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La desigualdad en Colombia no cede

Por Alejandro Ramírez Peña

Foto Milagro Castro, Alberto Sierra, Ximena Serrano

Aunque los datos están disponibles, en el país no ha habido un análisis de la distribución del ingreso en las ciudades, que podría ofrecer elementos de política pública para que los alcaldes identifiquen cuáles son los mejores caminos para reducir la desigualdad. Investigación de la URosario comienza ese camino.

Aun cuando las cifras indican que Colombia viene superando la desigualdad, sigue siendo el segundo país más desigual de América Latina. El deshonroso primer lugar lo tiene Brasil. Según el Índice de Gini, parámetro que mide la desigualdad y que la calcula de cero a uno (entre más cerca del cero es menor), el país pasó la década reciente de 0,55 a 0,49, un salto que parece importante, pero que en realidad mantiene a Colombia en el podio, en la región más desigual del mundo.

Esta situación ha llamado la atención de Silvia Otero Bahamón, profesora principal de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, quien en los últimos años ha venido investigando, recolectando y procesando información al respecto, desde que comenzó a hacer su tesis sobre desigualdad subnacional en desarrollo social para su doctorado en Ciencia Política.

“Sabemos que entre todos los países hay diferencias, al igual que dentro de estos. Por ejemplo, en Chocó hay mucha más mortalidad infantil que en Cundinamarca. Mi tesis doctoral primero calculaba ese margen en el que varían los países frente al tamaño de su desigualdad subnacional y también trataba de entender cuáles eran las estrategias que las naciones han probado para disminuir rápidamente el tamaño de ese margen y eliminar las desigualdades subnacionales”, explica.

Lo anterior le generó mayor interés por las preguntas sobre desarrollo social, política social y dimensión subnacional de la desigualdad, por lo que ha estado realizando indagaciones relacionadas con esa línea de investigación, al tiempo que comenzó a interesarse por la desigualdad de ingreso en las ciudades colombianas.

“El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) produce información sobre ese campo y empecé a ver que hay ciudades en donde la desigualdad en los últimos 15 años se había reducido tanto como en un país exitoso en política social y en reducción de desigualdad como Uruguay, por ejemplo. ¿Cómo es posible que en el país la desigualdad de ingreso no se reduce mucho, pero dentro de él hay lugares que se vuelven mucho más iguales en términos de ingreso? Eso nos impulsó a plantear el proyecto que se presentó a Colciencias, hoy Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación, junto con varios investigadores de la Facultad y de la Universidad Tecnológica de Bolívar (quedó de primero en el Banco de Elegibles). Este trabajo tiene el objetivo de entender por qué unas ciudades reducen la desigualdad y otras no, o no tanto, y plantea una comparación entre cuatro ciudades: Bucaramanga y Barranquilla, que reducen mucho la desigualdad, y Pereira y Cartagena, que no la reducen tanto”, precisa Otero.

Entre lo que revela la investigación, para el momento en el que se plantea el proyecto, la capital risaraldense no había reducido mucho la desigualdad, mientras que Barranquilla la venía reduciendo de forma constante y pronunciada en 2002 y 2016 (que es el último año en el que cae y baja el 18 por ciento de su Gini inicial). Bucaramanga también disminuye la desigualdad en un 18 por ciento, aunque no lo hace de manera tan constante como Barranquilla, y tiene dos momentos fuertes de la reducción de la desigualdad: uno entre 2005 y 2008, y otro entre 2011 y 2016, logrando alcanzar un Gini comparable al de Uruguay.

Pereira presenta un gran estancamiento en la reducción de la desigualdad hasta 2013 y después de ese año pierde el 17 por ciento. Cartagena es la menos exitosa en esta tarea, de las cuatro que analizaron, al contar con una reducción del 7 por ciento, incluso menor a la del nivel nacional que es del 11.

“Entonces, el objetivo de la investigación es comparar esas distintas trayectorias de reducción de desigualdad en el país, por lo que en esta exploración estamos recaudando información sobre el ingreso de la población, con la ayuda de las encuestas que hace el Dane en las ciudades seleccionadas”, señala.

