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Dalí y Poincaré: la unidad entre la ciencia y el arte (2)

Por: Manuel Guzmán-Hennessey

En el artículo anterior escribí que a principios del siglo XX, un científico y un artista, plantearon, cada uno por su lado, y sin que mediara entre ellos ninguna comunicación, las bases de la unión  entre el conocimiento y el arte. Se trató de Salvador Dalí y Henri Poincaré. Poincaré anticipó la Teoría del Caos, y vaticinó, en 1902,  el fin del mecanicismo; Dalí, incorporó a su obra artística, desde 1929, las formas físicas de la materia que comprobaría la ciencia positiva desde 1982, aproximadamente.

Salvador Dalí anticipó la naturaleza de la materia que habría de confirmar la ciencia física entre 1982 y 1989, aproximadamente (La persistencia de la memoria, 1931). Y si bien puede considerarse que esta profecía es la más clarividente de las muchas que planteó, no es, ni mucho menos, la única.

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La persistencia de la memoria[1]

Examinaré a continuación algunos aspectos de su obra para destacar, entre otras, las siguientes seis cosas:
 

  1. La sugerencia de que la textura de la materia no es rígida sino blanda, veleidosa y cambiante.
  2. La sugerencia acerca de la presencia, en el interior de los átomos, de fuerzas que la ciencia sólo descubriría cincuenta años después; me refiero a la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil y el electromagnetismo.
  3. La sugerencia de que mirar entero, mirar primero y mirar profundo es la mejor manera –y quizás la única- de comprender a fondo la realidad de un mundo entendido como sistema dinámico de tipo caótico y complejo.
  4. La sugerencia de que alentar en “nuestra manera de estar en el mundo” cierta forma de caos creador, constituye la base de procesos mentales favorables para el avance de la ciencia; y para acrecentar el marco de los descubrimientos, las metodologías y las interconexiones con otros campos del saber humano.
  5. La sugerencia de que a la lógica positivista sucedería otra forma de lógica llamada lógica borrosa (fuzzy logic); disciplina que ya se empieza a conocer en el mundo a partir de los trabajos de Bart Kosko en 1993.  
  6. La sugerencia de la teoría de las simetrías: explicación a su vez de los sistemas fractales (descubiertos en la década de los ochentas por Benoit Mandelbrot), y base de un concepto todavía en desarrollo: la presencia de los dobles en el acontecer caprichoso de la realidad.

Se ha dicho que la obra pictórica de Dalí acabó hacía 1940 o un poco antes, cuando da fin a su periodo surrealista y empieza el llamado periodo nuclear; si bien esto puede ser cierto en cuanto al sentido pictórico de su obra, no lo es en cuanto a su premonición sobre el avance de la ciencia[2]. El periodo de su obra llamado místico, a mi juicio de forma equivocada, corresponde en realidad a su profecía sobre la cuántica. En muchos cuadros posteriores pueden verse los rasgos proféticos de Dalí, llevados a cabo desde 1949, aproximadamente.

Por otro lado, esta profecía científica de Dalí se prolonga hasta el día de su muerte, pues es bueno recordar que, ya anciano y enfermo, en 1985, siguió desde su habitación, a través de un video, las deliberaciones del simposio que bajo el título Proceso al azar: Cultura, ciencia, determinismo y libertad, había organizado la Facultad de Física de la Universidad de Barcelona[3], bajo el patrocinio del propio Dalí. Este evento se celebró en su propio Teatro-Museo, y allí se debatieron seis ponencias magistrales acerca del papel del azar en la ciencia, dictadas por especialistas en Física, Matemáticas, Astrofísica y Química de la época. Los coloquios, precedidos por las ponencias, fueron moderados por Jordi Wagensberg, director del Museo de la Ciencia de Barcelona.

“¿Por qué tanto interés por la ciencia?”, le preguntaron, y él respondió: “Porque los artistas casi no me interesan. Creo que los artistas deberían tener nociones científicas para caminar sobre otro terreno, que es el de la unidad”.

