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La devoción común

Palabras del decano Gustavo A. Quintero Hernández
durante la ceremonia de batas blancas 2019
“La devoción común”
 
Ayer les comentaba que hace 50 años, en un día como hoy, entré a estudiar medicina, como lo están haciendo ustedes hoy, en esta universidad. La mas ancestral escuela de medicina de este país, como quiera que sus albores se remontan a 1653 con la misma fundación del Rosario. Desde hoy, a ustedes y a nosotros nos une una devoción común; me explicaré mas adelante.
Para ese momento, 1968, este programa transitaba por su tercer año desde su reapertura en 1965.
Los estudios de medicina en el Rosario tienen un comienzo certero por allá en 1673 pero sin duda le cabe el honor de haber tenido el primer currículo medico del Nuevo Reino de Granada con Mutis en 1802 y de haber graduado al primer médico de esta nación en 1803. Tuvo que cerrar los estudios de medicina por 100 años, desde 1865 y, cuando los reabrió, lo hizo con un pensum tan revolucionario para la época, como al que ustedes ingresan hoy.
La historia de la medicina en Colombia está ligada a la historia de este Claustro y quisiera que ustedes lo tuvieran claro en esta ocasión pues conlleva una inmensa responsabilidad para ustedes y para  nosotros, cual es el peso de la historia pasada, presente y futura, y, sin lugar a duda, hacemos parte de ella. No están ingresando hoy a cualquier programa de medicina sino al mas tradicional y novedoso de todos; si, así de contradictorio, tradicional y novedoso, como el lema de nuestra universidad: nova et vetera.
Para qué decirles en esta ocasión, concilié, felizmente, mis propios sentimientos y expectativas en ese julio de 1968. Eran otros tiempos, sin duda pero ya verán que nos unen muchas cosas.
Para ponerlos en contexto, en la década de los años sesenta del siglo pasado, a cuyos finales me estoy remontando, los premios Nobel de medicina recayeron sobre von Bekesy por la actividad vibrante del tímpano en 1961; Crick, Wilkins y Watson (a quien, por cierto, la semana pasada, le retiraron todos los honores por cometer la tonteria de decir que la inteligencia de los negros era menor a la de los blancos), por el descubrimiento del código genético en 1962; Huxley y Eccler por el influjo nervioso en 1963; Bloch y Lynen por los estudios reguladores del metabolismo de la colesterina y ácidos grasos en 1964; Monod, Lwoft y Jacob por la síntesis y comportamiento de las proteínas en 1965; Rous y Huggins por sus aportaciones sobre el sarcoma experimental del pollo y tumores de próstata y mama en 1966; Harthime y Wald por el estudio sobre fisiología de los colores en 1967; Robert W. Holley, Har Gobind Khorana y Marshall W. Nirenberg por su interpretación del código genético y su función en la síntesis de proteínas en 1968; Max Delbrück, Alfred D. Hershey y Salvador Luria por sus descubrimientos sobre el mecanismo de replicación y la estructura genética de los virus en 1969; Julius Axelrod, Ulf von Euler y Bernard Katz por sus descubrimientos sobre los neurotransmisores y el mecanismo de su almacenamiento, liberación e inactivación. Sin lugar a dudas fue la decada de la bioquímica y de la genetica; del inicio de la biología molecular; de la utilización médica de las ciencias en gran escala. La década de la medicina científica!
En lo social, acababa de sucederse lo que se conoce como el Mayo francés o Mayo del 68; la cadena de protestas que se llevaron a cabo en Francia y, especialmente, en París durante los meses de mayo y junio de 1968. Esta serie de protestas fue iniciada por grupos estudiantiles de izquierda contrarios a la sociedad de consumo, a los que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales, los sindicatos y el Partido Comunista Francés.
La entonces facultad de medicina del Rosario combinaba bien fortalezas en ciencias básicas y biomédicas con las ciencias sociales y humanísticas y su curriculo rompia paradigmas de la enseñanza medica al estilo europeo; incorporaba la práctica clinica temprana, la atención primaria en salud con foco comunitario y acortaba la carrera de medicina a cinco años mas el internado, entre otras novedades. Estudiar en el Rosario se constituia en todo un reto y recuerdo bien los consejos de muchos a mis padres de pensarlo dos veces antes de permitirme entrar a estudiar en una Escuela que rompia con el ordenamiento curricular de la época. Eso de por si ya era para mi muy atractivo pues conciliaba una tradición de mucho peso con una experiencia innovadora que aseguraba el lema de siempre viejo, siempre nuevo tan fascinante de esta universidad.
Sin duda fue una buena decisión estudiar medicina y hacerlo aquí. No se equivocan ustedes tampoco al habernos elegido pero si quiero que tengan en cuenta lo que eso implica.
