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08 de marzo 2018

Arriesgar para ganar

Arriesgar para ganar
Diego Cavanzo
Profesor de la Universidad del Rosario


Recuerdo el consejo que me dio mi padre hace unos años cuando estábamos iniciando nuestro primer emprendimiento: “si no estás dispuesto a arriesgarte, de lo único que puedes estar seguro es que vas a perder”. ¿Les suena conocido? Seguro que han escuchado decir esta frase a un gran número de personas en su versión original y popular: “el que no arriesga, no gana”. Al parecer todos la utilizamos y damos por sentado y real la gran verdad que encierra, pero ¿cuál es la otra parte de la verdad?

Partamos del concepto básico de que el riesgo es el insumo principal para conseguir algo. ¿Suena lógico no? Cualquier cosa que tiene el potencial de conducirnos a una mejor experiencia de vida tiene un riesgo. Piénsalo.

Cuando quieres conquistar a otra persona, te arriesgas a ser rechazado.
Cuando quieres hacer un deporte con tus amigos, te arriesgas a lesionarte.
Cuando quieres ser un buen estudiante, te arriesgas a sacar una mala nota.
Cuando quieres emprender, te arriesgas a que tu idea no sea buena o aceptada.
Cuando quieres sonreír, te arriesgas a no ser correspondido.

El éxito sólo es posible cuando se toman riesgos. La vida, para vivirla a plenitud, requiere estar dispuesto a soltar la seguridad de lo que se tiene para ir tras la manifestación de lo que se quiere. Si queremos aumentar el éxito y la calidad de vida, la pregunta no es si se va a tomar el riesgo o no, al contrario no hay otra forma de crecer que no sea arriesgando, no hay otra manera de avanzar que no implique la posibilidad de perder algo. La pregunta es ¿qué estás dispuesto a arriesgar?

Si no están dispuestos a arriesgar, no van a ganar. Van a perder con gran seguridad.

Hoy puedo afirmarles que si no arriesgan, pierden la oportunidad. Pierden la posibilidad de aprender, pierden la capacidad para cambiar, pierden el chance para vencer sus miedos, pierden la fortaleza que les permitiría arriesgarse la próxima vez.

Por el otro lado si se arriesgan, ganan. No necesariamente aquello específico por lo que se arriesgaron, quizá algo aún más valioso: experiencia, aprendizaje, orgullo o satisfacción. Estén dispuestos a arriesgarlo todo. Salgan de la zona de confort y siempre tengan el espíritu de un niño, en donde la única preocupación es buscar una nueva gran aventura. Un niño no piensa en el qué dirán, en el qué pasará, y mucho menos en el riesgo que se toma. Al contrario, solo piensa en el sentimiento de satisfacción de conseguir el objetivo. Invadan su razón con las ganas de triunfar. 

No tengan miedo de arriesgar y mucho menos de perder. No hay nada más valioso para el ser humano que su tiempo. Tengan miedo a perder tiempo. Relacionen el tiempo con dinero y les garantizo que sacaran el máximo de cada uno de sus días. Piensen que si se cambiaran las 24 horas del día por 24 dólares todos los días, los cuales no se acumulan para el siguiente día y al final del día se pierde lo que no se gastó, para que al día siguiente se inicie con los mismos 24 dólares, ¿qué harían? Los gastarían todos, harían todo lo que esté a su alcance para aprovecharlos al máximo. El tiempo es igual, no se acumula y lo que se perdió ya no se podrá recuperar.

Recuerden que la vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta: “¡UF! ¡VAYA VIAJECITO!”.
 

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