Para lograrlo, se ordena la población de menor a mayor por su nivel de ingresos y se divide en 10 grupos que tienen la misma cantidad de personas (deciles). “Analizamos la evolución del ingreso por decil de población y los hallazgos en términos de desigualdad son realmente impactantes”, afirma la investigadora.

En el ámbito nacional se evidencia que el 40 por ciento más pobre de la población colombiana (los primeros cuatro deciles) concentraba en 2002 el 9 por ciento del ingreso total, o sea, 40 por ciento de las personas más pobres no concentraban siquiera el 10 por ciento del ingreso; mientras que el decil más rico agrupaba en ese mismo año el 46 por ciento del ingreso, lo que significa una desigualdad muy alta.

Teniendo en cuenta lo anterior, el 10 por ciento más rico gana 5 veces más que el 40 por ciento más pobre, un número muy alto para el nivel internacional. Y si se adelanta la película y se llega hasta 2018, según la investigadora, a pesar de que en el país se ha reducido el Gini en un 8 por ciento, esto no se ve reflejado en cambios relacionados con el ingreso de los más pobres. Ahora, esta población ya no gana el 9 por ciento del total, sino el 12 por ciento, un poco más, pero sigue habiendo muchísima desigualdad. Y si se mira únicamente el 10 por ciento más pobre, es impresionante ver los últimos datos de 2018 donde se evidencia que obtiene apenas el 1,2 por ciento del ingreso nacional.
 

Los ingresos de la población son muy bajos

Partiendo de ese elevado nivel de desigualdad en Colombia, Otero asegura que la situación en las ciudades cambia un poco. En Barranquilla, según cifras de 2018, el 40 por ciento más pobre concentra un 15 por ciento del ingreso, mientras que el 10 por ciento más rico lo hace con un 36 por ciento, un poco mejor que el nivel nacional.

Bucaramanga, en el año en que más logra reducir la desigualdad (2016), el 40 por ciento más pobre obtiene el 17 por ciento del ingreso, en tanto el 10 por ciento más rico tiene el 32 Por ciento. Si bien aún hay mucha desigualdad, se encuentra un poco más de redistribución que en el mercado del nivel nacional.

Hay ciudades como Cartagena en donde los años transcurren y nada pasa. Allí, básicamente, el 40 por ciento más pobre sigue concentrando la misma cantidad del ingreso: en 2012 era el 13 por ciento y en 2018, el 14,8, frente al 10 por ciento más rico que pasó de concentrar el 38 por ciento del ingreso al 36 por ciento, es decir, hubo poca redistribución en esta capital. “Otra cosa que ha sido muy impactante en esta investigación es que los ingresos de la población son muy bajos. Tenemos como base los valores para 2015, que nos permiten comparar todos los años sin estar afectados por la inflación. Así, si pasamos los valores de 2002 a pesos de 2015, vemos que en ese año inicial el 10 por ciento más pobre ganaba a nivel nacional $37 .000 pesos mensuales (este es el ingreso per cápita, es decir que, si en un hogar hay cuatro miembros, pero solamente uno tiene ingresos, ese ingreso se divide por las cuatro personas que lo habitan). El siguiente 10 por ciento, o sea el decil 2, gana $78 .000; el decil 3, $113.000; en el decil 5 el ingreso promedio está en $190.000, y en el decil 9 está en unos $617.000”, revela la profesora.

Así las cosas, en el ámbito nacional, supongamos una persona vive sola y no tiene que dividir su ingreso con nadie. Luego, si esa persona en 2002 devengaba el salario mínimo —que tiene un valor de referencia del año 2015 de $644.000— ganaba más que el 80 por ciento de la población. Esa persona estaba en el decil 9, y podemos decir que en términos relativos era una persona rica. La investigadora sostiene que la precariedad de los ingresos de los colombianos es impresionante. Sin embargo, reconoce que los ingresos han subido parcialmente en los últimos años, y en 2018 ese 10 por ciento más pobre ya no se ganaba $37. 000 sino que pasó a $73.000 —nuevamente, en pesos de 2015—, comparado con el decil 9 que llegaba a los $940.000.

