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La humanidad, a prueba

Por:Ángela Constanza Jerez y Ninfa Esperanza Sandoval

Foto:Varios

Nuestros aportes ante la pandemia.

La COVID-19 evidenció la capacidad de respuesta institucional

La COVID-19 puso a prueba a la humanidad. Como nunca antes, los profesionales y el sistema de salud han tenido que trabajar al límite para atender pacientes, buscar nuevos tratamientos y hallar la vacuna. Otros profesionales también han aportado sus conocimientos y tiempo para responder a los impactos de la emergencia sanitaria, social y económica. La Universidad del Rosario ha podido aportar a Colombia, en este contexto, en todos los frentes y esto ha sido posible gracias a que le ha apostado a la investigación. ¡La universidad tenía la capacidad!

La COVID-19 puso a prueba a la humanidad. Como nunca antes, los profesionales y el sistema de salud han tenido que trabajar al límite para atender pacientes, buscar nuevos tratamientos y hallar la vacuna. Otros profesionales también han aportado sus conocimientos y tiempo para responder a los impactos de la emergencia sanitaria, social y económica. La Universidad del Rosario ha podido aportar a Colombia, en este contexto, en todos los frentes y esto ha sido posible gracias a que le ha apostado a la investigación. ¡La universidad tenía la capacidad!

Primero fue el laboratorio de Microbiología, al ser autorizado para realizar las primeras pruebas de diagnóstico molecular de la enfermedad. Después, el Centro de Estudio de Enfermedades Autoinmunes (Crea), que, junto con otras instituciones, obtuvo la aprobación del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) para el primer ensayo clínico de plasma de convalecientes en pacientes con COVID-19. Y unos días más adelante, entre otras informaciones positivas del Rosario, se divulgó la existencia del proyecto Coronamonitor, en el que participa la Facultad de Economía. Su misión es obtener información sobre salud y condiciones socioeonómicas de las personas en tiempo real para que las autoridades puedan tomar decisiones.

“En medio de lo difícil que ha sido todo esto, podemos decir que han pasado cosas buenas, como comprobar que estábamos suficientemente preparados. Por ejemplo, habíamos hecho inversiones importantes en equipos y espacios; formado y contratado profesores de talla internacional como investigadores y mapeado procesos que nos indicaron qué se debe hacer, cuáles son las rutas, quiénes son los responsables. Todo eso fue fundamental para reaccionar de manera inmediata a las diferentes necesidades que se han dado en el país”, señala María Martínez Agüero, exdirectora de Investigación e Innovación de la Universidad del Rosario.

Por eso, para ella la mayor lección de estos meses es que invertir en investigación definitivamente sí es inversión y no gasto. “No se sabe cuándo esa inversión dará frutos. Puede ser de manera rápida o puede tardar años; pero siempre estará justificada”, dice.

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Más allá de la salud

Además de haber estado preparada con un ecosistema vigoroso de investigación, María Martínez considera que la Universidad del Rosario demostró que otras áreas también estaban listas para un momento de emergencia como el actual. Esto debido a que cada proceso que se ha tenido que realizar durante 2020 para dar respuesta a los impactos de la pandemia ha requerido del conocimiento y compromiso de equipos diferentes al científico. Por ejemplo, solo la firma de un convenio con el Gobierno nacional requiere de la articulación de múltiples actores internos: unidades académicas, Oficina Jurídica, Dirección Financiera, Dirección de Investigación, compras y otros, que si no hubieran tenido varios años de práctica en realizar y mejorar procesos y protocolos no habrían podido responder a tiempo.

“Todo esto muestra un capital humano muy comprometido y una institución robusta que lo respalda para que pueda hacerse el trabajo. Los momentos de crisis siempre son estratégicos para evidenciar las fortalezas y estas han brillado”, asegura.

El decano de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Gustavo A. Quintero Hernández, agrega que la actual emergencia también evidencia lo bien que están preparados para pensar “fuera de la caja”. Eso les ha permitido dar respuestas prontas a los retos que a diario se les presentan a los diferentes equipos, pues no solo desde el área de la salud se está trabajando para satisfacer las demandas de la actual situación.

