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Columnistas

¿Adoctrinadores, instructores, profesores o maestros?

Ricardo Andrés Roa-Castellanos

09/07/2020

Volumen 6 - Nº 61 jul./2020
ISSN: 2422-2216

¿Adoctrinadores, instructores, profesores o maestros?

En las últimas décadas, las sociedades post-modernas han oscurecido casi que intencionalmente su presente, y con este, el futuro humano -otrora radiante-, bajo mecánicas ideológicas caracterizadas por el desprecio, abuso y odio contra el ser humano y las bases de su propia cultura llena ante todo de plenitudes y éxitos.

Basta ver el cambio en el lenguaje de los colores en los medios o en la vida cotidiana. Fueron oscurecidos hasta los superhéroes y los bombillos más allá de justificaciones existencialistas o ambientalistas. Pero la principal virtud operativa de nuestra especie que es la palabra, con la resultante transferencia del aprendizaje, y la habilidad para enviar mensajes intercambiados desde el mundo de las ideas en los últimos años, están ahora contaminados de tóxicas ideas fatalistas que instauran la animadversión y el conflicto desde imaginarios culturales.
 
De notar sea que previo a que la pandemia por Coronavirus fuese propagada por fallas en la misma razón ecológica, globalmente la pandemia por depresión[1] y la pandemia por obesidad[2], condición que se ha triplicado mundialmente desde 1975, antecedían e indicaban un problema mundial, epidemiológicamente, correlacionado con el estatus mental comunitario y una angustiante percepción psicológica sobre la realidad.
 
Desde una lectura de teoría de sistemas ¿Qué tanto pesa el actual marco educativo en esa formación cultural? ¿Cuánto incide la labor de los faros de luz que deben ser los docentes al enseñar la verdad fáctica y no simplemente subjetiva, de consignas ideológicas, o caprichosamente interpretativas según intereses de grupos particulares?
 
CLAROSCUROS
 
Esa creciente ausencia de luz o real brillantez desde el magisterio docente en los distintos niveles de la educación, demuestra –fehacientemente según resultados sociales o evaluaciones estatales- la menor presencia de maestros y buenos profesores, remplazados, por la fabricación industrial de apáticos instructores y, peor aún, la proliferación anti-ética de adoctrinadores tan licenciados como licenciosos con sus ideologías personales en su oficio que huelga ser neutral.
 
El rol de la genuina pedagogía en la actual tormenta de nihilismo rampante y misántropo es decisivo. La post-modernidad con su eufemismo de la “deconstrucción”, que originalmente fue un mal chiste del filósofo Derridá que tomó fuerza pseudointelectual, ha acabado intencionalmente con la enseñanza de la virtud y los valores educativos.
 
El medio actual no sólo ha llamado malo a lo bueno y bueno a lo malo. Lo ha enseñado doctrinariamente en algunos casos, transformando las aulas en contraproducentes jaulas de inútil envenenamiento cultural que fomentan fieras personas, crisis de pupitres vacíos, enemigos imaginarios no sólo en la institucionalidad, sino en otros grupos sociales divergentes con los que no se dialoga pero en cambio sí se ataca, forjando espectros culturales, grupos de interés o actores sociales prácticamente irreconciliables, calumniados, difamados y últimamente atacados con violencia en el plano físico.
 
¿MAGISTERIO Y MINISTERIO?
 
El magisterio invoca el reconocimiento etimológico de aquello que es mayor en la docencia (labor de quien enseña) y el “gran mérito” social; a la vez, el ministerio en el oficio evoca el “servicio” propio de un servidor[3] que no está para servirse pero para servir a los demás, valga la reiteración. Por tanto, la enseñanza es un mérito investido de humildad.
 
La elevación del papel docente debe empezar por encontrar el sentido a su oficio por medio de una autocrítica deontológica, es decir, la constante reflexión ética sobre su corriente quehacer profesional en función a su deber primario: formar, responsablemente, y en la verdad de los hechos, un buen futuro generacional para la humanidad.
 
CAMPOS CULTURALES DE BATALLA
 
La lucha de clases lógica, con buen humor, ha de ser aquella de asimilar conocimientos verificables y objetivos. Quemar pestaña, apoyar los codos en los escritorios o pedir la tutoría del profesor hasta entender lo que no es fácil dentro o fuera de la clase. Lastimosamente, algunos hicieron de este concepto una justificación proselitista.
 
Debía motivar a la reflexión, en modo estructural, que personas famosas por una insurgencia agresiva en cada una de las guerrillas colombianas como Carlos Pizarro, Rodrigo Londoño “Timochenko”, Alfonso Cano o los responsables por el atentado de los baños del Centro Andino[4] hubiesen arribado a sus respectivos grupos violentos en el contexto académico cuya función es enseñar las opciones racionales para la solución de problemas.
 