“Es decir que, si pensamos en cuáles son las aspiraciones de la clase media, estas tienen que ver con tener vivienda propia, salud y un carro. La clase media está en la mitad de la distribución de ingreso, y si tomamos el ingreso del decil 5, que son $330.000 mensuales, es evidente que es muy difícil, si no imposible, realizar esas aspiraciones. Por consiguiente, una de las cosas que ha sido muy impactante de esta investigación es darnos cuenta de esa precariedad del ingreso, y de la discordancia entre lo que nos imaginamos que es la clase media y lo que en realidad es. Las aspiraciones de la clase media en realidad son solo posibles para los ricos, y eso”, anota Otero.

Para la investigadora, esa situación se vuelve aún más dramática en un momento como el actual, en el que la gente no está pudiendo trabajar ni percibir. “Y hay quienes dicen que hay que vivir de los ahorros, pero ¿cómo hacerlo con unos ingresos per cápita mensuales de $200.000, $250.000 o $300.000? ¿Quién puede ahorrar? Así, el ahorro es un privilegio para el decil 10, que es el más rico, aunque tampoco es que gane mucho ($2’400.000 en promedio para el año 2018)”, añade.

Lo anterior demuestra que tampoco es que exista un decil 10 millonario, pues recibe el salario de entrada en el mercado laboral para algunas carreras universitarias. Quienes estudian ingenierías o profesiones de alta demanda entran a veces a ganarse $2’000.000 más o menos, luego ese profesional que se graduó y que se está ganando ese dinero debería sentirse ‘feliz’, pues hace parte del decil 10 o del 10 por ciento más rico, cuando el ingreso promedio del país hace dos años era de $600.000. Eso quiere decir que el que se ganara ese monto estaba recibiendo más que el 50 por ciento de la población y estaría justo en la mitad de la tabla.

“La situación en las ciudades varía un poco, ya que el ingreso de los deciles más bajos es bastante más alto en las ciudades que estamos analizando. Por eso, ya no son $73.000 lo que gana el 10 por ciento más pobre sino el doble ($140.000), en tanto los ricos obtienen más o menos lo mismo. Ahí entendemos por qué hay una menor desigualdad en las ciudades que en el nivel nacional, y es porque los más ricos ganan más o menos estos $2’000.000, pero los más pobres suben sus ingresos. Esto es así para la mayor parte de las capitales, donde los pobres tienen mejores ingresos que en el total nacional”, sostiene la profesora.

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Silvia Otero Bahamón, profesora principal de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, explica: “El objetivo de la investigación es comparar esas distintas trayectorias de reducción de desigualdad en el país, por lo que en esta exploración estamos recaudando información sobre el ingreso de la población, con la ayuda de las encuestas que hace el Dane en las ciudades seleccionadas”.

Pensiones y otros factores que afectan la distribución del ingreso

La investigación de la profesora Silvia Otero también ha servido para identificar que la mayor parte de los ingresos de las personas proviene de su trabajo en todos los deciles, sobre todo del 2 al 9. En el decil 1 pesan mucho las ayudas (con un 20 por ciento), y la mayor parte de ellas corresponde a Familias en Acción. Y en el decil 10 ese peso lo ejercen las pensiones, que aportan el 14 por ciento de sus ingresos, mientras que en el decil 1 las pensiones aportan el 0,2.

“Es sorprendente la concentración de las pensiones en el decil 10, porque en el 1 —tras de que ganan $73.000— casi nadie está pensionado y los ingresos por este ítem son muy bajos. Ganar una pensión en Colombia, que por bajo corresponde a un salario mínimo, automáticamente ubica a una persona en los deciles más altos.

Si suponemos que el pensionado o la pensionada no tiene que compartir su pensión con nadie, y que percibe una pensión de un salario mínimo, automáticamente gana más que el 80 por ciento de la población”, ilustra la investigadora Silvia Otero.

Además, sostiene que lo que ha pasado en las ciudades que han reducido desigualdad va por dos vías. Por un lado, el ingreso laboral de los más pobres ha crecido bastante, y, por otro lado, en casos como en Pereira y Barranquilla, los más ricos no han mejorado sus ingresos.

“Hemos visto ciudades en donde el crecimiento de los ingresos laborales en el decil 1 ha sido impresionante, del 250 por ciento o 300 por ciento, debido a una actividad económica muy intensa en esos lugares, y eso es lo que vamos a investigar en la siguiente etapa”, anuncia.