –Stakeholders-), pero que si alguien los interrogase, a los unos y a los otros, más saben de características organizacionales y discursos sociales sobre el tema, que sobre el problema geoquímico como tal, no obstante: moldean respuestas institucionales radicales (prohibir coches o sistemas de combustible).

NI NEGACIONISMO, NI GENERALIZACIÓN MISÁNTROPA

Así las cosas, no estamos tratando, sobre “EL” Cambio Climático, sino sobre “UN” cambio climático nuevo en la historia geológica de la tierra. Ante esta perspectiva: ¿Puede culparse al ser humano o al capitalismo como únicos responsables de este tipo de acontecer meteorológico como suelen decir los activistas? No, ni de manera generalizadora, ni indefectible.

Culpabilizar ciertas poblaciones biológicas, empezando por la humana y siguiendo por los vacunos u otros rumiantes, o por los árboles (que son los que nos han salvado de un escenario peor), es clara muestra de los sesgos ideológicos en el tema como lo manifiestan la palabra-síntoma “antrópico” o “antropogénico”. Estos vocablos culpan a la totalidad de la especie Homo sapiens sapiens, sin particularización alguna, clasificación o categoría que al menos pondere la responsabilidad.

¿Es el cambio climático la consecuencia del hombre o más de las máquinas? Capitalismo ha habido desde tiempos de los éforos de la antigua Grecia, los mandarines chinos, la riqueza de reyes hebreos, o de los pudientes patricios romanos cuando este tipo de cambio meteorológico no existía. Hoy hay quien seducido y seduciendo con interpretaciones del todo catastrofistas, sin ir más allá de un apocalíptico “profetizar”, le increpa a la forma económica la totalidad del mal[4].

En la realidad un inuit (esquimal), quien también a su modo “acumula”, no tiene el mismo impacto en la producción de gases que un estudiante parisino, quien enciende su calefacción desde octubre para sentirse a gusto. Pero, ¿Cómo se ha masificado esta constante de desequilibrio en diversos países?

El inicio del cambio climático coincide de acuerdo con mediciones científicas, en cambio, con el inicio formal de la Revolución industrial hace 180 años (Abram et al., 2016). Ergo, no es el capitalismo per se cómo modo de intercambio económico, lo que genera el Cambio Climático. Hay una múltiple causalidad comportamental y técnica que todos debemos girar a términos positivos en nosotros y los sistemas de vida.

¿POLÍTICA DE LA SANDÍA? ¿VERDE POR FUERA ROJO POR DENTRO?
 
“Tuve la impresión de que en lugar de salir a matar pájaros, tenía que salir y matar a los niños que mataban a pájaros”
Paul Watson, cofundador de Greenpeace y Sea Sheperd
En: Access to Energy, Vol 10, Num 4 (1982)

La instrumentalización de la naturaleza (“el verde”) como causa política de la izquierda (rojo) tiene contradictorios precedentes. A nivel internacional, el partido verde persuadió a Angela Davis, ex - miembro de las Panteras Negras y el partido comunista –vegana y lesbiana según Wikipedia-, para ser su candidata vicepresidencial en EE.UU (1984) y endosarle su respaldo electoral (2008)[5]. En Alemania, los Verdes hicieron otro tanto con su líder Petra Kelly favorable a la antigua URSS e intolerante con la OTAN. El Partido Verde de México, ideológicamente tiende a la izquierda, y se ha adueñado del tema de los animales como “caballito de batalla” entre jóvenes, pero errando bastante según la suerte de los animales[6].

Al igual que los izquierdistas de vieja data, los ambientalistas extremos creen seriamente en la destrucción del capitalismo como panacea ideológica. Betty Friedan o Susan Sontag también corroboran con sus obras la plataforma ideológica.

Esa instrumentalización discursiva de la naturaleza en política no es reciente. En 1958, la China de Mao adoptaba una nueva política de dirigismo económico sobre el sector agrario tradicional, hasta entonces, funcional. El ideológico Iuspositivismo jurídico estaba entrando en su esplendor con la Revolución Popular, la rebeldía normativa -hasta contra la naturaleza- se hizo consigna política por parte de gentes que de dinámicas biológicas o agronómicas poco o nada sabían, pero detentaban el poder. El mandato de la Revolución Cultural "ren ding sheng tian", traducido "el hombre debe derrotar a la naturaleza", implicaba que a la naturaleza había que doblegarla como a un enemigo. Ratones, pájaros (gorriones), moscas y mosquitos fueron igualmente equiparados como plagas-enemigos y los burócratas maoístas ordenaron a la gente que los matase, los gorriones exterminados que en verdad comían más insectos que granos cerealeros, fueron aniquilados y las langostas al carecer de su depredador natural asolaron los cultivos, tres años más tarde los muertos por hambruna tras las plagas de langostas que barrieron los cultivos, llegaron a contabilizarse en 15 millones de muertos[7].