Precisamente, para Martínez el tener una dimensión más amplia de la pandemia es otro claro ejemplo del compromiso institucional de URosario. A diferencia de la opinión pública, que ha concentrado su interés en los tratamientos y la vacuna contra el virus, los investigadores de la universidad han enfilado baterías en diferentes frentes para atender los asuntos inmediatos, pero también los que están por llegar.

“Los profesionales de la salud de la Facultad de Ciencias y de la Escuela de Medicina, así como de los hospitales con los que tenemos convenio, como Méderi (una de las instituciones hospitalarias de Colombia con el mayor número de camas de cuidado intensivo), han estado de manera directa atendiendo todos los problemas de salud, pero al ser un asunto de la población humana, se dan otras situaciones que requieren la intervención de profesores de Economía, Ciencias Humanas y otros campos que se están haciendo preguntas de investigación”, explica.

Efectivamente, investigadores de distintas facultades de la Universidad del Rosario han ideado proyectos, se han sumado a otros, les han dado un giro a los que venían realizando o los han anticipado para atender situaciones distintas a las netamente relacionadas con el tratamiento de la COVID-19 o la búsqueda de la vacuna.

Es el caso de la metodología de laboratorio que se lleva a cabo en la Facultad de Ciencias Humanas y que desde abril está destinada a resolver inquietudes que se están dando por la pandemia en el sector cultural. O el proyecto Generaciones que Conectan, también de la Facultad de Ciencias Humanas, que busca desarrollar habilidades digitales en los adultos mayores para que no queden aislados y se sientan útiles.

 

Estaba en su primera etapa y de repente tuvo que pasar a la siguiente para desarrollar de manera pronta las habilidades de adultos mayores, una población que se ha visto restringida en su movilidad como ninguna otra por la pandemia. “El trabajo remoto, el distanciamiento social, el aislamiento, el desempleo y otras situaciones que estamos viviendo como población humana son importantes de analizar y es maravilloso ver a nuestros investigadores que lo están haciendo. Se están formulando preguntas, generando o fortaleciendo redes nacionales e internacionales, haciendo convenios, buscando socios para enfrentar esa otra cara de la realidad que nunca antes, a los que estamos hoy, nos había tocado vivir”, agrega María Martínez.

El decano de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud resalta ese componente de trabajo colectivo. En su concepto, uno de los mayores aprendizajes que deja la pandemia es la capacidad que tiene la universidad para llamar y convocar a otros, para la lograr la solidaridad del país, gracias a su prestigio de tantos siglos. “Nunca antes, Colombia había vivido una oportunidad de trabajo colaborativo como la que se está viviendo hoy en día. Todos nuestros proyectos tienen una inmensa colaboración nacional e internacional. Creo que hemos hecho realidad, sin proponérnoslo, la ciencia abierta. Un discurso que teníamos en la teoría. Tenemos que compartir investigación, trabajos, nuestros resultados, publicaciones. Abrir la ciencia al mundo en vez de estar trabajando cerradamente entre los muros de la universidad, la COVID-19 nos ha permitido hacerlo”, señala. Esas iniciativas, así como las directamente relacionadas con el campo de la salud, son las que se registran en este informe especial. Todas ellas dan cuenta de un trabajo colectivo de profesionales de diversas áreas que laboran sin descanso, sin tiempo para ellos ni sus familias. Profesionales muy comprometidos, tanto que en algunas ocasiones arriesgan su vida. “Un momento tan adverso como el que estamos viviendo requiere del trabajo de todos. Requiere además que entendamos que este también es un asunto ambiental. El cambio climático sí existe, la deforestación es un problema de todos, la zoonosis es real (enfermedad propia de los animales que puede trasladarse a las personas). Se requiere investigación y políticas estatales que respalden esto”, finaliza Martínez, profesora de la Facultad de Ciencias Naturales, quien además es Ph.D. en genética de poblaciones y biología evolutiva.