Los ciclos de la educación (básica, media, superior), según evidencias, se convirtieron hasta cierto punto en campos de batalla política de lo que la academia geopolítica identifica como Guerras de Cuarta Generación: unas guerras mediáticas, virtuales y pedagógicas, que involucran activamente a la Sociedad Civil para que tomen partido, tras ser técnica y cuidadosamente manipuladas.
 
Que el ideólogo comunista Antonio Gramsci haya establecido como protocolo que “intelectuales orgánicos[5] debían infiltrarse en las instituciones, especialmente en las educativas, para consolidar la revolución popular comunista tenía que haber levantado las miradas del autocuidado nacional ante la manipulación de una población inerme que asiste a las instituciones educativas para adquirir una formación académica y no para recibir cursillos de la política que le gusta al docente de turno.
 
ADOCTRINADORES
 
Hemos presenciado desde el año pasado, y en la cuarentena, la pérfida manera en que infundadas creencias, tergiversaciones ideológicas sobre los hechos, visiones maniqueas, discursos victimistas que en paradoja son creadores de anti-sociales verdugos seriales, y narrativas polarizadoras de moda entre la juventud (presa inflamable y carne de cañón de abusones dada su falta de contexto), han llevado ideológicamente a la bienintencionada, y así mismo, crédula, población joven a intentonas de signos sociales compatibles con una autodestrucción cultural de Occidente. ¿Una nación que elige y reelige un presidente negro, como en el caso de Obama, remotamente puede ser considerada racista? Pero, ¿Dónde están los Maestros?
 
Esto no es una alerta pueril. Bajo el acápite “muerto estudiante en protesta” en una búsqueda genérica de Google, el número de entradas que aparece contabiliza 6.490.000 resultados. La inducción a la violencia o desmanes ideológicos para nada son asépticos. Ni que decir de los padres que se esfuerzan para ayudar a sus hijos o hijas para acceder a una educación que por acción de una o pocas personas terminan por inmolar a sus seres queridos en el ardor ideológico.
 
Después del proceso de paz en nuestro medio, es indispensable que la sociedad comprenda que el esfuerzo nos corresponde a todos para reconciliarnos. Las inmaduras violencias de nuestras sociedades son historias selladas con sangre de inocentes que creen en las narrativas de aquellos cobardes perversos en quien se cree, pero que infunden odio y destrucción en vez de amor y construcción social. Si el estudiante buscando el conocimiento, la realización de su vida e intelecto, y el mejoramiento de sus condiciones, se topa con un instructor de martirios que nefasto y fatuo destino se cierne sobre quien ve su confianza abusada y engañada.

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LA IMPORTANCIA DE LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL
 
Y debe recordarse lo que es “Occidente” en el continuum histórico de la humanidad: nada más y nada menos que la cuna de la lógica, la racionalidad, la libertad, las profesiones liberales, la justicia, el Estado autorregulado por pesos y contrapesos, la democracia misma y la Universidad como institución educativa creada en la Edad media por el catolicismo.
 
A causa de ello, de cara a los peligros nacionales y mundiales, un sabio del calado de Ortega y Gasset, llamó a los intelectuales de su época a la cordura, por medio de sus sensatos ensayos y de la muy respetable Revista de Occidente. Una revista hecha para pensar y valorar la civilización, para reflexionar de manera educada e ilustrada con bases académicas confiables y no por el calor de los panfletos ideológicos.
 
El ejemplo de Ortega y Gasset también es útil por cuanto en la medida que madura como ser humano, hace un tránsito del “Perspectivismo” (doctrina subjetivista del punto de vista, perspectiva, o de la engañosa opinión) hacia un sistema de pensamiento imbricado de sabiduría, denominado “Raciovitalismo”, síntesis de la racionalidad analítica aplicada sobre los hechos del discurrir diario, con un centro en la reflexión vital o de la vida real, que suele caracterizar a los que merecen ser llamados maestros.
 
Entonces es aquí donde surgen los enfoques diferenciales que terminan por ser COMPLEMENTARIOS para bien del adecuado entendimiento de las cosas.
 
Si bien el objetivismo, de donde parte todo el proceso intelectual de Ortega y Gasset, al construir un súper-pedagogo con formación católica-jesuita (Colegio y Universidad de Deusto), pero también con formación educativa pública (Universidad Central de Madrid, que pasaría a evolucionar a la actual Complutense), transmuta de un extremo al otro, es decir, de lo objetivo a lo subjetivo, y termina por equilibrar su pensamiento de la prioridad de la fría razón –donde la Verdad es muy importante- conjugada con el calor de las vidas de las gentes en sus causas y efectos cotidianos.
 