Dalí también es profeta de la más significativa de las vanguardias del pensamiento científico y filosófico actual: las ciencias del caos y la complejidad, y los sistemas de lógica difusa. En un momento en el que muchos se empeñaron en defender la especialización, Dalí abogó por la unidad (lo que ahora se conoce como la Complejidad). Nos invitó a descubrir un mundo no-euclidiano, donde el espacio-tiempo es relativo y las cosas no se ordenan según la geometría clásica, sino, más bien, según las leyes de la relatividad y de la incertidumbre cuánticas. Adelantándose a la concepción unificada y no cartesiana de la ciencia. En su obra gráfica nos revela que nuestra engañosa percepción puede hacernos conocer el mundo de diversas maneras, y todas ellas son posibles, aunque nuestro cerebro se oponga a verlas, creando esta sensación de delirio que, en honor del genio, bien pudiera llamarse “percepción dalirante”.

Subrayo “dalirante” para destacar la subjetividad del pensamiento daliniano y su audacia de apartarse del método tradicional de conocer la realidad, y proponer una “óptica irracional”. Sus críticos sostienen que sus acercamientos a la ciencia no obedecieron a un interés real, ni a una comprensión real de los fenómenos, sino a una postura intelectual que le ayudaría a agregar valor a su obra. Cierto, solo en parte. Dalí fue un artista que tuvo intuiciones científicas, curiosidad por el método científico y por sus avances, y espíritu investigativo sobre los nuevos hallazgos de la ciencia. Fue una persona informada sobre ello, y como artista no se inhibió de expresar en público sus pensamientos e intuiciones, algunas veces dichos de manera excéntrica, disparatada o grandilocuente.

 
Estuvo siempre el tanto del avance de las investigaciones sobre la desintegración del átomo (que le llevó a Prigogine), el descubrimiento del ADN, la aparición de la holografía (que le llevó al MIT de Massachusetts), la teoría de las catástrofes (que le llevó a René Thom), la mecánica cuántica (que le llevó a Peter T. Landsberg y Günter Ludwig), el psicoanálisis (que le llevó a Freud), la cuarta dimensión (que le llevó a Luca Pacioli) y la ecología (que le llevó a Margalef).

 
 
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Los Relojes blandos” o “El tiempo derretido”

En su cuadro más conocido: “Los Relojes blandos” o “El tiempo derretido”, al que Dalí llamó “La Persistencia de la Memoria” (1929), sugirió que la realidad (o la materia) es blanda como un queso, y que el tiempo fluye de una manera caprichosa y subjetiva, pues su dinámica está influenciada por el fenómeno “observador- observado”. Llamó la atención sobre la hora de los claroscuros [4]: los atardeceres y los amaneceres, cuando las cosas no son claras ni oscuras sino claras y oscuras a un mismo tiempo, base filosófica de la lógica borrosa (Kosko,1991) anticipada por Dalí en pleno vigor de la lógica formal.

 

Esto representa cincuenta años, más o menos, de adelanto en la concepción y la visión de un mundo, que a pesar de haber revelado sus perfiles caóticos desde los inicios de la mecánica cuántica (1928-1938 aproximadamente) no sería suficientemente comprendido, reconocido y divulgado como "mundo incontrolable, incierto y blando" por los apologistas de la ciencia contemporánea, sino hasta muy avanzado el siglo XX. Otras obras de 1929  descubren, de manera más explícita, el criterio de blandura de la materia: son ellas (tal vez en orden de blandura sugerente): El gran masturbador, El nacimiento de los deseos líquidos, Monumento imperial a la mujer niña, El hombre invisible, Los placeres iluminados y El enigma del deseo y El juego lúgubre; Dos cuadros más exhiben esta tendencia, La profanación de la Hostia y La adecuación del deseo.

 
El principio de la inercia según el cual “todo cuerpo está en reposo ó en movimiento rectilíneo uniforme, si está en reposo tiende a permanecer en reposo y si está en movimiento rectilíneo uniforme tiende a permanecer en movimiento rectilíneo uniforme” no funciona para describir la realidad. La realidad es un poco más veleidosa: más noción de campo que de cuerpo o de materia. El río fluye, había dicho Heráclito, y nunca dos veces es el mismo, todo es un constante devenir, pero aún en ese devenir, el río es una materia sutilmente cambiante, compuesta, según la simbología de algunas tribus andinas, por “agua que fluye, lecho que permanece, espuma que efervece”.

