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Sociedad

11 de mayo 2021

De los cuentos infantiles a las manifestaciones sociales: Censurar, cancelar o cambiar paradigmas

De los cuentos infantiles a las manifestaciones sociales: Censurar, cancelar o cambiar paradigmas
Por: Cindy Caro
#EquipoCORA


Dos temas que aparentemente no tienen nada que ver y que, en teoría, hacen parte de dos mundos diferentes:  los cuentos infantiles y las manifestaciones sociales; están demostrando la gestación de cambios de paradigmas de las formas en que entendemos la sexualidad de las mujeres y más exactamente el asunto del consentimiento.  

A propósito de la reapertura económica que se está viviendo a nivel mundial, el parque de diversiones de Disney reabrió sus puertas y allí, una de las nuevas atracciones reavivó una polémica, que ya data de varios años. Esto, referente a uno de los grandes clásicos de esta compañía. La emblemática escena final de Blancanieves: cuando ella estando dormida recibe un beso por parte del príncipe de la historia, fue recreada en una atracción del parque, hecho que molestó a varios visitantes y activistas, quienes manifestaron en sus redes sociales que en la escena era claro que el beso no fue consentido.  

En un contexto totalmente diferente, en el marco de las manifestaciones que se han venido llevando a cabo en todo el territorio colombiano; uno de los primeros hechos que generó la celebración, o indignación, de muchas personas, fue el derribamiento de la estatua del español Sebastián de Belalcázar, que es reconocido por la historia del pueblo Misak como un colonizador, no solo de tierras, sino de cuerpos; pues se recuerda que abusó sexualmente de un sinnúmero de mujeres indígenas. Algunas de las arengas que acompañaron el derribamiento de esta estatua ponía total acento en la violación del cuerpo de las mujeres indígenas y la reivindicación de sus derechos y memoria.   

¿Qué tienen en común Blancanieves y las indígenas? Seguramente muy poco... bueno, a menos que hilemos fino y veamos, por ejemplo, cómo Blancanieves hacía el trabajo doméstico de una casa en la que habitaban 7 hombres y por su parte, muy seguramente las mujeres indígenas y en general la mayoría de las mujeres, tenemos en nuestras espaldas las mayores cargas del trabajo doméstico en comparación con los hombres, hecho que en el país está más que documentado (observatorio Laboral de la UR, el DANE, ONU Mujeres). Sin embargo, este no es el eje de esta reflexión -aunque daría para mucho de qué hablar-. 

Lo que ponemos en común es que el cuerpo de las mujeres es visto como un elemento consumible, que se puede tocar, que se puede tener, violar o “simple” e “inocentemente” besar; como en el caso del cuento de Blancanieves y la manera en la que este hecho es visto hoy como un acto de abuso.  

Hay quienes creerán que es incomparable una escena “romántica” a la violación de las mujeres en una comunidad. Y evidentemente no es lo mismo, pero lo cierto es que la negación del consentimiento explícito de las mujeres sobre su deseo, ha sido un mecanismo muy utilizado para justificar hechos de violencia: como no dijo que no, quería decir que sí -como la mítica canción de Arjona-.  

Los desgarradores relatos que, en 2017, el Centro Nacional de Memoria Histórica expuso en el texto La guerra inscrita en el cuerpo y que habla sobre la violencia sexual en el conflicto armado, son un cruel recuento de las historias de miles de mujeres que no lograron decir no, por miedo a las represalias, por estar en indefensión y algo que es todavía más aterrador, porque era algo que ya pasaba desde siempre. En el informe se demuestra que la apropiación del cuerpo de las mujeres no fue un hecho enmarcado en las lógicas de la guerra, era una situación vivida en sus historias de niñez, incluso con las parejas que habían elegido. En estos relatos, besar, tocar, tener sexo, no son cosas que se preguntan, son cosas que se hacen, todo bajo esa lógica de: no dijo que no, entonces es un sí y tengo el derecho de tocar, besar y más.  

Blancanieves tal vez no comprendió que el príncipe abusó de ella, tal vez confundió con “romanticismo” este beso. Pero lo cierto es que hoy no le seguiremos enseñando a nuestras hijas, sobrinas, hermanas y estudiantes que un beso “robado” es un acto de amor y así mismo, también educaremos a los hombres, para que comprendan  que es mejor tener una relación horizontal donde explícitamente se demuestre el deseo, donde no sea necesario un sí “camuflajeado” -citando a Ricardo Arjona-, donde se reconozca que quien abusa de su fuerza o autoridad para hacer ceder a una mujer, está cometiendo un delito y cuando esto sea intolerable para todas y todos, seguramente la discusión no sea si se exagera  quitando la escena del beso de Blancanieves y el príncipe , sino explicando a los niños y niñas que vean la película, que  un beso se da despierto y que el ser “felices por siempre” no debe ser el fin de los cuentos y mucho menos, que se da por conseguir pareja.    

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