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Editorial: Canciones para el incendio

Luis Enrique Nieto Arango

portada

La tradicional urbanidad inglesa, flemática y victoriana, proscribe de las conversaciones entre amigos tres temas: los hijos, el dinero y las enfermedades, lo cual no estaría mal en nuestra cultura latina, tan dada a las exageraciones, justamente en estos tópicos.

Creemos que puede hacerse una excepción a tan sabia norma para mencionar en esta nota editorial a un hijo del Rosario, hijo de padre y madre rosaristas, hermano, cuñado y sobrino de rosaristas y hasta con un remoto antepasado inmortalizado en el mármol de una de las placas del Claustro Histórico: Juan Gabriel Vásquez.

A sus 45 años Juan Gabriel Vásquez ya ha consolidado una carrera como escritor, ampliamente reconocido y galardonado nacional e internacionalmente. Basta ver la entrada con su nombre en Wikipedia, que en una buena síntesis recoge toda su trayectoria de cuentista, novelista, ensayista, cronista, biógrafo, periodista de opinión y traductor:

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Ahora, para estas festividades de fin de año, Vásquez nos regala una compilación de nueve narraciones, cuatro de ellas ya publicadas con anterioridad.

En el último de esos relatos, que da nombre al libro, verdadera joya de la narrativa corta, como en todos los buenos cuentos no es fácil distinguir la ficción de la realidad, logrando que esta última nos resulte tan patética y contundente como solo puedo serlo nuestro país.

 

Además del trabajo para su grado en Jurisprudencia La venganza como prototipo legal en la Ilíada, publicado por la Editorial Rosarista, Juan Gabriel Vásquez nos ha dejado en varias de sus novelas algunas notas muy reveladoras sobre su paso por el Claustro, el cual debió aburrirle tanto como le ocurrió en idénticas circunstancias, y varios siglos atrás, al Sabio Francisco José de Caldas.

En su última novela La forma de las ruinas, trata especialmente del asesinato del Rosarista, Doctor y General Rafael Uribe Uribe y, precisamente documentándose para este libro, en largas jornadas en la Biblioteca Luis Ángel Arango, Juan Gabriel encontró la noticia sobre la existencia del Diccionario Abreviado de Galicismos, Provincialismos y Correcciones de Lenguaje  que Uribe Uribe escribió en la cárcel y que Vásquez logró adquirir por correo en una librería de libros raros y antiguos en Santiago de Chile.
 

Esa curiosa edición, publicada en Medellín en 1887, se convierte en el detonante del maravilloso relato del libro que estamos comentando (Canciones para el incendio-Juan Gabriel Vásquez-Narrativa Hispánica-Alfaguara-primera edición: noviembre 2018).

El cuento entonces, que culmina el libro con este mismo título, es una ficción, admirablemente construida sobre unos personajes, no sabemos qué tan reales o imaginarios, que nos permite una mirada profunda, crítica y, de todas maneras, apasionante, a la primera mitad del siglo XX de Colombia, época en que se fraguó buena parte de la tragedia nacional que, con el nombre de Violencia, hasta ahora estamos tratando de superar con grandes dificultades.
 

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Sin develar su misterio, transcribimos como abrebocas de este insuperable cuento de cuarenta y siete páginas, imprescindible para todos los amantes de la literatura, los párrafos inicial y final, para invitar sin reservas a la lectura de una pieza maestra de ancha cabeza y resonante cola, cual león de Nubia, como predicaba para el soneto algún estilista nuestro:

 

 

«Esta es la historia más triste que he conocido jamás, como dijo ya de la suya un novelista, y en ella todo comienza con un libro, al contrario de lo que dijo un poeta. En realidad, no es una historia, sino varias; o una historia con varios comienzos, por lo menos, aunque sólo tenga un final. Y debo contarlos todos, todos los comienzos o todas las historias, para que ninguno se me escape, porque en cualquiera de ellos puede estar la verdad, la tímida verdad que busco en medio de estos hechos desaforados.

                                                                          …

«…Y publica el libro, acaso por su propia cuenta, y deja que se pudra en un sótano de una imprenta porque sólo le interesa que el libro exista, porque éste es el único consuelo que tenemos nosotros, los hijos de este país incendiado, condenados como estamos a recordar y averiguar y lamentar, y luego a componer canciones para el incendio».


¡A leer entonces a Juan Gabriel Vásquez y a su más reciente obra Canciones para el incendio!