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08 de mayo 2019

¿Es la justicia el camino para la reconciliación?

¿Es la justicia el camino para la reconciliación?
Nataly Fandiño
Dirección de Marketing y Comunicaciones
 
El pasado 25 y 26 de abril, se llevó a cabo el II Congreso de Derecho Internacional en el auditorio Jockey Club. El evento fue organizado por la Facultad de Jurisprudencia y contó con el apoyo del Colegio de Abogados Rosaristas, el Anuario Colombiano de Derecho Internacional (ACDI), el Anuario Iberoamericano de Derecho Internacional Penal (ANIDIP), el Anuario Iberoamericano de Derecho Internacional Humanitario (AIDIH), la Academia Colombiana de Derecho Internacional (ACCOLDI), la Red Latinoamericana de Revistas de Derecho Internacional (RELAREDI), la Red de Investigación Perspectivas Iberoamericanas sobre la Justicia y el Instituto Ibero-Americano de la Haya para la Paz, los Derechos Humanos y la Justicia Internacional. Uno de los temas discutidos fue la importancia de la justicia en el proceso de reconciliación (IIH).
 
¿Es la justicia el camino para la reconciliación? Según Floris Van Eijk, Primer Secretario de la Embajada del Reino de los Países Bajos en Colombia, la justicia es necesaria, pero no suficiente. Si bien es indispensable condenar las graves violaciones a los derechos humanos para renovar la confianza ciudadana en su aparato judicial o desestimular la llamada “justicia por mano propia” que surge por el deseo de venganza personal cuando los responsables de graves delitos no responden tanto al Estado como a la sociedad por sus acciones; la justicia necesita acompañarse con fórmulas no judiciales de búsqueda de la verdad y mecanismos humanitarios que alivien el sufrimiento de las víctimas.
 
Justamente, el Ministerio de Relaciones Exteriores de los Países Bajos, desde hace un par de años tomó la decisión de brindar apoyo técnico, financiero y político para la implementación del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición. De acuerdo con Floris, para que este sistema aporte efectivamente a la justicia y la reconciliación, la participación de las víctimas y de sus organizaciones es vital, porque son quienes conocen las profundas afectaciones que el conflicto ha producido y las formas de reparar el daño causado.
 
Con este propósito, la Embajada llevó a cabo una consultoría que dio como resultado los siguientes hallazgos:
  1. En el país están registradas más de 2.000 organizaciones de víctimas con diversos niveles de especialidad, capacidades, vinculación con comunidades de base y cumplimiento territorial, estas tienen gran interés pero a la vez pocos recursos para participar en el sistema y los mecanismos judiciales y extrajudiciales humanitarios.
  2. La tarea de pedagogía todavía es enorme, ya que muchas víctimas, pero también los responsables de grandes crímenes, funcionarios y ciudadanos desconocen el sistema y no saben cómo funciona. Aquí la academia podría ser una gran aliada para la difusión a diversos públicos, y este encuentro es un ejemplo de ello.
  3. El contexto colombiano es todavía frágil, debido a las incidencias de las FARC, las acciones armadas del ELN y las actividades de diversos grupos armados ilegales, sumado a que el asesinato de líderes sociales es sistémico.
 
Además de este informe, la Embajada actualmente acompaña seis proyectos de víctimas de la violencia contra la mujer, niños, niñas y jóvenes víctimas del conflicto, reclutamiento de menores y de violencia sexual, desplazamiento forzado, desaparición forzada y población LGBTI.
 
Y después de la justicia ¿Qué sigue? El perdón, sin perdón ninguna acción judicial puede compensar el dolor de las víctimas. Por ese motivo, Leonardo Párraga, embajador del Palacio de la Paz, creó Cartas por la Reconciliación, un ejercicio donde jóvenes y excombatientes entran en una conversación a través del intercambio de cartas y en ellas cuentan cómo cada parte ha afrontado el conflicto. El proyecto inició con 3.000 personas y estas fueron enviadas a las zonas veredales donde estaban los excombatientes; y una vez iniciado este proceso de hablar con el otro, surgió la posibilidad de plantear un encuentro cara a cara.
 
¿Qué se ha logrado con Cartas por la Reconciliación? En palabras de Leonardo, “se han roto los etiquetas de enemigo/asesino/terrorista y se han podido ver como seres humanos con los cuales comparten muchas características y también puede construir el país que desean”. Sin embargo, la oportunidad de tener este espacio de reconciliación con el otro solo es posible cuando hay un encuentro con el ser interior.
 
Según la experiencia de Rocío Cabezas Rocero, dinamizadora de ejercicios de memoria histórica con población afrocolombiana, el conflicto en su ciudad natal Tumaco, solo lo pudo entender cuando se preguntó ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Cuál es mi primer territorio?
 
“Me di cuenta que hablar de conflicto armado no es fácil y a veces queremos forzar a las personas a que nos cuenten sus historias, pero es necesario dar tiempo. Entonces, el ejercicio de perdonar hay que evaluarlo muy bien, porque toda persona lo hace desde su proceso personal,” expresó Rocío. Por eso es que perdonar es para valientes, porque es indispensable atravesar el dolor y el odio.
 
Precisamente cuando Rocío empezó a sanar sus heridas, su mamá inició el mismo proceso de reparación, solo que a través del canto como una forma de reparación simbólica. Aunque la construcción de la paz es colectiva, “se debe empezar por saber quiénes somos, quién es el otro y qué me aporta, cómo esa persona me construye y cómo tenemos unos relatos parecidos,” afirmó Rocío.
 
El camino del perdón es el acercamiento al espíritu y sobre este tema habló Rudith Edinson Camayo, zootecnista de la Universidad de Antioquía y coordinador del programa productivo en el Resguardo Pueblo Nuevo, quien considera que como comunidad indígena el perdón es un acto espiritual. En su intervención, él explicó el paso a paso que la comunidad ha hecho para sembrar la paz:
  1. No prejuzgar. No sabemos por qué tal persona perteneció a un grupo armado, pero tenemos que germinar la confianza con los excombatientes.
  2. No a la venganza, así nos hayan hecho daño. No a la venganza, porque si el otro nos da confianza, ya estamos en función de la verdad.
  3. Voy a hablar bien de ti, es un trabajo duro, pero en las relaciones que hemos construido ya podemos dar una referencia y decir: “el muchacho es bueno, es trabajador”.
  4. Te voy  a querer, eres bienvenido a la casa, eres parte de la sociedad, pero además, doy la vida por ti. Cuando uno llega ahí, dice caramba, ya hay reconciliación y perdón; pero eso es casi que espiritual.
“En nuestros conocimientos étnicos trabajamos mucho nuestra parte espiritual y nos esforzamos por abandonar el odio, pero también nos preguntamos qué pasó con aquellos que todavía tienen al guerrista dentro. En esos casos, no podemos apoyarlos y esperamos que la justica haga su deber y les exija a los excombatientes a decir la verdad aunque nos duela, pero con esa verdad es más fácil continuar tejiendo la reconciliación,” concluyó Rudith.

Así, entender exclusivamente el proceso de paz desde las leyes, sería negar la necesidad de implementar herramientas psicológicas y terapéuticas que traten el conflicto a nivel individual.
 


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