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La importancia de las ciencias de la salud en el día después

Esta crisis sanitaria que por estos días llegó a su clímax de contagios para nuestro país, nos ha dejado muchas enseñanzas y la imperiosa necesidad de construir nuevos estándares con base en las deficiencias que hemos tenido que sortear y de los aprendizajes rápidos que tuvimos que incorporar.
 
Una de ellas es que la crisis nos ha tocado a todos sin distingos, lo cual quiere decir que estamos indisolublemente unidos en una misma sociedad. El sufrimiento y la desesperanza, la ilusión y la incertidumbre ha sido para todos, para unos más, para otros menos, pero para todos, un común denominador. Somos una sociedad en la cual lo que le pueda pasar a alguno nos puede pasar a todos. Tenemos la misma exposición y los mismos riesgos de quedar atrapados en la misma calamidad. De este hecho, que hemos vivido en carne propia se desprende una lección, ojalá aprendida, de la importancia de la solidaridad. Hemos sido solidarios ante la emergencia y debemos continuar siéndolo después de ella.
 
Pero hay muchas cosas que cambiar. Por ejemplo, la forma como el Estado se relaciona con todos, pero sobre todo con los más vulnerables. La demostración que los hechos han expuesto de que se puede y se debe proteger al que lo necesita y que es menester procurar el estado de bienestar para todos, lo cual conlleva a replantearnos la definición de salud, como esta Escuela lo ha propuesto desde hace más de una década; no como un estado sino como un proceso cultural, social e histórico [económico] sobre el cual está subsumido lo biológico es decir hacía la búsqueda de un estado de bienestar que deje de lado la incentivación de la enfermedad y proteja e invierta más bien en la salud; el bienestar de la sociedad para prevenir la enfermedad que no es otra cosa que cambiar la ecuación y mantenernos sanos.
 
Nunca antes como ahora la atención primaria basada en la prevención y la promoción cobró tanto sentido y se demostró inexistente. La lucha, condicionada por la tendencia del sistema a mantenernos enfermos, fue por ventiladores para cuando llegáramos a cuidados intensivos cuando, en otra forma de entender la salud, bien pudo invertirse esos costos en campañas de promoción para mantenernos sanos: distanciamiento social, lavado de manos, uso de tapaboca, evitar aglomeraciones, que, además de sencillo, es mucho más barato y necesariamente perdurable e imprescindible aún para atender la pospandemia. Una inversión perdurable.
 
Pero sobre todo esto, si algo ha demostrado esta crisis es la importancia de los “trabajadores esenciales” en esta sociedad; aquellos sin los cuales no se puede vivir. Aquí los profesionales de las ciencias de la salud hemos demostrado nuestra esencialidad extrema y hemos recuperado el sitio que merecemos en la sociedad. Es necesario, ahora que tenemos un respiro, no perder lo ganado y propender por volver realidad esos merecimientos logrados con el sufrimiento de tantos que hicieron posible que aún estemos vivos.
 
Son ustedes, los que estudian para servir desde las ciencias de la salud, un grupo muy importante, fundamental diría yo, de trabajadores esenciales de esta sociedad. No se han equivocado al elegir estas profesiones de servicio, pero es necesario prepararse bien en lo que realmente importa para proveer a todos de ese necesario estado de bienestar.
 
La educación en ciencias de la salud debe entonces replantearse bajo estos nuevos preceptos, o, en el caso nuestro, ahondarse en ellos, pues la declaración de ese rumbo es, para esta Escuela, clara desde hace varios años y sus currículos están así dispuestos para lograr ese perfil de egresado con esas competencias que ahora se hicieron notoriamente indispensables.
 
La crisis nos da un respiro para reflexionar y como consecuencia de esas reflexiones, para hacer los ajustes de cambio que se requieran. Volver a lo mismo no es una opción y menos cuando las ciencias de la salud como profesiones esenciales hemos ganado un valor intrínseco que habíamos perdido desde hace un tiempo.
 
Bogotá, septiembre 1 de 2020
 
Gustavo Quintero Hernández
Decano Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud

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