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Día Mundial de la Tierra 2020: una celebración inusual a cuenta del COVID – 19

Juan Camilo Moreno

Redacción Nova Et Vetera

El 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra. Este año, con una variable excepcional: la pandemia de coronavirus que azota a más de 180 países. La Universidad del Rosario, de la mano de sus expertos, analiza y propone medidas para aportar mejoría ambiental en medio del caos actual. Con pequeños pasos, empiezan los largos caminos.

En medio del aislamiento en el que se encuentran la mayoría de los países en todo el mundo, se han presenciado diferentes situaciones en las que la tierra, con su naturaleza, nos manda fuertes mensajes. Desde imágenes donde distintos animales hacen aparición en capitales mundiales como Madrid, París, Nueva York, entre otras; hasta una constante disminución del smog (niebla contaminante) en ciudades con una gran población, por ejemplo, la capital colombiana.

Este Día Mundial de la Tierra se celebra enfrentando una crisis sanitaria mundial y, por esto, existen muchas aristas a analizar en medio de un tema que parece no limitarse a las imágenes compartidas por redes sociales. Tenemos que reconocer las diferentes afectaciones de que este día se celebre bajo estas condiciones.

¿Cómo aporta el coronavirus

al medio ambiente?

Más que el aporte del virus en sí, son las medidas que se han tomado frente a este, que generan respuestas amigables al medio ambiente. Mientras el contagio del COVID-19 gana terreno en el mundo, con más de dos millones de casos confirmados a la fecha, varios medios de comunicación y redes sociales señalan signos de progreso ambiental como perspectivas esperanzadoras en medio de la pandemia viral.

Según Benjamín Quesada, doctor en Climatología y profesor de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, el freno que el coronavirus le puso al planeta, conlleva a una serie de consecuencias positivas y negativas y a diferentes lógicas sociales, como las económicas, políticas y, por supuesto, medioambientales. Quesada afirma que este tiempo de recesión y el poco transito humano en las ciudades, ha sido favorable para nuestro ecosistema en distintos factores.

“En el mundo, de manera temporal y mientras duren las restricciones de movilidad, se han registrado señales positivas como una caída de 25% de emisiones de dióxido de carbono en China durante un periodo de cuatro semanas; más del 85% en días con buena calidad de aire en 300 ciudades chinas entre enero y marzo de 2020; una reducción importante de dióxido de nitrógeno; entre otras más” afirma el profesor Benjamín Quesada.

Así mismo, según la ONG Greenpeace, organización que realiza campañas mundiales sobre temas ambientales, el aislamiento permite que el virus tenga límites de contagio, y mientras no se tomen medidas de restricción, el virus seguirá su curso natural. “La hipermovilidad humana es, sobre todo, lo que favorece la pandemia de coronavirus. De hecho, semanas atrás, si las personas hubieran disminuido cada vez más sus traslados, el contagio habría sido más limitado. Este es el objetivo del encierro, y es aquí donde hay consecuencias positivas para el medio ambiente”.

¿ Sabías que 7.700 millones de suscripciones a teléfonos móviles para 7.400 millones de personas en el mundo.

El dióxido de nitrógeno, como lo define el profesor de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, Benjamín Quesada, es un contaminante atmosférico resultante de las actividades de transporte y plantas de energía. Además, partículas finas también han disminuido en todas las ciudades con medidas de cuarentena. Resultados positivos de una pandemia que deja recoger algunas señales de esperanza y optimismo, como las fotos virales mostrando la naturaleza que retoma sus derechos. Por ejemplo, en la geografía colombiana, los delfines en la bahía de Cartagena volvieron nadando en agua natural color azul turquesa.

Una bombilla LED puede durar hasta 50.000 horas de vida y ahorra el 85% de la energia.

¿Cómo afecta el coronavirus?


“Más allá del peso de las imágenes, no tenemos que ignorar el choque de otros datos reales que muestran impactos negativos sobre el medio ambiente”, Benjamín Quesada.

Uno de esos choques es el abandono de varios programas ambientales a causa de la tragedia. Ponemos sobre la mesa el caso de la administración Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, quien permitió a las empresas de ese país romper las leyes de contaminación. Esto significa que las organizaciones que lo hagan, de una u otra forma, no se enfrentarían a sanciones por contaminar el aire, los bosques o el agua.

En Colombia, varios municipios han detenido los programas de reciclaje debido a los riesgos asociados con la propagación del virus. Asimismo, muchas corporaciones han anulado las prohibiciones de bolsas desechables y han comenzado a depender, una vez más, de los plásticos de un solo uso. También, las huellas carbonos del sector salud y red de comunicación han aumentado.

El profesor Quesada afirma que es muy importante entender que el cambio climático resulta de un efecto acumulativo de emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. En realidad, no es un cambio repentino. “Lo que puede pasar ahora, y en los próximos años en términos de cambios climáticos, depende de nuestras emisiones pasadas, presentes y futuras”. Contrario a la contaminación del aire o del agua, donde la abrupta disminución del transporte o de las acciones humanas puede tener un efecto inmediato e incluso visible, los cambios climáticos relacionados al COVID-19, como tal, no se pueden apreciar todavía. Si bien es cierto que se notan disminuciones de dióxido de carbono durante los periodos de cuarentena, para estabilizar el clima de forma certera, las emisiones globales deben reducirse constante y drásticamente durante décadas. No basta con una disminución puntual para resolver el problema del cambio climático.

Salvo a que no haya cambios estructurales, las actividades contaminantes causadas por acciones del ser humano, como energéticas, de agricultura extensiva, de industrias pesadas y de minería, retomarán pronto con afectaciones iguales o peores al medio ambiente. “Esto mejoraría inmediatamente y a futuro, si esta pandemia sirve como un electrochoque en materia social y ambiental”,afirma Benjamín Quesada.

