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Divulgación Científica - URosario

Cultura y Sociedad

Cultura y Sociedad

El cristianismo transformó las identidades indígenas en el Guainía

Las comunidades de este departamento colombiano practican, mayoritariamente, el cristianismo evangélico. Algunos antropólogos interpretan esto como un caso de pérdida cultural. Para los pueblos indígenas la adopción del cristianismo es concebida como un cambio positivo en sus relaciones con los colonos y el Estado. ¿Quién tiene la razón?

  Fotos: Alberto Sierra, Esteban Rozo
Por Juliana Vergara Agámez


La historia y el presente de las poblaciones de la Amazonía colombiana no se pueden entender por fuera de los procesos de evangelización y colonización que han reconfigurado a estas sociedades. Como en toda sociedad humana, hay matices, variables y relaciones muy complejas que se han venido construyendo desde hace siglos. Para entender un poco más esta realidad, Esteban Rozo, profesor de Antropología de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, viene adelantando varias investigaciones antropológicas e históricas en los departamentos de Guainía y Vaupés, principalmente.

Llegó al tema haciendo trabajo de campo en el Guainía en 2005, cuando estaba vinculado a un proyecto sobre organizaciones políticas indígenas. Allí empezó a ver la importancia social y política de las iglesias evangélicas indígenas. Fue entonces cuando conoció el proceso de conversión masiva al cristianismo evangélico que incluye a la mayoría de la población indígena del departamento. Este y otros procesos paralelos, como la creación de la comisaría en 1965, y las diferencias y similitudes entre los misioneros católicos y evangélicos son su tema de estudio, presentado en diversas publicaciones.

El profesor Méndez es un destacado consultor empresarial, también reconocido por los importantes aportes que ha realizado en torno a la cultura, clima y cambio organizacional. Además de sus contribuciones en ámbitos académicos, investigativos y profesionales, hay un ser humano carismático, noble y sensible que goza de un aprecio infinito de los estudiantes antiguos y nuevos. Cuando se le dice que este artículo busca reflejar su labor académica y su lado humano, sus ojos se humedecen y su voz se quiebra.

Rozo comienza por mostrar que esto no se puede interpretar simplemente como un fenómeno de pérdida cultural. Cuenta que las iglesias evangélicas en el Guainía son autónomas, hablan su propia lengua y tienen sus propios pastores. Su presente es el resultado de una nueva configuración cultural, en la que sus practicantes no ven contradicción alguna en reivindicarse como indígenas y como evangélicos simultáneamente. Se trata de un cristianismo indígena que produce una relación particular con la modernidad y con prácticas indígenas que se consideran tradicionales. Los indígenas evangélicos no 'mambean' o consumen hoja de coca, no fuman, no consumen alcohol, ni celebran las fiestas tradicionales.

Desde afuera, los cambios asociados con la conversión al cristianismo se ven de manera negativa. Como señala Rozo, “en el imaginario está la idea de que para que un indígena sea realmente indígena debe ser menos moderno, estar menos vestido, vivir más alejado”. Persiste la idea de que son menores de edad a los que hay que cuidar, cuando en realidad son seres libres con derechos y autonomía para tomar sus propias decisiones.  

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En el Guainía se mantiene el racismo de blancos y mestizos, y frente a este hay un cierto empoderamiento por la vía de la evangelización.

¿Cómo se notan los cambios? Muchas comunidades en el Guainía tienen su propio templo, y han cambiado su organización política interna. En cada comunidad hay dos cabezas: el capitán, una figura de poder que apareció en la época de las caucherías, y que se encarga de llevar las relaciones con el Estado, y el pastor, el líder espiritual y moral. Frente a actores eternos, como los mineros, son los responsables de establecer las normas de convivencia, como la prohibición del alcohol y la prostitución, a cambio de permitir la explotación de los recursos naturales y garantizar el empleo del hombre de la comunidad.

Pero mientras que la lectura tradicional de los antropólogos ha sido negativa, los indígenas lo ven de otro modo, como Rozo ha podido constatar. Lo que sienten es que están construyendo nuevas relaciones con los colonos y los blancos, ya que estos últimos no los pueden tratar como salvajes. Defienden su posición asegurando que la evangelización los 'civilizó' y los puso al mismo nivel, porque ahora saben leer y escribir en sus propias lenguas, pero también saben las operaciones aritméticas básicas, que les permiten entablar negocios y defender sus intereses.

