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Salud

18 de noviembre 2021

Las brechas y dificultades de las personas con discapacidad en Colombia

Las brechas y dificultades de las personas con discapacidad en Colombia
Por Juanita Téllez Zambrano
Estudiante de Medicina

 
En los últimos veinte años, la discapacidad ha sido vista con otros ojos. Aquello que antes se consideraba un castigo, ahora es tomado como una forma distinta de vivir. Esto cambia a medida que avanza la sociedad y en este momento se da importancia a dos conceptos: la diversidad y la participación. Existen distintos tipos de discapacidad de acuerdo con su origen, por ejemplo, unos son de origen congénito, que vienen desde el nacimiento, y otros que se desarrollan por un accidente o factor ambiental, de origen adquirido.

Actualmente, se han creado múltiples leyes que cobijan a las Personas con Discapacidad – PcD- y, poco a poco, se han abierto caminos más seguros para su inclusión en la vida social, política, económica y cultural de las comunidades; sin embargo, no se satisfacen plenamente sus derechos. En un país democrático se reconocería la dignidad de la PcD, garantizándole los efectivos derechos que no deberían quedarse en leyes que no cumplen con la satisfacción de las necesidades de estas personas, facilitando la inclusión y la participación en nuestra sociedad.
 
Discapacidad en Colombia


En el país, un 7,1% de la población presenta alguna forma de discapacidad según el censo del 2018. Además, un 48% de esta población con discapacidad se encuentra en el estrato 1 y un 32% en el estrato 2. Esto indica que las PcD, en su mayoría se encuentran en condiciones de pobreza, en vulnerabilidad o en situaciones donde su economía es estrecha y no tienen los suficientes recursos para tener una vida digna. Las PcD tienen derecho a la salud, al trabajo, a la educación y al orden social justo, entre otros, porque todos somos iguales ante la ley.

Ante las injusticias y la inequidad, se creó la Política Pública Nacional de Discapacidad e Inclusión Social -PPDIS- 2013-2020 que generó el Consejo Nacional de Política Económica y Social - CONPES. En ella se plantean una serie de enfoques y planes políticos para llegar a unos objetivos específicos. Uno de estos objetivos se describe como sigue: “Se busca garantizar a las personas con discapacidad el derecho a la vida en familia, a la inclusión educativa, laboral y productiva, a la participación en actividades culturales, recreativas, de esparcimiento y deportivas, al derecho a vivir independiente en la comunidad y a ser incluido en la sociedad.”

Con esta política se busca escuchar y tomar en cuenta las opiniones de las PcD, que su voz sea parte en la toma de decisiones y así ser agentes activos en la sociedad por medio de la inclusión.
 
Discapacidad en casa


En la PPDIS se plasma no solo la importancia de las PcD sino también la de sus familias y cuidadores. Ellos hacen parte de una red que facilita la participación y se relaciona directamente con la calidad de vida de la PcD. Muchas veces los cuidadores son familiares de la persona, ya que no pueden costear un profesional de la salud, y a pesar de que la política dice que se velará por aumentar las capacitaciones y personal, en la práctica esto no sucede. En el momento en que el familiar se vuelve el cuidador de la PcD cambia la economía y la dinámica de ese círculo familiar, ya que muchos de los cuidadores deben trabajar más horas y más duro. Incluso, en algunas situaciones, los cuidadores no logran el balance entre sus trabajos y el cuidado de una PcD, por lo que podrían terminar abandonando sus trabajos o a la PcD. Este es uno de los aspectos más duros de la discapacidad en casa. Sin embargo, no es el único.

En la PPDIS se plantea también que, en materia de acceso a servicios de salud, se incluirá en todos los planes de beneficios el suministro de los servicios y tecnologías de apoyo y dispositivos para la habilitación y rehabilitación funcional de las PcD, además “se diseñarán e implementarán mecanismos de articulación, seguimiento, monitoreo y se establecerán sanciones para las EPS e IPS, o quienes hagan sus veces, que nieguen o dilaten la atención en salud”.

No es un secreto para nadie que las PcD necesitan de esa atención, del cumplimiento de esas políticas, del servicio de salud, la tecnología de apoyo y los profesionales en este campo, pero no les cumplen. Los equipos son muy costosos, no son suficientes y los pocos que hay están mal distribuidos. Por ejemplo, según el Proyecto de Atención Integral a personas con discapacidad, familias, cuidadores y cuidadoras, del 2012, los equipos para la atención en salud de PcD se encuentran en mayor cantidad o disponibilidad en ciertas localidades como Usaquén o Chapinero que tienen menor tasa de PcD que Kennedy. Eso es inequidad, incumplimiento de la norma y es inhumano. Hacer políticas y aprobarlas no significa cumplirlas y, a pesar de que hemos avanzado en la inclusión y participación de las personas con discapacidad, no es suficiente.