Dalí había dicho para describir su método de ver, interpretar e intervenir la realidad, que “se trata de un método espontáneo de conocimiento irracional de la realidad, basado en la objetivación sistemática de asociaciones e interpretaciones delirantes”. Y este fue el tipo de declaraciones que, en lugar de merecer un análisis cuidadoso de sus críticos, fueron usadas para decir “Dalí es loco”. La realidad es que Dalí experimentaba su particular contacto con el mundo y la realidad, y organizaba una propuesta interpretativa de la probable evolución de esa realidad-mundo. Dijo, por ejemplo, que "se debe crear sistemáticamente desorden, ya que el desorden pone en movimiento el proceso creador. Todo lo que genera contradicción es sinónimo de vida... toda mi ambición en el terreno pictórico consiste en materializar, con la precisión más imperialista, imágenes de la irracionalidad concreta... que no se pueden explicar provisionalmente ni deducir por los sistemas de la intuición lógica, ni por los mecanismos racionales”[5]

En la anterior parrafada, que tantas veces se ha usado de manera superficial para resaltar la excentricidad de Dalí, que, si bien fue uno de los rasgos de su personalidad, nada tuvo que ver con falta de rigor conceptual o anticipación profética de los fenómenos y descubrimientos de la ciencia positiva; en tal frase, repito, se pueden descubrir algunas pistas para entender su propuesta de mirar la realidad desde una “perspectiva irracional”, que coincide, a mi juicio, con la sugerencia básica del enfoque de la ciencia del caos.
 Dalí dijo que había que crear sistemáticamente desorden porque el desorden ponía en movimiento la creatividad, y esto nos parece hoy de una racionalidad y coherencia absolutas, pero en 1935 era un pensamiento de avanzada que pocos entendieron y, menos aún, se tomaron el trabajo de revisar con apertura y amplitud mentales; Russell, que en el campo de la filosofía de la ciencia, fue también un pionero, dijo hacía 1960 que “en todo esquema ordenado que le dispusiese un patrón a la vida de los seres humanos había que inyectar cierta dosis de anarquía”[6]

La idea de que a partir de la creación sistemática de desorden se activa el mecanismo mental de un nuevo orden, a partir de la creatividad sistémica que pueden ver los seres humanos en los patrones de ese desorden en evolución y ebullición, es sin duda más reciente (James Gleick, 1987), pero este pensamiento, como tantos otros, está en los gérmenes de nuestra propia historia cultural (Heráclito, siglo V AC y Parménides), profusamente documentado, por cierto, por Fritjop Capra en El Tao de la Física.
Pero Salvador Dalí, no simplemente lo dijo en la década del 30, sino que además lo convirtió en el eje metodológico de su trabajo (método paranoico crítico), que lejos de ser otra de su mal llamadas locuras, como antes anoté, es, en mi opinión, una bella metáfora anticipatoria de los sistemas de lógica borrosa, y en general, de la nueva ciencia.
 


[1] Este no es LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA, se trata de una escultura menos conocida llamada también así. Es propiedad de Santiago Shanahan, quien la mostró en Argentina en 2004, año del centenario de Dalí. Fotografía de Manuel Guzmán Hennessey, quien allí ofreció la conferencia: Dalí i la ciencia, Centro Cultural Borges, Buenos Aires, mayo 6 de 2004.

[2] La presencia de la ciencia en la obra de Dalí puede dividirse en los siguientes periodos:

  • Periodo Surrealista (1922-1939).
  • Periodo Nuclear (1940-1957).
  • Periodo Microfísico (1958-1960).
  • Periodo del DNA (1963-1975).
  • Periodo holográfico y estereoscópico (1971-1988).
  • Periodo de la Teoría de las Catástrofes (1988-1989).

[3] Según comentó entonces Luis Racionero al diario Avui: “Dalí recomendó a Thom y a Prigogine que hicieran las paces, lo cual demuestra que siguió atentamente los debates...”.


[4] Dalí puso siempre a sus relojes en las siete de la tarde; ver La persistencia de la memoria (1931), Desintegración de la persistencia de la memoria y los estudios previos y otros cuadros relacionados con esta última obra.


[5] Salvador Dalí, La conquista de lo irracional. Tomado de Liliana A. Berraondo,  Las vanguardias del siglo XX: Salvador Dalí - Marcel Duchamp.


(6) Sceptical Essays. Citado por Kosko en Pensamiento Borroso, Drakontos, p 2.

 

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