Todo empezó con una mujer

Esteban Rozo, antropólogo con doctorado en Antropología e Historia, narra en su artículo Between rupture and continuity. The politics of conversion in the Colombian Amazon que el proceso de conversión de los indígenas empezó en los años cuarenta del siglo xx, con la misionera norteamericana Sophie Muller, quien se internó en estos territorios, aprendió varias lenguas nativas y las empleó para traducir el nuevo testamento. Así enseñaba a los indígenas a leer y escribir en sus propias lenguas. “Ella les ganó la carrera a los católicos”, dice.

Los misioneros católicos, montfortianos específicamente, muchos de ellos franceses, llegaron a la región en el marco del Convenio de Misiones de 1902 del Estado colombiano con el Vaticano. Su cargo oficial era ´protectores de indígenas´, enviados también a ejercer soberanía en una vasta región que se denominó Territorios Nacionales. En su labor evangelizadora fueron un poco más tolerantes con prácticas tradicionales. Se encargaron de la educación de niños y jóvenes en internados y orfelinatos, mientras que los evangélicos trabajaban más con adultos. Los católicos se establecieron en el Vaupés, y los evangélicos, en el Guainía.

Antes que hacer una apología de unos u otros, Rozo busca problematizar el papel del cristianismo en los llamados territorios nacionales. Subraya que tuvo un efecto mucho más ambiguo, el cual se debe investigar y analizar porque “obliga a repensar las relaciones de las comunidades indígenas con el Estado”, desde la heterogeneidad de experiencias de los distintos grupos étnicos frente a las instituciones político-administrativas y a sus representantes.

El racismo persiste
El investigador señala también que persisten estereotipos de los indígenas, como que son perezosos o que las mujeres son materia disponible para los hombres blancos. En el Guainía se mantiene el racismo de blancos y mestizos, y frente a este hay un cierto empoderamiento por la vía de la evangelización. Por estas razones Rozo considera que la clave es intervenir imaginarios y estereotipos negativos que niegan la humanidad de los indígenas. “Tenemos que partir de un reconocimiento fundamental. Las razas solo existen como hechos sociales, no como un hecho biológico”, afirma tajante.

Por eso, es importante entender el racismo en su contexto social y político, así como sus nuevas formas de expresión, más sutiles, pero igualmente dañinas. También pensar cómo se han configurado las periferias y las zonas marginadas del país, desde una visión más compleja de la colonización y la evangelización, como procesos centrales en la configuración de las sociedades indígenas y de la nación.  

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Esteban Rozo: “En el imaginario está la idea de que para que un indígena sea realmente indígena debe ser menos moderno, estar menos vestido, vivir más alejado”.

Un par de veces estuvo desahuciado. “Este evento me acercó de nuevo a Dios, por eso en mi último libro escribí: Doy testimonio de la importancia en los momentos de la vida de la oración, la fe y la actitud positiva”. A pesar del dolor que le causa hablar y recordar este hecho, al final siempre termina con una sonrisa que le da fortaleza.

Legado

En sus recuerdos, el profesor Carlos recrea una especie de monólogo en el que, según sus palabras, “algún día entre mis reflexiones dije: Oiga, la gente tiene muchos problemas para hacer sus trabajos de grado, vamos a hacer un panfleto de 20 páginas para darle unas instrucciones: Guía para elaborar diseños de investigación en ciencias económicas, administrativas y contables, este fue creciendo y evolucionando hasta convertirse en el libro de más de 300 páginas llamado Diseño de procesos de investigación con énfasis en ciencias empresariales, que actualmente cuenta con cuatro ediciones.

Méndez ha hecho grandes aportes en temas de metodologías de la investigación y cultura organizacional. Gracias a su dedicación, en este momento existe un proyecto sobre cultura organizacional en la línea de estudios organizacionales del Grupo de Investigación en Dirección y Gerencia de la institución. Adicionalmente, está en revisión su último libro titulado La cultura, condición para el éxito de la estrategia.

El profesor hace especial énfasis en que el respeto y ejemplo al estudiante, son dos factores fundamentales en la vida de un académico. El año pasado estuvo postulado al Premio Portafolio al Mejor Docente Universitario y explica que sus mayores logros son haber participado en la formación de muchas personas y su producción académica. “Siempre he contado con el apoyo de los decanos de la Escuela. Algunos de ellos han sido mis estudiantes”, señala en voz baja Méndez, al anotar que esto lo hace sentir muy orgulloso porque es satisfactorio dejar huella.

Este incansable y activo profesor comenta con voz entrecortada por la emoción: “Después de mi enfermedad, lo que me motiva es venir acá, estar con la gente, sentarme en mi escritorio y escribir, ir a los salones y transmitir conocimiento, en otras palabras, sentirme vivo”.