No basta tener la razón, ni innumerables leyes, sino hay concordia en la sociedad y paz interior mediada por el amor a sí mismo y al prójimo. Esa fue la más grande enseñanza del más grande de los Maestros.
 
Con el conocimiento y la educación ocurre como pasa con la ley. Si no impacta favorablemente la vida individual, consuetudianaria (de las costumbres) y por tanto conjunta de los seres humanos, y de las formas de vida dependientes a estos, de poco y nada sirve el ufanarse de falsos progresismos. La ratio vital, por consiguiente, diría que los movimientos sociales actuales son perversos. Envenenan a la juventud y a la sociedad con mentiras para acabar por destruirla involucrando una variante mortífera en la ecuación.
 
Se ha enseñado a ser anti-capitalista. Sin espíritu crítico las fuentes actuales de académicos que enseñan narrativas más que logros reales pertenecen a escuelas Neomarxistas (Habermas, Pikketi, Singer, Foucault, Zizek, etc.) que son incapaces de aceptar que la libertad, la iniciativa de la persona, los esfuerzos de individuos según sus proyectos y talentos han permitido la disminución sostenida de la pobreza desde el siglo pasado, según muy diversas fuentes institucionales y académicas borradas por hipnóticos discursos sin respaldo veraz[6].
 
Hay que resaltar esto pues la demolición del empleo como consecuencia de la pandemia puede inducir a un empeoramiento de los indicadores del hambre, por quiebra de lo que son los medios de vida de las comunidades mundiales.  Pero, ¿Dónde están los Maestros que enseñen el logro y no sólo los defectos?

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EL 2020
 
Con la irracionalidad intrínseca a convocar marchas y aglomeraciones durante un eventos pandémicos, muchos jóvenes estudiantes en distintos países, se han dado a la tarea de destruir destacadas o ignoradas estatuas, con un extremismo digno de talibanes (ver collage de fotos), y atacar personas, comercios, bienes públicos y privados con la barbarie de excusas ideológicas, pues su fuente de lectura no son libros académicos (ni siquiera “electrónicos”), sino las muy sesgadas y prejuiciosas redes sociales acompañadas de la irresponsabilidad de algunos falsos docentes que los aúpan al desastre para luego desaparecer.
 
¿Y los maestros que indiquen la inconveniencia de destruir los patrimonios históricos y culturales de los pueblos, o del irrespeto social, dónde están?

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Como tal, aquellos que dicen ser anti-racistas envenenados desde sus pantallas y teclados por sus propios congéneres, sin la menor formación idónea, han atacado figuras históricas, por ser de raza blanca como el franciscano Fray Junípero Serra (Foto 1), un protector de los indígenas americanos, o por descubrir América pues Colón o los fundadores de ciudades han sido blanco preferido de esta violencia, o el mismo Miguel de Cervantes Saavedra (Foto 2), que fue esclavo por 5 años de musulmanes africanos. Las muchedumbres enardecidas, si se caracterizan por algo, es por la ausencia de razón al cometer sus actos.
 
¿Qué tantas cosas estamos haciendo mal cómo para que nuestros jóvenes estén tan cargados de odio en nuestras casas y en nuestras escuelas?
 
¿No entendemos, después de los incontables eventos históricos de crisis, mundiales o nacionales, que quienes quieren destacarse en su vida por formar incendios suelen ser incinerados por los mismos fuegos que desatan?
 
Robespierre, Emiliano Zapata, Pancho Villa, León Trotski, Andrei Bubnov, Grigori Zinoviev, Lev Kamenev, Grigori Sokolnikov, Mussolini, Hitler, el Che Guevara, el cura Camilo Torres, Alfonso Cano, y un interminable etcétera, ¿No son acaso prueba suficiente de vidas que, al perder la racionalidad por ideologías engañosas, e infundir el ejemplo de la irracional violencia (física, simbólica, psicológica) o el “todo-vale” procedimental, lo terminarían perdiendo todo para nada?

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Los maestros tienen la cualidad de portar la escasa cualidad de la sabiduría. Dicha sabiduría, que no son simples cúmulos de conocimientos, es volcada al servicio de hacer de sus discípulos y pupilos personas realizadas, felices y exitosas. Hoy como nunca necesitamos el regreso de los maestros a las academias para bien de la sociedad.

 
[1] Alsaleha, M. A., & Normandy, F. Global Epidemic in the World is Depression. International Journal of Health Sciences and Research Vol.3; Issue: 3; July-Sept. 2018
[2] Jaacks, L. M., Vandevijvere, S., Pan, A., McGowan, C. J., Wallace, C., Imamura, F., & Ezzati, M. (2019). The obesity transition: stages of the global epidemic. The Lancet Diabetes & endocrinology7(3), 231-240.
[3] Gómez de Silva, G. (2005). Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española. México: FCE.

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