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Cultura y Sociedad

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El cristianismo transformó las identidades indígenas en el Guainía

Las comunidades de este departamento colombiano practican, mayoritariamente, el cristianismo evangélico. Algunos antropólogos interpretan esto como un caso de pérdida cultural. Para los pueblos indígenas la adopción del cristianismo es concebida como un cambio positivo en sus relaciones con los colonos y el Estado. ¿Quién tiene la razón?

  Fotos: Alberto Sierra, Esteban Rozo
    Por Juliana Vergara Agámez

Septiembre/2019

La historia y el presente de las poblaciones de la Amazonía colombiana no se pueden entender por fuera de los procesos de evangelización y colonización que han reconfigurado a estas sociedades. Como en toda sociedad humana, hay matices, variables y relaciones muy complejas que se han venido construyendo desde hace siglos. Para entender un poco más esta realidad, Esteban Rozo, profesor de Antropología de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, viene adelantando varias investigaciones antropológicas e históricas en los departamentos de Guainía y Vaupés, principalmente.

Llegó al tema haciendo trabajo de campo en el Guainía en 2005, cuando estaba vinculado a un proyecto sobre organizaciones políticas indígenas. Allí empezó a ver la importancia social y política de las iglesias evangélicas indígenas. Fue entonces cuando conoció el proceso de conversión masiva al cristianismo evangélico que incluye a la mayoría de la población indígena del departamento. Este y otros procesos paralelos, como la creación de la comisaría en 1965, y las diferencias y similitudes entre los misioneros católicos y evangélicos son su tema de estudio, presentado en diversas publicaciones.


Rozo comienza por mostrar que esto no se puede interpretar simplemente como un fenómeno de pérdida cultural. Cuenta que las iglesias evangélicas en el Guainía son autónomas, hablan su propia lengua y tienen sus propios pastores. Su presente es el resultado de una nueva configuración cultural, en la que sus practicantes no ven contradicción alguna en reivindicarse como indígenas y como evangélicos simultáneamente. Se trata de un cristianismo indígena que produce una relación particular con la modernidad y con prácticas indígenas que se consideran tradicionales. Los indígenas evangélicos no 'mambean' o consumen hoja de coca, no fuman, no consumen alcohol, ni celebran las fiestas tradicionales.

Desde afuera, los cambios asociados con la conversión al cristianismo se ven de manera negativa. Como señala Rozo, “en el imaginario está la idea de que para que un indígena sea realmente indígena debe ser menos moderno, estar menos vestido, vivir más alejado”. Persiste la idea de que son menores de edad a los que hay que cuidar, cuando en realidad son seres libres con derechos y autonomía para tomar sus propias decisiones.  

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En el Guainía se mantiene el racismo de blancos y mestizos, y frente a este hay un cierto empoderamiento por la vía de la evangelización.

¿Cómo se notan los cambios? Muchas comunidades en el Guainía tienen su propio templo, y han cambiado su organización política interna. En cada comunidad hay dos cabezas: el capitán, una figura de poder que apareció en la época de las caucherías, y que se encarga de llevar las relaciones con el Estado, y el pastor, el líder espiritual y moral. Frente a actores eternos, como los mineros, son los responsables de establecer las normas de convivencia, como la prohibición del alcohol y la prostitución, a cambio de permitir la explotación de los recursos naturales y garantizar el empleo del hombre de la comunidad.

Pero mientras que la lectura tradicional de los antropólogos ha sido negativa, los indígenas lo ven de otro modo, como Rozo ha podido constatar. Lo que sienten es que están construyendo nuevas relaciones con los colonos y los blancos, ya que estos últimos no los pueden tratar como salvajes. Defienden su posición asegurando que la evangelización los 'civilizó' y los puso al mismo nivel, porque ahora saben leer y escribir en sus propias lenguas, pero también saben las operaciones aritméticas básicas, que les permiten entablar negocios y defender sus intereses.

Todo empezó con una mujer

Esteban Rozo, antropólogo con doctorado en Antropología e Historia, narra en su artículo Between rupture and continuity. The politics of conversion in the Colombian Amazon que el proceso de conversión de los indígenas empezó en los años cuarenta del siglo xx, con la misionera norteamericana Sophie Muller, quien se internó en estos territorios, aprendió varias lenguas nativas y las empleó para traducir el nuevo testamento. Así enseñaba a los indígenas a leer y escribir en sus propias lenguas. “Ella les ganó la carrera a los católicos”, dice.

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Esteban Rozo: “En el imaginario está la idea de que para que un indígena sea realmente indígena debe ser menos moderno, estar menos vestido, vivir más alejado”.

Los misioneros católicos, montfortianos específicamente, muchos de ellos franceses, llegaron a la región en el marco del Convenio de Misiones de 1902 del Estado colombiano con el Vaticano. Su cargo oficial era ´protectores de indígenas´, enviados también a ejercer soberanía en una vasta región que se denominó Territorios Nacionales. En su labor evangelizadora fueron un poco más tolerantes con prácticas tradicionales. Se encargaron de la educación de niños y jóvenes en internados y orfelinatos, mientras que los evangélicos trabajaban más con adultos. Los católicos se establecieron en el Vaupés, y los evangélicos, en el Guainía.

Antes que hacer una apología de unos u otros, Rozo busca problematizar el papel del cristianismo en los llamados territorios nacionales. Subraya que tuvo un efecto mucho más ambiguo, el cual se debe investigar y analizar porque “obliga a repensar las relaciones de las comunidades indígenas con el Estado”, desde la heterogeneidad de experiencias de los distintos grupos étnicos frente a las instituciones político-administrativas y a sus representantes.

El racismo persiste
El investigador señala también que persisten estereotipos de los indígenas, como que son perezosos o que las mujeres son materia disponible para los hombres blancos. En el Guainía se mantiene el racismo de blancos y mestizos, y frente a este hay un cierto empoderamiento por la vía de la evangelización. Por estas razones Rozo considera que la clave es intervenir imaginarios y estereotipos negativos que niegan la humanidad de los indígenas. “Tenemos que partir de un reconocimiento fundamental. Las razas solo existen como hechos sociales, no como un hecho biológico”, afirma tajante.

Por eso, es importante entender el racismo en su contexto social y político, así como sus nuevas formas de expresión, más sutiles, pero igualmente dañinas. También pensar cómo se han configurado las periferias y las zonas marginadas del país, desde una visión más compleja de la colonización y la evangelización, como procesos centrales en la configuración de las sociedades indígenas y de la nación.