El mundo ha cambiado mucho en estos 50 años; la medicina tambien. Los adelantos cientificios se han profundizado cada vez mas sobre los pilares de la ciencia básica y biomédica y han hecho posible entender mejor las enfermedades, curar muchas de ellas y prevenir un sinnumero de condiciones patologicas. El predominio de las ciencias duras es evidente en detrimento de las ciencias socio humanísticas, lo cual ha sido un error de la práctica médica en este medio siglo, que hay que recuperar.
Richard C. Levin, el Presidente de la Universidad de Yale, al recibir a los nuevos estudiantes que ingresaban al Yale College en 2003[1], citaba el segundo coro de la Antígona de Sófocles: “Hay muchas maravillas, más ninguna es tan grande como el hombre”. Y el coro exulta los poderes del hombre sobre la naturaleza y sus logros como ser racional[2].
El hombre como ser psicosociobiológico es un sistema adaptativo de alta complejidad, lo que hoy llamamos un “sistema caótico”, para significar que es uno de los sistemas aperiódicos, los que no son lineales. Como tal, su comportamiento es impredecible por las leyes conocidas de la física o las matemáticas. La variabilidad es la ley de la vida, decía Wiliam OIsler[3] hace casi cien años, y “así como no hay dos rostros iguales, tampoco dos cuerpos son iguales, y ninguno de dos individuos reacciona de manera similar bajo las condiciones anormales que llamamos enfermedad… La probabilidad es la guía de la vida”. Según cita de C.D. Naylor[4], Osler expresó que “la buena medicina clínica siempre sabe unir el arte de la incertidumbre con la ciencia de la probabilidad.” 
Para ejercer la medicina, para ejercerla bien, se requiere un profundo conocimiento cultural e intelectual. Pero la medicina no es sólo conocimiento: es también la observación de valores, de comportamiento, de responsabilidad y, especialmente, de humanitarismo y de compasión.
 
En ese entorno y con esas consecuencias mis expectativas eran las mismas, creo yo, que las que tiene ustedes hoy; ser buenos médicos, quizas buenos científicos, pero ante todo excelentes seres humanos. ¿Qué ha cambiado? Sin duda la ciencia; ¿Qué sigue igual? Los ideales ¿o no? El Hombre, lo humano que nos une.
Si algo distingue esta escuela medica en Colombia, además de la excelencia en el proceder médico,  es el carácter sociohumanístico de sus egresados. Eso no ha cambiado y no va cambiar; es nuestro rumbo trazado desde la colonia, es el caracter nuestro y de quienes nos han precedido y debe ser el de ustedes. Sí, como en la Antígona de Sófocles: “Hay muchas maravillas, más ninguna es tan grande como el hombre”. Lo que importa es el hombre, el ser humano que sufre y al cual desde ya podemos ayudar. La historia cambia, los descubrimientos son cada vez mas veloces pero el hombre y su sufrimiento en esta carrera sigue siendo el mismo y esa es nuestra devoción comun. Señores, desde hoy tenemos una devoción común!
Como bien lo dijera Harvey Cushing. El 5 de julio de 1926, Harvey Cushing, el creador de la neurocirugía y tal vez la figura médica norteamericana más prominente del siglo XX, hablando en la graduación del Jefferson Medical College en Filadelfia, hizo la siguiente cita: “Según un viejo decir, el interés no es lo que une a los hombres; el interés los separa; sólo hay algo que efectivamente une a la gente, y ese algo es una devoción común”.[5]
Sólo ello, una devoción común, más que ninguna otra influencia, se sobrepone a nuestros sentimientos egoístas, a nuestro orgullo y a los demás defectos de la naturaleza del hombre. Nuestra devoción común no es otra que la devoción a la medicina, la consagración del médico, el consecratio medici de Cushing, que une a los miembros de esta profesión que ustedes han escogido y cuyo estudio hoy comienzan, y los une con mayor fuerza y en forma más perdurable que ninguna otra actividad humana.
La consagración del médico a su ejercicio en esta era de avance tecnológico vertiginoso, en plena revolución de las comunicaciones y de la información, cuando nuestro conocimiento de la vida y de la enfermedad progresa rápidamente, se convierte en uno de los pilares más fuertes y confiables de la estructura y de la trama de la sociedad.
La devoción es un atributo que no se puede medir o registrar mediante estándares ordinarios
Porque la medicina es una actividad intensamente moral, por cuanto su propósito único y exclusivo es el bien y el bienestar del paciente. La devoción a ella es suprema expresión de humanismo y humanitarismo.