Por décadas se mantuvo la idea de ver a los gorriones como plagas producto de una campaña política pseudocientífica[8], hasta que la ciencia entrara a descubrir el error de una cuestión para la captación de adeptos en torno a causas, por infundadas que sean. 

Similarmente, hoy varios sectores ideológicos de lobby activista buscan vetar el plaguicida Glifosato (Round up ®), endilgando una carcinogenicidad que científicamente no ha podido ser demostrada[9]. ¿Y la seguridad alimentaria?

Para Occidente, bajo los sahumerios de los 60’s, una instrumentalización política y discursiva de los temas sobre la naturaleza fue traducida, también pseudo-intelectualmente, en una explosión absurda de “ismos” ideológicos (anti-capitalismo; egoísmo; espiritualismos de nueva era; veganismo; ambientalismos de variadas vertientes, animalismo que es en muchos casos un pseudo-animalismo al terminar matando con normas, más que protegiendo animales con sus disposiciones; especismo; etc.) que han hecho de tales, un infotóxico caldo de cultivo para extremismos culturales.

La razón y verdadera democracia, en cambio, se sabe que no suele irse a los extremos. Ni capitalismos salvajes, ni estatismos severos. La justicia se encuentra en el justo medio con pruebas y reconstrucción de los hechos.

Diez años más tarde, la Conferencia Europea de Estrasburgo (1970) circunscribió en 4 tópicos las líneas de interés de tal ecologismo: 1) La urbanización, 2) La industrialización, 3) La agricultura y 4) La dimensión social.

Siguiendo la herencia “hipercrítica” de la filosofía kantiana sobre estos ejes, exclusivamente se pasó a analizar cada punto desde lo negativo que podían implicar. Sus aspectos positivos eran omitidos. En consecuencia, bajo una parcialización demasiado nihilista de algunos sectores, en vez de pensar la transformación durante muchas décadas, se inculcó la idea de su desmonte o de-construcción por cismas que nada mejor pudieron proponer.

Jóvenes o adultos, trans-generacionalmente, caracterizados por sus ansias de ayuda, tanto como por su ingenuidad y baja capacidad de respuesta ante aparatos discursivos pseudocientíficos, en pleonasmo: ideológicos, han culpado a su especie de todo lo malo que ocurre en el planeta. La fatalista e infantil “joven generación del 68” no había visto, ni sufrido las guerras mundiales en tierras desarrolladas. Un periodo de bonanza, producto de una expansión económica y con ello, científica y técnica, permitió toda clase de coloquios que desde la abstracción no realista y un odio a la autoridad, al padre (actual antipaternalismo), y en consecuencia al Creador y su obra la creación, en un contexto de ética hedonista-utilitaria que se fue desde entonces lanza en ristre contra toda tradición.

En balance institucional para 1979, el profesor Ezequiel Ander-Egg, escribía: “El lenguaje del informe del Club de Roma adquiere una tonalidad apocalíptica cuando afirma que de mantenerse las tendencias actuales un día de 2070 se llegará a una situación límite.”

Los 7 puntos siguientes caracterizaron al Club de Roma en 1981, como puntos de referencia para los problemas ecológicos descritos por Peccei, pero estos no han permanecido estáticos. Entre paréntesis hago una observación actualizada sobre cada uno:

1) La explosión demográfica humana (en la actualidad contrarrestada[10]), 2) Falta absoluta de planes y programas en materia ambiental (ya superado como escenario con amplía institucionalidad, normatividad y programas educativos especializados), 3) Devastación y degradación de la biosfera (esa sí que se mantiene pese a lo anterior, hasta en países comunistas, y de continuar sin reacción equiparable en bio-constructibilidad de infraestructura ecológica ante el sistema extractivista mantendrá el daño como causa y a la vez efecto), 4) Crisis de la economía mundial (disminuyó emisiones incluso en episodios como el de la crisis del 2008 pero debe anotarse que al ralentizarse el aparato productivo los sectores primero afectados son ciencia y tecnología por falta de irrigación presupuestal, el cambio técnico se impide), 5) Carrera armamentista (no ha parado y las armas de destrucción masiva se han hecho más potentes con el recrudecimiento de lo que parece ser una nueva guerra fría), 6) Desarrollo técnico científico anárquico (se ha mantenido en algunos casos y ha evolucionado discursivamente en otros) y 7) Carencia de liderazgo moral y político (hay liderazgo en estas materias pero no orientadas a la bondad sino a la eliminación del sufrimiento y aumento del placer que confunde el confort –entendido como calidad de vida- con la categoría felicidad, lo cual es inexacto).

La necesaria conciencia sobre el cuidado de la naturaleza parece, no sólo haber generado un exceso de prejuicios en el tema, sino un extremismo que aleja del bien que se quiere alcanzar. Para desmantelar la bomba lo mejor es conocer, disecar y analizar las causas y mecanismos con una necesaria valoración crítica de las ideas, los modelos y paradigmas que nos han llevado a tales crisis y conflictos olvidando lo primordial: El fomento de la vida que re-crea la atmósfera con su aliento.

 

 

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