Con pequeños pasos, empiezan los largos caminos, y las acciones que hagamos ahora, servirán para alivianar lo realizado años atrás. Hay que actuar y tener sentido de pertenencia de un planeta que, en conmemoración de su día, nos necesita más que nunca.

Programa de educación

ambiental URosario:

“Por una Universidad Sostenible”

Cualquier esfuerzo que hagamos para generar acciones sostenibles de uso de nuestros recursos naturales, debe partir de reconocer que la sociedad y la naturaleza tienen una relación estrecha y de doble sentido. Nuestras acciones afectan a la naturaleza, directa o indirectamente y, a su vez, los cambios en los sistemas naturales impactan a la sociedad, en una serie de relaciones de “toma y dame” positiva o negativamente.

Andrea Díaz, coordinadora de Sostenibilidad de Hábitat de la Universidad del Rosario, afirma que la acción es lo más importante cuando se habla de ser sostenibles. “El corazón del éxito de esta ‘guerra’, está en el cambio en las actitudes y comportamientos egoístas de las personas, comprendiendo que cada acción individual tiene repercusiones no solo personales sino en la sociedad en su conjunto”.

En la Universidad, con en el afán de construir una necesaria consciencia ambiental, se pretende implementar acciones enfocadas a la compresión, por parte de toda nuestra comunidad Rosarista, del concepto de sostenibilidad. Mediante programas académicos, de investigación y gestión administrativa, se quieren generar estrategias para llevar la teoría a la práctica.

Desde el acceso remoto, con el que actualmente la Universidad lleva a cabo sus actividades, existe una oportunidad para repensar el modelo de consumo de los hogares de los estudiantes y ser conscientes de los impactos negativos que genera tanto a nivel local, como regional y global. “La pandemia ejemplifica de manera contundente el potencial que tienen las acciones irresponsables, a nivel individual, de afectar negativamente una colectividad”, afirma Andrea Díaz.

A través de retos, organizados para redes sociales, la Universidad del Rosario propone una campaña para disminuir los impactos socioeconómicos derivados del consumo desenfrenado, que afecta notablemente al medio ambiente. Los retos son:

Retos

1.Reto Botella de Amor UR (Residuos):

La producción global de plásticos se ha incrementado exponencialmente en los últimos 30 años. De hecho, en los últimos 10 años, se ha producido más plástico que en toda la historia de la humanidad. En este reto, se propone incidir en la reducción del plástico en los hogares de la comunidad Rosarista, convirtiendo botellas plásticas con envolturas por dentro, en insumo para construir hogares ecológicos.

3.Reto Ahorro Energía UR:

Según las mediciones del Laboratorio Lawrence Berkeley, un teléfono celular promedio consume 3.68 vatios de energía del tomacorriente mientras se está cargando y 2.24 vatios cuando está cargado. Un celular cargando toda la noche usará, cada hora, aproximadamente 0.018. Si se hace eso todas las noches durante una semana, la cifra aumenta a 0.13; y todas las noches durante un año, da un total de 6.5 kilovatios de electricidad, energía que podría usar un hogar en La Guajira durante una semana.

Este reto propone a la comunidad Rosarista, compartir por redes sociales las formas como se ahorra electricidad en su hogar.

5.Foto o video de Avifauna urbana:

Este reto propone compartir por redes sociales fotos y/o videos de aves que visitan las casas o apartamentos de los Rosaristas. Una oportunidad para valorar y apreciar las diferentes especies de aves que pueden llegar a los ambientes citadinos.

2.Reto Ahorro Agua UR:

A pesar de que el 70% del planeta está cubierto de agua, solo el 3% es agua dulce. El resto del porcentaje lo conforman los océanos, mares y demás masas de agua salada y, por tanto, no apta para consumo humano. Del 3% mencionado, la gran mayoría (dos tercios) están contenidos en los glaciares y las nieves perpetuas de los polos. Al final, solo el 1% del total del agua es apta para consumo humano. Teniendo en cuenta lo anterior, mediante este reto le proponemos a la comunidad Rosarista, compartir por redes sociales las formas como ahorran agua en sus hogares.

4.Rosarista Sostenible Aire:

Una de las principales causas de la contaminación del aire en Bogotá, es la movilidad de vehículos motorizados a base de combustibles fósiles: Diesel y gasolina, usados tanto para el transporte público como para el particular. Un aporte muy concreto que la comunidad universitaria puede hacer es migrar hacia formas de movilidad no motorizadas como el modo peatonal, en bicicleta, patines o Scooter.

Aquí, se le propone a la comunidad Rosarista compartir por redes sociales las formas como se acondicionan físicamente para volver a la Universidad en bici, cuando se supere esta crisis.

Todos los retos estarán guiados y dirigidos por la Dirección de Hábitat de la Universidad del Rosario, y tendrán incentivos como: bolsas de tela ecológicas, botilitos, gel antibacterial, chaquetas rompevientos para ciclistas urbanos, cuadernos de material reciclable, entre otros. Los premios llegarán por domicilio a la casa de los ganadores.

Estas iniciativas, pensadas por la Universidad del Rosario, son pequeños pasos para empezar a generar una consciencia colectiva más fuerte que la individual. No se puede negar lo que es conocimiento de todos: el cambio climático está cobrando vidas. “No podemos estar en el mismo mundo con la misma mentalidad. Es una emergencia vital exigir políticas ambientales de lucha real contra estos flagelos. Para que no digan, en el último estadio de la negación de la realidad: ‘es demasiado tarde’”, concluye el profesor Benjamín Quesada.