Que momento mas excelso viven ustedes; no solamente porque hoy ingresan a estudiar medicina que es ciencia y es profesión y que cómo profesión es la más generosa, la más noble y la más sublime de las actividades humanas, y como tal, da enormes satisfacciones, provee una sin igual gratificación afectiva e intelectual a quienes la profesan, sino por el momento mismo que como ciencia vive la medicina.
Hace poco tuvimos aca como invitados en sendas ocasiones, a dos de los ultimos premios Nobel de medicina: Jack Szostak, laureado con el premio en 2009 por el descubrimiento de la enzima telomerasa y por descubrir cómo los cromosomas están protegidos por telómeros; y a Edvard Moser, laureado con el premio en 2014 por su descubrimiento de las células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro; el GPS cerebral. Ellos dos son vivo ejemplo, con sus investigaciones, de para donde va la ciencia de la medicina en lo que resta de este siglo, que es bastante, y de lo que les tocará vivir a ustedes a partir de ahora.
Los telomeros de Szostak parecen tener la clave sobre el envejecimiento y la longevidad.
Colombia y el mundo envejece a ritmos agigantados. Para 2030, cuando ustedes hayan terminado sus estudios de pregrado y seguramente los de posgrado y estén en pleno ejercicio de esta profesión, las personas viviran más tiempo y las tasas de natalidad habrán disminuido. A nivel mundial, habrá alrededor de 1000 millones de personas mayores de  60 años y para el año 2050, se proyecta que dicha población llegará a más de dos mil millones y el número de centenarios (personas mayores de 100 años en adelante), se duplicará a casi 3.4 millones. En ese contexto, las condiciones de salud tales como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la artritis y el cáncer se encontrarán más en las poblaciones de mayor edad. Algunas de estas condiciones se conocen como "enfermedades del estilo de vida" porque están relacionadas con la inactividad física, la mala elección de la dieta, el estrés emocional y la falta de actividad cognitiva. También se relacionan con la falta de acceso a la atención médica. El 2030 nos tomará con este escenario en marcha. El del nuevo adulto que requiere de un manejo especializado pero sobre todo preventivo para un envejecimiento saludable y una longevidad inevitable que no exponga el sistema social y de salud de los paises.
Y la neurociencia , de la cual hace parte las investigaciones de Moser, les permitirá, por ejemplo,  a los  cirujanos en 2030 ser capaces de enrutar nervios para permitir el movimiento en manos paralizadas a través de la ingeniería biomédica. Para esa epoca, la investigación será el hilo conductor de los procesos educativos. Habrá inmensos desarrollos en robótica, genética y genómica y medicina personalizada que no le será ajena a la neurociencia incluyendo temas de reisiliencia y cognición social, enfermedades nuerodegenerativas y cronicas no trasmisibles como el Alzheimer y otras enfermedades neurologicas. Será comun el uso de la neurociencia computacional. El cerebro será un telecomando universal.
Y cito solo dos ejemplos de lo que nos está sucediendo y está por venir.
¡Que fascinante mundo el que les espera! ¡Qué fascinante desarrollo de la ciencia médica el que tienen por delante! Por eso les digo que no se han equivocado al escoger estudiar medicina.
Estudiar medicina y ejercerla es quizás una de las mayores satisfacciones que uno pueda tener en la vida. Es la más gratificante de las carreras tanto en lo emocional como en lo intelectual porque la medicina es ciencia y arte. No se les olvide esto.
La medicina es ciencia y es arte porque, así como para el abordaje de la enfermedad del paciente se requiere de un carácter científico, para el abordaje del paciente como persona y de su familia y de los alcances de la enfermedad, se requiere más del arte que de la ciencia. Este concepto podría interpretarse más como el “humanismo” de nuestro ejercicio profesional que, como el arte implícito en el ejercicio de la medicina, pero es lo que nos distingue, nuestra devoción común.
Decía yo al principio que la decisión que ustedes han tomado supone una responsabilidad enorme. Significa algo muy importante y ese es el simbolismo de este acto de iniciación en el cual ustedes recibieron de sus mentores la bata blanca.
¿Que pueden recordar ustedes de sus primeros contactos con el doctor, cuando niños, sino su distintivo por la bata blanca?  La bata blanca simboliza candor, del latín candidus que quiere decir blanco. Eso es lo que busca la sociedad de nosotros, candor, transparencia, rectitud, pureza en nuestros actos, compasión, honestidad, responsabilidad, honradez, es decir profesionalismo y eso es lo que les entregamos a ustedes hoy simbolizado en esta forma de vestir que los distinguirá entre todas las profesiones, porque han decidido estudiar y ejercer la más humana de todas ellas; y eso es lo que espera el paciente de nosotros.