Al hablar de la discapacidad en el aspecto social se debe tener en cuenta que a pesar de que se han implementado estructuras físicas, como rampas y ascensores, que faciliten el acceso de las PcD, en la cotidianidad se ven obligados a adaptarse, cuando el deber ser es que la sociedad sea quien los incluya y adapte sus conocimientos, actitudes, prácticas, leyes y políticas para su bienestar.
 
Caso de Don Jacinto

Los estudiantes de tercer semestre de Medicina de la Universidad del Rosario trabajan, como parte de su formación, en el análisis de un caso clínico de un paciente llamado Jacinto, el cual se tomará como ejemplo en este artículo. Don Jacinto es un hombre de 45 años que sufrió un evento cerebrovascular que afectó su estado de salud gravemente y trajo como consecuencia una condición de discapacidad. De su familia no se sabe mucho, por no decir que nada, a excepción de la preocupación por manejar la discapacidad en casa. Ante este caso sería lógico afirmar que don Jacinto es una persona que tiene los mismos derechos que cualquier otro cuidado. Pero, por su condición, es una persona que necesita de unos cuidados especiales, de un cuidador o una persona que esté a cargo de él.

Tanto para don Jacinto como para otras PcD, será mucho más fácil manejar la situación en casa si tiene una familia que lo apoye, ya que la familia es un facilitador para abrir los espacios de participación. En caso de no ser así, un cuidador externo o enfermero sería una buena opción, ya que en caso de que la PcD no pudiera movilizarse por sí mismo e incluso si tuviera dificultad al comunicarse, contar con este tipo de ayuda, la persona podría ir a las consultas médicas y hacer sus controles de salud. Pero, no necesita únicamente el apoyo familiar, sino también requiere recursos económicos, por ejemplo, sin ellos cómo podrá realizar correctamente su tratamiento, pues todo es costoso y lo que cubre el sistema de salud es insuficiente, ya que se da una mayor importancia al turno, papeleo y los formularios que a la salud de la PcD. A veces pareciera que el sistema de salud fuera excelente porque cobija a todos los colombianos, pero el hecho de acogerlos no es suficiente, eso no garantiza absolutamente nada.

Los médicos pueden ayudar a las PcD en su tratamiento, en su recuperación, aunque queden secuelas. Sin embargo, no es solo la ayuda del personal médico. Los profesionales de salud tendrían la opción de ayudar a las PcD y a sus familiares siendo soporte social, aplicando la ruta de atención primaria, ir hacia los que no pueden hacerlo. Un equipo interprofesional sería ideal, que todos cooperen desde su conocimiento y campo de acción con un mismo objetivo. Es importante aplicar aquellas leyes y políticas, aplicar la PPDIS y así poder llegar a los que más lo necesitan, apoyar, abrir espacios para que las PcD sean escuchadas, tomadas en cuenta en las decisiones y respetadas y que se cumplan esos derechos que todos tenemos.  

Colombia tiene planes y políticas como la Política Pública Nacional de Discapacidad e Inclusión Social 2013-2020, sin embargo, de nada sirve que en Colombia existan normas que buscan proteger a las personas con discapacidad, si en últimas, todo se queda en el papel o como letra muerta, puesto que, no se conforman efectivamente la infraestructura, los estamentos, el personal capacitado y bien remunerado que permita la ejecución y puesta en marcha de dichas leyes cuyo objetivo es proteger y desarrollar los derechos de las PcD.

El gobierno colombiano ya tiene las leyes, ahora es momento de cumplirlas. Las PcD necesitan apoyo y no sólo familiar, también de los profesionales de salud, y solidaridad de toda la comunidad. Como sociedad se puede convertir al país en un lugar donde este grupo tenga participación y una buena calidad de vida. Manejar la discapacidad en casa en abrumador de por sí, ya que no es tarea fácil, pero sin apoyo, sin recursos y con palabras al aire es aún más complicado. Hay que incluir a aquellas PcD en labores que puedan realizar de manera exitosa, hay que apoyar a aquellos que cuidan de las PcD y así, como sociedad, salir adelante, venciendo la inequidad y la exclusión.

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