Por eso, este acto significa algo tan serio y trascendente y en consecuencia una enorme responsabilidad. Enaltezcan siempre su profesión y dignifíquenla llevando con honor este distintivo que les entregamos hoy, no solo de la forma de vestir del médico, sino de su forma de actuar. Ingresan ustedes hoy a estudiar la ciencia de la medicina, pero créanme que desde ya pueden empezar a ejercer su arte, el arte del humanismo a través de la compasión por el que sufre y que se representa bien en la bata blanca que es, sin duda, el símbolo de la medicina.
Quisiéramos que ustedes, los estudiantes que comienzan sus estudios en el programa de medicina consideren que su educación y su papel como futuros médicos debe llevarlos a aspirar a ser dignos de usar la bata blanca.
Con esta ceremonia de las batas blancas, les damos la bienvenida a ustedes, que se embarcan desde hoy en la carrera para ser médicos, e ingresan a hacer parte de esta comunidad, dándoles este poderoso símbolo de la compasión y el honor.
Recuerden que la sociedad percibe el comportamiento individual de cada uno de nosotros como un todo, es decir, como el de la colectividad médica.
La Bata Blanca también les da un estándar contra el cual deben medir  cada acto de la atención a los pacientes que confían en ustedes. Hoy, su contribución a la sanación y al bienestar de las personas, será seguramente solo a través de una mirada compasiva pero muy importante; en el transcurrir de la carrera esa misma mirada compasiva, que nunca se debe perder, se irá llenando de ciencia y la combinación de las dos producirá mucho bien en ellos y muchísimas satisfacciones en nosotros. No se han equivocado al escoger esta carrera donde el servicio se presta desde el mismo momento en que decidimos ser  médicos.
Hay que estudiar duro todos estos años. William Osler, a quien ya me referí y ustedes oirán mencionar muchas veces y de quien aprenderán muchas cosas, decía, en sus aforismos hace mas de 100 años, pero con una vigencia que aplica al momento actual, sobre lo que es la profesión médica lo siguiente:
“Algunos les dirán que la medicina esta subvalorada, mal pagada, que sus miembros trabajan como esclavos, que sería la última de las profesiones que ellos le recomendarían estudiar a los jóvenes. No escuchen a estos quejumbrosos; la razón de su descontento no es difícil de entender. Los males que ellos  describen yacen en ellos mismos. Ellos mismos sembraron la semilla cuando fueron estudiantes como ustedes los son, la sembraron en horas de ociosidad, de desatención a sus estudios, y como consecuencia de la imposibilidad de acatar los principios de la ciencia que requiere la medicina y sin los cuales, ciertamente, la práctica de la medicina se convierte en una esclavitud, por su degeneración hacía el negocio. Yo más bien les digo que esta es una profesión honorable y quizás la más honorable de las profesiones; una que mientras les exige el mayor esfuerzo mental les proporciona el cálido contacto personal con sus compañeros y pacientes lo cual enriquece el corazón y el espíritu. Para cosechar los éxitos en los resultados de la práctica, hay que estudiar duro todos estos años. No se malgastan energías cuando se apoya al enfermo o al que sufre; cuando se ayuda a aquel que no puede hacerlo por sí mismo; cuando se arrancan de las garras de la muerte vidas valiosas…La felicidad yace en la vocación que satisfaga el alma”.
Créanme que los admiro y que siento cierta añoranza por el momento que viven hoy.
Los admiro porque ciertamente ustedes son una minoría selecta dentro de la educación superior en Colombia y están aquí hoy después de superar obstáculos, aprovechar oportunidades, y siendo los mejores, y no pueden ser inferiores a esa responsabilidad; y siento cierta añoranza porque el momento que viven hoy será inolvidable en sus vidas, como lo fue en la mía, llenos de expectativas, de ilusiones, de posibilidades, de triunfos por venir en una carrera cargada de momentos difíciles, de sacrificios pero siempre llena de recompensas.
¡Bienvenidos, promoción 2025, a esta devoción común, que deseo sinceramente, sea la travesía más fascinante de sus vidas!
Bogotá, enero 25 de 2019

 
[1] Levin RC. The Work of the University. Yale University Press. New Haven, 2003.
[2] Sófocles. Antígona. Panamericana Editorial Ltda. Bogotá, 2003.
[3] Osler W. Counsels and Ideas. & Selected Aphorisms. The Classics of Medicine Library. Birmingham, Alabama, 1985.
[4] Naylor CD. Grey zones of clinical practice: some limits to evidence-based medicine. Lancet 1995; 345:840-42.
[5] Cushing H. Consecratio medici and other papers. Little, Brown, and Company. Boston, 1928.

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